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sábado, 15 de agosto de 2026

LA HISTORIA DE MERCEDES - PARTE 1

 

 

                ¿QUIEN ES SATHYA SAI BABA?

 

              Sathya Sai Baba nació el 23 de noviembre de 1926 en Puttaparthi, una remota aldea en la región desértica de Andhra Pradesh, en el centro-sur de la India.

              Bautizado como Sathya Narayana Raju, fue el cuarto hijo de padres humildes y piadosos y, de difrentes maneras, demostró Sus Divinos poderes desde el nacimiento.

              A la temprana edad de catorce años le declaró a sus padres que era la reencarnación de Shirdi Sai Baba. Este Sai Baba de Shirdi, aunque fuera un hindú brahmín por nacimiento, llevó la vida de un fakir musulmán en la aldea de Shirdi del Estado de Maharashtra en la India occidental. Como Shirdi Sai Baba sentó las bases para la unidad hindú-musulmana, dando el ejemplo a través de Sus acciones y del servicio a la humanidad. Antes de Su muerte en 1918, profetizó que encarnaría ocho años después como Sathya Sai Baba.  Y Sathya Sai Baba ha predicho que, después de dejar Su cuerpo actual, volverá nuevamente como Prema Sai Baba, ocho años más tarde.

              Después de revelarle Su procedencia a sus padres, Sathya Narayana Raju anunció que era Sathya Sai Baba y que había llegado el momento para El de dejarlos y de comenzar la misión de Su vida.  “Mis devotos Me están llamando”, dijo.

              Los devotos de Sathya Sai Baba comenzaron la construcción de un mandir (templo) en 1945, como asimismo de edificaciones habitacionales para un ashram, a corta distancia de Su aldea natal. Bautizó al Ashram como Prasanthi Nilayam (morada de las Paz Suprema) y son varios cientos de miles los aspirantes que son atraídos anualmente hacia este centro espiritual para tener el darshan de esta Encarnación Divina, Sathya Sai Baba.

              Sathya Sai Baba ha sido llamado por muchos nombres, pero dice : “Todos los nombres y formas son Míos”. Se le ha llamado “Hombre de los Milagros”, mas Su mayor milagro es el de la transformación del alma humana. Ha sido tildado de líder religioso, aunque dice que no existe sino Una religión, la religión del amor. Ha sido calificado de maestro y enseña que no hay sino un Dios que es omnipresente; que no hay sino un idioma, el idioma del corazón; que no hay sino una casta, la casta de la humanidad. Enseña que el hombre deberá cumplir con sus obligaciones espirituales a través de los valores de la verdad, el amor, la paz, la no violencia y la rectitud.

              Sai Baba dice : “Mi Vida es Mi Mensaje”. Su nombre, Sathya, significa Verdad y Su vida representa el mensaje y el ejemplo de la verdad. “He venido a encender el fanal del amor en sus corazones y velar por que su resplandor aumente de día en día. He venido a hablarles acerca de esta fe unitaria universal, del principio del sí mismo interno, de esta senda del amor, de esta rectitud del amor, de este deber de amor, de esta obligación de amar.”

              “Crean que todos los corazones son motivados por el solo y único Dios” -dice Sai Baba- “y que todos los nombres en todos los idiomas y todas las formas que el hombre pueda concebir denotan al solo y único Dios. La mejor manera en que el hombre puede adorarle, es a través del amor. Cultiven esa actitud de Unicidad entre hombres de todos los credos, todos los países y todos los continentes. Este es el mensaje de amor que traigo. Fomenten el amor, vivan en amor, difundan amor : ese es el ejercicio espiritual que rendirá los máximos beneficios.”

 

              El amor constituye la motivación de todas las acciones de Sai Baba y Su amor por la humanidad se expresa infinitamente, tanto a través de los mayores milagros como a través de actos aparentemente triviales o prácticos. En el área de lo práctico, Sai Baba ha declarado que la educación, el agua y la salud debieran estar gratuitamente a disposición de todos. Bajo Su atenta guía, se han establecido escuelas secundarias, universidades, hospitales e instalaciones de agua potable, y el acceder a estos servicios es gratuito, sin que importe la casta, la creencia religiosa o la posición económica de uno.

              Entre quienes siguen Sus enseñanzas,  Sathya Sai Baba es aceptado como el líder espiritual de esta era, un Ser Divino que ha venido a esta tierra, como manifestación de la voluntad Divina, para cumplir con una misión cósmica. El ha expresado : “Para la protección de los virtuosos, para la destrucción de los malvados y para restablecer a la rectitud sobre una base firme, Yo encarno de era en era. Cada vez que la discordia domine en el mundo, el Señor encarnará en forma humana para establecer los modos de lograr la paz y para reeducar a la comunidad humana por esta senda.”

              En un comienzo, la fama de Sathya Sai Baba se difundió por medio de las historias de Sus milagros, los cuales no pueden ser explicados por la ciencia y que trascienden las leyes físicas. Son millones los que han sido testigos de Sus muchos milagros, tales como : Su manifestación de objetos materiales, la creación de ceniza sagrada (vibhuti) o el cambio de un objeto de un metal a otro metal, con sólo soplar sobre él.

              Se sabe que Sai Baba ha sanado a enfermos, inválidos y ciegos y que ha resucitado a varias personas de entre los muertos. Ha protegido de percances a quienes han clamado a El, ya sea que hayan estado cerca o lejos, y ha aparecido en su forma física, en más de un lugar al mismo tiempo.

              De Sus milagros, Sathya Sai Baba dice : “Han venido para conseguir de Mí oropeles y bagatelas, curaciones y promociones triviales, alegrías y comodidades mundanas. Muy pocos de entre ustedes anhelan conseguir de Mí aquello que he venido a darles, vale decir la liberación misma.”

 

      EL SELLO DISTINTIVO DEL AMOR

      ES EL SACRIFICIO

 

Divino Discurso de Sathya Sai Baba del 20 de junio de 1996

              “El sello distintivo del amor es el sacrificio. El amor no le pide nada a nadie. Es absolutamente desintersado y puro.

              Al no poder entender la verdadera naturaleza del amor, el hombre lo busca de variados modos. El amor ha de ser nutrido con sentimientos de desinterés y de sacrificio. Aquello que se considera como amor en el mundo contiene un elemento de egotismo, ya sea el amor maternal, el fraternal o la amistad. Solamente el amor de Dios está totalmente libre de este rasgo.  El amor Divino llega hasta el más remoto de los seres. Reune a los que están separados. Eleva al hombre desde la animalidad a la Divinidad. Va transformando gradualmente a todas las formas de amor en amor Divino. Para experimentarlo, las personas deberán estar dispuestas a renunciar al egoísmo y al interés propio. Deberán desarrollar la pureza y la constancia. Deberán fomentar el amor de Dios, con una firme fe en lo Divino, sin consideración de obstáculos ni de pruebas, por duras que sean.

              Por otra parte, hasta el sentimiento de fraternidad no es lo mismo que la experiencia de Unicidad. Existe un elemento de interés propio, incluso en el sentimiento de fraternidad. Aquellos que deseen realmente fomentar la fraternidad universal, debieran desarrollar la conciencia del espíritu Unico residente en todos los seres. A menudo se encuentra que, hasta los hermanos se trenzan en altercados y odios recíprocos. Lo que se describe como fraternal, puede que no sea un amor real y no contaminado. El verdadero amor debiera expresarse en la percepción consciente de la presencia de lo Divino en todos y cada uno. Puede que difieran los nombres y las formas, mas el espíritu residente en lo interno es el mismo en todos.

              Llenen su corazón con amor. Uno se estará traicionando a sí mismo si albergara malos pensamientos aunque pretenda, externamente, estar lleno de amor. Nadie que tenga el amor Divino dejará de manifestarlo en cualquier lugar y en todo momento. Alguien lleno con amor Divino será valiente y será espontáneo y desinteresado al expresar su amor. No hay necesidad de rogarle a Dios por dones. Dios dará espontáneamente lo que sea bueno para cualquier devoto. ¿No fue que Sabari y Jatayu recibieron, aun sin pedirla, la gracia de Rama?   Es Dios quien decide qué, cuándo y dónde dar. Por ende, debieran dedicársele todas las acciones a Dios y El es quien decide lo que sea apropiado que el devoto reciba.  Cuando, con amor puro y fe total, se le deja todo a Dios, El cuidará del devoto. Las gentes carecen de una fe así de firme. Son muchas las pruebas difíciles que deben superarse en el camino de la devoción. Grandes devotos del pasado las enfrentaron con fe y fortaleza, y terminaron logrando la gracia de lo Divino y experimentando la bienaventuranza.

              Tomen, por ejemplo, el caso de Dhruva. Era un niño de cinco años que poco sabía de las cosas del mundo. Actuaba según los consejos de Narada y llevando a cabo rigurosas penitencias pudo lograr una visión directa de Dios. Su fe le permitió asegurarse esta experiencia.

              Sin embargo, cuando Vishnu apareció ante él y le preguntó qué quería, Dhruva dijo : ‘¡Señor! Viniste hasta mí sabiendo en dónde hacía mi penitencia. ¿No sería concebible que pudieras saber lo que quiero?’

              El Señor dijo : ‘Sé con qué objetivo hiciste penitencia. Cuando saliste de tu hogar tomaste la determinación de  hacer penitencia para alcanzar como favor del Señor el que pudieras sentarte sobre las rodillas de tu padre. Quiero saber si hay armonía entre tus palabras y tus acciones.’

             

              Dhruva dijo : ‘Es cierto que vine a hacer penitencia por un pequeño favor, por así decirlo, un pequeño trozo de vidrio. Mas el experimentar Tu forma, es para mí como un esplendoroso diamante. ¡Qué buena suerte la mía que, al buscar una cuenta de vidrio, haya encontrado un diamante!  El vidrio no vale nada para mí.’

              El Señor vió la contradicción entre la determinación original de Dhruva, su penitencia y su deseo actual. El Señor le indicó que debía atenerse al  deseo original por el que había hecho penitencia y, por ende, regresar al reino con las bendiciones del Señor. Esto enfatiza la necesidad para la unidad entre pensamiento, palabra y acción.

              Dos cosas son esenciales para alcanzar lo que sea en la vida : una fe firme y un amor puro. Las gentes no debieran pensar que el placer y el dolor son causados por alguna fuerza externa. Esto no es así. Ellos son el resultado de los propios pensamientos de uno. No tiene ningún sentido el culpar a otros. Si desarrollan el amor de Dios, ese amor disipará todo pesar y toda tendencia negativa, como el apego, la ira o la envidia.

              Deberán darse cuenta que la Naturaleza es también una manifestación de Dios. De ahí que no debiera ser ignorada. La naturaleza representa el efecto y Dios, la causa. Por ende debieran reconocer la inmanencia de lo Divino en todo el cosmos”.

 

 

 

   INTRODUCCION

 

              Hay muchos lectores que están familiarizados con  la Historia de Mercedes y que han esperado ansiosamente la publicación de este libro. Muchos de ustedes albergan opiniones en cuanto al contenido y a la forma en que debiera explicarse y exponerse la historia. Cuando comencé a escribir este libro, en cambio, yo no no tenía expectativas respecto a resultado alguno, sino que, simplemente, dejé que la inspiración condujera la narrativa.

              Este libro lo he escrito de acuerdo al fondo del dicho de Sai Baba en cuanto a que todos no somos sino actores que desempeñamos nuestros roles en un guión dirigido por Dios Mismo. Desde esta perspectibva, todo es perfecto y, por ende, resulta innecesario e irrelevante el emitir algún juicio. No se formulan opiniones con referencia a ninguno de los actores en la Historia de Mercedes, puesto que creo que cada cual ha interpretado perfectamente su papel. No obstante, he cambiado los nombres de muchos de los actores para protegerles de cualquier insinuación o crítica innecesarias.

              Conocí a Daniel y a su familia durante su segundo viaje a la India y pasé varias semanas tomando detalladas notas en preparación de este libro. Encontré que Daniel poseía una clara capacidad para recordar detalles precisos, y tengo la certeza que la información que me ha proporcionado refleja un fiel esbozo de los eventos de acuerdo a su rememoración y perspectiva de las circunstancias. Por lo tanto, el libro representa una colación de detalles, basada en las opiniones, percepciones y recuerdo de los eventos desde la óptica de Daniel. No busca retratar bajo una luz negativa a ningún individuo o individuos, ni formular algún juicio sobre individuo, situación o circunstancia alguna.

              El libro consta de dos partes : la primera concierne a la historia de la vida de Daniel González y la segunda, a la familia González después del nacimiento de Mercedes. Es posible que muchos de ustedes se pregunten, “¿Por qué habría de jugar un papel tan importante y relevante la vida de Daniel respecto de Mercedes?”  Y bien, no fue sino hasta que le dí fin a las conclusiones que yo misma llegué a entenderlo plenamente.

              Cuando estaba escribiendo el libro, supe que las experiencias que Daniel había encontrado a lo largo de su vida eran muy importantes. Importantes, tanto para la manera en que se comportara después del nacimiento de Mercedes y, aún más respecto de lo necesario que fuera el rol de ésta.

              Nuestras vidas son un Divino tapiz cuya trama y urdimbre se ha tejido con los hilos del karma, y, cuando la vida de Daniel se enfoca desde esta perspectiva, todo el cuadro se entiende mucho más fácilmente. Todos los actores en esta obra han sido entrelazados y conectados por medio de la ley de causa y efecto : el karma. Y todos ellos han debido cumplir con sus obligaciones con respecto a esta ley Divina.

              Todos nosotros somos seres Divinos que buscamos nuestro camino de regreso hacia Dios a través de las múltiples y variadas experiencias que nos depara la voluntad Divina. Daniel y Cristina siempre sintieron el anhelo por Dios en sus vidas, aunque, en este camino de vuelta a Dios, en sus mentes, los nombres y las formas de la Divinidad fueran intercambiables.

              Mercedes representó el catalítico que les permitiera a Daniel y a Cristina realizar su Divinidad y  que pudieran descansar serenamente en la calidez y alegría de la percepción Divina.

              Durante una buena parte dee la infantil vida de Mercedes estuvo en coma. Desde la perspectiva de un escritor, ¿qué puede uno escribir acerca de una persona en estado de coma? Una historia de este tipo deberá enfocar lo que esté sucediendo en las vidas de aquellos que estén cuidando del alma durmiente.

 

              Y ésto fue lo que sucedió con Mercedes. Ella ha producido un serio impacto en cada uno de los que tuvieran algo que ver con ella y su familia. Permitió que se ventilaran emociones, que se expresaran estados de ánimo, que se formularan juicios, que se compartiera amor y que se aprendiera la verdad.

Mercedes ha representado a un silencioso maestro de la verdad.

              Mercedes le ha brindado a cientos de personas la oportunidad para confrontar sus debilidades y fortalezas, para volverse hacia lo íntimo y llegar a darse cuenta de su propia Divinidad  través de la indagación en su fuero interno.

              El libro sirve también para mostrar cómo, gentes que no tuvieran sino un fugaz encuentro con la familia González, fueran afectadas por las dificultades, los problemas, los dramas y, lo que es más importante, por el amor y la devoción de una familia simple y humilde. Hay vidas que fueron cambiadas y almas que fueron transformadas en diferente medida. Pero no hay nadie que, de una u otra manera haya tenido que ver con la familia González que no haya sido tocado en alguna medida por la experiencia.

              Mercedes ha representado un regalo de Dios para todos nosotros. En una u otra medida ha tocado todos nuestros corazones. Swami ha expresado que “El está cuidando de ella” y nosotros podemos confiar tranquilamente en el amor y la devoción que despiertan Sus palabras.

              Podría escribirse otro libro sobre lo que ha acontecido desde que se completara este manuscrito y sobre lo que sigue sucediendo en las vidas de la familia González. La Historia de Mercedes, simplemente, continúa desplegándose con el amor Divino y le dejaremos a Sai Baba el decidir si debe escribirse un complemento que concluya este libro.

              ANN CLEVELAND

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO UNO

             

              “La vida del hombre tiene un principio y un final. Ambos, tanto el principio como el final, son gobernados por la ley de causa y efecto. El nido de un pájaro, construido con arduo trabajo sobre una rama, es mecido por la brisa y arrancado por la tempestad. Los hermosos pétalos de la rosa que danzan con la brisa y esparcen su fragancia alrededor, son arrastrados por una súbita ráfaga de viento. Así también, el hombre es abatido, desde las alturas de sus triunfos, por alguna mano invisible. Ante la consecuencia que llega a experimentar, el hombre se queda atónito. Nada sabe de la causa, porque no se siente inclinado a buscarla. La causa del nacimiento es la misma que la de la muerte : la fascinación por los objetos sensoriales y la seguidilla de actividad que involucran. Los niños son felices, porque aún no se han visto implicados en tales actividades.  ¿A qué se debe que sean tan frescos y alegres? Sus mentes se encuentran libres de la infección de la búsqueda de placer sensorial. Se deleitan en la inmaculada alegría de su naturaleza innata. Esa es la razón por la cual Cristo acarició  a un niño y le aconsejó a todos los adultos a volverse como niños para poder ser salvados. ¡Cuán dulce es la sonrisa del bebé en la cuna o del niño que juega en el jardín! Esa es la genuina naturaleza del hombre, una naturaleza que él, neciamente, va contaminando, año tras año, mientras crece. En los niños, la mente se encuentra en su pureza nativa, porque carecen del sentido de lo “mío”. Por eso es que Jesús levantó en brazos a un niño y lo puso sobre sus hombros. Los niños son ángeles inocentes. Mas, cuando crecen, comienzan a desarrollar deseos que conducen a la condicia, el orgullo, el odio, la malevolencia y la envidia. Por esta vía se pierde la paz y el temor y la ansiedad ocupan su lugar. El hombre lucha por caminos tortuosos para recobrar la paz y la alegría, caminos que lo van hundiendo cada vez más profundamente en la confusión.  ¿Podría llevarles hasta la meta una búsqueda a ciegas? ¿Podría sanar una enfermedad el mero tocar una ampolla de medicamento? ¿Podría matar a una serpiente el solo golpear sobre su cubil? La paz y la alegría se pueden asegurar únicamente tomando conciencia que constituyen la naturaleza real de uno.”

              ... Sathya Sai Baba

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              Es probable que nuestra historia haya encontrado su génesis en alguna otra era, hace muchas vidas atrás, pero con un propósito práctico, comenzaremos nuestra narración en la ciudad de Montevideo, la capital de Uruguay, en América del Sur.

              Uruguay es el más pequeño de los países sudamericanos y Montevideo es una ciudad bullente de aproximadamente 1,5 millones de habitantes. Está flanqueada por playas en las que rompen las olas del océano Atlántico.  La principal industria del país es la agropecuaria y es famosa la calidad de la producción de carnes uruguayas.

              Los principales actores en esta obra son Daniel y Cristina González y sus dos encantadores hijos, Nicolás y Mercedes. El director de la obra es Dios Mismo. Daniel nació en Uruguay el 24 de junio de 1957 y, en los dos años posteriores, le siguieron dos hermanos.

             

              Los padres de Daniel se casaron muy jóvenes y su madre, María, nunca fue capaz de aceptar por entero su papel ni su responsabilidad maternal. María tuvo una vida difícil y sus experiencias hicieron que desarrollara una rebeldía frente a toda restricción o disciplina presupuestaria.

             

              Cuando María cumplió los cinco años, sus padres la enviaron a trabajar para ayudar a la manutención de la familia. Era una niña menuda, muy bonita y de apariencia frágil.  La tomaron para fregar los pisos en casa de gentes acomodadas, aunque le pagaban una miseria. Este fue un papel que asumió por obligación y no porque lo eligiera. Trabajaba duro todo el día y, por ende, no quedaban suficientes horas libres que le permitieran asistir a la escuela. María adquirió su educación más a través de las experiencias de la vida que a través del curriculum de estudios académicos, los cuales no estaban a su alcance por razones económicas.   Logró la sabiduría de las calles y aprendió a sobrevivir a los desafíos de la vida de la única manera que sabía, a través del camino duro. La autodependencia constituye una experiencia de aprendizaje para muchos niños en América del Sur, una herramienta de sobrevivencia.

              Todas las experiencias de la vida son un designio de Dios para desarrollar integridad. No obstante, si el actor percibe como real el papel y trata de convertirse en el personaje en lugar de interpretarlo, simplemente, de acuerdo a los mandatos del Director, quedará predispuesto a las consecuencias de la ley de causa y efecto. Estamos ligados a nuestro karma y se debe a él que obtenemos este nacimiento o vida. María y su familia estaban cosechando los frutos de las semillas que plantaran en otros tiempos. Todas las circunstancias eran apropiadas y perfectas.

              Los padres de María no habían sido dotados con la capacidad para expresar amor y afecto, por lo cual ella creció desnutrida en el aspecto emocional. Los dolores de la sed de amor eran más fuertes que los debidos a la inanición física, aunque en Montevideo, a menudo, ambos van de la mano. No se trataba sino de una norma aceptada en esta región, y los padres no hacían sino cumplir con sus roles en el drama de la vida de la mejor manera en que podían.

              La creciente madurez encontró a María buscando amor y atención a través de relaciones pasajeras e insatisfactorias. En lugar de alcanzar la paz mental que buscaba, la sensación de soledad no hacía sino agravar su falta de autoestima. El tiempo no resultaba ser la compañía consoladora en la que había puesto sus esperanzas. La apatía en cuanto a escuchar a un amigo verdadero y constante : su conciencia, la arrastró hacia los placeres sensuales de relaciones centradas en sí misma. Su felicidad era siempre efímera e incompleta, y su insatisfacción generó inquietud, inestabilidad y cinismo. Como consecuencia, María desarrolló un fuerte resentimiento hacia sus obligaciones, sus padres y la sociedad. Aprendió a echar  la culpa por sus problemas a lo externo, en lugar de aceptar la responsabilidad por sus acciones.

              Sin embargo, el matrimonio le proporcionó un refugio temporal a sus bien desarrolladas inseguridades : tenía un marido, pero su capacidad para amar estaba velada por el deseo autocentrado de ser amada. Mientras más amor exigía y ansiaba, más se centraba en recibir amor en vez de darlo. Cuando no lo recibía de acuerdo a sus expectativas, buscaba este esquivo amor apegándose a toda una variedad de relaciones pasajeras. María había olvidado, simplemente, cómo dar amor, aunque, para recibir amor uno debe aprender a darlo. Esta no era una lección que pudiera haber aprendido en la escuela : se trataba de una lección de la escuela de la vida que no requería de conocimientos librescos. El amor proviene del corazón y, si uno le presta oídos a la conciencia, uno responderá al llamado de la verdad y la rectitud.

              El matrimonio produjo tres hijos en tres años, pero María aún no encontraba una estabilidad llena por el amor. El ser madre no le resultaba fácil y las restricciones impuestas por las exigencias de la inocencia infantil, no hacían sino atizar los fuegos de su desazón.  Estando su marido, Manuel, ausente la mayor parte del tiempo, María soportaba la carga de criar sola a sus hijos. Este no era un compromiso que apreciara ni una responsabilidad que eligiera aceptar. Por consiguiente, le entregó las riendas del manejo doméstico a Daniel, un inmaduro infante de tres años, y a la ocasional supervisión de una niña, Elsa.

             

              María comenzó a abandonar el hogar por horas, indicándole a Daniel que debía cuidar de los bebés menores. Ella solía pasar estas horas con otros hombres, disfrutando de los placeres de estos coqueteos ilícitos que le permitían escaparle a la responsabilidad maternal. ¡Cielo santo, Daniel no tenía sino tres años! ...  ¡Cómo podía cuidar de dos bebés, cuando no sabía siquiera cuidar de sí mismo! 

              Daniel asumió involuntariamente el papel de cuidador substituto, mas junto con esta responsabilidad, se esperaba de él que cargara con las culpas y respondiera por el compromiso que se le impusiera. Daniel era demasiado inmaduro y demasiado inocente como para comprender intelectualmente que las exigencias de su madre eran abusivas, aunque no dejara de sentir este abuso. Daniel no sentía más que  amor por sus hermanos y cuidaba de ellos a través del amor. La responsabilidad era una palabra demasiado grande como para que pudiera comprenderla, mas era responsable por naturaleza y vivió siguiendo una conducta correcta, sin captar intelectualmente su significado.

              La acción siempre sigue al pensamiento y la ley de causa y efecto es absoluta. En algún momento del tiempo, una falta de responsabilidad nos llevará a tener que enfrentarnos a la necesidad de ser responsables. María tuvo que encontrarse con la creación de su propia conducta egoísta con la muerte de su  segundo hijo.

              El día comenzó con las acostumbradas rutinas. María abandonó el hogar, sus responsabilidades, los bebés al cuidado del Daniel de tres años como único guardián, y una olla con agua que hervía furiosamente sobre la anticuada estufa. La curiosidad es un legado que se les concede a los niños para que se desarrollen y maduren, y Luis estaba ansioso por ejercitar su herencia.   Tiró de la olla de agua hirviente, la que le cayó encima y su incipiente vida retornó a su Creador. Daniel fue el único de edad suficiente como para tener un atisbo de conciencia de la magnitud de la tragedia. Vió al hermano que amaba, tirado en el piso de la cocina, retorciéndose y gritando por el espantoso dolor,  antes de pasar a la quietud de la inconsciencia.

              La escena y los sentimientos de ese día se grabaron para siempre en su corazón, su mente y su alma. Las pesadillas que siguieron, le obligaron a recordar vívidamente el dolor sufrido por su pequeño hermano. Una y otra vez se veía confrontado con la imagen de los rasgos contorcionados del rostro infantil, expresando la agonía que vivía y escuchaba los horripilantes gritos hasta en sus momentos de vigilia. Solía cerrar los ojos y taparse los oídos con las manos, pero las visiones eran sus compañeras constantes.

              Daniel no solamente había tenido que cargar con la responsabilidad de cuidar de sus hermanos, porque, ahora, se le había dicho que debía aceptar también la culpabilidad por el accidente. Se encogía de terror ante la avalancha de acusaciones de que era irresponsable, flojo, incompetente y bueno para nada. Daniel recibía una educación en culpabilidad. Y, en donde hay culpa, hay temor. En donde predominda el temor, se busca la protección. Los temores de Daniel comenzaron a crecer desmesuradamente, al igual que sus inseguridades y un patrón de conducta. Durante treinta años, Daniel albergó en su mente estos sentimientos de culpa, simplemente, porque no podía entender que no era necesario sentirse culpable. La inocencia sufrió una transformación en temor y el resentimiento, en desconfianza. La ira se transformó en su aliada para combatir todo enfrentamiento posterior en la vida con personas que fueran desagradables, violentas o rudas.

              Daniel era un niño ingenuo y no había razón para que se sintiera culpable por el accidente de su hermano y, por ende, no tenía necesidad alguna para que se sintiera temeroso o requiriera protección. Un niño de tres años no ha desarrollado la capacidad para entender plenamente los requerimientos de la carga de la responsabilidad. La responsabilidad le correspondía a la madre, mas su culpa era demasiado grande como para soportar la carga. Le resultó más fácil a María el depositar la culpa a los pies de Daniel que el intentar tratar con ella por sí misma. Nunca reconoció abiertamente que su papel estaba en el hogar, cuidando de sus hijos, y no fuera de él, flirteando con sus amigos.

 

              Obviamente, jamás aceptó abiertamente su culpabilidad. Para María se había convertido para entonces en una norma el externalizar las culpas y era indiscriminada en cuanto a sobre quién recaían. Para ella no era importante el que alguien más llevara la carga de sus indiscreciones y su falta de responsabilidad, su interés residía únicamente en aliviar su propia herida interior.

              La muerte del pequeño Luis constituyó una tragedia en la familia González y el estado mental de María subió y decayó como las fluctuaciones de las mareas en la bahía de Montevideo. Era demasiado doloroso el admitir que su propia falta de responsabilidad era la causa primaria del accidente. Mientras más evitaba enfrentarse con la aceptación de su responsabilidad, más se separaba de su natural estado de felicidad y de paz mental. Mientras más externalizaba los cargos, mayor era su sentido de culpa. Mientras más culpa trataba de esconder, mayor se hacía su necesidad de encontrar excusas para su comportamiento. Estas excusas fueron ganando en impulso propio y desarrollando ira, celos y odio. María se encontró aprisionada en una red de emociones extremas, todas ellas  de su propia creación.

              No obstante, la red que había tejido era tan intrincada que había llegado a creer en el engaño de esta creación. Era incapaz de ver que no necesitaba ser prisionera de sus emociones. Ella había creado la red y ella misma podía liberarse en cualquier momento del peso que cargaba.

              Todas las gentes del mundo sufren de ilusiones engañosas de diferente tipo. Por consiguiente, sufren de variados temores y alucinaciones y no tienen paz mental. La única manera de liberarse de estos espejismos y temores reside en la práctica del amarse unos a otros y el ver la Unicidad en todos, en lugar de las diferencias. En su actual predicamento, María no sabía sino odiar. Veía a todos como diferentes y separados de ella. No había igualdad, ni Unicidad, ni Dios. No había paz mental, solamente pesadumbre.

              Una madre representa el factor más decisivo en la vida de un niño. Ella moldea el futuro del niño. María eligió ignorar sus responsabilidades maternales : alimentó su pesar e ignoró el dolor que sentía Daniel. Ya había comenzado a desarrollar  odio hacia Daniel y todo lo que anhelaba, era distanciarse de él, de sus responsabilidades y de su culpa.

              ¡María se fue de la ciudad! Necesitaba tiempo para sí misma, para lamer sus heridas emocionales, para lamentarse y revolcarse en el sentimiento de lástima por sí misma. Pasó tres días en la compañía de Dios y los fantasmas de su pasado, mas su mente no encontró alivio ni paz. Retornó a casa y a las escudriñadoras y críticas miradas de amigos, parientes y vecinos. Su culpabilidad percibía la condena desde todos los ángulos y María se sintió como un animal cogido en una trampa. ¡Tenía que escapar! Tomó a Néstor  y viajó a la Argentina.

              María se liberó de las responsabilidades marital y maternal en la misma forma en que una serpiente muda de piel. Dejó a Daniel con su padre : descartándolo como la vieja piel que ya no sirve.

Abandonado, Daniel tuvo que aprender cómo afrontar el rechazo por parte de su madre, la angustia de la pérdida de su hermano en un accidente y la separación de su hermano menor a quien amaba mucho. Daniel era demasiado joven como para comprender el odio y no sabía sino amar a su madre; era demasiado joven como para entender por qué su madre habría querido abandonarlo.

              El dolor de la separación de los seres a quienes más amaba, no hizo sino reforzar la necesidad para sentirse culpable. ¡Había sido abandonado! Creyó que había de aceptar la responsabilidad por las acciones de los demás, que él debía ser culpado. Le habían dicho que la culpa era suya, de modo que así debía ser. No era una manera racional de pensar, pero Daniel no tenía sino tres años. No hacía sino aceptar lo que la familia decía, mientras hacía todo lo posible por enfrentar las consecuencias de estar abandonado.

              Las debilidades individuales de María desembocaron en que actuara en contra de su verdadera naturaleza compasiva y en que se tornara cruel. En algún momento iba a ser obligada a dar un salto al vacío hacia la fe y a transformar, literalmente, su corazón.  Iba a tener que aprender a suavizar, mediante las virtudes de la bondad, la paciencia, la tolerancia y el amor, su endurecido corazón.

              La bondad para con todos los seres vivientes representa una de las más importantes virtudes de un ser humano. Todos debemos hacer uso de nuestra discriminación y aprender a desarrollar esta bondad y a aplicarla en nuestra vida diaria. La bondad para con los seres vivientes se refiere a preocuparse de gentes y otros seres vivientes que se encuentren afligidos e ir en su rescate. Debemos hacer los esfuerzos necesarios para aliviar su dolor, su sufrimiento o sus problemas. De nada sirve sólo repetir infinitas veces la palabra “bondad” : debemos practicarla y hacerla parte de nuestra vida. Debemos creer en que bondad es lo mismo que Divinidad.  El corazón que alberga bondad es Divino.

              María podía ser bondadosa únicamente consigo misma. Esta fue la forma en que enfrentó la tragedia de perder a su hijo. María no hacía sino desempeñar el rol que le había sido asignado, del mismo modo en que lo hacían quienes la juzgaban y condenaban.

              Sai Baba dice : “Dicen que a Dios se le describe como un océano de bondad, la encarnación de la comprensión, Mas nada ha hecho El por liberarme de mis penas. Es cierto que el Señor es la encarnación del amor y la  verdad y es un océano de compasión. Pero, ¿hasta dónde llevan a cabo los mandamientos de ese Señor? Háganse esta pregunta. No actúan correctamente, mas piden favores. La gracia de Dios se derramará sobre ustedes sólo cuando pongan en práctica al menos unos pocos de los mandamientos del Señor.”

 

CAPITULO DOS

             

              “Los padres juegan un papel vital en cuanto a proporcionar una atmósfera adecuada que permita la floración de la conducta correcta y los valores humanos en un niño. A partir de los años en que son más receptivos, debe enseñársele a los niños a cultivar el amor por todos : el amor lleva a la unidad, la unidad fomenta la pureza y la pureza conduce a la Divinidad. Deberá permitírsele a los niños el crecer en un ambiente de reverencia, de devoción, de servicio y cooperación mutuos. Un niño deberá crecer junto a su madre durante sus primeros cinco años y ella no debiera delegar esta responsabilidad a nadie más. Hay muchos niños que no llegan a saber qué es el amor de la madre, aunque no debiera privárseles del cuidado y el amor de sus progenitores. Cuando el niño cumple los cinco años, será el padre el que se haga cargo de la tarea de educarlo. Luego debiera ser confiado a un maestro, el que inspire en él los valores espirituales que le sirvan más tarde para enfrentar las necesidades de la familia, la comunidad, el país y el género humano.”

                                                                                              ... Sathya Sai Baba

 

                   

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                        Para Daniel comenzó un nuevo acto en la obra de la vida. Manuel, su padre, dijo que le era imposible cuidar de él y delegó esa responsabilidad en Dominga, la abuela paterna.

              No se trataba de que Manuel estuviera físicamente imposibilitado de cuidar de Daniel, sino más bien fue que creía que, al trabajar y proveer materialmente para su familia, aceptaba su responsabilidad para con ella. Entendía su rol paternal más a través de una intelectualización de la responsabilidad que de una genuina conciencia del deber. Creía que desempeñaba a la perfección su papel de padre, porque aportaba materialmente para sus hijos. Creía que debía ser el único proveedor para su familia, aunque no se había dado cuenta que las necesidades del corazón son mayores que las materiales.

              Nunca se le pasó por la mente a Manuel que su distorsionada perspectiva de la paternidad hubiera sido un factor que contribuyera a la muerte de su hijo Luis. Si hubiera sido un padre y un marido atento y amante del hogar,  preocupado de las necesidades emocionales y afectivas de la familia, en vez de preocuparse sólo de lo material, María no se habría sentido impulsada a buscar amor y atención fuera del hogar. Ella no obtenía ninguna seguridad ni satisfacción emocionales de este frío enfoque intelectual de Manuel. A su entender, la búsqueda de satisfacción, de amor y de contentamiento fuera del hogar, no representaba sino una resolución natural.

              Manuel llegaba irregularmente a su casa y, por ende, no era capaz de cumplir con sus deberes  y obligaciones de padre. La abuela de Daniel, Dominga, era igualmente incapaz de asumir las responsabilidades de maternales, tanto debido a su edad como a su deseo de atender a sus necesidades

personales. Dominga no era ni física ni mentalmente capaz de ser tanto madre como padre para Daniel. No obstante, contaba con un claro entendimiento espiritual, era bondadosa y tenía una natural capacidad para amar.     

      

                Daniel sólo podía sentir el ir y venir de las oleadas de rechazo y de abandono emocional. ¿No había nadie que lo quisiera lo suficiente como para preocuparse de él?  Se sentía indeseado y no querido y se protegía detrás de sus temores e inseguridades. ¿Si no estaba recibiendo amor, cómo podría aprender, alguna vez, a dar amor o a ser afectuoso?

              Sin embargo, fue de beneficio para Daniel el que se fuera a vivir con su abuela. Ella era la personificación de la verdad y, aunque no era muy religiosa, practicaba en su vida diaria la moralidad de la instrucción religiosa. Su vida era una expresión de los valores humanos básicos. Aquello que sus padres no le entregaron a Daniel en términos de deber y responsabilidad espirituales, se lo proporcionó su abuela.

              Daniel ya tenía cuatro años y su abuela lo matriculó en una escuela católica que eligió su padre. El interés de Manuel iba hacia el modelo académico de la educación más que la excelencia espiritual y en ello basaba sus decisiones.

              Daniel se integró rápida y fácilmente a la escuela. Experimentó una introducción a un programa de estudios espirituales basado en la religión y un plan académico de estudios carente de espiritualidad. Incluso a tan temprana edad, creía que ambos debían integrarse. Aprendió a observar y a escuchar y a aprender de sus experiencias. Con este sistema de estudios, pudo observar a adultos cuya educación era académica pero que carecían de disciplinas espirituales en sus vidas, que también carecían de carácter y eran débiles de voluntad. Aquellos que practicaban disciplinas espirituales, tenían fuerza de carácter y una sabiduría inusual, aunque no fueran educados. Daniel comenzaba a captar una percepción de la verdad que más tarde demostró ser una herramienta para su supervivencia.

              Los estudios académicos le resultaban muy fáciles a Daniel y sobrepasó las expectativas de su padre con los primeros resultados de sus exámenes. Durante sus primeros años de estudio,  Daniel recibió las más altas calificaciones posibles en esa escuela y cada nuevo resultado hacía subir las esperanzas de su padre. Al descubrir lo fácil que le resultaban sus estudios, Daniel encontró también algo para lo que era bueno : una ruta hacia la aprobación.

              No obstante, con el tiempo, su estrella comenzó a opacarse. Las expectativas de Manuel respecto de su hijo no aceptaban nada que fuera menos que perfecto, en tanto que Daniel comenzó a esforzarse más por recibir la aprobación paterna que por hacerlo todo lo mejor que podía. Cuando producía un resultado que no llegaba al 100%, no recibía felicitaciones por un trabajo bien hecho, sino que se enfrentaba a enojosas preguntas respecto a que por qué había fracasado. No era que Daniel hubiese fracasado. Lo único era que había fracasado en igualar las expectativas de su padre, lo que era problema de éste y no de Daniel.

              Daniel pasó justo cerca de dos años en la escuela católica y, aunque los profesores nutrieron las semillas de la espiritualidad, éstas no florecieron sino hasta más tarde en su vida. Su conciencia de Dios había sido establecida, pero no aún comprendida.

              Daniel sentía un ansía íntima por cosas que eran espirituales pero sufría de muchas influencias opuestas y sus percepciones se fueron distorsionando mientras su ‘mente de mono’  vacilaba. En consecuencia, las creencias y aspiraciones de su padre eclipsaron sus inclinaciones espirituales. Era fuerte la influencia materialista de Manuel, y Daniel aprendió a creer que si elegía la carrera sacerdotal, siempre tendría acceso a libros buenos y caros y a los viajes. Era demasiado joven y sin experiencia como para pensar que el servicio a Dios era altruista.

              Daniel se había visto enfrentado únicamente a una egoísta adicción al trabajo y a hacer carrera. No obstante, era lo bastante astuto como para darse cuenta que aquellos que se empeñaban por una felicidad material se satisfacían sólo temporalmente, hasta que las ansias por mejores y mayores avances

les robaban la paz mental. Aquellos que elegían la carrera con Dios, en cambio, parecían estar felices la mayor parte del tiempo y las necesidades materiales tenían poca o ninguna importancia.

              Durante el corto período de su estadía en la escuela católica, un sacerdote francés que era su profesor, alimentó su estabilidad emocional. Este clérigo se mostró sensible a las necesidades de Daniel y

lo consolaba cuando necesitaba de consuelo, lo alentaba cuando estaba abatido  y le enseñaba con balanceados valores tanto académicos como espirituales. Era un hombre dedicado a su vocación, dotado de una naturaleza cálida y compasiva.  Entregó tiempo, esfuerzo y paciencia para proveeer a Daniel de algo más que lo ofrecido por el programa escolar. Las simientes de saber que plantara este sacerdote tuvieron un impacto mayor en el niño que cualquiera de las que le ofreciera su padre. Como sea que fuera, ambos actores desempeñaron bien sus respectivos papeles, dándole a Daniel la oportunidad de sopesar la diferencia.

              Así, pasó dos felices años bajo la tutela emocional y espiritual del sacerdote. Adquirió algo de confianza en sí mismo y de autoestima y encontró algunas herramientas con las que podía disfrutar de algo de paz y de contento. Cuando llegó el momento de dejar la escuela, sus aspiraciones eran las de seguir una carrera en la iglesia, como para lograr la alegría y los beneficios materiales que le ofrecía esta elección.

              Sin embargo, el drama de la vida tiene muchos actos y el telón debe bajarse de vez en cuando para permitir la presentación de otro acto. Para el tiempo en que Daniel cumplió seis años, María y Manuel se habían divorciado. María regresó a Montevideo desde Argentina para comenzar un nuevo acto en la obra con su nuevo marido. Estando cerca, Daniel la pudo visitar cada quince días durante los siguientes cuatro años. Estas pocas horas que compartían regularmente, resultaban difíciles y emocionalmente agotadoras para ambos. María aún conservaba intacto su resentimiento y las culpas, temores y sensación de abandono de Daniel se mantenían cuidadosamente empaquetados en los recovecos de su mente. En todo caso, trataron de sacarle provecho al tiempo que tenían.

              Las mareas del cambio estaban activas en esta época de la vida de Daniel. Cuando Manuel encontró a otra mujer a quien amar y se casó nuevamente, la familia se mudó a una localidad uruguaya a media hora de viaje de Montevideo. Daniel dejó de ver a su abuela, quien había tenido una tranquilizadora influencia en su vida, y abandonó la escuela que le había proporcionado un canal a través del cual desarrollar su autoestima.

              Manuel y su nueva mujer, Marta, proyectaron una ilusión de felicidad marital e invitaron a Daniel a vivir con ellos. De todos modos no había mucho donde elegir. María no había hecho intento alguno por resolver los problemas con Daniel y no lo quería viviendo en su nueva unidad familiar. La idea de vivir con Manuel y Marta parecía idílica en teoría y Daniel se sumió, temporalmente, en la fantasía de pertenecer a una familia. Había ganado la aprobación paterna en lo académico, de modo que tal vez podía ganarse ahora su aprobación en afecto.

              No obstante, las esperanzas de Daniel en cuanto a una feliz vida familiar fueron de muy corta duración. Su nueva forma de vida se convirtió en un “infierno en la tierra” más que en una armonía celestial.

              Marta resintió la entrada de Daniel en lo que, posesivamente, creía ser “su” familia. Ella quería hijos, mas no hijos de otra madre. Los celos siempre andan de la mano con el odio y la ira, y Daniel hubo de sentir su furia.

              Sin que lo supiera el padre, Marta golpeaba cruelmente a Daniel cada día.   Mas era ladina en sus malas intenciones, porque en presencia de Manuel o ante sus ojos, simulaba ser la mujer y la madrastra amorosa, protegiendo cuidadosamente  su estudiada imagen.

              Marta solía golpear a Daniel en la mañana, mientras aún estaba en la cama y cubierto por las cobijas. Parecía derivar algún placer enfermizo de estos interminables actos de violencia. El dolor que embargaba el corazón de Daniel era el que llevaba las cicatrices del abuso físico : las mantas lo protegían de los moretones o heridas.

                       

              Marta era egocéntrica en su conducta para con Daniel y sus celos no conocían límite. Los celos siempre nublarán la visión y el ego buscará constantemente el poder dominar cuerpo y mente. Marta no hizo nunca esfuerzo alguno por controlar este rasgo, sino que lo acomodaba y nutría con innegable cuidado. Parecía derivar algún tipo de retorcido placer de sus abusos y nunca pareció sentir remordimientos por su aberrante conducta. El golpear a diario a Daniel le proporcionaba un falso escape de pasión, del mismo modo en que una persona drogadicta se alivia del dolor y la ansiedad con otra dosis.  El abusar de Daniel representaba la “dosis” para Marta, de modo que por cortos períodos después, se podía comportar con cierta normalidad hacia él. Sin embargo, cada día, Marta aprendía a odiar a Daniel un poco más que el día anterior.

              “Los celos y el odio son ladrones gemelos --dice Sai Baba-- el uno no puede vivir sin la compañía del otro. Existe una inextricable relación entre ellos, siempre se refugiarán el uno con el otro. En donde no existan los celos, no existirá el odio. Cuando se vuelve visible el odio, encontrarán también a los celos atisbando invisiblemente por debajo de él. El odio asumirá alguna forma en particular y se manifestará de varias maneras. Para los celos, en cambio, no hay forma, se mantienen ocultos bajo la superficie. Se ha dicho que no hay nadie en el mundo que no sufra de algún tipo de celos, que siempre habrá, al menos, una pequeña tendencia a los celos en cada persona. Para asegurarse de que no entren en su sistema los celos o el odio, deberán desarrollar el amor desinteresado. En dondequiera que encuentren un tal amor desinteresado, no quedará lugar alguno para que entren y actúen los celos y el odio. Cuando ambos se mantienen fuera de uno, lograrán la experiencia de la bienaventuranza Divina.”

              Las palizas eran la norma, pero había frecuentes ocasiones en que Marta golpeaba a Daniel  y luego lo encerraba en un armario y se negaba a dejarlo ir a la escuela. Solía dejarlo encerrado allí sin alimentos, sin agua y sin permitirle ir al baño para sus necesidades. Si llegaba a llorar, no hacía sino empeorar el castigo. Marta lo arrastraba fuera del armario y, agresivamente, lo volvía a golpear. Se trataba de una mujer emocionalmente enferma, descontrolada. Daniel aprendió que el único medio de defensa contra su madrastra era la no reacción.

              Este no reaccionar resultaba difícil para alguien tan pequeño y joven. Daniel, simplemente quería ser amado y había tenido poca oportunidad en su corta vida como para ser capaz de evaluar la diferencia entre amor y maltrato. Había estado cerca de conocer los sentimientos de amor con su abuela, pero los otros parientes cercanos no habían sino mostrado una conducta abusiva para con él.  Para alguien tan pequeño podría haber sido fácil llegar a pensar que este tipo de actitud era normal, si no hubiera tenido ocasión para comparar.

              La fuerza física puede representar un tipo de debilidad. Sólo el poder que se basa en la Divinidad y tiene la potencia de la rectitud es verdadera fuerza. En una buena persona, la fuerza le permite ayudar a los débiles y servir a la sociedad. La fuerza en una persona malvada la empujará a causarle daño a la gente y a acosar a los débiles.   

             

              Tanto María como Marta se consideraban a sí mismas como mujeres fuertes e independientes, mas su percepción de lo que era fuerza no era sino una distorsión de su ignorancia, y su incapacidad para amar incondicionalmente, un reflejo de esa ignorancia. No se trata aquí de una ignorancia intelectual, sino más bien de una carencia de sabiduría : esa falsa visión que le hace a uno tomar lo irreal por real y lo real por irreal.

              Los moretones y las cicatrices del maltrato sanan rápido con el tiempo, pero a menudo hacen aparecer magulladuras y cicatrices en otras vidas. Si no hubiera sido por la fortaleza interna de Daniel podría haberse convertido en un inválido emocional.

              Nuestra fuerza interior es nuestra verdadera naturaleza y nuestra verdadera naturaleza es amor. Daniel era un pequeñuelo amoroso que amaba con facilidad y ansiaba amor. Nunca buscó vengarse de quienes le trataron mal : siempre no hizo sino buscar su amor y aprobación. 

              Tanto Marta como María consideraban esta afectuosa naturaleza de Daniel como una debilidad, y se divertían con ello, ridiculizándolo y abusando de él. Si él las hubiera enfrentado ya sea verbal o

físicamente, de seguro que se hubieran refrenado y lo hubieran tratado de manera diferente. Sin embargo, Daniel no sentía deseos de pelear con ellas, simplemente quería que lo quisieran. Es posible que su temor a perder su amor haya contribuído a que no se defendiera, aunque es nuestra propia conciencia la que hace destacarse nuestra verdadera naturaleza y estimula una conducta apropiada. Daniel se comportaba de acuerdo a los impulsos de su conciencia.

              Nuestra conciencia es el barómetro y medidor de una conducta adecuada. Es la vara de medición de la verdad. Nadie debiera actuar en contra de los dictados de su conciencia : el actuar violando la conciencia es malo, en tanto que el hacerlo de acuerdo con ella representa una conducta correcta. Por supuesto que Daniel no intelectualizaba sus motivos en términos de conciencia, aunque estaba madurando en él el sentido de lo justo y lo injusto. Intuitivamente se daba cuenta de la diferencia entre una conducta correcta y una que infligiera daños e infelicidad.

              Nuestra conciencia enseña la verdad y lo que es verdadero, es Divino. No obstante, Daniel nunca estableció un nexo entre su conciencia y Dios, debido a que durante los dos años que pasara en la escuela católica había reconocido la relación entre religión, Dios y la conducta correcta, mas en su mente, Dios era más bien un símbolo que una verdad omnipresente. Mantenía en su mente una imagen de Dios semejante a la figura humana. Dios era alguien anciano y sabio; alguien a quien le podía rezar pidiendo ayuda, pero que estaba siempre separado de él. De las enseñanzas católicas, Daniel entendió que Dios era una especie de representante de la verdad, mas no necesariamente la verdad misma. Su conciencia le enseñaba a comportarse de manera veraz, pero era demasiado joven para entender a un Dios infinito, absoluto y sin forma.

              En los primeros años de su vida, Daniel desarrolló muchos miedos. Miedo al rechazo y al abandono, miedo a los lugares obscuros o cerrados y miedo a llorar o a hacer cualquier tipo de ruido. Marta le había instilado también otro tipo de miedo : el temor a confiar en el padre. Amenazaba a Daniel con tremendos castigos si alguna vez le contaba a Manuel lo que ella había hecho. También convenció a Daniel que su padre no le creería : no había signos físicos de maltrato, únicamente emocionales. En segundo lugar, Daniel había “muerto” a su hermano y se consideraría que mentía, como acto de culpabilidad, sólo para despertar simpatía. Esta amenaza aisló aún más a Daniel de su familia. Su padre representaba su último bastión de una posible seguridad y amor, mas Marta se estaba asegurando de cortar los últimos lazos que pudieran sobrevivir. Daniel sabía que Marta cumpliría cualquier amenaza que profiriera, de modo que no osaba tentar a su destino.

              Marta, empero, solía tener sus días buenos, cuando se saltaba sus agresiones emocionales y trataba bastante bien a Daniel. Esos días, el pequeño corazón de Daniel rebosaba de alegría y solía derramar lágrimas de felicidad en lugar de lágrimas de dolor y de miedo. Hacía todo lo posible por agradar a Marta, para que ella extendiera esos períodos, mas el destino tiene su propia manera de crear cambios. Marta era, sencillamente, inestable y, aunque pareciera competente en ocultarle esta inestabilidad a su marido a través de sus mentiras, no se la podía ocultar a Daniel. El molde estaba profundamente grabado. El amanecer de un nuevo día no hacía sino que volviera la repetición del maltrato.

              Sai Baba Dice : “... la no violencia es otra faceta de la verdad. Si se dieran cuenta del vínculo con Dios, de la Unicidad en Dios, de la unidad átmica (*) fundamental, nadie le causaría dolor o angustia a otro. La ira no puede destruirse con ira, ni la crueldad con crueldad. La ira se puede conquistar únicamente con la paciencia y la crueldad puede ser vencida sólo por la no violencia. La no violencia involucra mucho más que la abstención de herir a seres vivientes. Uno debiera desistir de causarle dolor a ningún ser viviente, no solamente a través de las acciones, sino también de sus palabras y pensamientos. Uno no debiera albergar nunca la idea de herir a otro o de humillarlo.”   

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(*) Atman : el Espíritu Interior. Cada uno debiera desarrollar el entendimiento de que es el Atman, que este Atman que está en él, se encuentra también en cada uno y en todos los demás, y debiera sentir que la alegría de cualquier otro es su propia alegría. Sólo cuando desarrollan este sentir, podrán servir bien y plenamente.          ... Sathya Sai Baba

 

              Marta provenía de un legado de pobreza. Había crecido en una vivienda de una sola habitación de tres por tres metros, en la que moraban cuatro personas. Nunca había sabido del lujo y, en su percepción, el lujo era algo relativo. Cuando llovía, la casa se inundaba, porque el techo estaba lleno de agujeros y siempre necesitado de reparaciones. Un techo nuevo habría significado un lujo exorbitante para esta menesterosa familia. Si no era posible un tal requerimiento básico, es evidente que las cosas no esenciales ni siquiera se consideraban. Es cierto que el pasado de Marta no sirve para justificar su conducta posterior, mas puede ayudarle a uno a entender el por qué una persona llega a veces a desarrollar comportamientos indefinibles.

              Cada uno debiera tratar de proteger la verdad a través de la acción correcta. Es algo que no se puede enseñar, porque la verdad proviene del corazón. La verdad se vivencia. Marta y María no necesitaban ir a la escuela para aprender la verdad : ésta estaba siempre con ellas en la forma de sus conciencias. La verdad se experimenta a través del cultivo del amor. Verdad y amor lo son todo. Marta y María eran ambas egocéntricas y estaban aprendiendo amor desinteresado a través de algunos procesos muy difíciles. Ambas deseaban ser amadas, pero buscaban este amor a través del físico. Al amor no necesitamos buscarlo, porque está en todas partes. Nosotros somos Amor. No tenemos más que ser el amor que ya somos, para conectarnos con el omnipresente amor universal. Debemos empeñarnos por amar a todos. El odio y los celos les estafan la oportunidad de estar en paz consigo mismos.

              Daniel resistió por tres años el maltrato de su madrastra, no sintiéndose nunca la víctima, sino sólo el maltratado. Durante este período nacieron tres niños más en la familia, y la paranoia y posesividad de Marta se hicieron más extremas.

              Cuando Daniel cumplió nueve años, Marta comenzó un día con una andanada de maltratos y la paciencia y delicadeza de Daniel se perdieron en el tiempo : reaccionó con furia y, enojado, casi la mató. La golpeó con sus puños y cada golpe llevaba en él el poder de tres años de ira reprimida frente a tanto abuso. Hubo necesidad de llevar a Marta al hospital y Daniel, presa del miedo, huyó de la casa para comenzar una nueva vida en las calles de Montevideo.

              Montevideo no era una ciudad fácil para ser un niño callejero. El arte de la improvisación era una necesidad para la sobrevivencia. Por ejemplo, cuando desaparecieron las suelas de sus zapatos, Daniel recurrió a su inventiva : las suelas estaban irreparables, mas no así los cordones, de modo que, con ellos, podía amarrar papel de diario a sus pies y tenerlos más o menos calzados. No era más que un remedio temporal y totalmente inútil con la lluvia. En todo caso, el tiempo empleado en idear estas pequeñas y tontas actividades desviaba la mente de Daniel de su soledad, su miedo y su hambre. La sobrevivencia ocupaba su mente.

              Robar era un ejercicio difícil ya que la policía patrullaba concienzudamente las calles. Aprendió, sin embargo, a hurtar alimentos para sobrevivir, aunque no lo suficiente como para mantener su salud. En su corta vida, Daniel había desarrollado un fuerte concepto del bien y el mal y, simplemente, no era lo bastante descarado para el arte del robo. Vivía en un constante estado de malnutrición y de contínua exposición a los elementos, la suciedad e infecciones, hasta que su joven piel se llenó de llagas.

              Afortunadamente, Daniel tenía un buen amigo llamado Jorge, quien casi siempre sabía dónde encontrarlo. Jorge y su madre se mantenían atentos a las condiciones de vida de Daniel. La madre de Jorge le había tomado mucho cariño y se preocupaba por él con un genuino amor de madre. Cada vez que le era posible, hacía que Jorge lo encontrara y lo trajera a su hogar para comer. También eran muy pobres, aunque ricos de corazón. No le podían ofrecer a Daniel mucho más que su amor y algo de alimento para que llenara ocasionalmente su estómago. Cierto que en Daniel produjo más impacto el amor maternal que las generosas porciones de alimento.

              Daniel pasó tres meses escondiéndose y durmiendo en sucios e inmundos rincones y cloacas.  No podía ducharse y los parques eran los únicos lugares que podía usar para sus necesidades fisiológicas. En Montevideo, a veces los perros vagos recibían más comida y demostraciones de bondad que los niños de la calle. Al paso de los meses, Manuel estuvo buscando por algún tiempo a Daniel, hasta que una

buena información lo llevó, finalmente, a ubicar a su hijo. Encontró a un Daniel cansado, sucio, hambriendo y afligido emocionalmente.

              Daniel tuvo reacciones encontradas al ver a su padre. Sentía algo de alivio y alegría de ver a alguien de su familia, mas sus temores estaban muy profundamente enraizados. Los recuerdos estaban aún frescos en su mente, así como las mentiras que Marta le contaba a su padre. Nunca podría estar seguro acerca de cuan convincentes podían ser la falsedades de Marta, y ahora tendría que enfrentarlos a ambos por haber perdido el control y atacado a su madrastra. No podía sino imaginar la furia de Marta y no podía soportar el estar otra vez frente a frente con ella o con su enojo.

              Ante el impacto del momento, Daniel había perdido el derecho a elegir. Su padre lo tomó por el cuello y lo arrastró hasta la casa. Estaba inmundo y desnutrido. El primer punto del programa era atender a estas necesidades... luego se discutiría la necesidad de una explicación y una disculpa.

              El baño pareció realmente maravilloso. Nunca le había parecido mejor el agua limpia y tibia. El jabón sobre su piel se sentía particularmente suave y sus pies se mostraban sensibles a la temperatura del agua.  El agua hacía que le escocieran las heridas en su cuerpo, las que le dolían al tacto. Su pelo estaba seco y pegajoso y había perdido todo signo de un brillo saludable. Tomó varios lavados el dejarlo limpio de tanta mugre, como para poder peinarlo con facilidad. Los tranquilos momentos que pasó en el baño resultaron algo terapéuticos y decididamente relajantes. Al menos temporalmente, pudo escaparle a todos sus temores y dejar que las tibias aguas lo regeneraran. Disfrutó de este breve escape a sus miedos y se sintió extrañamente seguro y feliz.

              Habiendo retornado al redil familiar, confrontó a las emociones y a sus miedos familiares. Mientras Manuel estuvo cerca, Marta representó el papel de una bondadosa y preocupada madre. Sin embargo, cuando estuvo fuera del alcance de sus palabras, amenazó a Daniel con tratarlo peor que antes y con cosas que no podía ni imaginar... A la mañana siguiente, antes de que ella pudiera cumplir sus amenazas, Daniel volvió a huir de casa.

              Esta vez, Daniel vagó durante cuatros años por las calles de Montevideo. Afinó sus habilidades para robar y se transformó en un adicto a la sobrevivencia bajo condiciones extremas.

              Entre los diez y los doce años de edad fue atacado sexualmente por un funcionario de un Club de Niños, el Chueco Rocha. Rocha era un hombre moreno, de edad mediana, cuyas intenciones asustaban a los niños chicos y que adquirió una reputación de loco vicioso y no de amigo en las calles de Montevideo. El punto central para los niños de la calle era el sobrevivir. Pero sobrevivir en las calles de Montevideo no es lo mismo que sobrevivir en las de Estados Unidos o de Australia. Allá no existían las organizaciones de apoyo para alimentarte cuando tenías hambre o para vestirte cuando crecías y la ropa te quedaba chica o se te convertía en harapos. Hombres como el Chueco Rocha abusaban de los muchachitos y pretendían ser buenos y afectuosos con ellos al proporcionarles alimento. Rocha se mostró particularmente atento con Daniel y lo acosaba a través de sus necesidades y debilidades emocionales y físicas.

              La mayoría de los niños de la calle no habían experimentado amor y estaban prácticamente muertos de inanición. Eran niños que habían sido abandonados por su padres por razones que iban desde la extrema pobreza y el desinterés hasta las dificultades financieras. Tenían poca o ninguna educación y dependían de sus habilidades de “astucia callejera” para sobrevivir.

              Hombres como el Chueco Rocha no tenían más interés que su depravada y egoísta gratificación y no les importaban en absoluto las profundas cicatrices que les dejaban a estos jóvenes niños de la calle. Rocha trabajaba duramente para ganar suficiente dinero como para poder tentar a los niños con alimentos y provisiones. Sus intenciones tanto como su apetito sexual eran depravados y sus víctimas estaban en la inanición. Los niños nunca iban en busca de Rocha, éste siempre se las arreglaba para encontrarlos.

              Los niños de la calle siempre se mantenían en áreas de la ciudad que conocían bien. Aventurarse en territorio desconocido era demasiado peligroso. Por consiguiente, era fácil para hombres como Rocha el encontrarlos.

              Daniel era muy ingenuo frente a gente que fuera bondadosa con él. Puede que fuera ducho en cosas de la calle, pero no así en lo tocante al amor. Sin embargo, el sentir de Daniel le decía que por mucho que Rocha pretendiera amarlo y proveer para él, lo que este adulto hacía era malo. Rocha era hábil en su manipulación. Nunca recurrió a la violencia ... simplemente, era tan bueno. Daniel estaba a punto de morir por malnutrición y había sido ya admitido en tres ocasiones en un hospital. Por ende, cuando alguien pretendía amarlo y lo alimentaba, eran su instinto de supervivencia, el temor y su inocencia los que permitían que el abuso se realizara.

              Una noche, Rocha trajo a la casa a un viejo homosexual. Este hombre no se andaba con rodeos con las emociones. Sus modos sexualmente abusivos configuraban su segunda naturaleza y era, de manera explícita, en extremo complaciente. No mostraba ninguna expresión de humildad ni necesidad de ocultar sus motivos. Daniel quedó aterrorizado. Huyó de ellos, cambió de lugar y nunca más se sometió a este tipo de conducta. ¡Prefería morir!

              En las calles de Montevideo sobrevivían los más aptos. Si no comías, morías. El pararse a juzgar a estos niños no serviría a ningún propósito útil. Si uno no ha conocido la sensación de un hambre extrema, nunca va a poder entender lo que experimentaban estos niños. Cuando un niño se está muriendo de hambre, hará prácticamente cualquier cosa por calmarla. De manera similar, Rocha hacía cualquier cosa por satisfacer sus malsanos apetitos. Muchos de los niños de la calle habían pasado años sin una comida decente.

              Desde una perspectiva, se trataba de una existencia muy egoísta, puesto que la prioridad la establecían las necesidades personales.  Algunas veces, sin embargo, los niños encontraban a un amigo en peores condiciones que ellos mismos y tenían la oportunidad de tenderle una mano de amistad y ayuda. Incluso en las calles de Montevideo, esto le abría también a los pequeños la oportunidad de aprender una conducta correcta y altruista.

              Muchas cosas viles le sucedieron a Daniel, mas él nunca cayó en la trampa del uso de drogas o de causarle, de alguna manera, daño a alguien. Cometió errores, pero en gran medida, escuchó a su conciencia. Daniel se destacaba entre los otros niños de la calle por muchas razones, la más obvia de las cuales era su apariencia. Daniel se veía diferente. Cuando chico era rubio y de ojos azules. Con algo más de edad, sus cabellos se volvieron castaño claro. Este tipo étnico es poco común en América Latina, donde la mayoría de las gentes es morena, de cabello obscuro y ojos marrón. La apariencia de Daniel también le daba problemas y actuaba en su contra : fue su tipo rubio lo que atrajo al Chueco Rocha. Además, fueron muchas las veces en que Daniel fuera golpeado únicamente por su apariencia. Muchos más lo intentaron, pero Daniel se hizo rudo y aprendió a defenderse bien, como asimismo a otros menos afortunados que él.

              Daniel aceptó ingenuamente la percepción de otros que lo veían como diferente y, por muchos años, no se quiso mirar siquiera en un espejo. Ahora se da cuenta que las diferencias radican en la mirada y el corazón del que percibe. Realiza ahora que las gentes se sienten perturbadas no tanto por otras personas o por cosas que suceden, sino más bien por la proyección de sus propias opiniones y percepciones. Daniel elige ver la bondad de las personas más que su aspecto.

              Los niños aprendieron en las calles muchas lecciones espirituales importantes, aunque, probablemente, no las vieran más que como ejercicios en supervivencia. No era importante, empero, el cómo las vieran, porque su aprendizaje les acompañó durante toda la vida. Puede que nunca crecieran como para ser académicamente instruidos, mas la experiencia les brindó la oportunidad para crecer en sabiduría. En la lucha por la sobrevivencia y el éxito,  es importante aprender que no hemos de olvidar a Dios, El cual ha hecho posible la vida. Dios estaba en boca de los niños de la calle, aunque no siempre de manera respetuosa o sagrada. Mayormente solían maldecirlo por el predicamento en que se encontraban y habría sido un individuo raro aquel que viera la Gracia de Dios actuando en sus vidas.

              Otro aspecto del vivir en las calles era el de la necesidad de mostrarse flexible frente al cambio. No podían “poseer” pertenencias, porque no tenían donde dejarlas. Todo lo que tenían, debían cargarlo

con ellos durante todo el día. Simplemente, no era práctico tener nada, como no fuera las ropas puestas. Su estilo de vida se basaba en el robo y no podían hurtar y, al mismo tiempo, estar preocupados de bienes

personales. Cuanto menos equipaje, más fácil les era moverse... Daniel tenía un abrigo que debía llevar consigo, pero, a su entender, representaba una necesidad. Dormía sobre él de noche y, en invierno, se habría congelado sin él. En verano no era más que una molestia.

              A diferencia de otros niños de la calle, Daniel sólo robaba la cantidad de alimento que necesitara y nunca le robó a alguien que, a su entender, no tuviera medios suficientes como para no resentir que lo despojaran de algo. Esto resulta ser un interesante análisis por parte de alguien de tan pocos años. No obstante, la concepción de “necesidades” de Daniel, tenía un sesgo de distorsión. En varias ocasiones fue encontrado inconsciente junto a la acera, por falta de alimento.

              En una de esas ocasiones, Daniel fue encontrado en estado de coma y, en esos momentos, se pensó que había muerto. Cuando estaban llevándose su débil y frágil cuerpo, uno de los que lo hacían notó algunos signos vitales. Fue así que, en lugar de llevarlo a la morgue, lo llevaron directamente al hospital. Daniel estaba desnutrido, drenado de energía y de voluntad de vivir, de modo que llevó algún tiempo para que respondiera a las atenciones del personal médico.

              Cuando Daniel salió finalmente del coma, olió el aroma de la comida recién preparada y disfrutó de los primeros bocados de un plato caliente. Es probable que es este punto tan bajo en su vida, cualquier comida le habría sabido buena, mas ésta fue excepcional. Su sabor fue realzado por las sensaciones de protección que le brindaba el medio y la amorosa atención que estaba recibiendo.

              Su débil contextura no había sabido sino de hambre por tanto tiempo que le resultaba difícil ingerir incluso pequeñas porciones de alimento. Disfrutó de los aromas de la comida recién preparada y los aspiraba ávidamente, más que comer. Estos olores le alimentaban con una sensación de estar a salvo y seguro, y ésto calmaba su apetito mucho más que la comida.

              Dentro de los confines de este medio esterilizado, sentía que nacían sentimientos nuevos y no familiares. Las enfermeras solían pararse junto a su cama y acariciarle suavemente la cabeza, mientras le susurraban cálidas palabras de consuelo, ánimo y amor. Otras le tomaban la mano mientras procedían a sus rutinas médicas y los doctores mostraban una genuina preocupación cuando examinaban al esquelético niño abandonado que tenían ante ellos. En sus momentos de mayor debilidad, simplemente yacía inmóvil en la cama, los ojos cerrados, y pensaba en la sensación de sinceridad detrás de las palabras que usaban, dejándose envolver por el toque de la bondad humana. La compasión y el amor que experimentó en el hospital esta vez, tuvieron un mayor poder curativo que los medicamentos o el alimento que recibía. La solicitud con que era atendido, calmó sus temores y sanó su mente. Comenzó a sentirse en paz consigo mismo y con el inamistoso mundo de afuera.

              Daniel estaba despertando a una percepción de las cosas que estaban más allá de las necesidades del cuerpo. Reconocía que, mientras su pequeño cuerpo estaba famélico, derivaba mayor satisfacción de los intangibles apoyos que se le ofrecían. El amor y la atención que estaba recibiendo del personal hospitalario, alimentaba su espíritu y ésto le satisfacía más que los deliciosos bocados en su plato. No le era posible explicar intelectualmente esta nueva dimensión del pensamiento que estaba experimentando, mas podía sentir el extraordinario impacto sobre sus emociones y su vida. Por primera vez en un largo tiempo, se sentía seguro y sin temores. El amor que estaba recibiendo del personal hospitalario disolvió cualquier necesidad e tenerle miedo a algo.

              Daniel se quedó por  varios días en el hospital,  hasta que  estuvo  lo  suficientemente fuerte como

para marcharse. Una mañana escuchó que los médicos discutían sobre su estado de salud y la necesidad de “volver a casa”. Sintió aflorar las emociones de ansiedad en su mente y su cuerpo. No podía soportar el impacto de la furia de su madrastra ni por un momento más...  prefería morir. Escuchó a los adultos tomando decisiones acerca de su futuro y sintió que los viejos y familiares temores comenzaban a invadirle.

              En sus pensamientos suplicó por la intervención de alguna desconocida fuerza para no tener que ir a vivir nuevamente con su madrastra. Puede que haya considerado, en algún punto, que le estaba

dirigiendo sus ruegos a Dios, pero estaba sumido en un ataque de pánico : simplemente, estaba recurriendo a lo que fuera que pudiera ayudar. Alguien debe haber escuchado sus ruegos, porque desde el hospital fue llevado a la casa de un tío. Desde ahí, Daniel se fue a la Argentina, a vivir con su madre.

               El tío se llevó a Daniel a su hogar más como un acto de responsabilidad y deber familiar que de amor. Desde su punto de vista, no resultaba aceptable un arreglo a largo plazo e hizo rápidamente los trámites para que Daniel viajara a la Argentina, en donde estaba residiendo ahora María.

              Daniel tenía trece años para entonces y era maduro para su edad : contaba con el saber que proporciona la calle. Era capaz de ver a través de las personas y las situaciones con mayor astucia y de ejercer la discriminación, pero era aún bastante inseguro en lo emocional. El amor que recibiera en el hospital le ayudó a elevar la confianza en sí mismo y la autoestima, pero los años pasados como víctima de brutalidades físicas y anímicas, lo habían dejado emocionalmente discapacitado. Daniel había de aprender aún que sin confianza en uno mismo no hay logro posible.

              Si tenemos confianza en nuestra fortaleza y habilidad, podemos recurrir a las fuentes internas de valor y elevarnos a un nivel más alto de alegría y de paz. La confianza en nosotros mismos surge desde dentro y no desde alguna fuente externa. La verdadera confianza en uno mismo  está en pensar todo el tiempo que Dios está dentro de uno y que es El quien lo está haciendo todo. En donde existe esta confianza hay amor, paz y verdad y, también, estará Dios.

              Daniel había experimentado todo ésto, aunque no había sino absorbido los sentimientos despertados por esta experiencia. No había entendido su profundidad. No podía igualar a Dios con la confianza en uno mismo, el amor o la verdad, ni tampoco ver como aparente a Dios en ninguna de las experiencias. No obstante, lo que sí sabía, era que el amor era un sentimiento poderoso. El amor, dado sinceramente, había calmado las tormentas desatadas de sus emociones y develado su paz : ésto era verdadero. Los sentimientos de amor eran algo que podía vivenciar; las palabras de amor eran artificiales. Daniel podía discernir la diferencia, pero estaba aún debatiéndose entre los dolores de aprender la diferencia.

              Daniel aún albergaba resentimiento, enojo y temor hacia aquellos que creía lo habían lastimado, junto a un profundo sentimiento de culpa por la muerte de su hermano Luis. Sin embargo, reconocía que cuando era receptor de amor incondicional, no tenía deseos de sentirse enojado, temeroso o resentido. Cuando también él entregaba amor incondicional, ese amor se tragaba todo deseo por cualquier sentimiento negativo en contra de alguien o de algo. El personal del hospital le había brindado un amor incondicional a Daniel : nada tenían que ganar amándole, y él respondió. Había conocido gente que decía amarle y que le expresaban palabras de amor, pero había sido un amor superficial... Se había disuelto con el tiempo y todo lo que quedaba era el recuerdo y el dolor.

              Sathya Sai Baba dice : “Las emociones como el odio, el resentimiento, la envidia, la ira etc., llenan nuestros corazones y mentes con aquello que crea una falsa separación con nuestro Ser real : este Sí Mismo real es amor. En donde haya amor, no podrá haber ira. Si desarrollamos nuestro amor, no quedará espacio en nuestro corazón para que echen raíces el odio y la ira. Tenemos que realizar todos los esfuerzos posibles por establecer el amor en nuestro corazón. Si queremos conquistar la ira a través del amor, entonces debemos desarrollarlo de la manera más magnífica. El amor está siempre dispuesto a derramarse gratuitamente y a pasar por alto los defectos y flaquezas en los otros. Tiene esta extraordinaria cualidad : vive gracias al dar y al perdonar, en tanto que el pequeño ego vive del recibir y el olvidar. En donde hay amor, no queda espacio para el egoísmo, y en donde haya egoísmo, no habrá amor.”

              La reunión de Daniel con su madre fue involuntaria, pero, quizás, práctica. María dió la impresión de estar feliz de verle nuevamente tras de una tan larga separación. Dió la impresión de que lo amaba y que lo había extrañado por todos esos años. Sin embargo, no le tomó mucho tiempo a Daniel para darse cuenta que María tenía un interés egoísta en su reaparición.

              Para entonces, María tenía otros cinco hijos y un marido alcohólico. Washington estaba siempre demasiado ebrio como para ser capaz de mantener adecuadamente a la familia, de modo que María había

tenido que asumir la responsabilidad de proveer para los niños. Daniel tenía ahora trece años y María sintió que podía conseguir un trabajo y mantenerla a ella, a los niños y a Washington.

              María estaba habituada al trabajo duro, pero aún guardaba resentimiento por la responsabilidad que siempre recaía sobre ella. Su amargura estaba profundamente impresa desde las experiencias de su niñez y no veía razones para encontrar excusas o disculpas para su conducta. María se consideraba a sí misma como una sobreviviente : una sobreviviente irritada por inseguridades, rencores y temores... pero sobreviviente al fín.

              Los padres de María habían mostrado poco interés paternal por sus hijos y la aparente falta de amor pasó a formar parte de los recuerdos y los hábitos de María. Su padre pasaba la mayor parte del año en galanteos fuera del hogar, y ni él ni la madre se dieron el tiempo para educar a sus hijos, ni se interesaron por ello. Cuando María cumplió los cinco años, su madre la envió a trabajar fregando pisos , para mantener a la familia. Al igual que Marta, María nunca conoció las rutinas de una educación formal : las experiencias de la vida constituyeron su escuela y su aprendizaje fue penoso.

              Por lo tanto, no le pareció antinatural, desde su perspectiva, mandar a trabajar a Daniel a los trece años.  María le encontró un trabajo... y ello le puso punto final a las posibilidades de lecciones en una sala de clases para Daniel. Daniel compartía el celo por el trabajo duro de su madre y su padre, y parecía incansable para terminar con cualquier labor que se le encomendara.

              Por los próximos doce meses Daniel fue el más importante apoyo de la familia, y él y María desarrollaron una sólida relación de trabajo. En muchos aspectos eran como una pareja : Daniel salía a trabajar y ganar el dinero que alimentaría a los niños y pagaría las cuentas. El y María solían discutir, como adultos, la forma en que distribuirían el dinero y su relación funcionaba sobre esta base. Trabajaban juntos, como iguales y, mientras se mantuvo este equilibrio, María controlaba sus emociones y no había problemas entre ambos.

              El marido de María, Washington, pudo ver los beneficios de contar con Daniel en el hogar y manifestó su deseo de emigrar a Australia. No se trataba de una idea nueva : había nacido años antes. Mas hasta ahora no había sido practicable ni viable financieramente.

              Washington era plomero por profesión y, cuando no estaba ebrio, era muy bueno en su oficio. Completó todos los detalles necesarios para inmigrar a Australia y, sin remordimiento alguno, dejó la Argentina... También dejó a sus cinco hijos, a María y a Daniel para que se valieran por sí mismos. Se fue con la promesa de enviar dinero, tan pronto encontrara trabajo, y acordando apoyarlos para que viajaran a Australia, cuando tuviera un buen empleo.

              Pasaron dos años. Daniel tenía quince años para entonces y era el mayor proveedor de la familia. María ganaba pequeñas cantidades de dinero como costurera, pero era una miseria. Washington nunca envió dinero para mantener a la familia y Daniel, involuntariamente, aceptó la responsabilidad de ser el padre suplente de los hijos de María. Era una vida dura, pero no existía el maltrato sufrido en su pasado, en Montevideo. Había aprendido mucho durante los últimos años y cada nueva experiencia le daba el ímpetu para desarrollar la confianza en sí mismo y su autoestima. A su manera, María le estaba agradecida a Daniel por su apoyo, pero seguía siendo demasiado egoísta como para comprometerse en un futuro con Daniel.

              Entretanto, Washington había establecido un buen negocio para sí en Australia, aunque nunca trató de pagar la deuda que dejara en Argentina. Ni había hecho, tampoco, intento alguno por llevar a la familia a Australia a vivir con él. Además, María no quería emigrar a una tierra desconocida y ajena, para estar con su marido. Era una criatura de hábitos y gustaba de su hogar familiar y sus costumbres. Sin embargo, sus dificultades sociales y económicas anularían muy pronto las consecuencias emocionales de sus deseos. Las cuentas comenzaron a apilarse y Daniel, simplemente, no podía ganar lo suficiente como

para alimentar a una familia de seis componentes. No era, en todo caso, culpa suya : trabajaba duro, pero no podía hacer más.  

              María contactó a su marido y le dijo que emigraría a Australia con los niños, tan pronto como pudiera organizar los papeles. Las expectativas de dinero cambiaron sus motivaciones : la carencia de él en Argentina y la posibilidad de contar con más en Australia.  María trazó sus planes y, cuando Daniel tenía dieciseis años,  ella partió, dejándole atrás con todas sus deudas impagas. María no había cambiado : una vez más Daniel no entraba en sus consideraciones, ya había cumplido con su propósito... no le era ya de utilidad.

              ¡Abandonado una vez más! Daniel fue dejado con un torbellino de emociones y un montón de cuentas impagas, demasiado grande para pensar siquiera en ellas. María dejó también algunos muebles  y varias máquinas de coser. Le dijo a Daniel que podía venderlo todo para amortizar las deudas, pero, al mismo tiempo y sin que Daniel lo supiera, le comunicó a su hermano Miguel que podía quedarse con las cosas. No había cambiado tampoco el patrón del egoísmo de María.

              María abandonó el país y, antes de que Daniel tuviera oportunidad de poner en venta los artículos, llegó Miguel a instalarse en la casa y lo desalojó por la fuerza. Tanto María como su hermano lo engañaron deliberadamente, sin mostrar compasión por el predicamento en que lo habían dejado : actuaron sólo movidos por su codicia. Miguel vendió todas las posesiones de su hermana y se guardó el dinero, esperando que Daniel pagara las deudas con sus recursos...  ¡Mas Daniel carecía de recursos!  Aunque ésto no es exactamente cierto : poseía coraje y determinación. Ellos, junto a su celo por la honestidad y la conducta correcta, representaban todos los recursos que necesitaría para comenzar de nuevo.

              ¡Daniel volvió a las calles! Daniel imaginaba que había una colusión entre María, Miguel y las deudas. Se marchó con  una conciencia limpia, sabiendo que todas las deudas se pagarían (como sucedió efectivamente) y que los juegos de María y Miguel no los beneficiarían.

              Esta vez, la experiencia en las calles no fue tan traumática como cuando tenía nueve años. Había situaciones difíciles de manejar, mas se había endurecido y el impacto fue mínimo. Esta vez, Daniel comenzó su papel de niño de la calle con algunas pertenencias básicas  una camiseta, un par de zapatos, dos discos y dos libros.

              Había desarrollado su carácter con las experiencias que la vida le había presentado. Conocía sus lados fuertes y las limitaciones de sus debilidades. Mostraba determinación y veía el potencial de bondad en cada experiencia. Haciendo uso de las cualidades que le eran naturales, supo que no había de vivir en las calles. Sabía que podía darle un giro positivo o negativo a su vida. No era el tipo de persona que se sentara por ahí sintiendo lástima por sí mismo. Nunca había creído que era o había sido una víctima de la sociedad o de las fechorías de otros, y éste no era el momento para caer en la autoconmiseración.

              Después de veinticuatro horas de regreso en las calles, sintió los dolores que le producía el hambre. Se dirigió al terminal rodoviario, con sus escasas pertenencias bajo el brazo, en busca de trabajo en la cafetería del lugar. Era un pequeño local con mucho movimiento y Daniel vislumbró una posibilidad de trabajo. No obstante, el hambre era una prioridad más urgente que un empleo. Se dirigió al dueño y le preguntó si podía lavar platos a cambio de un desayuno. Al dueño le agradó de inmediato el muchacho y lo alimentó bien. Vió en Daniel a un joven esforzado y trabajador, y le ofreció un empleo de tiempo completo.

              Daniel no sabía sino trabajar duramente, quizás como un reflejo de este rasgo de sus padres, aunque él nunca sacaba ventajas de la generosidad de nadie. Así se ganaba su sustento en el café, para satisfacción de todos. Trabajó esforzadamente por varios meses y ambos, el dueño y él, disfrutaban de un feliz arreglo laboral.

              No obstante, el destino tiene una especial manera de dar vuelta las páginas del libreto para revelar el final de un acto y el comienzo de otro en el drama de la vida.    

                       

CAPITULO TRES

                                   “La totalidad de la energía Divina ha llegado a la humanidad como

                        Sathya Sai para llegar a todos y a cada uno, para despertar en cada ser                      

                        humano a su Divinidad adormilada. Aunque gruñan, rezonguen o se que-

                        jen, pataleen, critiquen, peleen o lloren en su somnolencia o porque quie  -

                        ran seguir durmiendo, no les dejaré. No permitiré que vuestra Divinidad

                        siga dormida. Una madre nunca abandona al hijo que carga ni deja que

                        este se caiga, aunque el niño descargue su enojo y resentimiento en ella.

                        He venido a ayudarles, a acompañarles y a cargarles. Nunca los podría

                        abandonar. Nunca faltaré a Mi deber para con Mis hijos...  y le agradece-

                        ré a cada hijo Mío que ayude en Mi tarea.”

                                                                       Sathya Sai Baba

                                                                                 

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              Daniel no era un mujeriego, pero era un joven a quien las mujeres encontraban atractivo. Frecuentaba un gran círculo de amigos y conocidos y poseía un carisma particular que lo hacía popular. Las madres que se preocupaban por que sus hijas conocieran a jóvenes agradables, eran testigos de la popularidad de que gozaba Daniel entre las jovencitas del barrio de Buenos Aires en que vivía. Sin embargo, Daniel no tenía sino trece años : era demasiado joven para comprometerse en una relación permanente. Además de su edad, seguía sintiendo el escozor de las cicatrices emocionales creadas por su madre, su madrastra y Rocha.

              Muchos de sus amigos estaban todavía en el colegio y Daniel no había pisado las aulas por cuatro años. Esto podría parecer inusual en Australia, mas en muchos países de América Latina había, entonces, numerosos niños como Daniel que no podían satisfacer sus aspiraciones educacionales. Puede que Daniel no tuviera una educación formal, pero era sabio y siempre despertaba el respeto entre sus pares y por parte de los adultos debido a su resuelta adhesión, en todas sus acciones, a los valores humanos.

              Mientras más dura se hacía la vida de Daniel, mayor se hacía su percepción de las necesidades de otros. Sus experiencias representaban un trampolín desde el que podía aprender lecciones y, a la vez, ayudarle a otros gracias a ellas. Daniel siempre pensaba en los demás antes que en sí mismo. Los maltratos emocionales y físicos que había sufrido en manos de los seres que le eran más cercanos y queridos, sólo habían servido para ampliar su amor por la humanidad. Podría haberse convertido en un ser amargado y vengativo, mas ¿qué de bueno le habría traído? Había observado de primera mano, en sus padres, los resultados que acarreaban los pensamientos y acciones negativos, y Daniel deseaba algo más de la vida. No quería las limosnas financieras y emocionales de la sociedad : anhelaba la autosuficiencia y la confianza en sí mismo.

              El maltrato había ablandado y no endurecido su corazón. Sin embargo, como para todos los humanos que viven en un mundo de dualidades, un latente potencial de negatividad se mantiene al acecho, como el león en espera de su presa. Daniel era propenso a lo que se considera como el estereotipo latino :

apasionado e irascible. Se enojaba fácilmente cuando se veía confrontado con la injusticia o cuando notaba la inhumanidad del hombre para con el hombre.

             

              Podría parecer contradictorio el tildar de inocente a Daniel, sabiendo de las experiencias que había vivido, mas la verdadera inocencia radica en el amor por los congéneres y Daniel lo tenía en abundancia. Esta era la cualidad que lo hacía querido por las madres que buscaban amigos adecuados para sus hijas. Era también la cualidad que le otorgaba una madurez que iba más allá de su juventud.

              Durante su temprana adolescencia, Daniel tenía muy poco dinero y, ciertamente, nada que dejar para entretenciones como las que los adolescentes de hoy dan por sentado. Las muchachas y sus padres conocían el conjunto de circunstancias de Daniel, mas su carácter les atraía más que el que tuviera o no dinero. Ocasionalmente lo invitaban a comer a sus casas, a compartir una botella de Pepsi y, en raras ocasiones, recibía una polera nueva. Ciertamente, el regalo de una polera puede no crear una gran entusiasmo como el que desataba en Daniel, mas cuando no se tiene más que una, la segunda hace una gran diferencia. Daniel nunca “utilizaba” a sus amigos. Estos gozaban genuinamente el compartir pequeñas cosas con él y el ocasional regalo era desinteresado y nacía del amor. Sabían que Daniel no estaba en posición de reciprocar, pero ello no importaba. Daniel retribuía bondad con bondad. No podía dar nada material, simplemente daba amor incondicional.

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              Daniel había tenido siempre un talento natural para el dibujo y solía entretener y alegrar con sus habilidades a sus compañeros en las calles. El mezclar y combinar colores puede que sea un asunto intelectual o que un artista pueda combinar la teoría intelectual con su propia intuición. La creatividad proviene del sentir y no de un libro de texto y Daniel creía que para ser un artesano experto debía prestar oído a sus sentimientos íntimos. Cualquiera podía comprar una caja para “pintar por números”  y producir un cuadro a través de un proceso lógico, mas el producto final se vería como una creación realizada mecánicamente si el artista no hubiera trabajado con sus sentimientos naturales.

              Los españoles son famosos por la producción y decoración de baldosines cerámicos. Es una herencia que se ha traspasado de generación en generación a través de los siglos. Uno de los procesos empleados por los españoles es la ‘Majólica’  y Daniel probaría más adelante ser un experto en esta área.

              Daniel requería ser autosuficiente y tener un empleo. Ansiaba también un trabajo que desarrollara sus habilidades naturales, en lugar de desempeñar uno simplemente por el dinero que proporcionara.  Disfrutaba de su tiempo en la cafetería y había llegado a conseguir una buena amistad con el propietario, pero sentía un íntimo anhelo por expresarse a través de su talento artístico. Postuló para un trabajo en una escuela de artes, mezclando colores y aun sin experiencia alguna, tuvo éxito con su solicitud.

              Este nuevo empleo le ofreció la oportunidad para explorar en profundidad su talento creativo. Tenía una disposición innata para la creación artística, pero era aún inexperiente en cuanto al conocimiento de los medios para expresarla. Daniel aprendió rápida y cabalmente y era meticuloso con cada nuevo procedimiento que estudiaba. Aprendió como reunir colores sobre cualquier medio y luego, a ampliar esta nueva visión y desarrollar ideas originales e innovadoras.

              Para cuando tenía diecisiete años, Daniel tenía su propio estudio. Sin embargo, el tener un estudio no significaba que uno fuera un artista de éxito o que tuviera siempre trabajo para mantenerse por sí mismo. Fueron muchas las veces en que tuvo que salir a trabajar para otros pintores con el objeto de conseguir el dinero para pagar sus cuentas. Se comprometió en una variedad de búsquedas en el arte y estudió pintura y dibujo con algunos de los artistas más conocidos en el medio.

              Si uno fuera un talento joven y prometedor, como era considerado Daniel, la comunidad artística mantenía una mirada atenta y protectora sobre él. Los buenos artistas siempre tenían a jóvenes artesanos aspirantes trabajando con ellos y, periódicamente, solían seleccionar a los más prometedores para ayudarles a progresar en sus carreras. Esto cumplía con dos propósitos. En primer lugar, si el novel artista lograba hacerse un nombre por sí mismo, también recibía reconocimiento quien lo auspiciaba, lo que 

ayudaba a su propia carrera. En segundo término, debido a que los artistas son esencialmente competitivos y posesivos con sus obras, se sentían felices de que avanzaran los nuevos.

              Daniel tuvo muchos estudios durante los años siguientes, seis o siete quizás.   Debido a que tenía poco o nada de dinero, gran parte del tiempo había artistas que le invitaban a vivir gratuitamente en sus hogares. Se quedaba a veces por meses, trabajando duro y aprendiendo nuevas técnicas.

              Durante este período de su vida, Daniel conoció a muchos artistas talentosos y famosos. Algunos llegaron a ser sus amigos y la mayoría fue instrumental para ayudarle de diferentes maneras. El almuerzo con grupos de artistas se convirtió en una práctica común y se compartían muchas horas conversando sobre mutuos intereses. Era un estilo de vida informal, sin complicaciones y algo desinhibido. La comunidad artística estaba unida por lazos de intereses comunes, de sensibilidad y de paranoia. Incluso los tiempos difíciles no eran realmente turbulentos.

              Entretanto, el destino dió vuelta otra página y el papel de Daniel en la obra cobró un sesgo más romántico que traumático. El 20 de enero de 1973 conoció a Cristina Corbalán y supo instantáneamente que era la mujer para él.  En su corazón supo que Cristina estaría con él hasta el último acto de la obra.

              Cristina era amable y frágil, como una exquisita pieza del más fino cristal. Se traslucían en ella una paz interior, un contento y una belleza interna que atrajeron a Daniel como la miel a la abeja. El grupo de muchachas que revoloteaba en torno a Daniel, eran chicas dotadas de belleza física, pero carentes del resplandor de esa belleza interna que había apreciado Daniel en Cristina.   La atracción fue mutua y comenzaron a verse los sábado en la tarde : el trabajo de Daniel, los estudios de Cristina y mamá, eran razones suficientes para no hacer más frecuentes los encuentros. Sin embargo, después de casi un año, la relación se había hecho más firme y pudieron verse algo más seguido.

              Cristina tenía una buena crianza católica y los lazos de la unidad y el amor ataban firmemente a su unidad familiar. Nada sabía de maltratos, únicamente de afecto. Nunca supo de abandono, sólo de seguridad. Nunca supo de tormentos, sólo de paz. El mundo de Daniel parecía una fantasía, una alucinante aventura para no ser vista sino en el celuloide. La formación de Cristina la protegía de la realidad de un estilo de vida existente en su propio patio trasero.

              Daniel jamás había tomado drogas y sólo rara vez bebía alcohol, mas su historia familiar pasada representaba un impedimento a juicio de Dardo y Berta, los padres de Cristina. Tenían fija en sus mentes la imagen del tipo de muchacho que querían para su hija. No usaría el cabello largo, sino limpiamente cortado. Un muchacho empapado en la ideología religiosa, no alguien que cuestionaba su interpretación. Un niño bien educado con perspectivas de una carrera y no uno criado en la sabiduría callejera que no pasara siquiera el ciclo primario de la escuela. Las opiniones y percepciones de esos años eran estrechas y emprejuiciadas, aunque nacieran de la ignorancia limitada por la interpretación y el temor por el futuro de la hija que amaban. Deseaban lo que, en su opinión, era lo mejor para ella.  Eran incapaces de percibir la profundidad dentro de Daniel : no veían más que una representación artificial basada en opiniones y percepciones distorsionadas.

              Por dos años mantuvieron su opinión reservada respecto de él, pero, gradualmente, sus obvias virtudes morales fueron entibiando su amor por él y aceptaron la relación. Con el tiempo, reconocieron que la sabiduría de Daniel superaba al conocimiento libresco. Su carácter era un reflejo de esa sabiduría y era el resultado de la práctica de una conducta correcta, más que de su prédica. Reconocieron como limitantes sus percepciones de las apariencias y también se disolvió el conjunto de los prejuicios debidos a la ignorancia.

              Berta y Dardo aprendieron a admirar a Daniel por la persistencia de su determinación y reconocieron su obvio talento que se desarrollaba tan naturalmente. Observaron el defile de fases y amistades artísticas que moldeaban la relación entre Daniel y Cristina, y encontraron que ellos mismos se dejaban llevar por la aceptación de pensamientos y opiniones nuevas.

             

              Los creadores se reconocen por su individualidad y modos inconformistas : Daniel era fiel a este estereotipo. ¡Era diferente! Bueno...  Daniel decía que era diferente. No sentía la necesidad de conformarse a los ideales y expectativas de otras personas,  vivía y se vestía de acuerdo a sus necesidades y preferencias del momento. La elección por parte de Daniel de un lugar  donde vivir, dejaba a veces sin palabras a la familia Corbalán : simplemente, eran sitios espantosos. Se había acostumbrado a dormir en el suelo y a tener pocas pertenencias : se conformaba con lo que fuera que Dios eligiera para él. Por supuesto que en aquellos años, creía que el creador de sus elecciones era él mismo y no Dios, mas existía una persistente sensación de intervención Divina en su vida. Pero, simplemente, no la entendía ni estaba quizás preparado, por el momento, para entenderla.

              Berta y Dardo no siempre estaban conformes con el estilo de vida de Daniel, pero habían llegado a quererlo a pesar de sus preferencias. Sabían que era un buen hombre y reconocían que su amor y devoción por su hija eran genuinos. ¿Qué más podían pedir?

              Entre 1973 y 1983, Daniel experimentó el amor de la vida hogareña de una familia equilibrada que funcionaba plenamente. Hasta ese momento, la vida de Daniel era ‘disfuncional’ : nunca había conocido el amor de una unidad familiar que para Cristina, en cambio, era lo único conocido y, en un comienzo, ello le resultaba inquietante. Lo más cerca que Daniel había llegado a estar de un amor incondicional, habían sido los dos años pasados con su abuela y la vivencia de su última estadía en el hospital.

              Dios siempre se asegura de que conozcamos este sentimiento del amor incondicional y todos, en diferentes momentos de nuestras vidas, llegamos a experimentar esta expresión de la gracia de Dios. Puede que no reconozcamos estas experiencias en términos de la gracia de Dios, mas nuestra ignorancia de la verdad no las elimina tampoco de nuestras vidas. Dios es la verdad omnipresente y El nos hará darnos cuenta de Su presencia según nuestras necesidades, pero siempre de acuerdo a Su elección del momento y no porque pidamos o deseemos esa presencia.

              Daniel se convirtió en alumno de una nueva experiencia educacional. La diferencia entre este curso y el pasado, redicaba en que esta lección era enseñada a través del amor y no del maltrato. En un comienzo resultó doloroso pasar por este proceso del aprendizaje acerca de cómo debía funcionar una unidad familiar. Carecía de algún punto de vista o experiencia en estos asuntos. Desde su óptica, ésta era la familia perfecta y la usaba como un ejemplo sobre el cual estructurar una futura familia propia.

              A los ojos de Daniel, Berta era una buena persona. Tenía un carácter fuerte y muchas virtudes morales. En los años iniciales de la relación, Daniel pensaba que Berta era algo agresiva y mandona. No obstante, llegó a darse cuenta que, aun siendo la madre ferozmente protectora de sus crías, también le estaba enseñando a él muchas lecciones acerca del amor de una persona por otra. Berta la enseñó la desinteresada devoción hacia los seres queridos y era un ejemplo de responsabilidad de los padres :algo que él no había conocido antes.

              El padre de Cristina era un muy buen hombre. Era calmado tanto en su trato con la gente como en su enfoque de la vida.  Dardo era un ciudadano consecuente y un padre devoto. Se convirtió en el padre que Daniel nunca había tenido. Daniel vió en Dardo a un hombre con claras prioridades : la familia venía ante todo. El amor y la unidad de su familia tenían una importancia mayor que las posesiones de esa familia. Lo que resultaba de interés es que los sanos ideales de la familia Corbalán también generaron las pequeñas comodidades extra que Daniel nunca tuvo.

              Daniel percibió la ironía, los extremos y las contradicciones de su vida. Su padre había trabajado de manera denodada para darle comodidades materiales a su familia, mas todo lo que se había logrado en la familia González era soledad, maltrato y separación. Las aspiraciones materialistas de Dardo, en cambio, eran mucho más limitadas. Para él, lo primero era la familia y los valores humanos, las adquisiciones materiales caerían en su lugar en el momento considerado oportuno por Dios, no por ellos.  Y esta familia lo tenía todo : el amor, la unidad y un cómodo hogar.

              Dardo llegó a considerar a Daniel como a su propio hijo y lo disciplinaba como lo hubiera hecho con él. Daniel aceptó ansiosamente esta disciplina, puesto que no producía dolor ni dejaba cicatrices ya

sea física o emocionalmente. Ejercía su disciplina con amor, compasión, tolerancia y comprensión. Hasta ese momento, Daniel creía que los correctivos llegaban solamente bajo la forma de castigos, críticas, humillaciones y maltratos físicos.

              El padre de Daniel, Manuel, enfocaba de manera diferente la disciplina. No creía en estimular a las personas ni en felicitarlas por su buen desempeño. No le decía a alguien que había hecho algo bien, mas era rápido para criticar las fallas perceptibles. Daniel había tenido pocas oportunidades para desarrollar su autoestima con este enfoque de la paternidad de Manuel.

              Daniel llegó a acoger el estilo disciplinario de Dardo y la sabiduría del maestro de traspasó al pupilo. Con el paso del tiempo, fue relajando su comportamiento, dejó que se fueran sus miedos y le permitió a sus virtudes naturales desarrollar su fuerza de carácter. Su vida cambió. En su unidad familiar se había sentido demolido, magullado, alterado, quebrantado y obligado a extremar su vida al límite para hacer las cosas.  Su nueva existencia, ahora, le veía en paz con la vida, sin expectativas en cuanto a resultados. Se movía ahora con el fluir de la vida en lugar de luchar contra la corriente.

              Los diez años que Daniel pasó con la familia Corbalán, sentó algunas sólidas piedras fundamentales para el resto de su vida. Cambió los profundamente grabados patrones del pasado y se liberó de la prisión de sus temores y contradicciones.

              Durante este período de su vida, Dios se convirtió en un foco en su percepción. En un comienzo era un foco más bien velado y una percepción en ciernes, mas había hecho girar la llave en la cerradura de la verdad. Los padres de Cristina no eran exageradamente religiosos y, en esencia, probablemente vivían la verdadera religión del corazón en lugar de predicar su interpretación intelectual. La única exposición de Daniel a la religión había sido, hasta el momento, el corto período pasado, siendo niño, en la escuela católica.

              María nunca le había hablado de Dios a su hijo y su forma de religión estaba conectada a su creencia en la magia negra. Para ella constituía una práctica normal el visitar semanalmente a un médico-brujo y obtener diversas pociones para aplicarlas en sus actividades personales o en maldades flagrantes.

              Daniel había observado estas prácticas por primera vez en Montevideo, siendo niño, y no entendió en esos momentos lo que hacía María. Supo, sin embargo que en una ocasión, su madre había puesto una poción venenosa en la comida de alguien, aunque nunca supo del resultado de su malvado acto. María podía ser cruel, insensible, peligrosa y carecía de todas las buenas y piadosas virtudes de los padres de Cristina.

              La breve orientación con la educación religiosa en la escuela, había elevado a Daniel, mas se cansaba fácilmente de los rituales y percibía hipocresía. La madurez le había enseñado que el poder de discriminación era más valioso que el conocimiento libresco, la riqueza o la fuerza física. Su percepción de la verdad fue despertada cuando llegó a entender que la coordinación de pensamiento, palabra y acción representaba un escalón hacia el crecimiento espiritual. Llegó a darse cuenta que una falta de correlación entre ellos no podía sino conducir al autoengaño, la hipocresía y la bancarrota espiritual.

              Aunque Daniel no andaba pregonando el nombre de Dios, sí lo llevaba en sus labios y se sorprendió él mismo un día al escuchar que una plegaria a Dios se le escapaba, literalmente, de la boca.

              Daniel y Cristina se reunieron con unos amigos para un día de campo, con picnic y una excursión de caza. Daniel había sentido sienmpre, en su corazón, un gran respeto por la naturaleza, por lo que sintió aprensión al saber que el paseo se centraría en la caza y el matar animales. Protestó abiertamente en contra de las actividades proyectadas y quiso apartarse de los actos de violencia que se llevarían a cabo. Los amigos lo ridiculizaron por su actitud y Daniel sintió que las críticas del pasado volvían a abrumarlo.

              Finalmente, los amigos forzaron a Daniel a tomar un arma y a apuntarla hacia un pequeño pájaro distante. Daniel apretó el gatillo y su corazón se saltó un latido con el sonido de la explisión de la bala en el cañón. La bala erró el blanco y el pajarillo voló. Espontáneamente, Daniel se oyó decir : “¡Gracias, Dios

mío!”  Fue un día memorable para Daniel y las sagradas palabras que escaparon de su boca crearon una transmutación de conciencia dentro de él. La violencia de todo tipo se convirtió, desde ese momento, en algo conscientemente abominable para él. Antes había disfrutado de la relajación que le proporcionaban las horas de contemplación pasadas pescando, pero desde ese día, ni siquiera volvió a pescar.

              A lo largo de los años había estado cambiando sus hábitos alimentarios y para este momento se había vuelto esencialmente vegetariano. Había llegado a esta decisión tanto por necesidad como por elección. El vivir en las calles eclipsaba la factibilidad del contar con carne en sus comidas, además había optado por no consumir productos cárneos, por considerar que matar animales representaba un acto de violencia.

              Dejó de comer pollos y huevos a la edad de cinco años cuando vivía con su abuela. Dominga veía a los animales de manera diferente, para ella representaban un alimento esencial, en tanto que para Daniel eran mascotas a las que amaba. Sus pollos mascotas eran para él una válvula de escape por la que podía expresar y recibir amor. Dominga los alimentaba con la única expectativa de comerlos y, cuando le cortó la cabeza a su pollo “favorito”, Daniel le hizo saber sin ambages que eso era una conducta inaceptable. Le era imposible ver algo de humanidad en el alimentar y mimar a los pollos sólo para cortarles la cabeza y comérselos después.  Para su inocente modo de pensar, todo el escenario era incongruente. Creía que cada cual debía vivir su vida sin causarle dolor alguno a ningún ser viviente.

              Sai Baba enfatiza que “debiéramos recordar constantemente que la ‘no violencia’ constituye el Dharma supremo. Es pecaminoso el matar animales inocentes con el objeto de llenar nuestros estómagos. Debemos recordar que Dios mora en todas las criaturas.”

              Ahora bien, Daniel no era en absoluto un apocado. Se sabía manejar eficientemente tanto ante discusiones como ante provocaciones. : sus años en las calles le habían enseñado muy bien en materia de autodefensa. Sin embargo, su naturaleza no era violenta, de modo que siempre que le era posible, evitaba confrontaciones. Era conocido por no iniciar nunca una riña y por no golpear jamás a alguien sin una razón justificable. Mantuvo siempre un instinto y un anhelo de justicia y sentía que había alguien “allá afuera” guiando su conciencia. Daniel se sentía aún incómodo dándole crédito a Dios, aun viviendo las virtudes de una vida “piadosa”.

              Cuando tenía diecisiete años se vió arrastrado a una pelea debido a una identificación errónea. Un conocido muchacho de las calles, grande, negro y poderoso boxeador, apartó a Daniel y no se mostró dispuesto a dejarlo ir. Daniel tuvo que defenderse a riesgo de quedar seriamente incapacitado o ser muerto.  No fue una pelea larga, pero sí, buena. El boxeador quedó impresionado por la valentía y las habilidades defensivas de Daniel. Aunque éste perdió la pelea, se ganó el respeto de su contrincante y se convirtió en una especie de héroe en la comunidad.

              Estaba convencido que la justicia y la honestidad eran contagiosas y siempre trataba de sembrar las semillas de la bondad en todos sus pensamientos, palabras y acciones.... incluso en una buena pelea. 

               Daniel sentía que debía demostrar sus cualidades humanas y ganarse un buen nombre. Esto solamente era lo que contaba para él. Creía que el carácter y un buen nombre perdurarían por toda su vida...  todo lo demás carecía de valor.

              Sai Baba nos dice : “Un hombre es juzgado por la naturaleza de sus acciones. Si sus acciones son buenas, será descrito como un buen hombre.  Si sus acciones son malas, será descrito como una persona malvada. Las cualidades y las acciones de uno son interdependientes. Las acciones revelan las cualidades y las cualidades determinan las acciones. Por ende, cada uno debiera empeñarse en reformarse a sí mismo/misma, desarrollando buenas cualidades.”

 

 

CAPITULO CUATRO

                        “Han de considerar seriamente la causa raíz para el caos, la injusticia, la falsedad

                        y el desorden en que está cogido el mundo hoyr en día.   Los viejos están perdi- 

                        dos en sus cavilaciones sobre el pasado  y  se lamentan de que hayan desapare-

                        cido ‘los buenos viejos tiempos’.   Los jóvenes están ocupados planeando su fu-

                        turo, sus trabajos, el matrimonio, la familia etc.   Ambos están descuidando sus

                        deberes en el presente.  No se dan cuenta que el presente es tanto un producto

                        del pasado como la simiente para el futuro.  Si se cuida adecuadamente del pre-

                        sente, el futuro será consecuentemente bueno. Decidan cumplir con su deber en

                        el presente : ello pavimentará una carretera para el futuro. ‘El Deber es Dios. El

                        Trabajo es Adoración.’ Hagan de estos lemas los guías para sus vidas y prosigan

                        sus estudios con este espíritu.   Si están planeando hacer algo en el futuro, ¿qué

                        garantía tienen de que ese tiempo llegará?   El postergar las obligaciones para

                        mañana es irracional. Vivan en el presente. Resuelvan cumplir con sus deberes

                        inmediatos.” 

                                                                                                          ...  Sathya Sai Baba

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              Las perspectivas de la carrera de Daniel eran altas. Recibió su primer trabajo profesional en 1980, para el Departamento de Relaciones Públicas de una importante compañía alemana. La empresa lo contrató para un trabajo de arte de cuatro horas a la semana...  después de la primera semana el reconocimiento de su potencial y del beneficio para la firma hizo que se le contratara a tiempo completo. Su trabajo era excelente y rápidamente impresionó al propietario de la empresa. Dentro de los seis meses se creó un nuevo cargo y Daniel se convirtió en el Gerente del Departamento de Publicidad.

              Daniel trabajó muy duramente y pasaba demasiadas horas en la oficina. Tenía un automóvil de la compañía, prestigio y dinero en abundancia.  Se había convertido en “el niño de los cabellos de oro” de la empresa. Era innovador, estaba lleno de ideas y poseía el carisma como para hacer que las personas siguieran sus estrategias. Contaba con encanto personal y persuadía a hombres y mujeres por igual con sus ideas.  En poco tiempo, había llegado muy lejos desde sus días de niño de las calles.

              El señor Estévez estaba dispuesto a pagar muy bien y a promover rápidamente a Daniel por encima de otros empleados que habían estado más tiempo en la empresa. Por consiguiente, Daniel se hizo de enemigos en su ascenso por la escala corporativa.

              El pasado siempre alcanza al presente y Daniel se encontró enfrentando a algunos de los fantasmas de su juventud.  Los recuerdos del trauma de haber sido encerrado en una alacena cuando niño, le hacía ser silencioso y poco comunicativo. Aunque las circunstancias eran diferentes, el miedo al castigo era todavía real. Daniel acarreaba problemas, porque no comunicaba lo que había en su mente.

Era bastante inocente, mas sus colegas veían su actitud con  celos de antagonismo. Decían que no podían adivinar pensamientos y resentían lo que percibían como una actitud arrogante. El temor a represalias por no hablar abiertamente desató una resaca de maltrato verbal y Daniel se encontró con lo que más temía... ¡las confrontaciones!

              Mientras más ascendía hacia la cumbre de la escala empresarial, más tenía que confrontar a los fantasmas de su niñez. Sentía constantemente la necesidad de tener que demostrar su valía ante los demás y comenzó a ver en sí mismo un reflejo de su padre y su obsesiva ética laboral. Trabajaba demasiado, por demasiadas horas y luchaba por demasiada remuneración.

              No obstante, el drama de la vida debe proveer siempre una oportunidad de equilibrio en la vida de una persona. Necesitamos de las crisis para crecer y de las plácidas trivialidades para reflexionar sobre la teoría de las lecciones aprendidas, meditarlas y aplicarlas. El matrimonio es un tiempo de felicidad extrema, cuando marido y mujer se convierten en partes complementarias de una misma unidad. Un momento en que el amor fluye libremente y es dado y recibido.

              Daniel creía que el pasado había terminado, que el futuro era desconocido y que su única disyuntiva era vivir en el presente. Después de estar juntos diez años y no pensando jamás que la separación fuera una opción, Daniel y Cristina decidieron casarse.

              Fue un auspicioso comienzo para el nuevo año : el 7 de enero de 1983. El lugar elegido fue un bello santuario llamado San Ambrosio : una pequeña y moderna iglesia situada en una de las áreas más esclusivas de Buenos Aires.

              Daniel no se sentía muy cómodo con una ceremonia religiosa y no hacía sino acatar los deseos de Cristina y de sus padres. El sacerdote oficiante era de origen alemán y se mostró muy copmprensido frente a las opiniones de Daniel. Este, en cambio, mostró cierto cinismo ante los motivos y actitudes del sacerdote. Sintió que su preocupación era artificial. En opinión de Daniel, parecía únicamente interesado en el hecho que su bautizo había sido celebrado en la iglesia católica, que se casarían en la iglesia y que tenían el dinero para pagar el costo del servicio. Para el sacedote, esto era una transacción comercial.

              El desarrollo del cinismo representa un gran peligro para el desarrollo espiritual de uno y, para seguir adelante, Daniel tendría que transformar sus ocasionales arranques de pesimismo y de mordacidad.

              Daniel pidió también que la ceremonia fuese corta y concisa, y el sacerdote se acomodó con una linda formalidad de veinte minutos. Cristina no era tan estereotipada. Todo el día era especial para ella y no veía las actitudes del sacerdote con el mismo criterio cínico de Daniel. La religión y los rituales constituían aún parte de su sana formación y era importante para ella verlos expresados respetuosamente el día de su matrimonio.

              Daniel recuerda vívidamente los primeros momentos de la ceremonia. El organista comenzó a tocar y él se dió vuelta para enfrentarse a la más bella de las visiones imaginables. Cristina estaba parada en la entrada de la iglesia, radiante como un ángel del Renacimiento. Era perfecta. Absolutamente perfecta. Daniel no había visto nunca a alguien tan hermoso y sintió que nunca jamás volvería a ver algo que se pudiera comparar a la hermosura que irradiaba de Cristina ese día. Daniel imaginaba que Dios le había otorgado la capacidad de percibir la belleza más allá de la forma : pero aquí, ese día, Cristina se veía radiante tanto en forma como en espíritu. Su amor por ella no conocía límites. Sólo Dios, pensó, podía haberlo bendecido con alguien tan maravilloso para atesorarlo toda su vida.

              La recepción se efectuó en el hogar de un amigo que les permitió hacer uso de su residencia, gratuitamente, todo el día. La casa había sido arrendada por unos norteamericanos que la habían entregado antes de terminar su contrato y en un estado lamentable.  Por un par de semanas antes del matrimonio, Daniel, Cristina y sus amigos se agruparon para dejar nuevamente en condiciones la casa y convertirla en una cabaña de cuento para la boda. La repintaron completamente por dentro y por fuera, repararon las ventanas rotas, cambiaron vidrios y revisaron todas las instalaciones. El jardín había sido descuidado por largo tiempo, de modo que la banda de energéticos amigos rehizo el paisaje de todo el

recinto : pusieron plantas nuevas, las que empezaron a florecer justo para la boda. La casa quedó tan perfecta para la ocasión, como una postal.

              Un ciento de familiares y amigos llegaron para dar sus parabienes a Daniel y Cristina, y desearles un feliz comienzo de su vida juntos. Fue un maravilloso y memorable día.

              Unos pocos meses antes del matrimonio, tomó contacto con ellos Olga, la abuela materna de Daniel, a nombre de María. Hasta ese momento, éste no había sabido de su madre por ocho años, de modo que fue una sorpresa el que Olga apareciera a su puerta sin aviso previo ni invitación. Les agradó verla y le hicieron sentir que era bienvenida. Daniel y Cristina invitaron a María a la boda, mas ella declinó sin dar razones. La abuela Olga y su marido, Alberto, fueron los únicos familiares de Daniel que asistieron.

              Norberto, el tío de Cristina, les dió unas vacaciones en Mar del Plata como regalo de matrimonio. Todos esperaban que la luna de miel le permitiera a Daniel dejar atrás sus problemas en el trabajo y relajarse por unos pocos días. Su carga laboral y el tiempo que le dedicaba a la oficina se habían vuelto excesivos. Estas fueron sus primeras vacaciones reales.

              Mar del Plata es un balneario con una antigua tradición histórica en una región de minas de oro y plata. No hay muchos residentes permanentes en el área, mas en la estación estival, la población aumenta a 2 o 3 millones.  Las vacaciones representaron un maravilloso escape de la tensión de las rutinas de la oficina, pero Daniel estaba agotado después de la renovación de la casa para la recepción y los recelos que le rodeaban en su empleo. Le resultó difícil relajarse plenamente y disfrutar del balneario.  Para él nunca habían existido pretensiones : era “cordi-ficial” y no artificial. Mar del Plata es un campo de juego para los ricos y los arribistas. Un lugar, según creía Daniel, en donde la gente simulaba muchas cosas y rara vez practicaba lo que era realmente. La mayor atracción, además de las playas, es el casino. Daniel y Cristina fueron allá una noche, sin divertirse mucho y perdiendo algo de dinero duramente ganado en las máquinas tragamonedas.

              Cuando la feliz pareja regresó de su luna de miel, se cambió a un recién alquilado departamento en el centro mismo de Buenos Aires. Daniel y Cristina pasaron tiempos felices allí y formaron juntos un hermoso hogar. Daniel le da todo el crédito a Cristina : su calidez y naturaleza amable constituían los componentes perfectos para establecer los cimientos para la existencia de una familia cariñosa y un hogar. Este hogar no era sino un reflejo de lo que representaba Cristina.

              Daniel volvió rápidamente a las rutinas exigidas por su rol en la empresa. No obstante, las expectativas del cargo comenzaban a mostrar los quiebres provocados por la hipocresía y la corrupción, y tuvo que enfrentarse a la necesidad de comenzar a cuestionar sus propias prioridades y expectativas morales. Mientras Cristina había sido antes como una sombra a su lado, estaba casado ahora y ella debía desempeñar un papel más importante en su vida. Cristina, creía, merecía ser su primera consideración y prioridad, no así su trabajo. Reconoció la creciente necesidad de un equilibrio entre sus rutinas comerciales y la calidad del tiempo que debía pasar con ella. Estaban plantadas las simientes mentales y los patrones de su vida cambiarían concordantemente. Mientras más se acercaba a la cima corporativa, más cerca estaba del darse cuenta de la corrupción que reinaba allí. Era feo y él no quería participar en los juegos que los directores se traían entre manos. Daniel renunció y nunca más se aventuró en el mundo de los negocios corporativos.

              No obstante, había aprendido buenas prácticas comerciales y creía que si las implementaba honestamente, podría tener éxito. Inició su propio almacén de artículos de escritorio, lo operaba éticamente y logró excelentes resultados. Mas no estaba en la naturaleza de Daniel el aplicarse a un solo proyecto : tenía el don de poder diseminar sus energías en muchos proyectos al mismo tiempo. Además, siempre deseaba estar ayudando de alguna manera a la gente.

              Entre los años 1976 y 1986, el gobierno militar argentino sospechaba de las gentes que cargaban libros, usaban gafas y el cabello largo. Las personas que caían en esta categoría eran consideradas alborotadoras y peligrosas. No se trataba aquí de algún desagrado adjetivo o trivial por parte del gobierno. Sus temores y paranoia eran llevados a extremos. Se ha sabido de la desaparición de unas 30.000

personas y existe documentación disponible ahora, para decir que fueron muertas : simplemente, no había “desaparecidos”. Y por ese término de “desaparecidos” se les conocía. Estas gentes fueron muertas por sus ideas izquierdizantes consideradas perniciosas por la dictadura militar.

              Había muchos a los que Daniel había llamado amigos antes de la dictadura, los que, usando la insignia de la policía militar, habían muerto a muchos ciudadanos. Incluso se vanagloriaban, con dura insensibilidad, del número de personas a las que habían asesinado. Mientras recibían órdenes, no vacilaban en acatarlas, ni sentían remordimientos por sus acciones. Creían matar al “enemigo”, pero el “enemigo” eran sus conciudadanos cuyo único crimen era hablar en contra de las injusticias de los que todos eran testigos.

              Por la gracia de Dios, Daniel no era una de esas personas “diferentes” que eran arrestadas y asesinadas. Respondía a los criterios de “diferente” del Gobierno, pero le escapó a la pena de muerte. No obstante, no le escapó a la represión policial y se vió encarcelado en varias ocasiones bajo falsos cargos. Daniel le era conocido al Gobierno y se encontraba constantemente bajo vigilancia, pero aquellos que eran públicamente conocidos, estaban, en último término, a salvo.

              Durante el período de la dictadura se le exigía a cada cual llevar, en todo momento, varias formas de identificación consigo, incluso al dormir.  No era una situación inusual el tener a los militares irrumpiendo por la puerta principal del hogar de uno, en la noche, y arrestar a los miembros de la familia que no estuvieran en posesión de sus papeles de identificación correctos.

              Hubo un momento en que Daniel extravió su tarjeta de identificación y, para no sufrir las consecuencias de una represión militar, informó a la policía de la pérdida. De inmediato fue encarcelado por 24 horas. Esta forma de castigo era, probablemente, mucho más grave que si los militares lo hubieran arrestado a voluntad.

              Otra atrocidad de la época involucraba a mujeres embarazadas, tanto mujeres como bebés. Nada le escapaba a la atención de los militares. Estaban bien informados acerca de todos los ciudadanos. El

fanatismo de la dictadura mostraba preferencia por los niños rubios, de ojos claros y tipo ario. Esta clase de bebés le eran robados a sus padres y, muchas veces, se secuestraba a las mujeres embarazadas para luego arrebatarles sus hijos al nacer. Los niños de real aspecto nórdico le eran vendidos a los ricos partidarios de la dictadura. Los que se consideraban menos atractivos, eran vendidos por ingentes sumas de dinero a parejas en Europa, los Estados Unidos y, supuestamente, hasta en Japón.

              Daniel apoyaba las buenas causas y sentía un profundo cariño porlos niños. Algún día sería un buen padre para algún niño bendecido. Repudiaba lo que estaba sucediendo con los niños en Argentina y, con dos de sus amigos decidieron estudiar qué podían hacer para detener éste y otros ejemplos de una horrenda conducta. Daniel y sus dos amigos formaron una organización sin fines de lucro que llamaron A.R.O.J.A. y cuyas bases fueron constituídas por residentes de la República Oriental del Uruguay en Argentina. Fue establecida para servir y apoyar práctica y emocionalmente y velar por el bienestar de los ciudadanos desamparados, maltratados, descuidados y perseguidos en Argentina. No existía ni una agenda ni un programa de asistencia, sencillamente, iba a servir de acuerdo al momento de la necesidad o la crisis.   AROJA apoyaba a las familias de niños raptados a través de protestas en contra del Gobierno militar y lo hacían siendo verbalmente específicos acerca de los niños : expresaban públicamente todo lo que había que decir.

              Por otro lado, iban a leerles libros a muchos ancianos o a jóvenes analfabetos y les enseñaban acerca de su herencia histórica.  No existía para ellos ningún ejercicio que pareciera demasiado grande o muy insignificante, simple o complejo. Esta reducida banda de humanistas le servía a la comunidad según las necesidades que ésta mostrara. Era una organización de voluntarios y muchos de los colaboradores le dedicaban todo su tiempo. Daniel tenía también la esperanza de que AROJA pudiera llevar ante la atención pública la difícil situación de todos los que eran perseguidos y ultrajados.

              La organización también inició un periódico que Daniel redactaba e ilustraba. Antes de los seis meses de su lanzamiento, llegó a contar con 30.000 simpatizantes asociados.

              AROJA recibió una considerable ayuda desde todos los sectores del público argentino. No necesariamente se trataba de una ayuda financiera, sino más bien práctica, como el entregarles ámbitos desde los cuales actuar y llevar a cabo sus actividades. La Organización también le brindó una importante ayuda a la comunidad judía que se había convertido en una de las principales víctimas de la dictadura. Daniel sentía que había potencial para el bien o el mal en cada persona, pero encontró una solidaridad en la comunidad judía como no la había hallado en otra parte. Los judíos también respondieron a los esfuerzos de Daniel para apoyar a los menesterosos y los perseguidos.

              En 1982 estalló la guerra entre Argentina e Inglaterra por las Islas Falkland/Malvinas. En la época, Argentina enfrentaba un dilema financiero y social y el Gobierno buscaba una distracción para desviar la atención del pueblo de la fracasada y mal administrada economía. En su ignorancia, creían que una guerra estimularía a la economía y, con increíble simpleza, pensaban que podían ganarle a los británicos. En el improbable evento de una victoria, el gobierno militar aparecería como el héroe frente a un enfervorecido público argentino que olvidaría o perdonaría, entonces, los errores del pasado. ¡El Gobierno le habría devuelto las Malvinas al pueblo argentino!

              Daniel vió el absurdo y la hipocresía de la situación. Habiendo millones en el país que carecían de alimento, techo y abrigo, la tarea más urgente era la de proporcionárselos. La guerra es onerosa. Pensaba que si el país podía costear una campaña bélica, muy bien podía costear la alimentación de su pueblo.

              Al público argentino no se le dijo nada acerca de esta aventura bélica hasta que no estuvo virtualmente comprometido en ella Los argentinos no estaban preparados mental, física, financiera ni estratégicamente para la guerra y muchos de los jóvenes fueron muertos por su inexperiencia militar y su propia inocencia.

              El mismo día que comenzó la incursión armada, Daniel se dirigió a la AROJA y se encontró con que un par de miles de personas se habían congregado frente a ella, esperando. Querían que AROJA organizara a las gentes para partir como voluntarios para luchar por Argentina en nombre de la libertad. El público comenzó a considerar a la AROJA como una organización que debía ayudar al esfuerzo de la guerra y ser la primera en ofrecer su apoyo. Este no era su propósito. La organización estaba en contra  de la violencia de todo tipo y la guerra, definitivamente, calzaba en esta categoría. AROJA estaba por la paz y el servicio al pueblo. No se había formado para los conflictos militares ni para la promoción de la guerra. El temor había distorsionado los ideales de las gentes.  

             

              Daniel le habló muy francamente a los ahí reunidos. Fue el único en ese mar de rostros que tuvo el valor de decir “esta guerra es una estupidez”.  Sentía que una guerra es una guerra y no puede ser justificada por un fervor patriótico. Daniel se jugaba por la paz y la no violencia.

              Sai Baba dice : “La no violencia no significa, como se entiende comúnmente, el no causar daño a otros . Significa realmente que uno no debiera dañar a nadie ni de pensamiento, palabra o acción. Esta es la más importante cualidad humana. Unicamente cuando se haya desarrollado, quedará uno calificado para practicar y experimentar la verdad.”

              Daniel vivía su vida con estos ideales, pero la furiosa turba frente a él estaba sumida en su ignorancia y sus temores. La masa reunida frente a la AROJA estaba cegada a la verdad por la corriente emocional que la dominaba. No quería escuchar a Daniel. Resultaba más fácil dejarse engañar por la propaganda de la falsedad que prestarle oídos a la voz de la verdad y de la propia conciencia.

              Daniel abandonó a la AROJA esa noche y no volvió nunca más a ella. Sintió la más profunda soledad que jamás había conocido. Estaba solo... total y absolutamente solo.  Estaba solo con sus creencias y sus ideales. Estaba solo con sus recuerdos del pasado y sus aspiraciones para el futuro. Mas, en realidad, Daniel nunca podía estar solo : vivía en la infinita omnipresencia de Dios. Mientras

experimentaba esta aguda soledad, la voz de Dios se sentía muy cercana. Podía abrir su corazón y escuchar, o podía alimentar a su ego y revolcarse en la autocompasión. Daniel no era para “revolcarse”, su carácter era fuerte y su espiritualidad se desarrollaba con cada crisis, con cada experiencia. Daniel estaba descubriendo  que el prestarle oídos a su conciencia, a la voz de Dios, se hacía fácil y natural.

              Cortó sus vínculos con AROJA, mas continuó protestando en las calles en contra de la guerra. A su debido tiempo, también otros vieron la futilidad de la guerra y reconocieron la verdad que había en sus conceptos. Estos héroes de la verdad y la no violencia se convirtieron en víctimas, nada menos que de la guerra. Fueron brutalmente atacados, golpeados y encarcelados, sin ninguna razón aparente, como no fuera la de su protesta en contra de las inhumanidades del hombre contra el hombre.

              Mientras seguían las manifestaciones, hasta Berta y Dardo se mostraron contrarios a las opiniones y protestas de Daniel. Estaban molestos, porque Cristina le había escuchado y apoyaba sus ideales de la no violencia. Daniel pasó muchas horas discutiendo los asuntos de la guerra con ellos, pero más que el que creyeran en la guerra, era su falta de entendimiento lo que los ponía en contra de él. Como le sucedía a la mayoría de los argentinos, habían sido emocionalmente inflamados por la propaganda de los medios de comunicación y creían a pie juntillas en lo que éstos difundían. Simplemente, no se detenían a preguntarle a sus propias conciencias. Daniel les convenció para que comenzaran a cuestionarlo todo, hasta que, finalmente, vieron la verdad detrás de la fachada del patrioterismo bélico.

              El destino estaba cerrando nuevamente un acto en el libreto de Daniel, para comenzar uno nuevo. Parecía como si las crisis siempre producían cambios importantes en su vida. Sa Baba dice : “Todos los momentos son momentos de crisis, cuando se requiere con urgencia de decisiones cruciales. La vida es una lucha entre las fuerzas del bien y del mal, entre la alegría y el pesar o el éxito y el fracaso.”

              Daniel y Cristina decidieron que debían dejar la Argentina para siempre y dirigirse a un lugar en que pudieran iniciar una nueva vida y una familia juntos. Daniel sentía que el país no iba a cambiar. La dictadura no iba a desaparecer del poder hasta que no se borraran todos los recuerdos del pasado. Entonces, se volvería a tratar de despertar interés mediante una propaganda por una vida mejor para el pueblo. De las miles de personas con las que se habían asociado ambos, Daniel y Cristina eran los únicos que sentían que toda la cosa era un trágico error. Los argentinos salían a las calles para apurar la guerra. Daniel lo hacía para protestar en contra de ella. Creía que la juventud de Argentina continuaría muriendo innecesariamente.

              Cuando la guerra terminó, la renovación del Gobierno trajo consigo sólo un cambio temporal. Trajo una distracción para el pueblo : un nuevo foco en lugar de un cambio cualitativo. El gobierno militar se retiró, mas la condescendencia superficial de su partida no engañó esta vez a las masas. ¡Puede que la serpiente duerma por un tiempo, pero despertará de nuevo cuando esté hambrienta!

              Continuando con los patrones del pasado, esta crisis trajo nuevamente a la conciencia de Daniel la presencia de Dios. La guerra era inmoral, era anti-verdad y autocomplaciente. Daniel razonó que Dios podría constituir la única respuesta en el drama de la hipocresía. Si Dios era todo aquello qye no era el hombre, entonces Dios debía ser el único en el que podía depositar su confianza.

 

 

 

 

CAPITULO CINCO

                                   “Cada uno debiera estimar hoy día como su primerísimo deber el venerar

                        a la madre como Divina y servirla, sin consideración de país o circunstancias. Si

                        un hombre no puede respetar y servir a la madre que lo ha llevado por nueve me-

                        ses en su vientre,  que le ha dado a luz en este mundo y lo ha criado y educado a

                        través de los años, ¿a quién más podría respetar? El amor maternal es similar al

                        del Creador que proyecta y protege de innumerables maneras a este Cosmos infi-

                        nito. Un hombre debiera mostrar igual consideración y reverencia por las madres

                        de otros, como las que muestra por la propia. Es la madre la que toma al niño de

                        la mano y le enseña a caminar. Es la madre la que alimenta al niño y le enseña a

                        comer.  Es también la madre la que le enseña al niño a emitir sonidos inteligibles

                        y a hablar.  Así, la madre es el más importante maestro de uno. Vamana observó

                        que un hijo que no se preocupa de sus padres,  no es mejor que un gusano de los

                        que nacen y mueren en un hormiguero.”

                                                                                              ... Sathya Sai Baba  

 

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              La madre de Daniel había estado viviendo en Australia por diez años ya. No había habido contacto entre ellos, siendo que las puertas de la oportunidad siempre habían estado abiertas para que ella se pusiera en contacto.

              La abuela de Daniel, Olga, tenía 62 años para entonces, se había casado por tercera vez y vivía en Argentina.  Sabía donde encontrarlo y le hizo una visita inesperada con su nuevo marido. Pese a los golpes emocionales de su pasado, Daniel seguía abierto, honesto y confiado con la gente. Cuando Olga comenzó a contar sobre la nueva vida que María estaba llevando en Australia, Daniel se mostró atento, aunque cauteloso. Sabía que su madre era una maravillosa actriz, aunque su natural inocencia no le hizo imaginar la naturaleza cruel y vengativa que había llegado a convertirse en un aspecto devastador de su personalidad.

              Olga le contó a Daniel que su madre había tratado de ubicarlo. Que lo extrañaba muchísimo y estaba desesperada por verlo. Daniel escuchó todo lo que su abuela le relató, mas sintió sospechas en cuanto a las motivaciones tanto de ella como de su madre. Por otro lado, existía aún una parte de Daniel que deseaba reunir a la familia. Era probablemente su confianza en sus congéneres la que le hacía ver bondad en todos los seres humanos, sin parar mientes en los errores que cometieran. No obstante, Daniel también había crecido considerablemente en base a las experiencias que el Señor del Tiempo había compartido con él y percibió que los ruegos de María no eran otra cosa que tenaces mentiras. No culpó a Olga, tal vez ella sólo estaba tratando de ayudar, tal vez no era sino un crédulo títere de su hija. No lo sabía y no le importaba. Había aprendido a ser responsable por su vida. Sabía que no podía asumir la responsabilidad por la vida de ningún otro, tal como nadie podía asumirla por la suya.

              Daniel sintió una marejada de emociones inundar sus pensamientos, mientras su abuela seguía intercediendo  para que se reuniera con su madre. Olga jugó con sus emociones y manipuló su sentimiento de culpa. Su dura corteza exterior no era lo suficientemente dura como para protegerlo de su

vulnerabilidad frente a la capacidad de María para seguirlo hiriendo emocionalmente y, quizás, hasta físicamente. María nunca lo había golpeado como lo hiciera su madrastra, aunque los golpes emocionales que le propinara su madre habían dejado cicatrices irreparables. Daniel sabía también que su madre era capaz de dañar físicamente a las personas, incluso a sus propios hijos, si se veía en la necesidad de justificar su paranoia. No podía borrar de su memoria el momento en que había envenenado la comida de alguien, y el recuerdo actuó como una señal de alarma en cuanto a seguir siempre cauto, aunque no temeroso.

              Olga siguió transmitiendo “promesas” que, supuestamente, habría hecho la madre de Daniel. María había indicado que se haría cargo de todos los gastos de viaje de Daniel y Cristina, si se decidieran ir a Australia. Quería que se trasladaran allá permanentemente, pero Daniel no podía hacerse la idea de un cambio mayor de este tipo, en este momento de su vida. Le explicó a su abuela la forma en que estaba establecido en la vida de familia y de carrera, y que no sentía deseos de desarraigarse hacia tierras desconocidas. Más importante era el hecho que no sentía un apego familiar con su madre. Tal vez estaba aún ligado a las cicatrices del maltrato sufrido a sus manos, sin vínculos con una afectuosa relación maternal. Aún existía el amor por la madre, pero era incondicional y sólo sabía de desapego.

              Olga, empero, insistió y fue muy convincente.  Presionó y presionó, fastidió y fastidió hasta que Daniel cedió para, al menos, considerar la idea. Olga creía que con que sólo pensara en ir a Australia, ella terminaría convenciéndolo para aceptar la idea....  ¡De tal madre, tal hija! El resultado final fue que Daniel accedió a confiar en las promesas de su madre y darle, quizás, otra oportunidad. Mas esta señal de advertencia se convirtió en una sombra permanente para Daniel mientras hacían planes para el largo viaje hasta Australia.

              Aunque María había prometido pagar todos los gastos de estas vacaciones, el dinero no llegaba y esto hizo que Daniel y Cristina cuestionaran su decisión de viajar. María prometió, entonces, reembolsarles todos los gastos en cuanto llegaran allá. Esto representaba una apuesta de confianza financiera para Daniel y Cristina, aunque la sentían como un compromiso.

              Ambos se prepararon mental y emocionalmente para el viaje, y comenzaron a proyectar su excursión a una nueva tierra.  Cristina no había salido nunca de Argentina y su vida había sido bastante protegida, de modo que la perspectiva de volar por sobre casi medio mundo, representaba un evento emocionante para ella. Por otra parte, no había conocido a María y no contaba sino con los relatos de Daniel para formarse una opinión. Sin embargo, al igual que éste, se sentía aprensiva. Cristina era una persona muy justa. Optaba por ver lo bueno en la gente en lugar de criticar, de modo que eligió guardarse su parecer sobre María hasta que pudiera conocerla algo mejor. Tal vez la abuela de Daniel estaba en lo cierto y María había cambiado. Tal vez María quería realmente corregir los errores del pasado. Tal vez extrañaba realmente a Daniel y quería verlo de nuevo. Tal vez... Tal vez debía, sencillamente, esperar para ver...

              Fue un largo y cansador viaje por sobre el Pacífico hasta Australia, pero disfrutaron de lo novedoso de su aventura. Sin embargo, hubo una sensación de alivio cuando divisaron las costas de Australia a través de las ventanillas del avión.  La aeronave tocó la pista y una oleada de ansiedad atravesó a Daniel. No quiso interpretar este mensaje y decidió vivenciar el momento de la experiencia. Enfrentaría el futuro cuando se hiciera presente.

              María y la familia les recibieron en el aeropuerto con tales fanfarrias y con una bienvenida tan entusiasta que Daniel y Cristina se sintieron algo ambivalentes con sus cautelosas predisposiciones. ¿Se habrían equivocado tánto ambos respecto a todos? ¿Deberían sentirse culpables por sus aprensiones y su escepticismo?  No pudieron evitar el sentirse algo inquietos por prejuzgar a María y a la familia....

              El entusiasmo de la familia continuó expresándose sin merma durante todo el trayecto hasta la casa, y Daniel y Cristina se sentían abrumados por su hospitalidad y sus generosas proposiciones. La familia ofrecía muchas cosas, mas, por el momento, no eran más que palabras : una rama de olivo presentada como ofrenda de paz.

              Durante los momentos de confusión y excitación en el aeropuerto, María tomó posesión de los billetes de avión de Daniel y Cristina. Afortunadamente, Daniel tuvo la precaución de guardar sus pasaportes. María preguntó muchas veces por ellos, indicando que podía guardarlos mejor. Daniel le explicó reiteradamente que ya no era un niño y era capaz de cuidar de sus propios asuntos y pertenencias.

              María perseveró. Quería el control de los pasaportes. Mientras más se negaban Daniel y Cristina a someterse al control de María, más se exasperaba y enfurecía ésta y más se aislaban ella y la familia de ambos. La familia se olvidó de su hospitalidad y dejó a Daniel y a Cristina por dos semanas en casa, viendo televisión. En esa época no sabían nada de inglés, de modo que la TV no les atraía en absoluto. Ocasionalmente salían a caminar por los alrededores o iban a una tienda local a tomar un refresco o comer una barra de chocolate. Fue muy poco más lo que pudieron ver en este primer viaje a Australia. Era una situación muy triste. En términos de hospitalidad, la familia simplemente los abandonó a ambos por dos semanas, en tanto que el afán de control de María les significaba un contínuo hostigamiento.

              María comenzó a implorar, a insistir y a linsojear a Daniel y a Cristina para que se quedaran en Australia. Sugirió una inmigración ilegal y señaló que no habría problemas. Parecía experimentada en el uso de vacíos legales.  Cuando dejó de buscar ángulos para lograr que aceptaran sus proposiciones ilegales, envió a su marido ‘de facto’ (se había divorciado de Washington para entonces) con lo que imaginaba sería una opción “muy difícil de rehusar”. Este llegó a la casa una mañana y le puso un juego de llaves en la mano a Daniel. Daniel siempre había soñado con tener un pequeño coche Morris Mini y el “hada madrina” le estaba concediendo ahora su más acariciado deseo.

              “¿Para qué es ésto?”, preguntó Daniel.   “Son las llaves de tu propio Morris Mini. Tómalas... es tuyo”, dijo Rubén.

              Cristina observaba atentamente la obra de teatro que estaba siendo tan bien representada por todos los actores. Sin vacilación alguna, Daniel le devolvió las llaves a Rubén. No quería tomar parte en ningún soborno ni en ninguna actividad ilegal, como lo que estaban proponiendo María y Ruben. Ambos habían subestimado seriamente a Daniel. María, como la gran actriz que era, se deshizo en un mar de lágrimas. Lo abrazó, le suplicó, prácticamente se puso de rodillas para rogarle, pero Daniel se mantuvo firme, diciendo que no quería tener nada que ver con ninguna actividad ilegal.

              Tan rápidamente como comenzara el torrente de lágrimas, se secó y María se rehusó, amenazante, a devolverles los pasajes aéreos. Daniel les habló con calma y honestidad a ambos. Creía que uno siempre debía decir la verdad y que mentir era un pecado. Aquellos que lo conocían, sabían que podían confiar en todo lo que dijera, debido a su bien ganada credibilidad.

              Daniel le dijo a la familia que habían conversado con Cristina respecto a volver a Australia para vivir, pero que inmigrarían siguiendo los canales correctos y legales. María estaba enojada e insatisfecha por el hecho que sus exigencias y control le hubiesen sido usurpados, y continuó rehusándose a devolver los pasajes. Mas resultó un juego futil de su parte.

 

              Se acercaba el momento en que debían partir y María seguía sin entregar los pasajes. Se encontraban en un predicamento, pero eran ingeniosos y confiaban en sí mismos. Finalmente, por la gracia de Dios, les presentaron a un agente de viajes que hablaba castellano, el cual les confirmó su vuelo y les emitió billetes nuevos.  ¡María estaba furiosa! No estaba acostumbrada a que quienes la rodeaban fueran tan independientes...

              María nunca aclaró por qué quería que Daniel y Cristina se quedaran en Australia. Tal vez ni siquiera ella lo tenía claro. Exigía controlar a quienes la rodeaban y era exagerada en sus condiciones. Obviamente estaba acostumbrada a lograr lo que quería y a manipular a sus otros hijos que la seguían como polluelos a la gallina clueca. Habían dejado de preguntar y de pensar por sí mismos, y descansaban en sus opiniones y consejos para vivir sus vidas. Daniel era diferente. Era independiente en su pensamiento y su acción. Había crecido separado de María, había desarrollado su propio carácter y vivía según un criterio y un conjunto de ideales diferentes.

              Si los padres le permitieran a sus hijos pequeños el decir mentiras y albergar falsedades, este hábito crecerá y crecerá. Por otra parte, si desde la más tierna edad se les enseñara a considerar la verdad como la base de su vida, crecerán en cuanto a carácter y serán capaces de lograr grandes cosas. Daniel le había prestado oídos a su conciencia y los ideales con los que escogiera vivir representaban un resultado directo del ser veraz en pensamiento, palabra y acción.... Y no estaba dispuesto a rebajar estos criterios por María ni por nadie. El carácter es el aliento vital de la verdad y la integridad de Daniel se estaba desarrollando según la guía del Señor del Tiempo en cada momento de vigilia.

              María recordaba aún a Daniel como el pequeño de tres años al que abandonara y con su propio estilo manipulador estaba tratando de compensarlo por el pasado. Estaba tratando de encender de nuevo y resucitar un pasado que estaba cerrado. Daniel comprendió lo que María intentaba hacer, mas su volátil mezcla de celos, odio y culpa la consumía, aunque también intentara abrirse paso a través de un embrollo  de inestables emociones. Le era imposible ver a Daniel por lo que era ni tampoco verse a sí misma. María quería a Daniel de vuelta en su vida, mas era incapaz de lograrlo a través del amor. Había perdido la capacidad de amar incondicionalmente. Sus distorsionadas percepciones veían al amor como a la habilidad de dar y recibir en términos materiales, y la frustración que sentía frente al rechazo de sus ofertas, era abrumadora. Simplemente, María no podía entender que sus ofrecimientos ilegales y control manipulativo no representaban acciones de amor : eran repugnantes actos de maltrato emocional.  

              Era realmente triste ver a María llorando por el amor de Daniel, mas no podía alcanzarlo, porque estaban demasiado alejados el uno del otro en cuanto a los ideales según los que vivían. Les separaba un abismo de diferencias que no podría ser cruzado sino por un mutuo apego a la verdad. La verdad no sigue a nadie : cada ser humano debe seguir a la verdad.

              Sai Baba nos dice : “...  el escalón fundamental para el género humano es la verdad. Verdad no significa únicamente el abstenerse de mentir : debemos considerar la verdad como la esencia misma y el cimiento de nuestras vidas. Debemos infundirle verdad a cada faceta de nuestras vidas : debemos llegar a ser verdad en último término. Cuando nos corresponda hacerlo, deberemos estar preparados a renunciar a todo en favor de la verdad.”

              Fue un alivio el dejar a la familia, pero Australia les había llegado al corazón.  En el vuelo de regreso a la Argentina no reflexionaron mucho acerca de los eventos de las dos últimas semanas. Resultaba más reconfortante dejar que el pasado descansara en su lugar apropiado del tiempo. No  obstante, tanto Daniel como Cristina se sentían impelidos a comenzar una nueva vida en Australia, aunque, ciertamente, la idea carecía de lógica considerando los trastornos emocionales sufridos durante su corta estadía.

              María y la familia no les habían seducido por su amor y compasión : eran las actitudes y estilos de vida de los australianos, el clima y el aparente potencial para una vida familiar, lo que los atraía. Los pocos australianos que habían conocido erean individuos abiertos y cálidos, y su estilo de vida era simple y honesto.   Australia parecía un lugar seguro y tranquilo para criar hijos. María y la familia podrían ser una espina molesta, mas el amor que Daniel y Cristina compartían podía sortear cualquier tormenta que provocaran los egos de los demás.

              Después de largas discusiones con la familia de Cristina, se decidió intentar una nueva vida en Australia. El malsano clima político que aún existía en Argentina representó el real estímulo para cambiarse y los padres de Cristina lo comprendieron. Se tomó la decisión de volver permanentemente a Australia, pero el tramitar todos los papeles tomaría tiempo.  Lo más difícil era el dejar a los padres de Cristina y su patria, mas sabían en sus corazones que su destino se cumpliría en Australia. María nada tenía que ver con su determinación en cuanto a regresar : era una resolución sincera basada en años de insatisfacción frente a la confusión e intranquilidad que reinaban en su patria.

              Contaban con varios meses para poner al día sus obligaciones financieras y comerciales, de modo que, doce meses más tarde, Daniel y Cristina regresaron a Australia : legalmente.

              Cuando María supo de su decisión, determinó abiertamente que no les asistiría de ninguna manera. Optó por encerrarse en su resentimiento por las actitudes independientes de Daniel y Cristina. Fundamentalmente, estaba celosa de que Daniel hubiese desarrollado un carácter que no sabía más que de rectitud : se habría sentido más feliz de saber que era como ella. Los celos van de la mano con la ira y el odio, y la amargura de la madre se desarrollaba en esa dirección.

              No obstante y pese a la enconada furia que la roía, era posible que aún existiera el lado maternal en María. Hizo arreglos para que Daniel trabajara con su hermano Néstor en una agencia de noticias, tan pronto como llegara a Australia. En un primer momento esto parecía ser un acto amable de su parte, pero una vez más, no hacía nada sin un motivo ulterior. Esta era una posición que, según pensaba, podía usar para controlar las actividades de Daniel. Sus acciones eran como un arma de doble filo : al conseguirle un empleo a Daniel, se aseguraba también que se estableciera en la misma ciudad... ¡Por una vez, tuvo razón!

              Cuando Daniel y Cristina llegaron a Australia no había nadie en el aeropuerto para recibirles. Su comité de bienvenida fueron los funcionarios de inmigración. Pasaron por todas las formalidades y se dirigieron al hogar de María. Cuando entraron, esta ni siquiera se levantó del sofá ni interrumpió su programa de televisión para darles la bienvenida. Este era el estilo de María para llamar la atención, para manipularlos emocionalmente. Ya descubriría que estas tácticas superficiales y egocéntricas eran inútiles frente a ellos. Era aguda su necesidad de control. El odio y los celos parecían inflamar sus deseos de seguir vengándose y le resultaban fáciles el planear y el intrigar.

              María era propietaria de una hermosa casa en los suburbios y mantenía también un apartamento de la Comisión de Vivienda gubernamental. En Australia, estas viviendas están destinadas a personas que vivan de pensiones de retiro y/o que cuenten con magros ingresos. El tamaño de estas viviendas dependerá del tamaño de la familia. María declaró una pensión y, debido a que respondía a los criterios de “necesidad”, el Gobierno le proveyó una vivienda lo suficientemente amplia como para una familia numerosa. Al mismo tiempo,  trabajaba como empleada doméstica para una familia rica, ganando A$ 500 a la semana. María arrendó la vivienda gubernamental (lo cual también era ilegal) y sus cinco hijos no vivían con ella. Para entonces, Néstor se había casado y los demás, en opinión de María, tenían edad suficiente para arreglárselas por sí mismos, de modo que les dijo que salieran de la casa y se ganaran la vida.

              Entretanto, María convivía con su marido ‘de facto’, Rubén, sin informar de nada al Departamento de Pensiones. El también era dueño de un apartamento que arrendaba a buen precio. Muy imprudentemente, Rubén había inscrito este apartamento a nombre de María y ella depositaba la renta en su cuenta bancaria.

              María no necesitaba mucho dinero, porque adquiría los alimentos y productos básicos de la familia con la que estaba empleada.  Sus hijos también le daban dinero, el que ella empleaba para pagar el permiso de su coche, la renta y artículos para la casa : sus hijos estaban seguros que ella estaba invirtiendo el dinero para ellos. Esencialmente, era mucho el dinero que ingresaba y casi nada lo que se gastaba de sus propias cuentas.  Por consiguiente, pudo cancelar muy rápidamente todas las deudas de su casa, de modo que la mayor parte de sus rentas eran ganancia.

              María manipuló a Rubén haciéndole creer que el poner todo a su nombre lo beneficiaría en materia de impuestos, mas, cuando logró sus codiciosos fines, le dijo que se marchara. Rubén lo perdió todo, incluso el Morris Mini con el que había tratado de sobornar a Daniel. Era un hombre débil, con buenas intenciones.

              Daniel y Cristina aún eran incapaces de hablar inglés, y Daniel debía comenzar a trabajar en la agencia de noticias al día siguiente de su llegada.

              Puesto que María aún representaba el papel de la madre desdeñada, no quiso ayudar a Daniel para llegar a la agencia el primer día de trabajo. Debemos reiterar aquí que Daniel no hablaba inglés, que estaba en un país extranjero y, por ende, no estaba familiarizado con la ciudad ni con sus sistemas de

transporte. Ya que Daniel no estaba dispuesto a hacerle zalemas, María respondía con una ‘vendetta’. Le indicó lisa y llanamente que encontrara por sí mismo el camino al trabajo y que no permitiría que nadie de la familia le ayudara.  Le pasó la dirección de la agencia de noticias y le señaló el rumbo para llegar a la parada de los tranvías que lo encaminarían hacia su destino.

              Daniel pensaba que el renunciar a todo en favor de la verdad era algo que todos debían considerar. María se comportaba con miedo a la verdad y, por ende, siempre se encontraba subeditada a ella. Cuando no hay verdad en la vida de una persona, ésta incluso temerá vivir.  La verdad confiere intrepidez.  Daniel era intrépido...  María estaba llena de temores.  Le temía a la firmeza del carácter de Daniel y no sabía como competir con la verdad.

              Siempre subestimaba a Daniel y creía que iba a estar demasiado temeroso como para enfrentar por sí solo esta nueva fase de su vida. Supuso que iba a rendirse en el último momento y que rogaría por su ayuda. Planeó todo en base a esta debilidad de Daniel y se puso furiosa cuando no resultó. Cristina tenía fe en Daniel, mas estaban en un país nuevo, no conocían el idioma, no estaban familiarizados con las costumbres o los peligros. Pero amaba profundamente a Daniel y su amor le dió valor y una mayor dependencia de su fuerza interior. Le deseó suerte en su nuevo trabajo, aunque sintió compasión por las responsabilidades que le caían encima, y también algún resentimiento hacia la familia de Daniel.

              Daniel se apoyó en su fortaleza interna y se despidió con un beso de Cristina. Subió al primer tranvía que pasó y el conductor se percató de inmediato que Daniel requería de ayuda e hizo todo lo posible por asistirlo. El conductor era indio y, por experiencia propia, sabía de las dificultades que enfrentaban los recién llegados a Australia. Este amable señor le indicó a Daniel las paradas correctas del tranvía y se aseguró de que había entendido bien sus instrucciones. Daniel llegó a salvo y a tiempo a su trabajo.

              Los propietarios de la agencia de noticias eran una familia griega y Néstor trabajaba allí solamente los fines de semana. Uno de los hermanos griegos, Jani, administraba el negocio. Daniel le gustó de inmediato y también se dió cuenta que podía confiar en él.

              Daniel comenzó a reconocer la mano de Dios actuando en su vida y, poco a poco, fue creciendo su fe y confianza en la ayuda que siempre parecía llegar en momentos de necesidad.

              Daniel y Cristina se quedaron en casa de María tres días. Las actitudes de la familia resultaban agobiantes e incómodas. Se hicieron insoportables, y decidieron cambiarse a una morada propia. Cuando enfrentaron a María con la decisión, no fue sorprendente que ella respondiera con una conducta irracional. Hizo todos los esfuerzos posibles por hacerles cambiar de idea, mas ellos estaban aprendiendo a mostrarse inflexibles frente a sus tramas y exigencias. Habían determinado algo y María no tenía más que aceptarlo.

              María no cedía nunca sin luchar. No se resignaba a perder lo que creía ser el control de la situación : les ofreció que se fueran a vivir a su apartamento de la Comisión de Vivienda.  Era grande, cómodo, de tres dormitorios. Manteniendo su estilo dominante, María les dió instrucciones : si querían usar su propiedad, no podrían sino ocupar lo más esencial de ella, vale decir, un dormitorio, el baño, la cocina y la sala de estar. Se trataba de otra táctica de control, además de ser insensata. Durante su tercer día de estadía en Australia, Daniel y Cristina se mudaron al apartamento de María y creyeron que les ofrecería un mínimo de privacidad... lejos de las miradas fisgonas y las actitudes negativas de la familia.  Tal vez ahora podían empezar a establecerse en un estilo de vida australiano y esperar un futuro feliz y próspero.

              No obstante, resultaba casi predecible que habría problemas en esta ilusión de soledad... A las cinco de la mañana, María entró al apartamento con su propia llave. Esta intromisión les pareció perturbadora a Daniel y a Cristina, y la molestia se fue incrementando debido a que continuó una diaria invasión de su privacidad. María no se sentía una intrusa : era su casa  y creía que podía entrar en ella cada vez que lo creyera necesario. El hecho que Daniel y Cristina reaccionaran ante su temprana visita, no hizo más que ayudar a su causa. María no sabía cómo tratar con el desapego, mas era rápida para actuar frente a cualquier actitud negativa. A sus preguntas, tomó una actitud defensiva y les atacó verbalmente. María había encontrado un nuevo punto de apoyo para ejercer control y lo utilizaría bien. 

              Cada mañana, a las cinco, llegaba María, entraba sin ser invitada y revolvía sus pertenencias. Daniel y Cristina se acostumbraron a esta rutina y no la tomaron en cuenta. Sabían que lo que buscaba eran sus pasaportes y dormían con ellos bajo la almohada. Estaban seguros que, si llegaba a hacerse de ellos los guardaría para exigir luego un precio por su rescate. No había nada más de valor en la casa y decidieron que, en todo lo que involucrara a María, la no reacción era la mejor defensa.  Se acostumbraron a su llegada de madrugada, a que escarbara en los cajones y entre sus pertenencias, para luego marcharse molesta. La violencia del portazo cuando salía, representaba la medida de su furia y frustración.

              Mientras más realizaba María que no era el factor de control en la vida de Daniel, más subía el nivel de su ira frente a la derrota y más intenso y extremo se volvía su odio. Comenzó a dejar notas pidiendo dinero por gastos imaginarios y dando órdenes acerca de cual había de ser el estilo de vida en su apartamento. Una de sus exigencias fue que no podían recibir visitas ni invitar a nadie a su propiedad.  Cuando María percibió que no recibía la atención que mostraban tan fácilmente sus otros hijos, empezó a utilizar las tácticas que sabía que eran efectivas para el control : dinero y poder.

              Según creía, su poder residía en su propiedad y solía exigir dinero según su capricho del momento. No se le debía nada, pero eso no importaba : creaba la ilusión de una deuda y exigía su cancelación. María fraguó una detallada lista de sus exigencias y esperaba el pago : a su entender esto no constituía un punto sujeto a debate. A decir verdad, no mostraba interés respecto a si sus demandas eran honestas o razonables, sino únicamente en salirse con la suya.  En realidad, el dinero no era más que el precursor del control.

              María exigía el pago de gastos por llamadas telefónicas, alimentos y detalles insignificantes, haciendo notar, en especial, que el viaje de doce meses antes no estaba cancelado aún. La lista era excesiva en sus detalles y algo despreciable. Ella había prometido pagar todos los gastos de las anteriores vacaciones en Australia de Daniel y Cristina, porque los quería ver, no porque ellos quisieran viajar. No usaban el teléfono del apartamento, porque sabían que no podían pagar la cuenta hasta que no hubieran ahorrado algo de dinero : a estas alturas, el teléfono era aún un lujo. Estaban presentes cuando María lo usaba y se daban cuenta de que hacía llamadas durante sus visitas de madrugada. Ellos recibían llamadas, mas no las hacían. María, muy generosamente, había llevado a la familia a visitar el Zoológico, pero los gastos de esta excursión también se incluían en sus demandas. El arriendo era tal vez el único punto supuestamente legítimo en su lista.  Les estaba cobrando A$ 75.- a la semana, en tanto que ella sólo le pagaba A$ 30.- al Gobierno. Daniel no tenía idea de lo que debía pagar como arriendo en Australia, por lo que le cancelaba a María lo que ella exigía... no pedía, exigía...

              Daniel y Cristina sabían que no sacaban nada con discutir con ella, puesto que ello no haría sino incentivar su comportamiento irracional. Accedieron a pagarle retroactivamente, a razón de A$ 280.- por semana. Les pareció excesivo, pero María era excesiva ella misma, de modo que, irónicamente, la situación parecía normal. No tenían parámetros de comparación, por lo cual estaban indefensos frente a sus exigencias.

              Tiempo después y por la gracia de Dios, Daniel conoció a un caballero griego que hablaba varios idiomas, entre ellos el castellano, y que trabajaba en el Commonwealth Bank (Banco de la Mancomunidad Británica). Sin que lo supiera María, Daniel y Cristina abrieron una cuenta corriente y comenzaron a depositar un ahorro regular. En poco tiempo lograron ahorrar lo que para ellos era una suma considerable. Su contacto en el banco era amigable y les ofreció aistencia con el idioma.   Esto representó un adelanto considerable para ambos : finalmente pudieron obtener consejos objetivos. Este señor les ayudó a ordenar sus asuntos financieros tanto con el banco como con María, aunque siguieron permaneciendo los lazos de poder y control.

              Daniel aún no era “consciente de Dios”, pero Dios estaba siempre consciente de él. Cada vez que Daniel había necesitado ayuda, Daniel la había recibido. Podía no haber reconocido el rol de Dios en el drama, pero sí reconocía el patrón. Una mañana, Daniel conoció a un hombre oriundo de Chile que vendía billetes para el tranvía en su parada local. Ambos reconocieron una herencia común y comenzaron a conversar en castellano. Fue una conexión instantánea que ambos sintieron como fácil. Daniel y Carlos

que así se llamaba el chileno, convinieron encontrarse de nuevo. Debido a que María les había prohibido recibir visitas en el apartamento, se encontraron en un restaurant para comer.

              La relación se entabló con mutuo respeto y los tres nuevos amigos disfrutaron juntos muchos momentos gratos. Daniel era un buen cocinero y a Carlos le encantaba ayudarle en la cocina cuando iban de visita a su hogar. A lo largo de los años, Daniel había logrado la reputación de preparar maravillosamente las pastas y sus pizzas y ‘croissants’ eran delicias que hacían agua la boca. Carlos consideró la posibilidad de que ambos abrieran un restaurant, pero Daniel indicó que no podía pensar en ninguna empresa nueva mientras tuviera tantos gastos pendiendo sobre su cabeza.

              Carlos reaccionó con sorpresa ante la respuesta de Daniel : “¡Gastos! .... ¿Cómo podía Daniel haber acumulado tantos gastos en tan poco tiempo después de su llegada a Australia?”, pensó.  Ambos se había convertido en buenos amigos, confiaban el uno en el otro y compartían una relación franca y abierta. Carlos se preocupó, pensando que su amigo podía requerir de algo de ayuda y le ofreció su apoyo incondicional. Daniel le mostró una lista de gastos que incluía billetes de avión, arriendo, teléfono y otras menudencias... ¡Carlos se quedó estupefacto!

              Para entonces, Daniel estaba ganando más con su trabajo de fines de semana y horas extra, y su ingreso semanal llegaba a los A$ 370.-  María seguía recibiendo A$ 280.- a la semana, por lo que veían que les sería difícil salir adelante financieramente. Por cierto que ésto formaba parte del plan de control de María. Había calculado cuidadosamente los gastos en comparación con el sueldo de Daniel, para asegurarse que no les quedara más que un mínimo margen para ahorrar y para una vida social. Cada vez que Daniel obtenía un aumento, la mano de María se extendía para obtener su parte de él. Los gastos ficticios parecían surgir de la nada.

 

              Carlos sugirió que Daniel y Cristina solicitaran un préstamo en el banco, cancelaran la deuda con María y quedaran, así, libres de obligaciones para con ella. Respondieron entusiasmados a esta sugerencia. Si lograban un préstamo y pudieran sacarse a la mdre de encima, tal vez pudieran imprimirle de nuevo algo de normalidad a sus vidas. María sostenía que le debían A$ 4.000.- lo que era una cantidad absurda.  Sin embargo, en lugar de discutir la situación, accedieron a pagarle lo que quería.

              La aprobación para el préstamo salió rápidamente y María fue informada que el pago total de su deuda de fantasía sería hecho esa misma semana. Esto debería haberla hecho feliz... En cambio, le dió un ataque de furia. Le gritó e insultó a Daniel entre chillidos, se puso absoluitamente irracional. El dinero era muy importante para ella, pero el control tenía un mayor atractivo : estaba perdiendo uno más de sus mecanismos de dominio. Intentó manipular verbalmente a Daniel y a Cristina para lograr sus fines, pero fracasó de nuevo en hacer que cambiaran de idea.

              El pago de la deuda se efectuaría en unos pocos días y todas las partes involucradas tenían la oportunidad para relajarse y estar contentas. Sin embargo, la provisión de felicidad en María era mínima : estaba feliz sólo cuando estaba en control. La intriga y la manipulación representaban la adrenalina que la mantenía animada. Las disciplinas de María no apreciaban que si los cimientos de la conducta errónea se levantaban sobre arena, esta base sería arrasada cuando llegara la marea de la verdad. La ley de causa y efecto es muy consistente, más María no aceptaba el que siempre acabaría por corregir y equilibrar su inapropiada conducta.

              Siempre que no conseguía sus fines, María se volvía desenfrenadamente vengativa y de la peor manera posible. No guardaba empatía ni compasión por las relaciones familiares : era demasiado egocéntrica. María vivía de acuerdo al credo de que la gente había de hacer según ella quería o se expondría a los latigazos de su lengua y sus acciones.

              Imaginen ahora el escenario para el nuevo acto de esta obra de teatro. Era invierno y las temperaturas caían a menudo bajo cero durante la noche. Eran las 21:00 horas de una noche gélida y brumosa, cuando Daniel y Cristina llegaron al hogar de María para entregarle el cheque que cubría el total de su fantasiosa lista de gastos. Su reacción ante su incapacidad para controlarlos, fue el desprecio y no fue capaz de mostrarse amable y aceptar el cheque... Ambos se vieron enfrentados, en cambio, a la furia

de su apasionado y rencoroso temperamento. Les dijo que no podían seguir quedándose en su apartamento y que tenían veinte minutos para dejarlo. Esos veinte minutos incluían el tiempo que les tomaría volver a él, empacar sus pertenencias y abandonar su hogar... María les amenazó con la policía si aún se encontraban allí veinte minutos después...

              Daniel y Cristina sabían que sus amenazas eran reales y que las cumpliría con la pasión de su deseo de venganza, aunque fuera por sí misma. Afortunadamente, tenían muy pocas pertenencias y seguían llevando sus pasaportes consigo todo el tiempo. Su mayor preocupación era un pajarillo que habían adquirido como mascota : la fría y húmeda oche podría ser fatal para él. Una rápida llamada a Carlos recibió atención inmediata. Sabía ya lo suficiente sobre el comportamiento de María como para estar seguro que cumpliría cada una y todas sus amenazas de la manera más desagradable que pudiera. Partió rápidamente hacia el apartamento, recogió sus pertenencias y se los llevó a su casa.

              Daniel y Cristina se quedaron dos días con Carlos, aunque éste trató de persuadirlos para que permanecieran con él. Sin embargo, ellos apreciaban mucho la amistad con Carlos y no querían correr el riesgo de que María dejara caer también sobre él la pesada mano de la venganza. La necesidad de María de alimentar su paranoia y su conducta irracional era tanto peligrosa como impredecible. Y ya en el corto tiempo que permanecieron con Carlos, María inició nuevas rutinas.   Siguiéndolos hasta la casa de éste supo de su paradero y, literalmente, se dedicó a acechar cada uno de sus movimientos.

              Para aumentar las tensiones, María telefoneó a la agencia de noticias en donde trabajaban Daniel y Néstor e informó a la familia griega que Daniel les estaba robando. Jani había llegado a conocer bien a ambos jóvenes y su instinto le decía que, definitivamente, Daniel no era un ladrón. Durante todo el tiempo, desde que conociera a Néstor, también había llegado a conocer a María y se había dado cuenta de su capacidad para causar problemas y para mentir. Jani habló con Daniel y le avisó de lo que había dicho su madre. Agregó que, personalmente, no creía en las acusaciones, mas quería oirlo de Daniel mismo. Daniel negó las acusaciones y Jani encontró satisfactorias sus respuestas. María, empero, llevada por su belicosidad, siempre quería saber acerca de la efectividad de sus esfuerzos difamatorios. Estaba casi segura que Daniel sería despedido, pero nuevamente subestimó los caracteres tanto de Jani como de Daniel.

              María llamó por teléfono a Jani y le preguntó sobre qué había hecho con Daniel sabiendo que robaba. Jani le declaró que estaba más que satisfecho en cuanto a que Daniel no había robado nada en la empresa.

              Irritada por estas noticias, dijo que, bajo estas circunstancias, sería imposible para Néstor el seguir trabajando allí. La agencia iba a tener que buscar a alguien para reemplazarlo. María era lo bastante astuta como para tomar en consideración el hecho que Néstor se había hecho indispensable los fines de semana. Daniel que no hablaba suficientemente bien el inglés, no iba a ser capaz para manejar un puesto de atención a los clientes en el mostrador. Puede que, finalmente, María se haya anotado un punto en esta guerra privada que no existía sino en su mente.

               Ninguna acción se produjo de inmediato. María exigía atención y cada día hacía molestas y acosadoras llamadas al propietario. Paciente como era Jani, llegó un momento en que, simplemente, no pudo manejar más estas diatribas suyas. Daniel sabía que Néstor era el que había estado robando y estaba seguro que Jani también lo sabía. Pero, para que Jani no tuviera que seguir soportando la presión a que lo sometía María, entregó su renuncia.

              Daniel y Cristina se cambiaron varias veces de residencia para combatir el contínuo acoso de María. También cambiaron tantas veces de número telefónico, que esto no sólo representaba un inconveniente para ellos, sino también una confusión para todos, menos para María. Una noche, sucedió que Néstor preguntó si podía ir a comer. Daniel se mostró encantado de oirlo. Su amor por Néstor era genuino y le dolía el que hubieran vivido tanto tiempo separados. Cristina preparó una maravillosa comida y ambos no escatimaron esfuerzos para que Néstor se sintiera bienvenido y feliz.

              Durante la comida, Néstor insistió varias veces para que le dieran su nuevo número de teléfono, dando buenas razones y explicaciones. En contra de su buen juicio, Daniel cedió y se lo comunicó. Néstor se levantó de inmediato de la mesa y se marchó, no sin informarles antes que su único motivo para visitarles era el obtener el número telefónico y no el amor fraternal. La burbuja del amor y la devoción familiar estalló en sus caras, y Daniel y Cristina se quedaron tratando de resolver algunas muy agitadas emociones. La relación con Néstor terminó esa noche.

              Sai Baba dice : “Las madres debieran empeñarse por mantener a sus hijos en el camino recto. Sólo tales madres e hijos son dignos de ese nombre. Cuando madres e hijos actúen correctamente, la nación se desarrollará por lineamientos justos. La rectitud irradiará desde la familia hacia todo el mundo.”

              Treinta minutos más tarde llamó María y comenzaron de nuevo el hostigamiento y las amenazas. Sus amenazas eran irracionales e ilógicas y carecían de cualquier traza de sentido común o de legitimidad. Una vez más procedieron a cambiar el número del teléfono y se relajaron...  con una paz temporal.

              Daniel encontró un nuevo trabajo colocando baldosas y mantuvo su celo por el trabajo duro además de la norma de largas horas de labor. Ambos había logrado reunir unos ahorros con los que se compraron un coche chico y económico. Una mañana, Daniel salía temprano hacia el trabajo y quedó cara a cara frente a un nuevo sesgo de la destructiva paranoia de María : su nuevo auto había sido destrozado a golpes. Los pedazos de vidrio de las ventanillas destrozadas estaban peligrosamente desparramados, aunque todas las herramientas de Daniel se encontraban intactas en la parte trasera del auto. Daniel llamó de inmediato a la policía que, al examinar la escena encontró muy sospechosa la situación. Le pareció inusual a los policías que vándalos que rompieran a golpes un coche, por el puro gusto de destruir algo, no se llevaran las costosas herramientas tan obviamente a su alcance. Cuando Daniel les explicó su situación familiar, dijeron que como se trataba de un asunto doméstico, ellos, lamentablemente, no podían involucrarse.

              Daniel y Cristina se volvieron a cambiar varias veces más, pero María acechaba cada uno de sus movimientos. Los hostigaba de contínuo y dejaba notas amenazadoras en su hogar, su auto  y el buzón de la correspondencia. Siguieron algunos meses de infierno. Aunque no fuera sino para satisfacer a su sobredimensionado ego, María era creativa. Había corrompido con éxito las mentes de sus hijos y eran como títeres en sus manos para apoyar su papel en el libreto. El acoso y hostigamiento de todos ellos no conocía límites. Nunca, ni por un solo día, cejaban.

              Cristina había sido siempre una mujer muy tranquila, pacífica y calmada en todas las situaciones. Durante estos difíciles momentos, se mantenía inalterable y era un sólido apoyo para Daniel.

              Courtney era una media-hermana de Daniel, de uno de los maridos ‘de facto’ de María y ésta no perdió tiempo en enrolarla para que le ayudara. Daniel y Courtney habían pasado muy poco tiempo juntos y, por lo tanto, no habían formado lazos familiares firmes. Cuando naciera la niña, María la había bautizado como Courtney Paige y Daniel siempre se sintió inquieto frente a la elección del nombre. Marta, la madrastra de Daniel, había dado a luz a una hermosa niñita bautizada con el nombre de Courtney Paige. Poco después de su nacimiento enfermó gravemente y sobrevivió sólo tres meses. Fue una tragedia para Marta.

              Cuando María dió a luz a una niña, meses después, eligió bautizarla con el mismo nombre. Se trataba de nombres anglófonos no habituales en la cultura de algunos países latinoamericanos y la coincidencia no era una explicación que pudiera tomarse en consideración.  María nunca quiso hablar de la razón para bautizar con los mimos nombres a su bebé y las gentes terminaron por cansarse de preguntar. No siempre exitía una explicación fácil para la conducta de María, aunque siempre era consistentemente carente de verdad y de rectitud.

              El buen corazón de Daniel no quería ver sino la bondad en los motivos de Courtney y se alegró de poderla invitar a su hogar un día en que ella se cruzó con él. Cristina lo previno y le advirtió reconsiderar su decisión. Instintivamente, ambos sabían que sólo iban a atraerse más dificultades, pero Daniel seguía creyendo en los lazos familiares.

              Courtney había desarrollado los mismos rasgos manipuladores de su madre y, astutamente, conquistó la simpatía de Daniel. El día que invitaron a Courtney, ésta también se quedó únicamente hasta que consiguió el número de teléfono...  después de eso, se marchó.  No habían tenido siquiera el tiempo suficiente como para un cordial intercambio de informaciones acerca de sí mismos. Courtney encontró fácilmente el aparato telefónico, anotó su número y se fue inmediatamente, sin dar muestras de vergüenza. Daniel aprendió de la experiencia : le parecía difícil creer que la familia lo había utilizado una vez más.

              ¡Se desencadenó un verdadero infierno! Los acosos de María superaron todos sus intentos y límites anteriores... Los amenazó con matarlos y trató de intimidarlos aún más, señalando que recurriría a sus prácticas de vudú.

              Daniel pensó que la única manera de luchar contra el fuego, era el fuego. La próxima llamada en que la familia les amenazó con matarlos, Daniel les respondió que vinieran, que los estaría esperando y que les quebraría las piernas si lo intentaban. Ellos sabían lo fuerte que era y, como se trataba de la primera vez en que había dado una respuesta así a sus amenazas, supusieron que cumpliría lo dicho.

              María cambió su posición. Ahora indicó que quería reparar el daño hecho a la relación y solucionar las diferencias del pasado. Nunca les dió una explicación a Daniel y Cristina respecto a por qué se había mostrado tan rencorosa y vengativa, en tanto que ellos no tenían interés en sus excusas y mentiras. La relación había superado el límite desde el que hubiera podido ser rescatada. María habría tenido que rescatar primero su propia sanidad mental, mas para ello debía reconocer primero la necesidad para rescatarla. María era una mujer peligrosa. Era peligrosa para otros, pero tal vez lo era más para sí misma. Daniel no podía entender como todo lo que ella tocaba, se maleaba.

              Daniel y Cristina sufrieron todas las torturas que les impusiera la familia, mas en retrospectiva, ambos podían entender ahora que habían aprendido lecciones de incalculable valor. Las acciones de María había representado un brutal empujón hacia Dios. Le habían enseñado a Daniel todo aquello que no debía hacer. No obstante, en esa época la atención de Daniel estaba enfocada en la experiencia y no en lo que ella estaba enseñando.

              La presión de la insana conducta de María y las tensiones resultantes, terminaron por afectar la salud de Daniel. Sufrió de problemas cardíacos y se vió la necesidad de internarlo en el hospital. Su presión arterial era extremadamente alta y sus niveles de colesterol correspondían a los de un hombre de 65 años. Daniel estuvo hospitalizado varios días y los ataques y provocaciones de María amainaron temporalmente.

              Cuando Daniel volvió al hogar, él y Cristina decidieron que habían llegado a un límite respecto a María. Acordaron que no vivirían sus vidas en contradicción con sus ideas morales. No seguirían cambiando de número telefónico, ni ocultarían su dirección para eludir a la familia. Decidieron continuar con su vida y vivirla lo mejor que pudieran.

              María no cambió...  probablemente no podía hacerlo. Continuó llamándolos por teléfono cada noche. Para entonces, sin embargo, se habían apartado de todos los lazos familiares y, a su entender, los llamados eran más una “molestia” que un acoso. Obviamente eran irritantes y constituían una invasión a su privacidad, mas no despertaban ya reacciones de parte de ellos.

              Los llamados telefónicos representaban ahora la mayor amenaza de María, porque había hallado un nuevo blanco para su fastidiosa personalidad : Bobby Smith. Sorprendentemente, fue Daniel la persona a la que eligió como caja de resonancia para su más reciente expresión de odio y de celos. Debido a la actitud de Daniel hacia la violencia y la intimidación, no mostró interés alguno por la nueva victimización que planeaba su madre.

              La media-hermana de Daniel, Courtney, anunció que quería casarse con Bobby Smith. Era un tipo de presencia agradable, bien parecido, rubio y típicamente australiano. No era nunca el alma de la fiesta, pero era amable y franco. Bobby trabajaba en un trasbordador de pasaje costa afuera y volvía irregularmente a casa. Cuando estaba en tierra, mostraba su pasión por los autos veloces y les dedicaba

su tiempo libre. Mientras los deportivos constituían su pasión, la flaqueza de Bobby era el alcohol. Bebía demasiado y cuando estaba bajo la influencia del alcohol, juraba a cada rato, pero era bien intencionado. Courtney también solía embriagarse, aunque María eligió juzgar la conducta de Bobby y pasar por alto las acciones de su hija. Cuando se hizo final la decisión de casarse, María puso en marcha su plan para librarse de Bobby. No había razones lógicas para su conducta : simplemente reaccionaba llevada por sus destructivos temores y su odio.

              Una vez más comenzó a actuar de acuerdo a sus egocéntricas “necesidades”. El apoyo de Daniel había sido confiable en el pasado y el recurrir a él ahora le resultaba natural, al igual que le había servido a sus propósitos en Argentina. Sin embargo, tal como entonces, siempre era por razones egoístas. Aunque fuera así, parecía ser que veía en Daniel una fuerza a través de la cual podía obtener respuestas sólidas. Era como si hubiera un eslabón suelto en su cadena de inestabilidad : Daniel representaba la firme unión para mantener la cadena intacta.

 

              Una noche, María llamó a Daniel para decirle que había contratado a dos tipos para darle una golpiza a Bobby. Verbalizó sus intenciones como si se tratara de un asunto práctico y sin traslucir emoción alguna.  No aparecía ninguna señal de remordimiento, de lamentarlo o incluso de amor. María era una mujer embarcada en una misión de amenaza.

              Aunque Daniel sabía exactamente cuan capaz era María tanto de proferir como de llevar a cabo sus amenazas, le pareció que su paranoia había alcanzado un nuevo extremo y salidas peligrosas. No perdió tiempo en manifestar que condenaba esta vergonzosa decisión. Le señaló a María que su plan presentaba una importante falla : se había olvidado que Bobby y Courtney eran inseparables. Si dos matones llegaban para asaltar a Bobby, Courtney también quedaría expuesta a la brutalidad y podía ser golpeada.

              No era frecuente que María se quedara sin habla : esta fue una de esas ocasiones. No sabía como detener la rueda de la acción que había puesto en movimiento. Le había pagado a los matones para llevar a cabo su plan y no sabía cómo ubicarlos de nuevo. María pasó varias horas angustiosas tratando de seguirles la pista, porque debían estar ya a punto de cumplir con su lado del arreglo. Cuando, finalmente, los localizó, tuvo virtualmente que suplicarles que no llevaran a cabo el asalto por el que les había pagado. Ellos accedieron a rescindir el contrato, mas no así a devolverle el dinero que les había dado. María se sintió aliviada y, por una vez en su vida, el dinero dejó de tener importancia.

              Estos fueron los últimos días en que Daniel y Cristina tuvieron contacto con María. Esta estaba fuera de control. Se comportaba agresivamente y se había vuelto imposible hablar o conversar con ella. La bondad de Daniel nunca se apagó : brillaba como una fina gema en medio de una colección de piedras artificiales. Sin importar la seriedad de los arranques vengativos de María, Daniel siempre mantuvo que “ella aún es mi madre y yo sé por lo que ha pasado”. Daniel estaba conectado con María a través de los lazos del amor incondicional, pero había cortado los del apego familiar.

              El matrimonio de Bobby y Courtney se hizo realidad, como asimismo una hija y un divorcio doce meses después. María siguió atentamente el embarazo y con gran entusiasmo el nacimiento resultante, aunque, una vez más, sus motivos no eran por completo puros. Siempre había querido tener otra hija, mas la edad fue un factor que hubo de tomar en cuenta. Cuando Courtney dió a luz a su hija Anna, María se mostró muy atenta y la mimaba todo el tiempo que podía pasar con ella. El empleo de Bobby lo mantenía fuera de casa por días seguidos, de modo que María no tuvo trabas y sí un control casi completo sobre Anna.

              Después del divorcio de Bobby y Courtney, la atención de María para con Anna se hizo más obsesiva.  María decidió que se llevaría a Anna para una visita a América del Sur. Pese a la relación familiar de María con la niña, el Gobierno australiano tiene leyes muy estrictas respecto a los niños que viajen fuera del país sin la autorización de ambos progenitores, o sin un guardián legal.

              Courtney trabajaba y no estaba preparada mentalmente para las responsabilidades de ser madre. Quería llevar la vida social de alguien sin compromisos y sin las obligaciones del matrimonio y la

maternidad. Sin el conocimiento e Bobby, María convenció a Courtney para que le diera la tutoría legal temporal de Anna, pretextando que estaba por adoptar legalmente a la niña- Con los papeles legales firmados, María volvió a encontrarse en su posición favorita de poder y control.

              Cuando Bobby descubrió lo que había sucedido, se puso furioso, mas como pasaba tanto tiempo lejos de casa y sabía de lo que María era capaz, consideró inapropiado librar una guerra en contra de ella y de su ex-mujer. Para cuando Anna tenía tres años, Courtney se había casado de nuevo. John era un buen hombre  y, probablemente, lo mejor que podía haberle pasado a Courtney. John la amaba genuinamente y disfrutaba del rol de padre de Anna.

              No obstante, María había logrado mantener la tutoría legal de Anna e intentó manipular a John y a Courtney para poderse llevar a la niña de vacaciones a Sudamérica.  Para justificar su capricho, acusó a John de violar a la niña y les amenazó a ambos con acusarlo a las autoridades. Las acusaciones eran depravadas, lascivas y absurdas. Para entonces, los hijos de María estaban despertando a la inestabilidad y a las mentiras de su madre. Por sus pasadas experiencias, sabían lo hábil y capaz que era para llevar adelante sus amenazas, sin que le importara si había o no algo de verdad en los casos que le molestaban. En este caso, no había fundamento alguno para sus acusaciones.

              María, lisa y llanamente, quería desempeñar el papel de madre con su nieta...  y María estaba acostumbrada a conseguir lo que quería, sin parar mientes en los medios. Sus acusaciones volaban raudas y furiosas hacia John, y él y Courtney se dieron cuenta que María no cejaría ni se sentiría satisfecha hasta que no lograra sus fines. Pese a que no se podía confiar en que dijera la verdad en la mayoría de las situaciones, sí le creyeron que lo hacía al decir que sólo pasaría unas cortas vacaciones en Argentina, para devolverles a la niña sana y salva después. También sabían que el amor de María por Anna impediría que le cvausara cualquier daño a la niña. Era para ellos una difícil decisión : no estaban contentos de estar separados de Anna y tampoco de ser engañados y manipulados por María. Además, en lo concerniente a ésta, los resultados con ella no siempre respondían a la norma y casi siempre eran inesperados. Cuando Anna cumplió tres años, María viajó con ella a Sudamérica de vacaciones. Se solazó en interpretar el rol maternal y exhibir a la niña ante sus amistades y familia. Anna, por su lado, era demasiado chica como para entender las actuaciones de su abuela y, simplemente, disfrutó la diversión de la experiencia y la atención que recibía.

              Fue en esa época que Daniel y Cristina cortaron, finalmente, los lazos con María y el resto de la familia. No tomaron más contacto con ellos. Bastante milagrosamente, la familia los ignoró por completo, salvo en sus enfadados pensamientos.

              Finalmente, se le permitió a Daniel y a Cristina el continuar con su vida juntos. Daniel había encontrado trabajo fácilmente después de dejar la agencia de noticias y, en estos momentos estaba empleado en la comunidad, ayudando a grupos minoritarios y desvalidos. Trabajaba con ellos en calidad de profesor de cerámica y alfarería, pero su impacto llegaba mucho más profundamente que el mero contacto docente.

              Daniel trabajaba con mujeres con dolorosos historiales de maltrato doméstico. De hecho, la última cosa que querían era que les enseñara un hombre, porque sus traumas eran profundos. Les quedaba poco o nada de confianza en los hombres y se mostraban cínicas y en guardia frente al sexo opuesto. Todas hablaban castellano y podían comunicarse perfectamente.

              En una ocasión, un grupo de mujeres decidió que querían pintar un mural para la comunidad. La idea era buena, mas se encontraron con una serie de trabas burocráticas y discusiones en la comunidad misma. Estas mujeres, simplemente, no eran consideradas, por los niveles en que se tomaban las decisiones, como dignas, suficientemente representativas o talentosas como para pronunciarse públicamente en esta moción.

              Daniel sintió que para la cimentación de la autoestima y la confianza en uno mismo, este proyecto era una muy buena razón para expresar la idea. Estas mujeres carecían de confianza en sí mismas. No se sentían siquiera seguras de sí mismas y se atemorizaban ante la más mínima provocación. Necesitaban

ayuda y, quizás, este curso constituiría un medio para devolverles la confianza que les faltaba. Daniel pensaba que el individuo en la comunidad había de reconocer lo que le debía a la sociedad y sus deberes para con ella. En su opinión, ésta era la mejor manera de resolver los problemas del momento. Sintió que se le prestaba atención únicamente a las argumentaciones y contrargumentaciones, a las proposiciónes y oposiciones, a los planes y programas : el objetivo de los egocentrados era más el lograr una victoria verbal que lograr un fin valedero. No se llevaba a cabo intento alguno por fomentar las virtudes sociales de la honestidad, la tolerancia y la cordialidad.

              Daniel discutió a favor de las mujeres con algunos de los individuos más obcecados, hasta que, por último, se les dió permiso para pintar el mural. Daniel les ayudó técnicamente, pero fue prudente quedándose en el trasfondo y permitiéndoles que pintaran el mural de ellas y no el suyo. Ellas siguieron mostrándose cautas, mas la relación fue entibiándose a medida que la obra iba avanzando. En esta medida también fue afianzándose su autoestima y fueron desapareciendo muchas de las barreras de desconfianza hacia los hombres.

              Estas mujeres, además, eran pobres, carecían de educación y, a menudo, tenían mala salud. Por otra parte, aunque no había maestros del arte en el selecto grupito, tenían coraje y paciencia : otras virtudes maestras. La pequeña banda de hábiles pioneras había llegado a dominar las destrezas de la unión y la cooperación, y había aprendido la confianza mutua. Después de aprender a confiar la una en la otra, era de esperar que aprendieran a confiar absolutamente.

              Estas mujeres superaron muchas cosas. Superaron el prejuicio de la comunidad, sus temores, su propia falta de confianza y de autoestima. Aprendieron que, a través de la unión e integridad, podían sobreponerse a los problemas propios y los que enfrentaban en la comunidad, como también los de la misma comunidad.  Lucharon en contra de la burocracia con equidad y aceptación de responsabilidades... y ganaron.

              Hoy en día, se nota la ausencia de unión y del sentimiento de un vínculo común en la comunidad y, por consiguiente, se da una perpetua discordia entre individuo y individuo, comunidad y comunidad, raza y raza. Estas mujeres le demostraron a la comunidad lo que podía lograrse a través de la unión, la cooperación y la aceptación de la responsabilidad personal... y Daniel se convirtió en el alumno de sus enseñanzas.

              Observó como las mujeres pintaban su mural, pero estaba más interesado en el desarrollo de sus valores humanos. Junto a los avances del mural, crecían también su fortaleza individual, su habilidad y su unión. La experiencia beneficiaba tanto a Daniel como a ellas mismas : él se estaba viendo impelido hacia la necesidad de cuestionar su propio conjunto de valores.

              Daniel reconoció que la unión representaba la verdad común en todas estas mujeres y, en la medida que desarrollaban armonía, iba desapareciendo la diversidad. Unidad y cooperación no eran habilidades que hubieran aprendido en la formación de la escuela, puesto que carecían de educación : las habían aprendido en la escuela de la vida.

              “Puede que sean una nación de individuos educados que hayan alcanzado la libertad democrática --dice Sai Baba-- mas no han logrado tener unión. La unión sólo puede alcanzarse a través del amor y el amor tiene su fuente en Dios.”

              Estas mujeres se amaban mutuamente a través de las virtudes de la paciencia, la cooperación y la tolerancia : estaban explorando un grado de sabiduría muy superior al de los estudiantes por libros. Daniel comenzaba a ver con claridad que el vínculo entre estas mujeres, entre Cristina y él, entre todo y cada cosa, era puro amor. Este amor no era generado por nada que pudiera crear el hombre, ni era aprendido de libros y se encontraba dentro de todas las cosas, todas las gentes, en todo momento. Daniel estaba comenzando a reconocer la Divinidad en su forma más verdadera. Aún no estaba empleando la palabra Dios para describir lo que se estaba haciendo claro en su mente, mas sabía que el amor era un sentimiento que provenía de una fuente Divina. Estaba comenzando a discriminar y a establecer la diferencia entre enamoramiento y puro amor... y la diferencia era profunda.

              En el momento en que el mural llegó a terminarse, Daniel se encontró incuído en el círculo de amistad del feliz grupito. Las mujeres habían dejado de lado muchos patrones obsoletos de percepciones innecesarias y malos hábitos. Resulta interesante notar que la oposición inicial de la comunidad al mural había provenido mayoritariamente de los hombres.  Las mujeres se mostraron felices cuando llegó a completarse... los hombres, desdichados.... No se les había dado nunca la oportunidad para decir : “¡Ya se lo habíamos dicho!”

              Daniel hizo arreglos para que el mural fuera inaugurado oficialmente, con todas las fanfarrias reservadas usualmente para “gentes especiales de la sociedad”.  Estas mujeres habían probado ser especiales y merecían el homenaje por sus logros. Eran especiales en la sociedad : siempre lo habían sido,  pero ahora también ellas reconocían las cualidades que lo hacen aceptable a uno a los ojos de la sociedad. Lo más importante que aprendieron de Daniel era que “el ser especial” no es más que una percepción. Les había enseñado igualdad. Les había enseñado a mirar más allá de sus propias percepciones de la diferencia y de ver la “similitud” en todo y en cada uno. El mural no había sido sino un práctico catalizador para aprender una valiosa lección en valores humanos.

              Al día siguiente de la ceremonia de inauguración, la obra de arte apareció cubierta por las manifestaciones de la habilidad de otra banda de artistas : los graffitistas. Las mujeres habían tomado la precaución de recubrir su mural con un barniz anti-graffiti, de modo que pasaron el día lavándolo, hasta dejarlo limpio. No sintieron animosidad alguna hacia los vándalos que habían tratado de hacer demostración de su desaprobación del mural : era demasiado plena su alegría.

              Sai Baba nos dice que : “... sin confianza en uno mismo no hay logro posible. Si uno tiene confianza en su fuerza y habilidad, puede servirse de las fuentes interiores de valor para elevarse a un nivel superior de alegría y paz. La confianza en ustedes mismos surge del Atman (*) que es su realidad interna. ... La confianza en uno mismo es la confianza en el Sí Mismo. ¿Qué les ayudará a desarrollar esta confianza? Sean ecuánimes. Estén satisfechos con lo que tienen. Sean felices.”

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(*)  Atman : el Espíritu que mora dentro de uno. Cada cual debiera desarrollar el entendimiento de que él es el Atman y que este Atman que está dentro de él, está también en todos los demás : deberá sentir que la alegría de otros es la propia alegría. Sólo cuando desarrollen este sentimiento serán capaces de servir bien y a cabalidad. (Sathya Sai Baba)

 

 

 

 

 

 

CAPITULO SEIS

                                   “Un mercader que le tenía miedo a la muerte, adoraba por muchos años

                        a Yama, el Dios de la Muerte, y le ofrecía elaborados rituales y culto.  Yama se

                        sentía complacido por la especial atención  y  culto que le ofrecía,  y  le prometió

                        que no lo sorprendería repentínamente, sino  que  le advertiría con anticipación

                        para que pudiera organizar sus asuntos antes de abandonar el mundo. Cuando,

                        por último, le llegó el momento y tenía que morir,  se enojó con Yama  y lo acusó

                        de falsedad,  de ingratitud y de engaño.   Dijo que no le había dado ninguna ad-

                        vertencia por adelantado. Mas Yama le respondió :  ‘¿Cómo? No sólo te envié

                        una, sino cuatro advertencias respecto de este plazo.’   El mercader replicó que

                        no había recibido ninguna de ellas.  Pero Yama le respondió :  ‘Tus cabellos se

                        volvieron grises : esa fue la primera advertencia. Pero tu los teñiste y te olvidas-

                        te de su lección. Hice que te quedaras calvo, mas te pusiste una peluca y sosla-

                        yaste el aviso que te envié. Entonces, hice que se te cayeran los dientes...  pero

                        usaste una dentadura postiza  y  pretendiste creer que yo estaba muy lejos.  La

                        cuarta advertencia consistió en que te mandé arrugas para toda tu piel, pero tam-

                        poco le prestaste atención a este aviso.’   En verdad,  Yama había cumplido su

                        palabra.”

                         

                                                                                               ...  Sathya Sai Baba

                                                            

                                                              -------------------------------

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              Estamos ahora en 1989 y tanto Daniel como Cristina sentían fuertes deseos de regresar a la Argentina para visitar a las familias. En el momento en que tomaran la decisión tenían muy poco dinero, aunque sabían que si el destino indicaba que debían viajar, el dinero aparecería. Para entonces, ambos trabajaban en un negocio propio de baldosas y  parecían “lloverles del cielo” nuevos contratos. Trabajaron en forma excepcionalmente dura y lograron hacer realidad su sueño en casi seis meses. El 17 de diciembre de 1989  llegaban a la Argentina, con las maletas atiborradas de regalos y con dinero suficiente para los gastos  tanto necesarios como no tanto. Habían comprado los pasajes de regreso a Australia y otros para viajar a los Estados Unidos para visitar al padre de Daniel. Ambos compartían  un positivo enfoque de la vida, aunque Dios no recibía ningún crédito directo por su buena suerte. Siempre repetían “este es nuestro ángel de la guarda que nos cuida”, reconociendo que un poder divino y no el hombre era la causa.

              El viaje resultó propicio y la mano de Dios proveía y cuidaba una vez más de Daniel y de Cristina de una manera que resultaría notoria en algún momento del futuro. El regresar a la patria les alegraba el corazón. Se habían naturalizado australianos, pero ahora la energía de Sudamérica recorría sus venas. Así como un recién nacido es capaz de reconocer a su madre, así sentían el amor de la madre-patria al regresar a Buenos Aires.

             

              Las antiguas Escrituras Védicas (*) dicen : “La patria debe ser venerada como divina. Sólo entonces habrá paz en el mundo. Madre y madre-patria deben ser veneradas por igual : ese es el mandamiento de la Sabiduría Antigua.”

              A menudo le resultaba difícil a Daniel reconocer la Divinidad de María, aunque siempre respetaba el status de su maternidad. Los lazos maternales seguían firmes, en tanto que los del apego se habían cortado. La desvinculación le había concedido contento y paz mental. Las experiencias extremas de su niñez le habían enseñado que sus alegrías y sus dolores no eran resulato de que le agradara o no a la gente en su vida. Sus sufrimientos eran un resultado directo de sus reacciones : sus propios agrados o desagrados respecto de esas personas. El desapego resolvió la necesidad de experimentar infelicidad, y la consecuencia de esta resolución fue una alegría real. En sus primeros años, Daniel había amado a su madre y a su madrastra por su mejor interés propio y por lo que podía obtener de esa relación. Buscaba sólo recibir amor, mas su amor por ellas buscaba su propia gratificación. El amor puro es desinteresado y desapegado de la necesidad de recibir algo a cambio. A la luz de esta sabiduría, Daniel pudo encontrar su paz y descubrió que podía amar a María y a Marta sis expectativas y sin apego alguno.

              El regresar a su patria despertó los recuerdos de su pasado, mas la sabiduría del desapego reemplazó a las restricciones del dolor y el pesar con la libertad del contento ilimitado. Estaba aprendiendo acerca de la libertad del vivir sin temores.

              A diferencia de su arribo a Australia algunos años atrás, Daniel y Cristina recibieron una calurosa bienvenida a casa. Temporalmente al menos, el inglés pasó a ser un idioma olvidado y la lengua materna se dedicó entusiastamente a intercambiar sentimientos y experiencias. Se abrazaron,  Se besaron. Lloraron un poco. Las familias se comportaban como niños excitados en una fiesta de cumpleaños y la alegría de la reunión era genuina y llena de amor.

              Daniel y Cristina pasaron tres meses con los parientes en Buenos Aires. Disfrutaron de la calidad del tiempo juntos y los años de separación se disolvieron en el tiempo.

              Antes de volver a Australia, Daniel y Cristina volaron hasta Nueva Jersey en los Estados Unidos y pasaron una semana con el padre de Daniel. Manuel se había desencantado de Marta, en la cual los quiebres de su personalidad se fueron mostrando con el desgaste natural de la relación. Daniel le confió algunos de los problemas que había vivivo cuando niño tanto con María como con Marta, y Manuel pareció sorprendido y, quizás, algo impactado. No obstante, a Daniel le costaba creer que su padre hubiera ignorado todo el maltrato. Pero se había desapegado y no sentía ya la necesidad de reaccionar frente a las actitudes de sus padres. Había desarrollado la confianza en sí mismo y ya no era importante el que su padre o cualquier otro le creyeran. Daniel sabía la verdad. Sus experiencias eran su verdad y el juego de la vida en el  que no era sino un actor más, era también su verdad.

              Este viaje a la madre-patria borró cualquier incertidumbre que pudiera haber quedado en Daniel en cuanto a sus madres.  Sintió que se reanudaban todos los cabos sueltos y que se caía de sus hombros una hasta entonces abrumadora sensación de contrición.   Percibió que una nueva vida nacía de los fantasmas del pasado.

              El viaje a Argentina fue, decididamente, oportuno. Pudieron a ver a la abuela Olga y a Dardo, el padre de Cristina, por última vez. Ambos fallecieron poco después de su regreso a Australia. Tanto Daniel como Cristina creyeron que Dios les había dado la oportunidad de ver a su familia una vez más... ¡qué bendición!  Ambos sintieron el impacto emocional de las noticias de estas muertes, aunque se sintieron extrañamente desvinculados de la pérdida.

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(*) Escrituras Védicas : Las más antiguas y más sagradas Escrituras Hindúes, fuente primordial de autoridad de la religión y la filosofía hindúes. Son cuatro : el Rig Veda, el Saama Veda, el Yajur Veda y el Athtarva Veda.

              Daniel quería a Dardo como a su propio padre y, probablemente, derramó más lágrimas que Cristina, pero se dió cuenta que su reacción representaba más que pena, un escape para muchas emociones reprimidas. Se permitió a sí mismo dejar que las lágrimas lavaran y limpiaran el pasado de todo resentimiento y remordimiento. Enfrentaron juntos la muerte de sus seres queridos. El amor que compartían tanto por ellos como el uno por el otro, suavizó el duro golpe de la muerte.

              “El cuerpo es transitorio y la muerte es cierta para todos --dice Sai Baba-- Cierto es que cada cual tendrá que enfrentar, sin duda alguna, a la muerte, de modo que cada cual es uno de los moribundos. Todos lo saben, mas ¿no resulta extraño que los agonizantes lloren y sientan lástima por lo que ya han muerto? Incluso estando entre los moribundos, la gente sufre y siente pena cuando piensa en alguien que ha muerto. Es como si la muerte fuera una cosa absolutamente inusual e inesperada, en lugar de constituir la conclusión natural que ha de llegar para todos.”  Este dolor que se produce, especialmente cuando ha muerto alguien que no es cercano y querido, sólo puede surgir debido al apego. Imaginamos que nuestro pesar se debe a nuestro amor por el que ha fallecido, mas el amor puro no sabe de pesar : únicamente  un enamoramiento obsesivo puede sentir la contradicción de la pena.

              Hacia fines de 1990, Cristina quedó embarazada y no pudo seguir trabajando con Daniel. Se habían convertido en un equipo y compartían el trabajo por igual. El cambio iba a representar un trastorno inevitable para la familia González : el negocio iba a tener que variar de lo que había sido hasta entonces.

              Nicolás González nació el 7 de abril de 1991 a las 14:29 horas. No se presentaron problemas. Nicolás fue un bebé perfecto : hermoso y saludable. Cristo dijo a menudo que “la dicha juguetea en las tiernas mejillas de los niños en los que no hay deseos.”   Así lo percibían Daniel y Cristina.

              El amor florecía en su hogar más allá de toda expectativa : el nacimiento de su pequeño hijo era, en verdad, una dichosa experiencia. La alegría llenaba cada momento de sus vidas, incluso las noches insomnes, los pañales sucios y las ocasionales incomodidades. Muchos niños no saben lo que es el amor de una madre : Nicolás sí lo sabría.   Le había sido dado a dos progenitores comprometidos el uno con el otro y con el brindarle amor a sus hijos como mejor pudieran.  Instilarían tanto en Nicolás como en cualquier otro hijo que trajeran al mundo, el sentido de familia y los valores humanos. Les enseñarían amor y no temor. Les enseñarían a responsabilizarse por sus acciones y a mostrar siempre respeto por los adultos, por los demás y por la naturaleza. Daniel y Cristina realizaron que Nicolás era un precioso tesoro y que tenían gran tarea de criarlo y educarlo para que se convirtiera en un sincero aspirante a la verdad. Aceptaron felices esta responsabilidad.

 

 

SEGUNDA PARTE

 

 

CAPITULO SIETE

                                   La gente de hoy considera a los antiguos sabios como ignorantes que

                        nada sabían acerca de la ciencia. Pero ellos sabían más que los científicos de

                        hoy. Uno de los más grandes hombres de ciencia en los tiempos antiguos era

                        Hiranyakasipu. Era amo de los cinco elementos : éter, aire, agua, fuego y tie -

                        rra;  exploró las profundidades del océano,  todas las regiones de la tierra y los

                        más remotos confines del cielo.  Sondeó en los secretos del átomo.  No obs-

                        tante, pese a sus vastos conocimientos, no conocía su propia realidad.

                                   Carece de sentido el comparar el conocimiento de los antiguos sabios

                        con el de los hombres de ciencia modernos. Cuántos fueron los sabios que se

                        sometieron a arduas penitencias para adquirir potencias divinas.  Los médicos

                        de hoy llevan a cabo operaciones quirúrgicas.  Adquieren esta habilidad des-

                        pués de un largo entrenamiento aquí  y  en el extranjero  y después de muchos

                        éxitos y fracasos. Usan sofisticados instrumentos. En la antigüedad había un

                        muy hábil maestro de la medicina y la cirugía, el sabio Bharadwaja. Le enseñó

                        la cirugía al mundo. El fue el autor de la ciencia del Ayurveda, la Ciencia de la

                        Vida.   Las gentes consideran que los medicamentos ayurvédicos no producen

                        resultados rápidos y, en la actualidad existe la manía por os resultados rápidos.

                        La rapidez puede actuar de dos maneras.  Hoy se usan antibióticos.  Unas

                        cuantas gotas de medicamento hacen bajar la fiebre, pero, luego, la temperatu-

                        ra vuelve a subir.   También se producen reacciones adversas.  En los trata-

                        mientos aplicados por los sabios de antaño  no  se  producían  tales reacciones.

                        Como resultado de sus penitencias,  su visión  trascendía las barreras de la distancia: podían conversar directamente con los poderes de la naturaleza.  Hoy en día, se gastan enormes sumas en telecomunicaciones, radio y televisión.  En aquellos días no había gasto alguno de este tipo. Cuando la mente se purificaba y divinizaba, podían adquirir poderes sobrehumanos.”

                                                                                              ...  Sathya Sai Baba

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              Daniel dejó de trabajar por su cuenta y se empleo en una empresa que fabricaba baldosas. Se desempeñó bien en varias funciones específicas de la producción y el dueño de la empresa quedó impresionado por su capacidad. Continuaba ganando bien y podían ahorrar bastante. Fue durante este período de empleo que Daniel inventó dos nuevas fórmulas para el vidriado de la mayólica. La compañía decidió hacer uso de una de ellas y Daniel conservó la otra para su uso personal. Eran únicas en su género en cuanto a la calidad del producto y revolucionarias en cuanto a su aplicación y facilidad de venta. La empresa terminó por ganar un galardón en Australia gracias al invento de Daniel. El propietario controlaba posesivamente la fórmula y nunca le dió reconocimiento alguno a Daniel por su invento, sino que cosechó imagen, prestigio y dólares para sí mismo. Como se comprobó más tarde, la fórmula que Daniel había

inventado primero y que el industrial había rechazado, era la mejor de ambas y Daniel la guardó para sí mismo. Dios ciertamente trabaja de manera misteriosa.

              Por varios años, la familia González disfrutó de una grata vida familiar. Habían cesado hasta las llamadas telefónicas de María, y Daniel y Cristina no mantenían contacto ni siquiera con las relaciones de ésta y, por ende, su vida familiar encontró algo de orden y una semblanza de normalidad.

              Cristina quedó embarazada por segunda vez en marzo de 1994. Daniel y ella estaban entusiasmados y el pequeño Nicolás, quien tenía tres años entonces, esperaba ansioso a su hermanito o hermanita. Cristina tuvo un buen embarazo, sin problema alguno que pudieran percibir. Tuvo una buena salud durante todo el período de gestación, salvo por unos pocos días de malestar, cuando llevaba unos tres meses encinta. Durante estos días, se sintió muy mal, se puso ictérica y tuvo dificultades para moverse. Casi tan repentínamente como enfermara, Cristina se recuperó y nadie pensó más en el problema.

              Daniel aún trabajaba muy duro para la fábrica de baldosas, de modo que trajeron a Berta, la madre de Cristina, desde Argentina, para que le ayudara a Cristina con la casa y con Nicolás. Era un tiempo para la familia y querían compartir esta maravillosa experiencia con ella. Berta, por su parte, quería estar ahí para ayudar con el nuevo nieto. En esa época, Daniel y Cristina vivían en una casa antigua, muy pequeña : era adecuada para sus necesidades, pero de seguro sentirían la falta de espacio cuando llegara doña Berta.

              En castellano, el ‘doña’ representa una forma respetuosa de referirse a una señora mayor, y Daniel había tomado por costumbre referirse así a su suegra. Doña era una abuela consentidora y disfrutaba del tiempo que podía pasar con su familia en Australia. Era una maravillosa ayuda para Cristina y Daniel estaba feliz de tenerla con ellos, cuando se ausentaba por su trabajo.

              Una noche, al volver a casa, Doña le saludó con la noticia de que Cristina no se sentía bien. Doña se veía muy preocupada y Daniel se inquietó : el ver su expresión decía más que cien palabras. Nadie dudó jamás del amor que exitía entre Daniel y Cristina : eran uno y no dos. Cuando uno sentía dolor, ambos sentían dolor, emocional y físicamente. Daniel corrió donde Cristina a inquirir qué andaba mal, sólo para encontrarla sentada en la cama, sonriendo. Había sido engañado. La anhelante ansiedad fue reemplazada por un suspiro de alivio, cuando se dió cuenta que Cristina y Doña habían ideado un plan para darle la sorpresa : Cristina, simplemente, estaba lista para dar a luz a su nuevo bebé.

              Era el 6 de diciembre de 1994, comienzos del verano y el mercurio del termómetro se mantenía casi fijo por sobre los 30ºC. Era un día caluroso y no había indicaciones que la temperatura bajara antes de la noche. Los niños del vecindario jugaban bajo los chorros de las mangueras y regadores, y sus gritos de júbilo formaban parte de los sonidos del verano australiano. Los pájaros trinaban y cantaban mientras volaban a través de los surtidores o se bañaban en las pozas que se formaban en las aceras. Las cigarras se sumaban con su coro de ruidosa algarabía y buenos deseos para la pareja que salía de su hogar para dirigirse al hospital. A veces resultaban molestos y ensordecedores los ruidos del vecindario, mas en éste día todo era perfecto.

              Daniel estaba algo nerviso, como sucede con muchos futuros padres, mientras conducía a Cristina hacia el hospital. Sentía, normalmente, el cansancio después del trabajo, pero la adrenalina que corría por sus venas esta noche en particular, lo “recargaba”. Doña se quedó en la casa con Nicolás y respondió a “los tres millones “ de preguntas que hacía el chico acerca de su hermano o hermana. Se sentía algo nerviosa cuidando de Nicolás por si sola, porque no hablaba inglés y, en caso de un accidente, no estaba segura sobre qué hacer. Doña Berta también se sentía intranquila respecto del vecindario. Se producían ocasionales robos y asaltos en el barrio, aunque, en general, era una área relativamente segura.  Daniel la calmó en cuanto a que todo estaría bien : “Nuestro Angel de la Guarda la cuidará”, le dijo con una sonrisita mientras salía de casa con Cristina.

              A las 16:03 horas nació la pequeña Mercedes González. Daniel y Cristina había elegido su nombre con anticipación, porque significaba “alguien portador de gracia o misericordia”. El precioso paquetito pesó 3.8 kg., tenía cabellos de un exquisito color castaño miel y la carita de un ángel. Mercedes

nació irradiando su Divinidad. La doctora de turno era india y no la vieron nunca más después del parto. Esto era inusual. Sin embargo, antes de salir de la sala le hizo comentarios sobre la belleza de la niña a los orgullosos padres.

              “Esta señorita les va a dar problemas”. Estas fueron sus palabras de despedida, y salió para siempre de sus vidas.

              La encantadora pequeña Mercedes tenía hipnotizados a sus padres y pensaron que algo tan bello nunca podría ser un problema. Daniel y Cristina acariciaron amorosamente a su bebé, la besaron en la frente, las manitos y los piesecitos. Sabían que era un don de Dios : un regalo que llenaría sus vidas con la misericordia y la gracia de Dios. Cristina le pasó la bebita a Daniel. Se sabe que los padres son habitualmente muy torpes y se ponen tontos cuando miran a los ojos a sus hijas recién nacidas, y Daniel no fue una excepción. Memorizó cada uno de los diminutos rasgos y acarició suavemente la delicada piel, tal como acariciaría los pétalos de una rosa para no ajarlos. Daniel era un hombre tierno : tierno de corazón de mente y de alma.

              Se había ampliado la familia y ahora también se expandiría el amor con esta nueva adición. El amor puro se expande en tanto que el amor con apegos se contrae. No había nada de artificial respecto del amor que existía en la familia González. En los pocos minutos de tranquilidad después del alumbramiento, padres e hija se enlazaron con un amor que era puro y se situaba más allá del limitado vocabulario del hombre. Era un amor que los juntaba a todos como Uno : una familia de cuatro ahora, pero Un solo amor.

              Daniel puso un dedo sobre la boca de Mercedes y ésta comenzó a succionar instintivamente. Un bebé nace con este instinto al igual que el ternero que nace sabiendo succionar la leche de la ubre de su madre. Pero todos los niños deben ser entrenados para aprender a caminar, hablar, aprender etc. Así también, el amor no es un instinto : es el estado natural de aquello que todos somos. El amor puro es desinteresado. El amor puro es Divino. El amor que Daniel y Cristina le expresaban a Mercedes en esos momentos, era puro y Divino.

              Mercedes era la más hermosa bebita en todo el hospital.  Y ello no respondía únicamente a la fascinación de sus padres que la adoraban, sino que incluso otros padres en el hospital comentaban su hermosura. Mercedes se convirtió en el tema de conversación del área de la maternidad y su Divinidad irradiaba para que todos la vieran. Las personas respondían a esta belleza Divina y la interpretaban físicamente. Daniel y Cristina la veían como un mensajero divino trayendo dádivas para todos los que vinieran a oir su nombre. Por momentos pensaban que se estaban dejando arrastrar por su propio amor por ella y, tal vez, exageraban lo que sentían en sus corazones, mas los cumplidos de otros se seguíasn escuchando.

              Los últimos rayos del sol poniente entraban por los ventanales del hospital y las estrellas comenzaban a brillar en el firmamento obscuro. Titilaban como luces celestiales, deseándoles una vida bendecida a los recién llegados. Cristina estaba cansada. Daniel estaba cansado, Mercedes estaba cansada y hambrienta.

              Doña Berta llegó con Nicolás al hospital y lágrimas de amor se escurrieron dulcemente de sus ojos.  Se sentía tan feliz y emocionada viendo a su pequeña nieta. Doña rezó por que Dardo pudiera compartir la experiencia desde su posición celestial y deseó que hubiera podido estar allí en persona.

              Nicolás se mostró entusiasmado con el prospecto de una hermanita para compartir su vida y quería comenzar a jugar con ella de inmediato. La necesidad de dormir era de mayor interés para Mercedes y, por ende, le prestó poca atención al grupo de adoradores que la rodeaba. Con algo de tiempo les devolvería el amor y el afecto, pero ahora tenía que acurrucarse dentro de los seguros confines de su cuna y dormir.

              Mercedes se alimentaba normalmente en el hospital y nunca hubo signos de que hubiera o pudiera haber siquiera algún problema. Al quinto día, Daniel y Cristina llevaron su nuevo tesoro al hogar y se

prepararon todos juntos para la Navidad, como una familia unida y feliz. Nicolás la tocaba suavemente y buscaba su atención fraternal, mostrándose un poco impaciente por el hecho que durmiera tanto y no hiciera esfuerzos por jugar con él. Siguieron dos meses de dicha familiar.

              Doña compartía cada precioso momento con la familia que adoraba y era una maravillosa compañía y ayuda para Cristina mientras Daniel estaba en el trabajo. La familia vivía una bien merecida paz y armonía.

              Cuando Mercedes cumplió dos meses, se levantó el telón de un nuevo acto en al drama de la familia González.

              Daniel se encontraba en la fábrica, supervisando la producción del día. Era sábado y su presencia era imperativa. Por otra parte, las cosas no marchaban de la manera habitual ese día. Daniel comenzó a sentirse inquieto y nervioso. Le parecía tener un nudo en el estómago y reconoció estas sensaciones como las que tenía cuando Cristina estaba en dificultades.    

              Telefoneó a casa y no obtuvo respuesta. Dejó un mensaje en el contestador automático. Algunos minutos después volvió a llamar y repitió su mensaje. En quince minutos, Daniel había llamado cinco veces y dejado cinco mensajes. Su inquietud y preocupación iban en aumento. No le era posible dejar la fábrica justo ese día, porque no había nadie en quien delegar la autoridad. El apagar los hornos no era posible, debido al intrincado proceso de producción e incluso en una emergencia no se podían interrumpir los otros varios procesos que funcionaban en línea. Daniel se movía inquieto a través de sus rutinas de trabajo : este requería de atención al detalle y él se estaba comportando como una computadora en “automático”.  Despachó todas sus labores con precisión, aunque estaba todo el tiempo centrado en sus sensaciones del problema inminente que, sabía, existía en su hogar.

              Aproximadamente media hora después, Cristina telefoneó desde el hospital. Como siempre calma y controlada, por lo menos en su actitud, Cristina le comenzó a relatar los eventos del último par de horas a un inquieto Daniel.

              Comenzó por un “... no te preocupes. No te pongas nervioso. Mercedes está bien.” Se trataba justo del tipo de expresión que lleva a inquietarse a algunas personas, y Daniel esperaba que siguiera con el provervial ...”pero”...

              “No quiero que te preocupes...”,  le imploró ella con afectuosa sinceridad. “Mercedes está bien.  Tuvo una fiebre”, reiteró Cristina varias veces. “Por favor, ven a buscarnos al hospital. Te explicaré todo cuando llegues.”

              Mercedes había manifestado una especie de ataque y la forma en que se contorsionaba había asustado a la Doña, a Cristina y a Nicolás. Cristina y Doña Berta trataron de mostrarse calmadas, serenas y controladas : sólo un acto para que no se intranquilizara Daniel. Era la primera vez que Cristina había tenido una experiencia de esta naturaleza y, debido a que se trataba de su hija, aumentó la intensidad del drama. Sentía que el desapego era aplicable sólo a casos que no exigieran que se involucrara emocionalmente. El amor de una madre, decidió, constituía justificación suficiente para la inquietud y la angustia.  Siendo este el caso, Cristina era un ser humano desinteresado y siempre consideraba a los demás antes que a sí misma. Su preocupación se centraba en los sentimientos de Daniel. Su necesidad de saber que éste no se preocuparía, era mayor que la necesidad de centrarse y de buscar simpatía para sí misma.

              Cuando Daniel logró, finalmente, cerrar la fábrica partió rápidamente en busca de su familia en el hospital. Con los brazos de Daniel rodeándola firmemente en un abrazo lleno de amor, Cristina estuvo dispuesta a liberar las emociones reprimidas de la perturbadora experiencia de esa tarde. Mas Cristina fue estoicamente fuerte y, una vez más, consideró a Daniel primero.  Este aún estaba desinformado respecto a lo sucedido aquel día y era comprensible que se mostrara preocupado y molesto. Ella recionalizó el que Daniel requería claridad y no histeria y le contó, lo mejor que pudo, la traumática experiencia con su hija.

              Los médicos habían indicado “puede que éste sea un episodio aislado...”   No obstante, esta declaración les dejaba con poca o ninguna seguridad. “Puede suceder de nuevo o puede que no. No hay garantías en ningún sentido”, conluyeron. Los médicos sugirieron también que, tal vez, Mercedes podía ser candidata al Síndrome Infantil de Muerte Súbita, pero nadie podía decirlo con certeza... y nadie ofrecía llevar a cabo o permitir ningún examen de seguimiento para confirmarlo.

              Daniel estaba desesperado por obtener respuestas, pero no aparecían. El día anterior al ataque, Mercedes había recibido su primera dosis de la vacuna de antígeno triple y Daniel le preguntó a los médicos si el ataque podía responder a algún tipo de reacción a ella.  “Eso es un disparate...”, fue la respuesta.

              Desde ese momento en adelante, sus vidas cambiaron por completo. Estaban todo el tiempo en ascuas observando cualquier señal que pudiera ser síntoma de alguna otra cosa. En un comienzo ambos eran paranoicos observadores llenos de incertidumbre. Estaban nerviosos... excesivamente atentos...  exageradamente consentidores. Eran, simplemente, padres que amaban a sus hijos más que a la vida misma y que enfrentaban un desafío al que no estaban seguros de poder responder.

              Este fue el comienzo de muchos meses de noches sin dormir. Observaban a Mercedes contínuamente, de día y de noche.  Era para ellos un deber que cumplían con alegría.

              Pasó una semana de estas nuevas rutinas y Mercedes sufrió otro ataque, y dejó de respirar. Fue una bendición que Cristina estuviera junto a ella en ese momento y no ocupada bañándose o en quehaceres domésticos. Para ahora, Daniel creía que, si había un Dios, El estaba observando y a cargo. Su enfoque y creencias estaban cambiando desde los Angeles de la Guarda hacia una fuente de Divinidad infinita y absoluta : Dios. Creía que había sido Dios el que se había asegurado que Cristina estuviera con la pequeña cuando ésta dejara de respirar. Había una diferencia entre este “episodio” y el primero : esta vez, Mercedes había gritado antes. El grito, por lo menos, era una buena advertencia. Cristina reaccionó rápidamente y llamó un taxi.

              La Doña cargó muy nerviosa a Mercedes, mientras Cristina se hacía eficientemente cargo de la situación. Como la Doña no hablaba inglés, no pudo ayudar llamando por teléfono. Mercedes se veía aún algo lívida, pero recobraba de a poco su color y había comenzado a respirar de nuevo para cuando el taxi se detuvo frente a la casa. Pareció una eternidad y no los diez minutos que tomó llegar al taxi y que partieran rápidamente hacia el servicio de emergencia del hospital

              Debido a que, superficialmente la condición de Mercedes parecía normal, la opinión médica fue que no se encontraba en peligro inminente, por lo tanto, esperaron mientras los médicos atendían los casos “más urgentes”.

              Los hospitales públicos en Australia están recargados de pacientes e infradotados en personal : tal vez sea ésta también una queja común en muchos países. Si se cuenta con el dinero para una cobertura privada, la atención se logra a menudo algo más rápida y más eficientemente. No obstante, el personal no siempre es responsable de los problemas en los hospitales públicos : los problemas residen en los “sistemas”. La codicia, la burocracia y la política superan los principios básicos del cuidado de la salud.

              Sathya Sai Baba ha dicho : “Los hombres sostienen que pertenecen al ‘género humano’. Pero requieren desarrollar la bondad. Es meritorio el ayudar a otros; es pecaminoso el causarle daño a otros. Para expresarlo más sucintamente, el mensaje reza : ayuda siempre, nunca dañes. Esto representa el deber de los médicos de hoy. Han adquirido valiosos conocimientos : ellos debieran ser usados para el bien público. Mientras más se use de esta manera, más crecerá. Estén siempre preparados para servir al paciente que llegue hasta ustedes. Es un signo de debilidad el rechazar a un paciente con la excusa de la incapacidad. Tienen un poder otorgado por Dios : sean conscientes de su poder. Los doctores debieran reconocer la importancia de los valores humanos : verdad, rectitud, paz, amor y no violencia. El amor constituye la base para todos los demás valores. Los médicos le pueden infundir valor a los pacientes gracias al amor que les demuestren. Si los méddicos cumplieran con sus deberes con amor, sus esfuerzos siempre se verán coronados por el éxito. Pueden recibir honorarios de los pacientes ricos, pero deberán tratar gratuitamente a los pobres. Dedíquenle un día a la semana a la entrega de servicio médico gratuito a

las personas, sin consideración de nacionalidad o credo. Un tal servicio les conferirá una alegría espontánea y les capacitará para experimentar lo Divino. Hagan del amor la cápsula que le ofrezcan a sus pacientes. Cuando llegue un paciente débil, no se contenten con ofrecerle glucosa o alguna otra cosa. Dénle la inyección del amor : eso le dará fuerzas instantáneamente. Háblenle con amor, dénle los medicamentos con amor y manténganlo de buen humor. Esa es la manera de hacerlo feliz. La felicidad es unión con Dios. Todo lo que hagan con amor será gratificante.”

              Todos debieran tener acceso a la atención de la salud cada vez que lo requieran, y ésta debiera brindarse con compasión y paciencia. Cristina llamó a Daniel desde el hospital y le contó lo sucedido. Por intuición, Daniel estaba esperando el llamado y se las arregló para salir de inmediato de la fábrica. Esta vez, Daniel llegó al hospital hecho un atado de nervios. A Cristina se le notaba la tensión, pero se sintió contenta de tener a Daniel a su lado.

              El médico le había administrado una droga a Mercedes : Tegretol, indicada contra la epilepsia. Este nuevo desarrollo en la corta vida de la pequeña les resultaba difícil de manejar. No eran ellos los que estaban en control de la situación : lo estaban los médicos y enfermeras.

              Cristina le tenía confianza a los médicos y a sus decisiones, Daniel no. Su fe estaba puesta en otra cosa. Esta “otra cosa” era Dios, aunque aún no había hecho girar por completo la llave hacia esa percepción. Su conciencia y sus sentimientos le decían una cosa; los médicos, otra. Se encontraba en un conflicto constante en medio de estas contradicciones.

              Daniel repasó el escenario en su mente, mientras contemplaba el rostro de querube de su hijita : Mercedes era tan pequeñita, tan vulnerable, tan inocente. ¿Por qué tenía que pasar todo ésto? ¡Por Dios, si no tenía más que dos meses de vida! ¿Qué podía haber hecho para merecerlo? ¿Estaba pagando por algo que hubieran hecho ellos?  ¿Les había sido dada como un regalo de Dios sólo para que se acordaran de El?

              La droga parecía estar actuando. Mercedes estaba quieta y calmada, pero quizás eso nada tenía que ver con la droga. Los médicos les permitieron llevarla a casa, pero para ellos había más sensación de seguridad mientras estuviera en el hospital... en casa se sentían como caminando sobre huevos. Los fantasmas del pasado de Daniel estaban de regreso ahora, mas no para acosarle, sino para apoyarlo. Recordó sus días en el hospital, cuando niño, cuando se había sentido seguro por primera vez.  El recuerdo representó como una capa protectora que le ayudaba a enfrentar el trauma actual.

              Nadie sabía con certeza qué pasaba con Mercedes. Los doctores prescribían medicamentos para un problema supuesto, mas ¿qué pasaría si su condición no era una epilepsia? ¿Y qué si la medicación aumentaba el problema en lugar de ayudar?  Existían muchos “y qué si” con los que tenían que enfrentarse Daniel y Cristina, tanto mental, como física y emocionalmente. No estaban ansiosos por llevarse a Mercedes a casa y se aferraban a los temores de perder la seguridad que les ofrecía el hospital. El él, los profesionales contaban con su pericia y su equipamiento : en casa no tenían más que amor y una confianza creciente en Dios. Un giro en la concienciación les mostraría a ambos cuál era la mejor capa protectora.

              La ciudad en que vivían estaba comenzando a entrar en la estación calurosa y Doña empezaba a mostrarse ansiosa por regresar a Argentina. Echaba de menos el clima más fresco y a sus otros hijos y nietos. Doña llamaba por teléfono a casa y no hablaba sino trivialidades con los miembros de la familia, pero ésta era, tal vez, su forma de habérselas con las emociones que daban vueltas por su cuerpo y su mente. Se encontraba en un país extraño, cuyo idioma era incapaz de hablar, y se esperaba de ella que cuidara de un chico de cuatro años, en tanto que una seria crisis se estaba representando a su alrededor.

              Ciertamente que había cambiado el panorama. Cuando recién había llegado la Doña, la familia virtualmente no tenía problemas y todo era fluido. La crisis con Mercedes había resquebrajado algo esa pacífica existencia y muchos de los pequeños sistemas de apoyo habían desaparecido, inocentemente. Había momentos en que Doña Berta se sentía sola y aislada, y se volvía hacia los asuntos de Argentina en cuanto fuerza estabilizadora en la cual apoyarse.  De esta manera enfrentaba sus propias tensiones. Si

se distraía mentalmente de una crisis inmediata hacia un problema en Argentina, percibido o fabricado, podía absolverse momentáneamente  de responsabilidades. Esto puede no haber sido una resolución tomada conscientemente... mas la mente se dedica a muchos juegos con nuestras sensibilidades.

              Daniel y Cristina necesitaban desesperadamente a alguien que les ayudara en este momento crítico de sus vidas. Era necesario vigilar de contínuo a Mercedes, sin olvidar al pequeño Nicolás que, en medio de todos los inesperados problemas, requería de un afectuoso cuidado. Daniel trabajaba aún en la fábrica de baldosas y Cristina debía sobrellevar una gran parte de la carga de alimentar y cuidar a Mercedes.

              Doña Berta se angustió mucho cuando Daniel y Cristina mencionaron la posibilidad de una epilepsia.  Epilepsia era el resultado, pero ¿cuál era la causa?  Una consideración eran los traumas o tumores cerebrales, pero ésto no hacía sino despertar más temores. No era sino una discusión especulativa y angustiante. Doña estaba muy familiarizada con los viejos relatos sobre la epilepsia en la Biblia y la consideraba como algo similar a una maldición. Las prácticas del ‘mal de ojo’ que son comunes an algunos países latinoamericanos, también representaban un temor íntimo. Lo que había oído sobre la ‘Macumba’ practicada en Brasil, también la preocupaba. Doña Berta se estaba creando su propio drama mental e iba a tener que enfrentarse con él tiempo después.

              Daniel y Doña Berta se llevaban muy bien. Su relación era de respeto. No siempre concordaban ambos y podían llegar a trenzarse en acaloradas discusiones, pero sentían un mutuo amor. En lugar de crear otro drama más en sus vidas, Daniel y Cristina decidieron no tratar de persuadir a Doña Berta para quedarse por más tiempo. De modo que partió rumbo a la Argentina y ellos se quedaron para enfrentar sus problemas como una unidad familiar.

              Mercedes permaneció bajo medicación y se mantuvo por tres meses “sin ataques”. Cristina continuó con su vigilia de 24 horas, pudiendo dormir muy poco. Mantenían consultas regulares con los médicos y se llevaban a cabo contínuos controles del progreso de la bebé.

              En cuanto a la pequeña, parecía hacerse más linda con el transcurso del drama  que la tenía en el papel principal. Así como su belleza era siempre evidente, también era visible que estaba subiendo de peso.  No era un aumento de peso normal, paralelo a su crecimiento : se veía abultada. Las preguntas planteadas a los médicos revelaron que las drogas que se le administraban contenían esteroides.

              Los médicos no le habían explicado ésto a Daniel o a Cristina. Resultaba preocupante, en primer lugar que no se hubiera hablado de esteroides y, luego, que no se hubiera consultado acerca de la decisión de administrarle a la pequeña una droga que los incluyera. La “niña llena de mercedes” parecía estar a merced de los facultativos y sus capacidades, mas, en realidad estaba llena de gracia y a merced de la Voluntad de Dios.

              A través de todos estos problemas, Mercedes se mantuvo siempre feliz. Nada parecía atemorizarla. Físicamente asombraba : siempre estaba sonriente y constantemente activa.  Ya tenía cinco meses. Se comunicaba bien para su edad y aprendía fácilmente.

              Dios se estaba moviendo, decididamente, en las vidas de la familia González. Daniel y Cristina siempre parecían saber anticipadamente cuando algo iba a suceder. ¿Se trataba de un sexto sentido o del susurro de Dios respondiendo a cada una de sus necesidades? ¿Es ésto una y la misma cosa, sólo que interpretada diferentemente?

              El Señor del Tiempo llevó a la familia González a través de nuevas rutinas y las semanas se fueron convirtiendo en meses. Había muchos aspectos en el desarrollo de Mercedes que parecían normales : era como cualquier otro infante. Desde el punto de vista de Nicolás, ella era su hermanita y ambos disfrutaban horas de gozo en mutua compañía. A Mercedes le gustaba bailar, cantar y jugar. Le encantaba darle de comer al papá e inventar reuniones para el té. Estaba siempre contenta. Desde una óptica superficial, era una bebé normal.

              Una mañana, cuando tenía ya dieciseis meses de vida, Daniel estaba en medio de sus preparativos para irse al trabajo y Cristina le preguntó :”¿Tienes que ir a trabajar hoy?”  “Sí...  ¿Qué pasa?”, le respondió.  “Por favor... ¡no vayas hoy!”, le imploró su mujer.

              La familia lo era todo para Daniel : aún le quedaban las cicatrices del abandono de sus padres y había jurado que eso nunca le sucedería a su familia. Daniel respondió a este llamado desde el corazón de Cristina y llamó a su trabajo para que alguien viniera hasta su casa a recoger las llaves y fuera a abrir la fábrica. Todo se arregló perfectamente.

              Quince minutos después, Mercedes sufrió un ataque, el que duró 40 minutos. Daniel y Cristina estaban frenéticos y creían que, esta vez, su tesoro se les moriría.  Daniel se paseó con ella en sus brazos, manteniendo un dedo en su boca para asegurarse que seguía respirando. Caminaba, cargándola, de un lado para el otro. Era un hombre desesperado. Le repitió tantas veces a su hija que la amaba, que su garganta enronqueció.  Lágrimas de puro amor por ella corrían por sus mejillas, pero no se dió el tiempo para secárselas. Las lágrimas de Daniel caían sobre la carita desfigurada de Mercedes, como las gotas de rocío que humedecen los botones de rosa al amanecer.

              Mientras Daniel traba de mantener viva a Mercedes, Cristina llamaba una ambulancia.  La mujer que recibía los llamados demoraba la conversación, verificando cómo se escribía el nombre de la calle. Cristina repetía el nombre, deletreándolo una y otra vez. Daniel escuchaba la absurda conversación con creciente sentimiento de frustración. Tomó el fono de manos de Cristina y reconvino a la mujer : “¡Qué pasa con usted! --gritó-- ¡Nuestra hija se está muriendo!  Mi mujer le ha deletreado el nombre de la calle varias veces... ¿Es usted sorda?”   Daniel no estaba de ánimo para ser educado...  “Lo siento, --contestó ella-- sólo estoy confirmando la dirección.”  

              “En toda la ciudad hay una sola calle con ese nombre, no necesita seguir verificando. ¡Mándenos una ambulancia!  Asigne una ambulancia y mi mujer podrá seguir dándole todos los detalles que quiera.”

              La mujer accedió y se disculpó con Daniel. La ambulancia llegó en tres minutos. Daniel se fue con su hija al hospital y Cristina se quedó con Nicolás que estaba profundamente dormido y no despertó pese a toda la agitación. Sólo la gracia de Dios podía haber ocultado un drama así de los ojos de alguien tan inocente.

              El personal médico llevó rápidamente a Mercedes al servicio de emergencia y Daniel tuvo que mirar, impotente, mientras los médicos le aplicaban todo tipo de instrumentos a su pequeño ángel. Daniel hizo muchas preguntas, mas en situaciones de emergencia no todas las respuestas llegan inmediatamente. Cuando pasó el punto máximo de la crisis, Daniel le telefoneó a Cristina para informarle que Mercedes había sobrevivido algo que los médicos habían denominado como un “conglomerado” epiléptico. El poder del amor había sostenido una vez más a la familia a través de otra crisis.

              Resulta difícil entender la determinación y la fuerza que son activadas por el amor. Aquí hay una pequeña historia que relató Sai Baba para ilustrar una situación de este tipo. “Había una vez una persona llena de amor. Estaba nadando en un río. Como había llovido torrencialmente, las aguas estaban turbulentas. De pronto, vió a un escorpión. Lo recogió suavemente y lo colocó en la palma de su mano. Como está en la naturaleza del escorpión el picar, éste picó al hombre, el cual lo dejó caer de vuelta al río. Pero, como no podía soportar el verlo morir, lo volvió a coger y lo salvó. Nuevamente fue picado. Apareció un pastor de ganado y le preguntó : ‘¿Por qué tratas de salvarlo? ¿No ves que su naturaleza es la de picar?’   El hombre bueno replicó : “Puede que esa sea su naturaleza, mas la mía es amar... ¿Por qué habría de dejar de lado mi naturaleza?’  Cuiden de no cambiar nunca su naturaleza.”

              Daniel habría de sentir muchas veces más la picada del escorpión y de muchas maneras diferentes, y su fortaleza y determinación se apoyaban en su capacidad de serle fiel a su verdadera naturaleza.

              Daniel se tomó unos minutos para calmarse antes de volver junto al lecho de Mercedes. Reflexionó sobre los pasados dieciseis meses. “¿Por qué?”, se preguntaba. Una y otra vez se repetía la

misma pregunta y, por alguna extraña e incomprensible razón, sintió que lo invadía una abrumadora sensación de paz. Podía haber seguido haciendo la pregunta, mas ¿era necesario? No parecía importar ya el saber el “por qué”. La paz era su propia respuesta. Estaba más allá de las palabras y las explicaciones : era simplemente un estado mental.

              Daniel trató de encontrar alguna conexión racional respecto a los ataques. Podía armar el rompecabezas sólo en cuanto a reconocer las ocasiones en que Mercedes había sufrido de infecciones como bronquitis o grippe, pero ello tampoco le daba las respuestas que buscaba. Aunque éste había sido quizás el peor de los ataques que había sufrido, probablemente había sido mejor encarado que los anteriores. Daniel y Cristina estaban aprendiendo a enfrentar de manera diferente las necesidades y dificultades de su hija. Se desvinculaban y, por ende, eran más eficientes y efectivos en la ayuda que podían brindarle.

              El médico puido observar que este “conglomerado” había desalentado a Daniel. En un sentido expresaba desapego, mas, creyendo que la vida se escapaba lentamente del cuerpecito de su hija, mientras ésta se retorcía y sufría convulsiones, ello le resultaba más difícil y agotador. Daniel tenía aún que manejar una gran medida de apego.

              El doctor le llevó a un lado y le indicó que Mercedes no moriría por causa de un ataque. Esta indicación ciertamente le ayudaría en el proceso de desapego, pero se preguntaba si alguna vez podría mantenerse distante viendo como el cuerpo de su amada hija se contorsionaba en grotescos espasmos.  “¿Será éste otro de esos ejercicios para formar el carácter?”, se preguntaba. El médico concluyó, diciendo que necesitaban traer a Mercedes al hospital sólo si el ataque duiraba más de cinco minutos. Desde los cinco meses, había manifestaciones que duraban alrededor de dos minutos...  aunque a ellos les parecieran dos horas.

              Fue durante este período que los médicos fueron aumentanto periódicamente la dosis de Tegretol. Afirmaban que la droga era un anticonvulsivo seguro. Esta declaración podía tranquilizar a algunas personas, mas no así a Daniel. No creía que ninguna droga fuese “segura”. Ninguna cantidad de pruebas de laboratorio con las drogas podía asegurar la inocuidad de éstas ni el bienestar del individuo o, genéticamente, de la vida de su progenie. Daniel sentía que quienes expresaban generalizaciones como ésta eran, o flagrantes mentirosos o, simplemente, ignorantes en cuanto a las reales y/o posibles implicaciones. En cualquier caso, a su entender, hacer estas declaraciones era inapropiado. Daniel creía que la gente debería saber que todas las drogas podían producir una u otra forma de efectos colaterales y que debería permitírsele el elegir en cuanto a su empleo.

              Daniel nunca se había sentido satisfecho con el diagnóstico inicial de epilepsia. El hecho de que Mercedes hubiera tenido fiebre con el primer ataque, indicaba que no se trataba de epilepsia. Pero había sido tratada con drogas que eran específicas para el mal. Por otra parte, en la etiqueta de estas drogas se indicaba “no usar en niños menores de 12 años”. Daniel no era alguien que aceptara sin más las opiniones de otras personas, sin considerarlas largamente y sin reflexionar acerca de ellas. Sin embargo, en el caso de su hija, estaba a merced “del sistema”.

              Mercedes continuaba engordando. Pesaba 22 kilos y Nicolás que era cuatro años mayor, pesaba 24. Pese a que, a primera vista, las drogas parecían estar controlando el problema, tal vez estaban creando otro al mismo tiempo. Daniel seguía sin aceptar que Mercedes sufría de epilepsia y, por consiguiente, le asaltaban dudas con respecto a las drogas específicas que se le estaban administrando.

              En febrero de 1996, Mercedes sufrió otro “conglomerado”. La ambulancia la vino a buscar de inmediato y la llevó al hospital Esta vez fue necesario admitirla por algunos días. Otra vez fueron momentos muy difíciles.  

              Los médicos querían cambiar la medicación. Pensaban que Mercedes crecía rápidamente y que la droga no era lo suficientemente potente. Daniel no estaba de acuerdo : Mercedes había pasado por catorce meses de infierno. No obstante, “el sistema” decidió que había que aumentar la dosis... y se hizo.

              Mentalmente, Daniel y Cristina estaban aprendiendo a arreglárselas con muy poco sueño. Habían pasado catorce meses desde el primer ataque y ese había sido el último día en que habían tenido rutinas familiares “normales”. Daniel aún tenía su trabajo en la fábrica, mas se encontraba en un constante conflicto intelectual entre sus responsabilidades laborales y las de su familia.

              Para Daniel nunca podía haber realmente una elección : la supuesta elección residía únicamente en la oportunidad. La familia siempre constituía la prioridad y su primera opción. Además, Dios bajo el disfraz del Tiempo, estaba por abrir otra puerta para Daniel. A lo largo de los meses, este descubrió que estaba aprendiendo a reaccionar frente a las llamadas telefónicas. No se trataba de algo que intentara hacer, sino que era algo como que sus facultades mentales estuvieran en “piloto automático”. Cuando sonaba el teléfono en la oficina, Daniel reaccionaba : su cuerpo se ponía rígido anticipando que la llamada pudiera ser de Cristina para avisar de otro trauma con la pequeña.

              Al igual que con Cristina, Daniel tenía una suerte de comunicación con Mercedes. Era telepático : sabía cuando el peligro era inminente.  No era importante para él cómo lo sabía, lo sabía simplemente, y eso era lo principal.

              Aproximadamente un mes más tarde, Cristina llamó a Daniel a la oficina (una llamada que este a medias esperaba) para comunicarle que Mercedes  estaba sufriendo de otro “conglomerado”. Daniel se dirigió de inmediato al hospital. La pobrecita Mercedes tuvo que soportar dos ataques de este tipo más durante ese mes.

              Otra mañana, Dios estaba disponiendo enseñarle a Daniel otra lección en la trama de la vida. Daniel se encontró en fina sintonía con su afable voz interior : sintió que iba a producirse otro problema con su hija. Se le había hecho el hábito de telefonear tres o cuatro veces al día a casa para saber de Mercedes y para brindarle un apoyo emocional y afectuoso a su mujer.  Esa mañana en particular, ésta no contestó el teléfono. Como tampoco respondía la contestadora automática, Daniel llamó a la compañía telefónica para que revisaran la línea. Daniel se puso frenético. El desapego no era un pensamiento o una consideración. Dejó el trabajo y se apresuró en ir a casa. Durante todo el trayecto, se oyó a sí mismo rogándole a Dios : repetía una y otra vez... “¡Por favor, Dios, no me hagas ésto!”  Es probable que haya roto con todos los límites de velocidad para llegar a casa y no entendió por qué ningún policía lo había detenido.

 

              Cristina lo saludó en la puerta con expresión de sorpresa... Daniel estaba demasiado agitado y demasiado alterado como para proceder a un análisis...

              “¿Por qué no respondiste a mis llamados?”, preguntó impaciente.

              “Estuve aquí todo el tiempo y el teléfono no ha sonado”, respondió ella con calma.

              “¡Qué tipo de juego tienes entre manos, Dios!  ¡Esto no es justo!...”, gritó mentalmente hacia el éter.

              La confusión fue demasiado para Daniel. Se dejó caer en un sillón y lloró descontroladamente por veinte minutos. Tenía que ventilar toda una vida de emociones. Tenía que echar fuera con el llanto hasta el último vestigio residual del dolor que siguiera atormentándolo. Cristina le tenía tomadas las manos y lo miraba con compasión. Dejó, simplemente, que las lágrimas corrieran de sus ojos, mientras su corazón se llenaba con la gratitud del amor.  Y el amor de ella lo sostenía a él. Daniel podía contar las lágrimas de dolor y controlar su pesar o podía, sencillamente,  dejarlas fluir. Eligió dejarlas fluir todas. Gracias a esta decisión sintió la libertad del desapego... se sintió verdaderamente en paz.

              Daniel fue a trabajar al día siguiente y dió un preaviso de siete días. Nadie creía que se iría y no tomaron en serio su renuncia. En varias ocasiones había querido renunciar, debido a la necesidad de aliviarle la carga a Cristina, pero esta vez se había resuelto definitivamente.

              “Esta vez me voy”, afirmó.

              Se le propuso dinero y se le ofreció hacerlo socio. John, el propietario, tenía conciencia del valer de Daniel para la compañía y, a lo largo de los años, muchas veces le había prometido incrementos financieros por su dedicado trabajo. No obstante, John era codicioso y sus promesas verbales siempre quedaron en nada.

              “No es un asunto de dinero.” --enfatizó Daniel-- “Es un asunto de principios. No trabajaré a tiempo completo para nadie, hasta que no mejore mi hija.”

              John se dió cuenta que, esta vez, Daniel hablaba probablemente en serio, e hizo que sus promesas parecieran legítimas. Mientras reiteraba sus “promesas”, el trofeo por haber ganado el premio australiano por una revolucionaria baldosa nueva, años antes, lucía irónicamente como una advertencia para Daniel en cuanto a prestar oídos a sus sentimientos más que a las inciertas promesas de un hombre desesperado. Había sido la fórmula de Daniel la que había sido el factor que contribuyera a ganar ese premio, aunque en ningún momento se le había dado el crédito por su invento. John era un hombre obsesionado con su propia importancia           y Daniel no deseaba asociarse más a su compañía, su falta de ética y sus vanas promesas.

              El talento y la pericia de Daniel le habían producido millones a la empresa, mas al incrementarse sus gastos médicos, lo único que aumentaba para él eran las horas de trabajo y las promesas : la cantidad de dinero en su bolsillo seguía siendo la misma. John, entretanto, continuaba aludiendo al tema del dinero, siendo que la razón para la renuncia de Daniel se debía, en primer lugar a que su prioridad la constituía el bienestar de su familia y, en segundo término, el que la ética de la empresa era incompatible con su escala de valores. Si hubiera existido una compatibilidad de ideales y de ética con la compañía, de seguro podría haberse continuado la relación laboral. Como no era este el caso, Daniel no podía seguir comprometiendo sus valores.  

              El propietario necesitaba a Daniel y su pericia, mas y como había sucedido con la anterior empresa en Argentina, Daniel pudo ver los signos de la corrupción  y la carencia de ética comercial, cosa que ya no podía tolerar. La última gota que rebalsara el vaso la constituyó algo que había sabido la semana anterior : la empresa estaba echando todos sus desechos químicos tóxicos al río local. Se enfureció y se dió cuenta que, una vez más, no podía seguir comprometiendo su sentido ético para satisfacer la falta de moral de la compañía. Renunció en términos inequívocos.

              Sathya Sai Baba ha hablado sobre estos temas y ha dicho : “En el mundo de los negocios y en el contexto de la administración industrial, la no violencia tiene un significado social mucho más amplio que el simple evitar de hacerle daño a otros. El evitar la contaminación de la atmósfera o de los recursos naturales como los ríos, es una de las maneras en que una empresa puede practicar la no violencia. Por esta vía, los administradores industriales pueden hacer en gran medida el bien cuando adhieren a los valores humanos y adoptan un enfoque espiritual frente a las tareas del mundo de los negocios.”

              Daniel exploró el área en busca de un trabajo que ofreciera un horario flexible y que quedara cerca de su hogar. No pudo encontrar nada adecuado. O eran horarios no apropiados o no era apropiado el empleo. Decidió, una vez más, trabajar por cuenta propia.

              Se mudaron a una casa más amplia, como para poder trabajar también en ella, y Daniel comenzó a producir su propia línea de baldosines cerámicos por contrato, para diferentes compañías. Ganó un contrato que lo llenó de esperanzas, con una pequeña empresa manejada por una buena pareja, mas, a poco andar percibió que tampoco era honesta en sus tratos. A menudo, Daniel le preguntaba mentalmente a Dios : “¿Por qué me haces ésto, Dios? ¿Para qué me estás probando? ¿Por qué me encuentro tratando con negociantes que son deshonestos?”  Daniel había comenzado a vislumbrar un patrón que estaba muy claramente entretejido en su vida y, al darse cuenta conscientemente de él, podía quizás hacer algo al respecto.

              Firmó un contrato por tres meses con esta empresa. Le ofrecieron espacio para un despacho y grandes promesas para el futuro. Conocían su reputación y sabían que en la industria del ramo lo querían

a él y a su talento. Esta pequeña empresa se sentía muy afortunada de contar con sus servicios cuando todas las corporaciones mayores los querían.

              Un día, se extravió el libro de fórmulas que había compilado Daniel y éste supo dónde había ido a parar y quién lo tenía. Vió al propietario con su libro, aunque éste, por supuesto, negó tener conocimiento de su paradero.

              Daniel renunció a su asociación con la empresa y, finalmente, el libro le fue devuelto. Daniel estaba enfadado : sabía que sus fórmulas le habían sido devueltas después de que se hubieran fotocopiado todas sus notas. Mas esta experiencia le estaba enseñando aún otra lección. ¿Cómo podía, realmente, poseer cualquier cosa? ¿Era posible para cualquiera de nosotros el poseer algo, tal vez, incluso, nuestros propios hijos? Estas fórmulas nunca habían sido realmente suyas... no representaban más que un préstamo para ayudarle en el papel que estaba desempeñando. ¿Eran sus hijos también sólo un préstamo para él y para Cristina, y no eran ellos más que sus tutores hasta que fueran responsables por sus vidas? Sin hacer uso de la palabra ‘Dios’, le daba el crédito de la propiedad a alguna autoridad divina. Daniel supuso que lo que lo había dominado era la idea de posesividad y lo había llevado a enojarse tanto : se trataba de una emoción carente de valor y futil.

              Daniel giró hacia otra gema de sabiduría y siguió cuestionando su realidad : “Entonces, ¿qué es lo que realmente nos pertenece?”, se preguntó. “Si, en verdad, no nos es posible poseer nada, entonces no somos sino depositarios de todo lo que existe en el planeta. Sólo nos imaginamos que podemos esgrimir un título de propiedad : nada nos pertenece realmente. Mas, ¿cuánto control tenemos? ¿Podemos vivir como nos plazca?  ¡No! El cuerpo no es nuestro. Todo le pertenece a Dios...  hasta Mercedes.” ¿Estaba Daniel conversando consigo mismo ... o con Dios Mismo? Entendió la verdad de la lección que se le presentara en bandeja de plata... y se liberó de la idea de que pudiera alguna vez ser dueño de las fórmulas y, en consecuencia, también del temor de perderlas a manos de la competencia.

              El hombre es dominado por las falsas ilusiones del ego y la posesividad. Para entender la verdad debemos ir más allá de la ilusión. Daniel estaba aprendiendo a interpretar bien su papel.

              El socio de la empresa no se sintió feliz de ver rota la relación y trató de persuadir a Daniel para que se quedara. Mas éste estaba poniéndose sabio en cuanto a su discriminación : reconoció la necesidad que lo llevara a asociarse a la empresa, mas con la lección aprendida podía desapegarse y moverse con libertad.

              Daniel comenzó a producir para una empresa norteamericana que estaba muy entusiasmada con su técnica. Esta era una buena relación laboral y Daniel ingresó a esta compañía, mientras también seguía vendiendo  baldosas en el mercado local.

              Sathya Sai Baba dice : “Los sentimientos de ‘mío’ son causa de pesar; la ausencia de posesividad es causa de felicidad suprema. La real felicidad radica en el desechar el ansia de adquisición, en el rendirse a Dios y en el experimentar la dicha del espíritu. Los hombres debieran empeñarse por lograr este tipo de felicidad, eliminando de sí mismos toda idea mezquina, desarrollando una visión amplia y realizando la Divinidad que lo sostiene todo.”

 

 

 

 

CAPITULO OCHO

                                   “Cualquiera sea el saber que uno pueda adquirir; cualesquiera sean

                        los diplomas de que uno pueda hacer gala;  cualquiera sea el poder o la po-

                        sición que uno pueda esgrimir; cualquiera sea el culto que uno pueda llevar

                        a cabo, uno no podrá alcanzar la liberación a menos que le tenga un profun-

                        do amor a Dios. Cultiven en primer término ese amor.  El amor lo es todo.

                        La verdad  y  el amor debieran ser considerados como los dos ojos de cada

                        persona. Si tuviéramos estos dos ojos, podríamos dominar al mundo.”

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              Mercedes estaba empeorando y eran tiempos difíciles para Daniel y Cristina. Aunque, por otra parte, el ambiente laboral era mejor ahora y había disminuído la presión : Daniel era responsable ante sí mismo, ante su familia y su conciencia.

              Un nuevo acto en el libreto de la familia González comenzó el 7 de mayo de 1996 : el Día de la Madre. Tanto a Daniel como a Cristina les encantaba cocinar y ambos tenían especialidades que les gustaba preparar. El Día de la Madre no se discutía quien iba a cocinar : Daniel era el entusiasta voluntario. Las comidas de Daniel no eran algo que uno pudiera armar rápidamente. En su opinión, el preparar una comida era un evento importante.

              Ese día planearon compartir la fiesta con algunos amigos, de modo que Daniel se iba a dar un gran trabajo y se esmeraría con los detalles. Daniel preparó la masa para su pan italiano especial y la dejó aparte para que se levantara, mientras se preocupaba de enrollar  y cortar los ravioles. A Cristina le gustaban los ravioles, de modo que Daniel se levantó antes del amanecer para comenzar con las preparaciones.  Con cada paso del uslero, cada corte del cuchillo, Daniel le incorporaba amor a la comida que estaba cocinando.

              No obstante, nuestros planes no siempre coinciden con las intenciones de Dios para con nosotros y este día no constituyó una excepción. Hacia las 11 de la mañana, justo cuando todo estaba listo para servir, Mercedes comenzó con un ataque. Parecía serio y Daniel tuvo que llevarla rápidamente al hospital. Tomaron contacto con sus amigos y les preguntaron si no les importaba venir temprano para cuidar de Nicolás y disfrutar de la comida que, con todo amor, habían preparado y que les esperaba.

              La amistad sin gratitud no puede ser beneficiosa para nadie. Daniel, Cristina y sus amigos compartían un mutuo respeto y amor. La gratitud que Daniel y Cristina sentían hacia ellos nunca podría expresarse : provenía del corazón y estaba más allá de las palabras y de alguna expresión material. Sus amigos les entregaban tiempo, esfuerzo y ayuda financiera en forma desinteresada e incondicional : su servicio estaba más allá de una compensación monetaria. Su bondad sería su propia recompensa. Los amigos se mantenían firme y abnegadamente junto a los González, mientras pasaban los días y se sumaban los meses. Eran testigos de la obra que se actuaba frente a ellos, pero no podían apreciar más que una fracción del dolor y las penurias que experimentaban Daniel y Cristina. Solamente ellos sabían de las tensiones, el agotamiento y el trauma emocional que vivían. Quizás les podría tomar años o toda una vida para apreciar plenamente los efectos de todo esto sobre su familia.

              El estado de Mercedes se mantuvo  bajo control por cerca de una semana y los médicos pensaron que la medicación era buena. Daniel, sin embargo, seguía inquieto aún respecto de lo que hacían los facultativos y sentía que algo iba muy mal. No les podía explicar sus sentimientos : ellos querían hechos fríos e incontestables. No obstante, sí continuó expresando su insatisfacción en cuanto a las drogas que se estaban empleando y en cuanto al diagnóstico de epilepsia. Los médicos argüían que le estaban administrando a Mercedes la mejor droga que había en el mercado. Daniel argüía que bien podía ser la mejor del mercado, mas no la mejor para Mercedes.

              Por un período antes de este ataque el estado de Mercedes parecía estar bajo control, pero ya no tenía capacidad de aprender. En cierto sentido, parecía haber cesado de vivir. Daniel nunca dejó de hacer preguntas ni de hacerle saber a los médicos que no estaba contento con el desarrollo de la salud y el bienestar de su hija. Mas, ¡los facultativos sólo querían detalles y hechos! Daniel no podía sino ofrecer su intuición y su sentir. El sabía que cuando confiaba en su sentir, no cometía errores : creía que sus sentimientos eran divinamente inspirados. Estos eran los hechos.  Los médicos se mostraron cínicos y molestos con esta actitud. No estaban dispuestos a aceptar que los “sentimientos espirituales” pudieran entregar una mayor profundidad de entendimiento que un enfoque científico.

              Sai Baba ha dicho : “Todas las investigaciones científicas se basan en el intelecto. Todas las exploraciones espirituales se basan en el corazón (o la conciencia). En el campo espiritual, únicamente el hombre es supremamente importante y no así las máquinas. Los hombres de ciencia depositan su fe en las máquinas. Los buscadores espirituales depositan su fe en los mantras. Uno es un científico, el otro, un santo. El santo cree en la plenitud. El científico se conforma con la mitad del círculo. La espiritualidad representa el círculo completo. En el círculo completo se encuentran el principio y el fin. Cuando este círculo se divide por la mitad, tienen un medio círculo que se asemeja a la letra ‘C’. Esta ‘C’ es la ciencia : comienza en un punto y termina en otro. Entre ambos puntos se encuentran infinitas dudas.  De ahí que no haya una certeza absoluta respecto a los hallazgos científicos. Lo que se considera verdadero hoy, puede resultar incorrecto mañana. Mas la espiritualidad representa lo que era verdadero ayer, lo que es verdadero hoy y que seguirá siendo verdadero en todos los tiempos por venir.

             

              Lo que los científicos han encontrado, hasta ahora, es una parte infinitesimal de la totalidad del conocimiento. Están dándole demasiada importancia. En tanto que quien lo sabe todo se mantiene callado y calmo. El hombre argumentador sabe poco. Si tienen la intención de ser verdaderos científicos, deberán aprender primero a controlar los sentidos y desarrollar el amor. No hay nada más grande que el amor. El amor es Dios. Vivan en el amor. Desarrollen el amor. Debe emanar del corazón. Se expresa como bondad y compasión.

              Uno no debiera enorgullecerse del conocimiento científico que posea. Dándose cuenta de que hay innumerables otras cosas que aún están por ser aprendidas, el científico debiera cultivar la humildad y la modestia.”

              La ambulancia estaba haciendo visitas regulares a la casa : tres o cuatro veces por semana, para llevar urgentemente a Mercedes al hospital. Daniel y Cristina casi no dormían y no quedaban rutinas que le dieran alguna apariencia de equilibrio a la situación. Dios los estaba escoltando hasta los bordes mismos de su fe, confianza y cordura.

              Daniel había comenzado a clamar a Dios por ayuda en esos momentos, pero era aún un llamado desde su cabeza y no desde el corazón. El llamado desde el corazón era su amor por Mercedes : tal vez ese amor era la única plegaria a Dios que necesitaba.

              Un día, Daniel sintió aflorar su ira. Estaba en el hospital y escuchó casualmente a dos médicos discutiendo el caso de Mercedes, sin darse cuenta que él se encontraba a poca distancia y podía escucharles.

              “¿Qué piensas de la droga?”, preguntó uno de los facultativos al otro.

              “Es una buena droga para la epilepsia”, fue la respuesta.

              “Mientras la estés tomando, más epilepsia tienes”, acotó sarcásticamente el primero.

              Ambos médicos se rieron de su agudeza. ¡Esto no era una broma! Daniel les hizo saber claramente lo que sentía.

              “¡Eso no es divertido!”, gritó Daniel. Ambos médicos mostraron sorpresa al ver a Daniel y estaban algo confundidos.  “No... no es divertido”, manifestaron, avergonzados.

              Daniel ya no quería seguir siendo “divertido”... Quería que se hiciera algo y que si hiciera ahora.

              Los médicos le administraron simultáneamente tres drogas a Mercedes y Daniel se quedó diez días en el hospital para verificar los resultados y las reacciones. Cristina continuaba confiando en los procedimientos de los facultativos; Daniel en cambio, no. La catalogación como epilepsia se le atravesaba en la garganta y el dolor no cedía. Seguía sin aceptar este diagnóstico.

              Los meses habían pasado como imágenes sobre una pantalla. Era como si vivieran un sueño, una fantasía... simplemente no se sentía como real. Mas su dolor, frustración y agotamiento ciertamente se sentían como reales. Creían en su realidad en el sueño, en el rol que estaban interpretando en la obra de Dios, y, de este modo, también parecía real el dolor. Para entonces, la familia González era bien conocida. No hacía falta sino oir el nombre de Mercedes para que todos supieran de qué se trataba, de la historia y los antecedentes. Tenían muchos partidiarios entre el personal del hospital y simpatizantes que siempre preguntaban por ella y la familia.

              Desde la Unidad de Tratamiento Intensivo , Mercedes fue transferida a la Sección de Neurología y comenzó a tener fiebre alta, de 39.5º C. Daniel le pidió a una enfermera que llamara a un médico. El doctor no hizo ningún amago por examinarla seriamente y, simplemente, prescribió un Panadol (antipirético y analgésico sin aspirina). Le indicó a Daniel que no se preocupara... “Mercedes está bien”, sentenció con aire condescendiente... “No hay nada de que preocuparse. Váyase a casa y trate de descansar. Todo está bajo control.” No era mucho más lo que podía hacer Daniel... el “sistema” había tomado una decisión.

              Daniel le telefoneó a Cristina para pedirle que se viniera al hospital, mintras él volvía a casa para ducharse y cambiarse de ropa. Le explicó que Mercedes tenía fiebre y repitió lo que el médico había dicho. Daniel no había estado sino unos instantes en su casa, ni siquiera lo suficiente como para haberse dado una ducha y cambiarse, cuando llamó Cristina.

              “¡Buenas noticias!”, dijo, “Ven a buscarnos, nos vamos a casa.”

              “¡No!”, respondió Daniel. “No es posible. No hagas nada. Voy de inmediato para allá.”

              Daniel no pensó en nada más y regresó rápidamente al hospital. Se sentía impactado por el hecho de que dejaran que Mercedes volviera a casa. Conocía las reglas en Australia. Un hospital no puede dar de alta a un paciente hasta que no hayan pasado veinticuatro horas después de haber cesado una fiebre.

              Entretanto, el hospital daba de alta a Mercedes. Todo ésto se produjo después de marcharse Daniel y antes de su regreso. No había nada más que Daniel pudiera hacer. Una vez más, “el sistema” había tomado una decisión.   

              La ira de Daniel en contra del Dr. Ash, el médico a cargo, era intensa... tan intensa que no podía discriminar. El miedo por la seguridad de Mercedes nublaba su capacidad para ser ecuánime. Daniel estaba tratando de dar la impresión de que estaba calmado, mas la energía de la ira es real y no puede ocultarse.  Se intercambiaron muy pocas palabras camino a casa y los sonidos del silencio eran perturbados únicamente por la energía de pensamientos llenos de temor.

              El viaje hasta el hogar fue corto ya que había muy poco tránsito. Daniel estaba preocupado. Mercedes estaba demasiado quieta. Llegando a casa, acunó a su hija en sus brazos y la meció suavemente con su amor. El pequeño cuerpo se amoldaba exánime y laso al suyo, mientras la estrechaba. Mientras la mecía, susurrándole palabras de amor, Mercedes se quedó dormida... y no despertó.

              Daniel y Cristina regresaron de inmediato al hospital...  Daniel pensaba que su hija había caído en coma. Fueron directamente a ‘Accidentes’ en donde la enfermera jefe les conocía y les llevó de inmediato donde su médico de cabecera, el Dr. Ash. El Dr. Ash tenía la reputación de ser uno de los mejores neurólogos en el mundo y, hasta ese momento, Daniel y Cristina habían mantenido una buena relación con él.

              Después de esperar por algún tiempo, se les dijo que el Dr. Ash no les podría atender, porque había partido a una convención interestatal.

              “Otro médico les verá, --dijo la enfermera-- pero no estará disponible hasta dentro de 20 minutos. Vayan entretanto a tomar una taza de café en el casino.” La sugerencia parecía encerrar la seguridad de que todo andaría bien hasta que el médico pudiera verles.

              Aunque Daniel no tenía fe en la actuación de los facultativos, mantenía la sensación de seguridad con el hospital mismo. No había aprendido aún a aceptar que sólo estaba representando un papel en el drama...  Se había enredado en el personaje que interpretaba. Los médicos tampoco hacían otra cosa que interpretar sus roles en la misma obra.

              Daniel y Cristina fueron al casino con Mercedes,  para pasar algunos minutos de tranquilidad tratando de comprender la situación que estaban viviendo. Mercedes yacía muy quieta : había caído en un coma, pero a nadie parecía preocuparle. Podía interpretarse como irónico, hipócrita o lisa y llanamente demencial el que la indicación profesional hubiera sido la de “vayan a tomarse un café” por veinte minutos... Era tan absurdo como el estar haciendo vida social ante una taza de café, mientras su pequeña yacía en coma... ¿Qué clase de obra era ésta en la que estaban actuando? ¿Se trataba de alguna extraña y misteriosa comedia de humor negro? Mas no podían percibir nada de humor en el escenario...

              Ambos estaban muy fatigados con la burocracia y “el sistema”, mas debido a que su hija parecía estable, acataron las indicaciones que les dieran. En realidad, ¿cuán estable se encuentra un infante en coma?  ¿Qué otra cosa podían hacer a estas alturas?

              Cuando entraron al casino, se quedaron estupefactos al ver que estaba allí el Dr. Ash bebiendo una taza de café... ¿No se suponía que estaba en otro estado asistiendo a una convención?... Fue Karma instantáneo para él. Se mostró muy avergonzado y comenzó a balbucear excusas por sus mentiras. Daniel no estaba de ánimo para pelear con excusas, justificaciones y temores del Dr. Ash. Le dijo con toda candidez como se sentía.

                       

              Daniel ya estaba furioso con él por haber dado de alta a Mercedes, y ahora les estaba mintiendo respecto a donde se encontraba. El Dr. Ash, por su parte, reaccionaba a su culpabilidad por mentir, pero también estaba indignado, porque no estaba recibiendo el respeto que creía merecer. Su conflicto estaba entre su falta de ética por mentir y su creencia en cuanto a que su posición lo excusaba tanto a él como a sus acciones.

              El decir la verdad es fácil, en tanto que el transigir y mentir es un proceso torturante. Uno deberá darse mucho trabajo para ocultarlo bajo más mentiras. El Dr. Ash no sabía bien por dónde empezar.

              Daniel creía que, prescindiendo de las circunstancias, uno no debiera mentir. Su filosofía consistía en que, si uno se encuentra en una situación en que no puede decir la verdad, es mejor callar y guardar silencio que mentir.

              Daniel no veía lo especial o la posición de las personas, sino que la bondad. Sentía que la gente se merecía el respeto gracias a una conducta correcta y no por un status social o académico autoconferido.

Muchos profesionales, según pensaba, mantenían a menudo una actitud de superioridad respecto de sí mismos y sus carreras, mas, a su entender, esto se debía sólo a la ignorancia. En la realidad hay muchas formas, pero la verdad siempre seguirá siendo Una. Puede que todos elijamos diferentes caminos profesionales, pero seguiremos siendo únicamente actores representando un papel para el Director. Puede que difieran las formas, aunque la esencia en todas ellas es la misma... es Una. Mientras nos veamos como diferentes de cada uno de los demás, estaremos engañados por el ego.

              Sai Baba, por ejemplo, dice : “Un perro encerrado en una habitación cuyos muros sean espejos, no se ve a sí mismo en la miríada de reflejos, sino que a otros perros rivales y competidores, a los que les ladra. El perro se cansa de saltar contra sus reflejos y enloquece de furia cuando las imágenes saltan también. El hombre sabio, por su parte, se ve a sí mismo en todas partes y está en paz... se siente feliz de que haya tantos reflejos suyos en todo su entorno. Es ésta la actitud que debemos aprender a aceptar.”

              Dios le concedió a Daniel la facultad de ver la bondad en todo, antes que se diera cuenta que Dios estaba en todo. Daniel tenía que darse cuenta que el Dr. Ash era sólo otro actor en el drama de la vida, interpretando su papel según las instrucciones del director : Dios. Si todos los actores en la obra se hubieran dado cuenta de ésto, la trama habría tenido un resultado diferente. Por otra parte, la ley de causa y efecto es perfecta y, por ende, esta trama era, en sí misma, perfecta.  Todos los actores estaban eligiendo (no necesariamente con plena conciencia) el cumplir con el Karma de grupo y el individual que se requería.

              Daniel y Cristina se reunieron con el Dr. Wood. Este estaba familiarizado con ellos y los problemas de Mercedes. De hecho, había sido el primer médico en tratarla en las etapas inciales de sus problemas, además de haberle asistido a lo largo de los muchos meses de tratamiento médico. Ambos lo respetaban y habían entablado buenas relaciones con él. Le explicaron claramente al Dr. Wood que el Dr. Ash, al dar de alta a Mercedes, había trasgredido las reglamentaciones médicas australianas. También dejaron en claro que sus mentiras quebrataban la ética médica.

              Mercedes se encontraba en coma ahora y los estamentos de poder y autoridad del hospital temían que Daniel y Cristina pudieran elegir echarle la culpa al establecimiento. Cambiaron las actitudes tanto de los médicos como las del personal hospitalario. Los médicos parecían estar caminando sobre huevos en torno a Daniel y Cristina : buscaron cubrirse por todos los ángulos. Cuando discutían a Mercedes con ellos, traían a testigos de la conversación, en tanto que antes se conversaba sin temor alguno. Se trataba de un predicamento lamentable. El temor lleva a las personas a comportarse sin compasión, comprensión ni amor.

              Los médicos empezaron también a emplear nuevas tácticas, comenzando por poner en duda la competencia de Daniel y de Cristina. Sugerían, por ejemplo que, como ellos, en su opinión, no manejaban con fluidez el idioma inglés, era probable que malinterpretaran las indicaciones médicas y administraran incorrectamente las drogas.

              Es erróneo el juzgar a otros como inferiores debido únicamente a exterioridades.

              Daniel y Cristina eran obsesivamente meticulosos cuando daban las drogas. Las administraban en casa del mismo modo en que eran administradas en el hospital... y, como lo demostraría el tiempo, aún más cuidadosamente. Siempre había una segunda persona presente para verificar el uso de la dosis correcta...  y se llevaron engorrosas anotaciones respecto tanto de las drogas como de los detalles de las respuestas de la pequeña. Todo lo que se le daba a Mercedes y cada acción y reacción, recibía el máximo de atención al detalle. Daniel y Cristina seguían a la letra cada indicación dada por los médicos y la verificación de sus procedimientos se mostraba claramente en los extensos registros que mantenían.

              La inferencia era que si se había incurrido en cualquier error, no era adjudicable a la profesión médica.

              Daniel y Cristina ya sufrían de suficientes tensiones. Estas despiadadas conjeturas sólo se sumaban al intolerable dolor que estaban soportando emocionalmente. Estas nuevas insinuaciones sólo

llevaron a que Daniel se esforzara más con su inglés y con su comunicación con los médicos. Comenzó a aprenderse todos los términos médicos para drogas, denominaciones y referencias hospitalarias, y los aplicaba cuando hablaba con el personal clínico. Sentía que si hablaba el mismo ‘idioma’ de los profesionales, habría menos oportunidades para acusaciones.

              Un químico, por ejemplo, se refiere a una droga por un tipo de nombre y la misma droga llevará otro nombre por su substancia.  Un químico se referirá a una droga por el nombre de ‘Clonazepan’, en tanto que un médico se referirá a la substancia como ‘Rivotril’. Daniel se aprendió bien la terminología y encontró que cambiaba para con él la actitud de la profesión médica. Era algo como el ingresar a un club de élite : al comportarse como un miembro más, se recibirá el tratamiento correspondiente. Se trataba de un enfoque muy superficial, mas, al parecer, necesario.

 

              Hubo una ocasión, por ejemplo, en que Mercedes estaba sufriendo un ataque. Sin pedirle permiso a Daniel o a ningún otro médico, la doctora a cargo de las visitas de rutina le indicó a la enfermera que le trajera ‘Diazepan’ para admninistrárselo.

              “¿Está relacionado el Diazepan con el Valium?”, preguntó Daniel.   “¡Sí!”  --respondió la doctora con una expresión muy cautelosa en su rostro--  “¿Cómo lo sabe?”

              La reacción de la doctora indicó que no estaba habituada a que se cuestionara su autoridad, pero le mostró  respeto a Daniel. Desde ese momento se inició una relación amigable.

              En otra ocasión, cuando Daniel le hizo una pregunta a un médico respecto a sus procedimientos, éste le dijo de manera cortante : “¡Soy un médico!”   Daniel replicó : “Lo sé, es por eso que lo estoy vigilando.”

              La respuesta de Daniel se desquitaba de las creencias de doctor en cuanto a su especial categoría, porque simplemente no lo veía en esa perspectiva. Daniel tenía la sensación que muchos médicos, no siempre por su propia culpa, se apartaban de la corriente principal de la sociedad y se consideraban a sí mismos como especiales o mejores que las gentes a las que trataban. El veía igualdad y no diferencia. Los doctores a los que percibía como más eficientes, tanto como médicos como en su relación con los pacientes, eran aquellos que no establecían diferencias. Estos eran aquellos que no habían perdido la capacidad de ponerse en comunicación con sus sentimientos.

              Es frecuente que la formación académica, al favorecer un enfoque lógico, destruye la memoria que recurre a los sentimientos. Aquellos que hacían un uso equilibrado de la lógica con los sentimientos eran más eficientes frente a los enfermos a su cargo. La compasión generada por sus sentimientos, produce una relación receptiva entre paciente y médico, al mismo tiempo que un apoyo y respeto mutuos. La mente lógica cercena una apreciación de Unicidad y crea una actitud de “nosotros” y “ellos” que produce temor y sentimiento de discriminación.

              El sentimiento interno posee más permanencia y carece de espectacularidad externa. No obstante, son muchos los que muestran sólo interés por lo exterior y no se molestan por los sentimientos íntimos.

              Si quebraran la rama de un árbol y la plantaran en  arena, ¿crecerá hasta convertirse en un árbol? Deberán plantarla en una tierra en donde pueda echar raíces.  De manera similar, el sentimiento deberá surgir en el corazón y enraizarse profundamente allí. Entonces, aparecerán los frutos de la bondad en el mundo externo. Por ello, debiéramos cultivar el sentimiento en el interior y gozar del fruto afuera.

              El Dr. Wood examinó a Mercedes y demostró que estaba muy familiarizado con su historial. Daniel le observó atentamente. No mostraba emoción. El doctor indicó que Mercedes fuera llevada a la sala del 5º piso, para observación y Daniel la siguió como una sombra ineludible.

 

              Podía sentir que algo andaba mal. Había pasado muchas horas en el hospital y había observado a Mercedes cambiar de ser una bebita feliz que sufría esporádicos ataques a un bebé que yacía inerte en una cama. sin hacer nada y sin signos de respuesta ante nada y ante nadie.

               El Dr. Wood era un buen pediatra, un buen hombre y hacía genuinos y sensatos intentos por encontrar respuestas en lugar de transferir culpas. Sin embargo, cuando no llegaron las respuestas, una junta de cuatro doctores más comenzó a buscar nuevamente un canal al cual poder responsabilizar.

              Acosaron a Daniel y a Cristina con preguntas y la estrategia vilvió a ser la de “nosotros” y “ellos”. “Ellos” eran Daniel y Cristina, eran de nuevo los blancos de insinuaciones de incompetencia, porque “nosotros”, los profesionales médicos, no cometemos errores.

              En el tiempo que duró la asociación del Dr. Wood con el caso, éste llegó a entender tanto su devoción como padres, como su descontento respecto a la administración de drogas y el seguir las indicaciones de los profesionales médicos.

              Daniel se volvió hacia el Dr. Wood cuando las acusaciones se endurecieron y apuntaban directamente a ellos, y dijo : “¿Cree usted realmente que nosotros cometimos un error con la medicación? Usted  sabe lo meticulosos que somos. Usted sabe que revisamos todo, literalmente  tres veces. Usted sabe de los detallados registros que llevamos... ellos pueden verificarse.”

              “¡No!” --dijo el Dr. Wood--  “Los conozco mejor a ustedes.”

              “Mercedes tenía fiebre... Ellos la enviaron a casa”, dijo Daniel.

              Nadie hizo más comentarios. Daniel continuó culpando del problema a las drogas, en especial al ‘Epilim’.  “Mientras más drogas le daban, más ataques tenía...”  concluyó enfáticamente Daniel.

              “¡Tonterías!”, dijeron los médicos.

              La paciencia de Daniel comenzaba a agotarse, al igual que los lastimados egos de los doctores. Una vez más, Daniel creía en soluciones y no en delegar culpas. El tratar de hacer aparecer a Daniel como el simplón incompetente tampoco era un enfoque respetuoso.

              Daniel le prestó oídos a su conciencia y la queda vocesita sonaba fuerte y clara. “Siempre respeta los puntos de vista del otro. No comiences una pelea ante la más leve diferencia de opinión, puede que él tenga la razón y tu no. Reflexiona sobre su argumento, puede que él tenga la ventaja de saber más sobre el tema, o que tu tengas prejuicios ya sea en pro en contra, o puede que él no sepa tanto como tu. Recuerda que una instancia de diferencia de opiniones no indica una animadversión personal.” Esta filosofía resultaba apropiada tanto para los médicos como para Daniel. Era un buen consejo el que le daba su conciencia.

              Daniel no llegaba a ninguna parte con el tema de las drogas y decidió emprender su propia investigación. La siempre confiable banda de amigos se dividió en turnos para quedarse con Mercedes, mientras Daniel pasaba días en diferentes bibliotecas estudiando periódicos médicos, investigando todo lo que podía acerca de la epilepsia. Uno de los amigos incluso pidió permiso sin sueldo en su trabajo para ayudar en este sentido. Era realmente un grupo de amigos maravillosamente desinteresado.

              Daniel encontró un excelente material de un profesor australiano de Sydney. Describía en detalle todas las drogas disponibles para casos de epilepsia. A continuación se aventuraba incluso a señalar que las drogas pueden enfermar aún más y también aumentar la frecuencia y el número de los ataques.

              El profesor le había dado a Daniel un nuevo rayo de esperanza. Declaraba desde un punto de vista científico aquello que Daniel había estado intuyendo desde un principio.... ¡Daniel supo entonces que no estaba loco!  Tal vez la investigación de este profesor podría representar la luz al final del tunel y una esperanza para Mercedes.

              Los médicos querían hechos y no sentimientos, de modo que Daniel pidió el libro en préstamo de la biblioteca y lo llevó al hospital para mostrárselo. De inmediato fue tratado con aire condescendiente.

              “Sabemos lo que nos está diciendo, pero esto sucede sólo en casos muy raros”, le dijeron con expresiones indulgentes.

              “¡Mercedes es un caso raro!”, interpuso Daniel con clara frustración. “Se lo he venido diciendo por meses a ustedes... desde la primera vez que le administraron drogas, aunque no me quisieron escuchar.  Ustedes se han parapetado tras su rígida superioridad médica y han creído siempre que sabían más.”

              Reconocieron que Daniel tenía razón, mas no quisieron reconocer que Mercedes era un caso raro. La estrategia de los doctores continuaba siendo la de desviar las culpas y el blanco era Daniel. Seguían presionando con el asunto de la administración de las drogas, más que con el de las drogas mismas. Era un argumento futil y ellos lo sabían. Las detalladas anotaciones de Daniel comprobarían su competencia... pero, ¿podría verificarse como competente o justificada su precisa administración de las drogas?  El personal hospitalario seguía mostrándose impermeable, tanto como al comienzo, frente al aporte de Daniel respecto del estudio de casos de relación entre drogas y epilepsia.

              Mercedes estaba en un coma profundo, pero los médicos parecían estar mostrando más preocupación por protegerse a sí mismos en contra de la posibilidad de alguna acusación que los involucrara que por el estado de la paciente.

              Su labor era la de curar a los enfermos. Una mente cerrada es una mente enferma por causa de la ignorancia. La dolencia de un individuo de mente cerrada puede resultar más difícil de sanar que la de una persona físicamente enferma.

              El dolor que habían estado experimentando Daniel y Cristina era desgarrador. ¿Cómo sería posible evaluar el dolor que estaba experimentando Mercedes?  Tal vez pudieran preguntárselo si llegaba a salir del coma.  Resultaba muy triste ver alos médicos caer tan bajo. Habían perdido la perspectiva respecto del juramento prestado al titularse de doctores y sus reacciones se basaban en el temor y no en el amor.

              Los médicos cambiaron de rumbo y comenzaron a discutir la “misteriosa” enfermedad que estaba matando a Mercedes. No se trataba de una enfermedad que fuera rara, sino solamente “misteriosa”.

              “¿Qué enfermedad?”, preguntó Daniel.

              “No lo sabemos”, respondieron los médicos, creyendo que habían encontrado un asidero para sus argumentos.

              “Esto se relaciona con las drogas y eso es lo que les he estado diciendo desde el comienzo mismo... Ustedes le administraron las drogas a Mercedes.”

              Los médicos comenzaron a moverse inquietos cuando las palabras de Daniel dieron en el blanco... “No se preocupen, no voy a demandarlos”, dijo conciliadoramente.

              Daniel mostró desapego y expresó muy calmadamente lo que tenía que decir. Sentía que la ansiedad lo corroía por dentro y su dolor era intenso... pero se mantuvo controlado y sereno.

              Los médicos guardaron silencio otra vez antes de indicar : “El Dr. Ash volverá pronto... hablaremos con él sobre Mercedes.”

 

              “¡No quiero que vuelva a tocar a Mercedes nunca más!” , exclamó enfáticamente Daniel. Nuevamente callaron los médicos y no dijeron nada más. “Cualquiera puede cometer un error, mas cuando se miente, se ha tomado la decisión de mentir y eso no es ético.”

              Daniel no culpaba al Dr. Ash por el error cometido... era su falta de ética al mentirles lo que llevaba a la necesidad de sepatrarse profesionalmente de él. Daniel pensaba que, si podía mentir con tanta facilidad acerca de un hecho trivial, también le resultaría igualmente fácil mentir acerca de otras cosas.

              Daniel pasó algunos días en el hospital y el Dr. Ash le hizo llegar un mensaje indicando que deseaba integrar nuevamente el equipo con ellos. Daniel había juzgado a los médicos como de mentalidad cerrada y reconoció que él también podía comportarse como lo que criticaba.... Por ende, accedió a hablar con el Dr. Ash.

              Es sabido que en los hospitales, cada vez que un médico se encuentra con un paciente, las enfermeras se retiran. En esta oportunidad, cuando fue a hablar con Daniel, el Dr. Ash llegó acompañado por tres enfermeras y dos médicos. Su miedo era casi palpable. Daniel se sentó muy quieto y escuchó, no tocó el tema de la mentira, ni siquiera cuando surgió la oportunidad de hacerlo.

              “Estamos muy ocupados” --dijo el Dr. Ash-- “Estamos haciendo lo mejor que podemos por su hija”. Pasó los siguientes cuarenta minutos tratando de convencer a Daniel, indirectamente, que bajo ciertas condiciones, mentir resultaba aceptable.

              La verdad le confiere arrojo al individuo : es la verdad la que ahuyenta al miedo. Estos hombres partían desde un punto de temor. Daniel sabía que, en este mundo,  ningún hombre lleno de miedo podía, alguna vez, alcanzar algo que valiera la pena.  En su corazón, sabía también que el Dr. Ash no era una mala persona : simplemente, había cometido un error. No obstante, al no ser capaz de admitirlo, su orgullo estaba cometiendo un error aún más grave, además del Karma involucrado.

              Cuando un hombre está lleno de arrogancia y de orgullo, desarrolla malos deseos y hábitos y pierde el respeto de sus amigos y sus pares. A todo el mundo le agrada un hombre sin soberbia egoísta. Daniel veía la bondad en el Dr. Ash, pero sus aires de superioridad constituían un obstáculo para su relación.

              Esta vez, tanto Daniel como Cristina consideraron ofensivas las actitudes de los médicos. Cristina que siempre se había mostrado más acomodaticia frente al equipo de facultativos que Daniel, encontró razones, luego de esta reunión, para reevaluar su opinión.

              Dentro del hospital, ambos eran considerados como padres afectuosos y dedicados. La actitud de sinceridad de Daniel podía haber sido considerada, en un comienzo, como algo agresiva, aunque la percepción de los demás veía ahora su firmeza como cosa admirable. Constantemente, ambos se encontraban con miembros del personal, pacientes y visitantes que decían todos : “Debiera haber más personas como ustedes que tengan las agallas y el coraje como para no dejarse empujar de uno a otro lado por el sistema.”  No obstante, en opinión de Daniel no se trataba de agallas ni de coraje para no dejarse atropellar por “el sistema”... no era más que puro amor y devoción. El conocía la diferencia... los testigos de su conducta conocían la diferencia. Daniel no sentía apego ni temor al “sistema”  o sus procedimientos. Su motivación se guiaba por los cinco valores humanos de rectitud, no violencia, paz, verdad y amor. Con ellos como sus ideales, resultaba innecesario e irrelevante el apego.

              Mercedes, para entonces, había estado en coma por diez días. Daniel y Cristina trataban, constantemente, de motivar a su pequeña por medio de terapia física. Daniel la estimuló a succionar nuevamente, moviéndole los labios y poniendo un dedo en su boca.  Esto tomó poco más de un día de permanente atención. La pequeña comenzó a mostrar leves movimientos oculares e incluso la más nimia reacción se convertía en una razón para celebrar.

             

              La empatía por la familia González se iba extendiendo a círculos cada vez más amplios. Testigos solía preguntar : “¿Cómo lo hacen?”   Mas Daniel y Cristina sabían que cualquier cosa que sucediera se debía únicamente a la Gracia de Dios en acción --o, según su percepción espiritual de la época-- de la ayuda Divina y de sus Angeles de la Guarda. 


 

CAPITULO NUEVE

 

                                   “El Señor está tan lejos de uno como uno considere que esté y tan cerca como uno sienta Su presencia.   Son los sentimientos de uno los que marcan la distancia. La lejanía o la proximidad no le deberán ser atribuídas a lo Divino que es omnipresente.  El está presente en la más sutil partícula atómica tanto como en el más vasto objeto de la Creación.   El hombre podrá experimentar esta ver       dad si lleva a cabo la indagación adecuada con diligencia y devoción.   Mas son pocos los que emprenden una tal búsqueda. Todas las energías del hombre están dedicadas a la persecusión de ganancias materiales  efímeras,  transitorias e ilusorias. Ni un solo momento le es dedicado a la búsqueda de la eterna y Divina realidad. Este es el resultado de la indiferencia del hombre frente a las verdades eternas. Unicamente el buscador serio alcanza la más alta sabiduría. Sin seriedad uno no puede tener conciencia ni siquiera de lo que está más cercano.”

                                                                                              ... Sathya Sai Baba

 

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