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miércoles, 11 de septiembre de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO XIV. RECUERDEN A DIOS. OLVIDEN EL MUNDO

 

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO XIV. RECUERDEN A DIOS. OLVIDEN EL MUNDO

De todas las cosas preciadas que hay en el mundo, el tiempo es lo más precioso. Pongan atención a cómo están gastando su preciado tiempo. Su principal deber como seres humanos es ofrecer su cuerpo, su trabajo y su tiempo al Señor, que es la propia encarnación del tiempo.

Encarnaciones del amor:

En ocasiones, es posible recuperar con medicamentos la salud perdida o desmejorada. Pero el tiempo perdido se perdió para siempre y no hay manera de recuperarlo para volverlo a usar. Deben de hacer su mayor esfuerzo para emplear su precioso tiempo santamente. El tiempo es infinito, dura toda la eternidad. Pero el tiempo que les fue asignado es una microscópica fracción de aquél. Muchos de ustedes desperdician sus vidas creyendo que el mundo fenoménico es real. En consecuencia, emplean su tiempo limitado en gozar los placeres del mundo. Si reflexionan por un momento acerca de qué han logrado y en qué han empleado su invaluable tiempo, se darán cuenta con pesar de que lo han desperdiciado por completo.

Descubran quiénes son realmente

Lloran cuando nacen porque has venido al mundo sin saber quiénes son y por qué están aquí. Su llanto es la angustiosa súplica por descubrirlo: "¿Quién soy?" Si desperdician su vida entera en lo físico, ¿cuándo van a poder comprender quiénes son realmente? Su vida entraña un significado mucho más profundo que atender el cuerpo. Tienen que comenzar su vida preguntándose "¿Quién soy?" Y deberían de terminarla exclamando "¡Yo soy eso! ¡Soy Dios!" Tienen que reconocer que ustedes son la divinidad y finalizar su vida en la paz suprema que es su realidad. Desafortunadamente, la mayoría sólo presta atención a los satisfactores mundanos, y se conforman con placeres inmediatos, sin pensar en las consecuencias.

Cuando una rana ve moscas o lombrices frente a ella, se entusiasma tanto que le gustaría abalanzarse sobre ellas y tragarlas enteras. Mas, atrás de la rana está una culebra agazapada, lista para atraparla y engullirla. La culebra se alegra de haber encontrado su comida en forma de rana, la cual por el momento está entretenida con su propia satisfacción.


 

La culebra ignora que hay un halcón alistándose para caer en picada sobre ella y atraparla con sus garras. El halcón está tan emocionado con la idea de cazar y comerse a la inadvertida culebra, que no se percata de que hay un hombre escondido entre los matorrales, listo para dispararle.

Ustedes también están tan entretenidos en satisfacer sus deseos y regodearse en los placeres por venir, que pierden de vista lo que los está acechando por detrás, a punto de abalanzarse sobre ustedes. Pierden su tiempo, sin empacho de los daños que pueden sobrevenirles en el futuro. No pueden conocer la hora, el lugar ni las circunstancias en que el peligro los podría asaltar. Por ello, tienen que santificar el tiempo del que disponen ahora y emplearlo adecuadamente, reconociendo que es precioso, e incluso sagrado.

La juventud es el periodo más precioso de la vida

Puede ser que tengan la capacidad de gastar millones de dólares en comprar lo que les venga en gana, más el tiempo perdido no se compra con nada. La juventud es el periodo más precioso y sagrado de la vida humana. Les brinda la excelsa oportunidad de emplear adecuadamente su tiempo y santificar su vida. El tiempo de juventud es como el agua de un río: corre y no se recupera jamás. La juventud tendría que reconocerlo. Empleen su tiempo adecuadamente, y sentirán gran satisfacción en la vida. Tomen plena conciencia de todos los aspectos que entraña el tiempo. Dense cuenta de cuán importante es. Anticipen lo que pueda ocurrir en el futuro y mantengan la mira en su meta, constantemente.

En el capítulo sobre devoción del Gita se dice que el tiempo es el elemento más importante de la vida, y que se debe de usar con sabiduría. El tiempo debería de emplearse para alcanzar a Dios. El Maestro divino enseñó en el Gita que aunque no se hayan desapegado de los objetos mundanos, si mantienen la imagen del Señor constantemente en su conciencia, y realizan su trabajo y sus deberes como adoración, ofreciéndoselo todo al Señor, tendrán una vida llena de beatitud.

Krsna le dijo a Arjuna: "¡Haz tu deber, Arjuna! Si tienes que luchar, lucha. Pero lucha pensando en mí; entonces no incurrirás en pecado. Si me ofreces tu todo y me instalas firmemente en tu corazón, no sufrirás las consecuencias de tus acciones. No se te está pidiendo que te vayas al bosque a hacer penitencia y abandones todo. No tienes que abandonar a tu familia, a tu esposa ni tus propiedades. Veas lo que veas, digas lo que digas, oigas lo que oigas, hagas lo que hagas, hazlo como parte de mi trabajo, y ofrécemelo. Ofréceme tu mente y tu inteligencia por completo. Es la manera correcta de santificar tu tiempo. Si llevas tu vida de esta manera, ¡te aseguro que estarás salvado!"

Desarrollen confianza en ustedes mismos y una firme determinación

Por desgracia, hoy en día no se ve en la gente la capacidad de renunciación: firme propósito, fe, compromiso profundo, y voluntad de ofrecer la mente y el intelecto por completo a Dios. La visión de la mayoría de la gente no está cimentada en la fe. Deben de cultivar la firme fe.

 

No pueden saber qué tipo de vida les espera en el futuro, ni en qué circunstancias o en qué lugar se encontrarán mañana.

Nadie lo sabe más que el Señor. Si le ofrecen su todo, Él los protegerá en cualquier circunstancia. Tal nivel de renunciación requiere de gran confianza en sí mismos y de visión clara. Sea cual fuere su trabajo, deben de cultivar la determinación y una firme voluntad. Sin ello, no podrán lograr ni las cosas más simples.

Una pajarita puso sus huevos en la orilla del mar. Quería tener una vida cómoda. Las olas azotaron la orilla muchas veces, barriendo sus huevos. La pajarita se desanimó y casi desesperó porque cada que ponía sus huevos, el mar se los llevaba. Al tiempo, acabó sintiéndose muy molesta contra el mar. ¿Y qué podría hacerle una pajarita al inmenso mar? Ustedes pensarán. Pero ella no dudó de sí, ni se vio como una vulnerable pajarita enfrentando el gigantesco mar. Con férrea voluntad, decidió vaciar las aguas del océano. Esa fue su decisión y a ella se aferró con toda determinación. Noche y día se paraba en la orilla del mar, sorbía tantita agua en su piquito y la aventaba tras una colina aledaña. Gota a gota, determinó vaciar el océano, poniendo su fe en que al final lograría doblegarlo.

Cuando se percató de que solita no llegaría lejos, pidió ayuda a Garuda, el águila, vehículo del Señor Visnu y dotada de poderes. Por intermediación de Garuda, pudo ganarse la gracia del Señor Visnu. Entonces, el océano se asustó y humildemente le pidió disculpas a la pajarita, y le aseguró que esta vez no destruiría sus huevos con su oleaje, y le aseguró que podría anidar con toda confianza en la orilla. ¡Tan pequeña la pajarita y tan grande el mar! Ustedes suelen considerarse muy pequeños, mas no se desesperen ni pierdan la esperanza. No se desanimen creyéndose insignificantes ante Dios, a quien ven como infinito y poderoso.

Quizás piensen "¿Y por qué habría Dios de molestarse en prestarme atención? ¿Con qué podría yo agradarlo, cuando todo el cosmos le pertenece? Si ni siquiera los ángeles ni los seres divinos pueden verlo, ¿cómo podría yo contemplar su forma?" Pensamientos de desdén y no reconocimiento hacia ustedes mismos les impedirán llegar lejos. Mientras piensen de esta manera, no podrán obtener la gracia del Señor ni estarán realmente aptos para servirle. No se permitan tales raptos de fragilidad. Deben de instalar al Señor en su corazón y decirle: "¡Amado Señor! Sé que resides en el Universo, pero también en mi corazón. Te mantendré firmemente en mí con todas mis fuerzas. Es verdad que eres lo más grande entre lo grande. Mas también eres lo más pequeño entre lo pequeño. En tu forma reducida, moras siempre en mi corazón". Si cultivan la fe en ustedes mismos, y una voluntad firme de albergar a Dios en su corazón, ciertamente lo alcanzarán y, por ende, obtendrán todo su poder.

El nacimiento es penoso, la vida es penosa y la muerte es penosa

Gautama Buda alcanzó el estado de iluminación a base de voluntad y duras penitencias. Un día, al enterarse de que su hijo estaba mendigando, el padre de Buda le envió el siguiente recado: "Ay hijo mío, tu abuelo fue rey, tu padre es rey y tú también lo eres. Me enteré de que aun siendo rey de alto linaje estás mendigando por comida. No faltan propiedades ni riquezas en el reino. Sobran los lujos. Puedes tener lo que quieras. No sabes cómo sufro al saber que, pudiendo disfrutar de todas las comodidades en palacio, te has dado a la mendicidad, durmiendo sobre el yermo suelo, viviendo la desdichada vida de un limosnero. Por favor, vuelve a palacio. Te ofreceré una bienvenida y dispondré todo para tu retorno. El reino te pertenecerá".

Buda escuchó el mensaje de su padre con total desapego y le habló así al mensajero: "Por favor dile al rey que en efecto mi abuelo era rey; mi padre es rey, y también yo lo soy. Pero renuncié a este mundo y creo que mis verdaderos padres son renunciantes, así como mis verdaderos ancestros. Si realmente deseas que vuelva a ti, deberás contestarme las siguientes preguntas: ¿Puedes tú salvarme de la muerte? ¿Puedes alejar la enfermedad de mí y preservar mi salud? ¿Puedes evitar que yo envejezca y me dobleguen los achaques? ¿Tienes la capacidad de librarme de estos males? Si puedes responder a mis preguntas, volveré de inmediato a palacio".

Buda observó que el nacimiento es penoso, la vida es penosa y el final de esta también lo es. Respondió a su padre de la forma correcta. Tras contemplar las penurias de la vida y ver el sufrimiento de tanta gente, se negó a continuar atrapado en la ignorancia y la ilusión, lo que habría sido muy necio de su parte. La vida de Buda les puede servir de lección. En el limitado tiempo que se les ha dado, deben descubrir su verdadera naturaleza. Éste es el verdadero objetivo de la vida humana. Su cuerpo se compone de cinco elementos, que algún día habrán de fenecer. El que mora en su cuerpo es la única entidad eterna. Cuando indaguen la verdad, descubrirán que no existe tal cosa como la vejez ni la muerte para el morador interno. Cuando puedan comprender que dicho morador interno -que es su propia naturaleza- es la divinidad misma en todo su esplendor, conocerán la verdad y disfrutarán de infinita paz.

El recipiente y el conocedor del recipiente

Otra manera en que el divino Maestro explicó el asunto del cuerpo y el morador interno fue en términos de: el recipiente y el conocedor del recipiente. Se entiende por conocedor una persona consciente y dotada del más alto conocimiento, mientras que el recipiente carece de conciencia y de conocimiento. ¿Cuál es ese recipiente despojado de conocimiento elevado? El cuerpo, con sus aspectos bastos y sus aspectos sutiles, que es la morada del Señor. Sepan que el Señor - poseedor de todo conocimiento y sabiduría- reside en el cuerpo. Su residencia está aquí en la Tierra.

En la vida diaria, se refieren a su cuerpo como "mi cuerpo". Lo que dan a entender con ello es que ustedes no son el cuerpo, sino que el cuerpo es suyo; les pertenece. De igual modo, el morador interno sabe que no es el recinto, sino que el recinto le pertenece. Cuando afirman "esto es mío", están declarando que ustedes y el objeto son distintos. Cuando aseveran "este es mi pañuelo", están señalando que hay una separación entre ustedes y el pañuelo, que el pañuelo es diferente de ustedes. Cuando afirman "éste es mi cuerpo", significa que ustedes son diferentes del cuerpo. Del mismo modo, cuando el Señor declara que el recipiente es suyo, es libre de deshacerse de él en el momento que guste.

El cuerpo les es dado para que descubran quiénes son realmente, para que reconozcan al morador interno. Sin el cuerpo, no podrían conocerlo; no podrían realizar ninguna actividad ni seguir ningún camino espiritual. Todo el trabajo que llevan a cabo -mundano o espiritual-sólo es posible con ayuda del cuerpo. El cuerpo consiste de 20 principios; éstos son: los cinco órganos de la percepción, los cinco órganos de actividad, los cinco alientos vitales, y las cinco envolturas. Si a éstos le agregan la mente básica, la capacidad para discriminar, el asiento de las emociones y memoria del corazón, el ego y el yo interno, hacen un total de 25 principios que componen a un individuo. Poseer dicho conocimiento sobre el cuerpo y sobre el espíritu que lo habita constituyen el camino de la sabiduría.

El mundo es ilusión

Tontos son los que nacen en la ilusión y crecen en la ilusión, sin reconocer su naturaleza ilusoria. El mundo entero es ilusión, los apegos son ilusión, la vida familiar es ilusión, la muerte es ilusión, todo lo que ves y lo que piensas es ilusión. La vida misma es una ilusión. ¿Dónde quedaron aquellos reyes y emperadores que se sentían tan ufanos de sus conquistas? Todos ellos fueron sepultados bajo el peso del tiempo. Los días, meses, años y eras se funden unas en las otras. El tiempo es fluir continuo, y en este fluir todo y todos - personas y objetos- son barridos. Algo que está siendo barrido por el tiempo no puede volverse el sostén de otra cosa que también está siendo barrida.

¿Quién puede salvar a quién? La única entidad permanente que no se esfuma con el tiempo y que puede cuidar de todo es el Señor. Sólo Él puede cuidar de todos. Él es el cauce estable del interminable río del tiempo. Agárrense de Él. Ese es el secreto de la vida. Ese es el sello del humano verdadero. Crean en el Señor y no crean en el mundo, es el modo correcto de vivir su vida y disfrutarla. Recuerden siempre estos tres principios:

·       En primer lugar: no se olviden del Señor,

·       en segundo lugar: no crean en el mundo,

·       y, en tercer lugar: no teman a la muerte

Estos son los tres principios rectores para toda la humanidad.

En el Gita encontrarán los 64 atributos de un devoto verdadero. Es imposible que un individuo los posea todos. Si pueden practicar uno o dos de ellos, con eso basta. Pongan su fe en el Señor. Cuando desarrollen una profunda fe, no necesitarán nada más. Puede haber 50 cerillos en una caja. Si necesitan fuego, con uno solo que enciendan será suficiente. No necesitan encender los 50 fósforos. De igual modo, si existen 64 atributos, con uno solo que practiquen a la perfección será suficiente. El atributo más importante es el amor desinteresado. Swami ha dicho a menudo: "El amor es Dios; Dios es amor". Si viven en amor y se sumergen en la divinidad, el Señor cuidará de todos sus asuntos. Krsna le advirtió a Arjuna: "Cuando tengas total fe en mí, tu devoción sea completa, y dejes todo por mí, me serás muy caro."

 

Los cuatro tipos de devotos

La verdadera devoción no nada más consiste en realizar rituales como entonar cantos sagrados, repetir conjuros, hacer oraciones comunitarias o personales, o sentarse a meditar. La devoción consiste en poner fe inquebrantable en el Señor. Hay cuatro tipos de devotos: los que buscan gracias que aligeren su sufrimiento; los que buscan bendiciones para tener una vida plena y dichosa; los que se cuestionan sobre el significado profundo de la vida, y los conocedores de la más alta sabiduría.

El primer tipo le reza al Señor cuando está en dificultades o atravesando un trance difícil. Sólo entonces se acuerda del Señor para adorarlo.

El segundo tipo es el que implora al Señor por riqueza, posición y poder. Le ruega al Señor le dé progenie y larga vida, y sueña con poseer casas, propiedades, ganado, oro, joyas y cosas por el estilo para servir a sus semejantes. La mayoría de las personas procuran bienes mundanos, sin darse cuenta de que la verdadera riqueza es la sabiduría; la posesión más valiosa es el carácter noble, y la joya más preciada es estar inmerso en el amor de Dios. Ellos están deseosos de objetos mundanos, mas no comprenden el significado sutil y profundo de estas riquezas externas.

El tercer tipo de devotos siempre indagan acerca de la verdad. Constantemente se preguntan dónde está Dios, quién es Dios, cómo puede alcanzar a Dios, cuál es su relación con Dios, quiénes realmente son ellos. Al ingresar en esta etapa dan rienda a su indagatoria a fin de obtener conocimiento espiritual. En primer lugar, deben de responderse ¿Quién soy? ¿De dónde viene el mundo? ¿Cuál es mi meta? Se preguntan sobre estos temas e intentan comprenderlos mejor. Se acercan a personas elevadas, escuchan sus enseñanzas, los sirven, y estudian las escrituras sagradas. En el proceso, el conocimiento indirecto se vuelve directo, ya que las enseñanzas recibidas se pasan a formar parte de su experiencia interna.

Finalmente, una vez que han hecho suyas las enseñanzas, dejan atrás dicha etapa para volverse el cuarto tipo de devotos: los conocedores de la verdad, los poseedores de la sabiduría interna. Tal es auténtico conocimiento espiritual, trascendente, que alude a la experiencia de la unidad, la contemplación del Uno sin segundo.

Fijarse sólo en las cosas externas puede causarles infinito pesar. Si basan sus experiencias exclusivamente en el conocimiento mundano inevitablemente los aquejarán las reacciones que resultan de dicho conocimiento. Imagínense que dan un golpe sobre la mesa con cierta altanería. Pueden jactarse de haberle dado un trancazo, lo que seguramente le habrá dolido. Mas, para su decepción, al instante descubren que el objeto también los golpeó a ustedes con exactamente la misma intensidad, resultando igualmente lastimados por él. En el conocimiento mundano siempre encontrarán este tipo de respuestas. Hagan lo que hagan, se les devolverá; digan lo que digan, les resonará; piensen lo que piensen, se les reflejará. Todo en el mundo trae aparejada una reacción, una resonancia, un reflejo.

Mas en el reino espiritual no existe reacción, resonancia ni reflejo. En dicho ámbito sólo existe conocimiento trascendente, que es el verdadero. Ahí no encontrarán cosas separadas; objetos que reaccionan, ni nada que les pueda resonar, porque en el ámbito espiritual no existe un segundo. Sólo está el Uno. Doquiera haya una segunda entidad, surgirá el deseo de poseerla o de escapar de ella. En suma, surgirá un sentimiento de deseo, o bien, de temor. Pero cuando se sumergen en el conocimiento verdadero, no experimentan nada ni a nadie más; no existe un segundo. Entonces no surge deseo ni temor. A tal estado se le describe mejor como sabiduría: el más alto conocimiento. En dicho estado de exaltación, no perciben ni escuchan nada separado de su ser. Tan solo se sumergen en la dicha suprema. Es la dicha eterna de la divinidad.

La historia del hombre rico y sus cuatro esposas

Hay una historia que ilustra bien los cuatro tipos de devoción que aquí se han descrito. Una vez un hombre rico que tenía cuatro esposas tuvo que viajar al extranjero para un asunto importante. Pasó varios meses fuera. Antes de volver a casa, envió una carta a cada una de sus esposas avisando que volvería a casa en unas semanas, y que si necesitaban algo de aquel país, le enviaran su lista, que con placer las complacería en sus encargos.

La primera esposa era una mujer descontenta que padecía muchos achaques. Envió a su marido una lista de nombres de medicamentos, explicando que su salud no era buena y que le gustaría que le trajese medicinas del extranjero, que fueran de calidad. Su segunda esposa era muy codiciosa. Ella escribió "Querido esposo, por favor tráeme joyas, saris de fina seda y objetos de moda que sólo se venden ahí". El hombre recibió su carta y se determinó a traerle dichos enseres.

La tercera esposa era muy devocional. Le pidió al marido buenos libros espirituales y vidas de santos que estuviesen a la venta en aquel país. Siempre se allegaba a lecturas espirituales que la inspirasen, por eso solicitó ese tipo de libros a su marido. La cuarta esposa -la favorita del hombre- sólo le dijo: "Amado mío, no necesito nada para mí. Me hará feliz verte de nuevo en casa, sano y salvo."

Cuando el hombre volvió a casa, trajo todo lo que le habían pedido. La primera mujer recibió los medicamentos y tónicos del extranjero. La segunda mujer recibió sus joyas y saris de seda. La tercera esposa obtuvo las mejores ediciones de las escrituras, y otros libros sagrados. Entregados los regalos, se fue a quedar con la cuarta esposa, quien tan solo le había encargado: "Sólo ven sano a casa; no deseo nada más." Ella sólo lo quería a él. Las otras tres esposas, celosas de la favorita pues el esposo se había ido donde ella, le reprocharon así: "Después de tanto tiempo sin verte, ni siquiera te has parado en casa para vernos. ¿A qué se debe? El marido respondió: "A cada una le traje exactamente lo que me pidió. Una de ustedes me pidió medicinas, y se las traje. Otra me pidió joyas, y se las di. Una me solicitó libros sagrados y se los compré. Pero una de ustedes sólo esperaba ver mi persona, así que aquí estoy con ella."

Cuadro de texto: 8Dios responde a las solicitudes de cada uno

El marido es el Señor y las cuatro esposas son los cuatro tipos de devotos. El Señor les dará exactamente lo que buscan. Si lo que quieren es a Él, Él se quedará alojado en su corazón. Dios es como el árbol de los deseos que concede hasta los frutos más exóticos. Responderá a los requerimientos de todos. Es omnisciente. Está en todas partes. Sabe lo que quieren y se los dará. En realidad, el mundo es una especie de árbol de los deseos. El Señor se vale del mundo para satisfacer sus deseos y atender sus antojos. Pocas personas entienden esto. He aquí una historia que lo puede ilustrar.

Había un caminante que llevaba andando largo rato bajo el sol. Al fin encontró un árbol y se sentó a descansar a su sombra. Estaba exhausto después de su calurosa caminata, y la sombra del árbol le trajo gran alivio. En eso le entró mucha sed y se dijo: "¡Qué bien me vendría un gran vaso de agua fresca!" De pronto, de la nada, apareció un vendedor de aguas frescas. El caminante estaba sentado debajo de un árbol de los deseos, sin saberlo. Tras beber el agua, le vino otro pensamiento "¡Qué bueno sería tener una almohada y una manta para poder descansar a gusto!" De inmediato llegaron a él una cama y una almohada, de la mano del Señor. Ahora se encontraba realmente cómodo.

Después que obtuvo la cama y la almohada, pensó" ¡Qué cómodo se está en esta cama! Si tan solo mi esposa estuviera aquí" Al momento apareció su mujer. En esta ocasión, al llegar su mujer él realmente se atemorizó, por no estar seguro si se trataba realmente de su esposa o de algún demonio haciéndose pasar por ella. Al momento de pensarlo, aquella se transformó en demonio. Esta vez, presa de terror, exclamó: "¡Ay, Dios! ¿Me irá a tragar este demonio? No bien pronunció dichas palabras, cuando el demonio saltó sobre él y lo devoró entero.

La moraleja de la anécdota es que cuando se encuentren bajo el árbol de los deseos, deben de tener mucho cuidado con lo que piensan, porque sean cuales fueren, sus pensamientos se volverán realidad. El mundo en su conjunto es como un árbol de los deseos. Si sus pensamientos son buenos, los resultados serán buenos; si tienen malos pensamientos, obtendrán malos resultados. Por lo tanto, no deben de albergar sentimientos ni pensamientos negativos. Por eso Swami ha dicho a menudo "Hagan el bien, vean el bien; hablen del bien. Éste es el camino a Dios".

No son mortales; son inmortales

El mundo entero es creación de Dios; está saturado de su voluntad. En todos lados está Dios. No piensen mal de nadie. Logren total control sobre sus sentidos y alberguen sólo pensamientos positivos. Sean jóvenes o de edad, sólo deben permitir que entren a su mente buenos pensamientos; y traten de llevar siempre una vida buena. Este es el verdadero significado de ser humanos. El término sánscrito para humano es nara, que significa lo que no puede ser destruido, lo que inevitablemente retornará al Señor. Nara es aquel que no puede ser aniquilado, que es inmortal. Las antiguas escrituras declaran: "No son criaturas mortales; son hijos de la inmortalidad." También se le dice manava al ser humano. Se refiere a aquel que es libre de ignorancia. Sin embargo, hoy en día todos se comportan neciamente. Sus pensamientos, palabras y acciones no dan debida cuenta de su humanidad.

Se ha dicho que es mejor morir que permanecer ciegos en la ignorancia. Tienen que erradicar la ignorancia y lograr que no regrese a ustedes. Si quieren disolver la oscuridad, necesitan acercar la luz. Donde hay luz, no puede haber oscuridad. Si desean librarse de la ignorancia, tienen que volverse sabios. Una vez que se vuelvan sabios, la ignorancia no tendrá pie de apoyo en ustedes y podrá ser removida. Para obtener sabiduría se requiere la gracia del Señor. Un gran poeta cantaba así: "Dios mío, si tengo tu gracia, ¿a qué le puedo temer? ¿Qué puede el destino contra mí?"

Su vida no debe de estar regida por la lujuria, la rabia, la avaricia, el apasionamiento, la soberbia ni los celos. Ellos son los enemigos a los que hay que conquistar y someter. Son la oscuridad, producto de la ignorancia. Su vida debe de estar regida por la luz y la sabiduría. Debe de basarse exclusivamente en la gracia de Dios. Desde ya, anhelen obtener su gracia y su sabiduría. Para obtenerla, piensen en Él dondequiera que estén, todo el tiempo y bajo cualquier circunstancia.

En la era de oscuridad que atravesamos, no existe mayor práctica espiritual. Repitan constantemente el sagrado nombre del Señor e instálenlo permanentemente en su corazón. Su vida será bendecida y ustedes devendrán un ejemplo para toda la humanidad.

domingo, 8 de septiembre de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO XIII. TIEMPO DESPERDICIADO ES VIDA DESPERDICIADA

 

 

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO XIII. TIEMPO DESPERDICIADO ES VIDA DESPERDICIADA

El Señor declaró en el Gita: "Quien se acuerda de mí me es caro". Por eso, recuerden siempre al Señor. Ofrézcanle su mente y su voluntad. Entréguenle su todo, y pronto lo podrán alcanzar.

Encarnaciones del amor:

En el Gita, el Señor enseñó que la dicha y el pesar, el calor y el frío, la ganancia y la pérdida, la crítica y el elogio, deben de ser encarados con igual actitud. La ecuanimidad es uno de los atributos centrales del verdadero devoto. El devoto tiene otras buenas cualidades, pero todas están contenidas en dos: la disciplina y la renunciación. La disciplina consiste en tres tipos de penitencia: la corporal, la mental y la verbal. La renunciación consiste en comprender los defectos que hay en los objetos y en llevar una vida sin apegarse a ellos; o sea, vivir únicamente como testigo. Si pueden asumir estas dos cualidades -la disciplina y la renunciación- en su vida cotidiana, no tendrán necesidad de ninguna otra práctica.

Comienza tu práctica espiritual siendo joven

Si desean cultivar estas dos cualidades, tienen que comenzar desde pequeños, ocupando este periodo de su vida santa y noblemente. Hoy en día, la gente asume la práctica espiritual ya mayor. Tras disfrutar holgadamente de cosas mundanas y comodidades, de atiborrarse y hartarse de placeres mundanos, la gente emprende el camino espiritual tardíamente. Una vez transcurridas sus vidas totalmente enfocadas en los objetos sensoriales: familia, hijos, dinero, propiedades, posición y fama, llegan a la madurez sintiéndose decepcionados. Descubren que no había nada real en esas cosas y que la paz interior y la dicha duradera no provienen del mundo físico y los emprendimientos mundanos. Al tocar el ocaso de sus vidas y experimentar un vacío, es cuando inician su práctica espiritual.

Cuando en edad avanzada padezcan todo tipo de achaques físicos y mentales, les será muy difícil llevar una vida espiritual rigurosa. Mas ni siquiera entonces deberán desanimarse, pensando que la gente mayor ya no puede progresar en lo espiritual. Por supuesto que tienen acceso a experiencias elevadas. Es mejor pensar en el Señor tardíamente, que nunca haber pensado en Él. Cuando de pensar en el Señor se trata, no existe restricción alguna de tiempo, lugar o edad. Por eso el Maestro divino declaró en el Gita: "En todo momento, en todo lugar, piensen en mí", si bien declaró también que el mejor momento para determinada práctica espiritual es la juventud, o sea cuando están en la flor de su vigor físico, plenitud de sus sentidos y lucidez mental.

El proceso se compara con reservar un boleto de avión antes de emprender el viaje. Al llegar al aeropuerto, cuando tienen un lugar ya reservado, se disponen a su viaje con toda calma. Por el contrario, si se dirigen al aeropuerto en el último momento, sin reservación, puede ser que no logren subirse al avión, ya que ello dependerá de la suerte. Pueden acabar teniendo que viajar en un medio más lento, o postergar su partida. Es lo mismo para aquellos que comienzan a ponerle atención a la espiritualidad cuando son mayores. Pueden tener avances espirituales significativos o no a esa edad. Lo que sí es seguro es que de haber iniciado su práctica espiritual tempranamente, habrían podido obtener grandes logros espirituales a su edad avanzada.

No desperdicien su juventud

Si desperdician su juventud gozando la vida, malgastando su vigor físico y agudeza de sentidos, y aun pretenden fundirse con el Señor en las postrimerías de la vida, quizás no les sea posible. No tiene caso ofrecerles a los demonios los platos más abundantes, y una vez ahítos, ofrecerle las sobras al Señor. ¿Creen que ello pueda complacerle? ¡Claro que no! Cuando despilfarran su vigor y plena capacidad en los demonios del enojo, la avaricia, la lujuria y la soberbia, no pretenden ofrecerle a Dios lo que queda, pues Él no aceptará su ofrecimiento. El Gita subraya que la juventud es un periodo atesorado que debe de emplearse con gran cuidado para poder avanzar espiritualmente.

Cuando han gozado de algo por largo tiempo puede suceder que lo den por garantizado y no lo valoren. Sólo logran apreciarlo realmente cuando lo pierden. Mientras gozan de la vista, no valoran a fondo lo precioso de tener ojos. Sólo aprecian la grandeza de la vista cuando quedan ciegos. Del mismo modo, mientras gozan de buena salud y sus facultades están en su apogeo, no aquilatan su valor. Cuando su salud se quebranta y sus facultades desmejoran, se arrepienten y lamentan haber perdido sus capacidades. Mas entonces es demasiado tarde. En su juventud se entregaron a malos hábitos y conductas banales, y dejaron que enraizaran en ustedes. Despilfarraron y mal usaron las capacidades que les regalaron, por seguir ciegamente sus deseos carnales. Mas, al tiempo, los malos hábitos se transformaron en los peores enemigos de sus años maduros.

La mayoría de las personas no usan bien su capacidad de discriminación. No intentan descubrir quién es su verdadero amigo y quién su adversario. Si viven a merced de los sentidos y los bajos instintos, en lugar de aguzar la inteligencia para desentrañar el sentido profundo de la vida, ¿hay alguna razón para llamarse humanos? ¿No deberían de considerarse tan solo animales? Únicamente cuando extraen el sentido de la vida y abrazan las nobles virtudes humanas, sus sentidos dejan de asolarlos.

Empleen su cuerpo en aras de Dios

Hasta hoy han usado a Dios a favor de su cuerpo. No han empleado su cuerpo a favor de Dios. Cuando enferman, rezan para recuperar la salud, sin embargo no usan sus atributos físicos que poseen para adorar a Dios. Piensan que les sobrará tiempo para eso en el futuro y, así, se dedican a desperdiciar el tiempo actual. Suponen que tras retirarse podrán abrazar la contemplación de Dios y la práctica espiritual. Prefieren gozar la vida y el mundo, mientras dura su juventud. ¿Pero cómo podrían pensar en Dios ya mayores, cuando hayan perdido sus facultades?

Si no están empleando su fuerza y capacidades para adorar al Señor ahora, después será demasiado tarde. Cuando los niños se burlen de ustedes y los llamen "viejitos", ¿podrían entonces iniciar una vida espiritual en serio? Cuando peinen canas y se muevan con dificultad, y estén medio ciegos, y hayan decaído sus sentidos, ¿podrían entonces usarlos para adorar a Dios? No, no les sería posible. Las escrituras han subrayado enfáticamente lo fútil de iniciar una vida espiritual en la vejez. Se dice que cuando el dios de la muerte los encuentra y los llama a voces: "¡Ven, ven!" Y a sus allegados ya les anda por deshacerse del cadáver, y alegan: "¡ya sáquenlo de aquí!, ¡sáquenlo!" Mientras su mujer e hijos los lloran, ¿podrían en ese momento pensar en Dios? ¿Acaso podrían decirle a los suyos que no los lloren, y solicitarle a la muerte aunque sea un ratito más para pensar en el Señor antes de partir?

La juventud es el periodo en el que hay que acumular todo lo que vamos a necesitar, si deseamos un futuro feliz. ¿Creen realmente que es posible pensar en el Señor cuando se retiren? Pues no, no es posible. Es antes de retirarse cuando tienen que entregarse firmemente a su práctica espiritual. En su lugar, se dedican a hacer negocios para continuar en ello aún después de retirarse, o pierden el tiempo en clubes, despilfarrando su preciosa vida de mil maneras. No pueden iniciar su vida espiritual cuando la muerte esté a la puerta.

Érase una esposa que reconvenía a su marido, diciendo: "¿No crees que al menos ya de viejo tendrías que pensar en Dios? No lo hiciste durante tu vida activa. Por favor, ¡hazlo al menos ahora!" El hombre de negocios replicó: "Ni siquiera tengo tiempo para morir, mucho menos para pensar en Dios." ¿Ustedes creen que la muerte no le llega a quien dice no tener tiempo de morir? ¿Se comportará la muerte de acuerdo con sus deseos? No; el tiempo no perdona. Así que mientras les quede tiempo, hagan buen uso de él.

El enemigo llamado muerte, junto con sus fuerzas militares -las enfermedades-, esperan el momento de hacerle la guerra a su cuerpo. La gente muere de maneras horribles e inevitables ante enfermedades fatales. Mas no hay ejército que venza cuando se ha obtenido la gracia de Dios. Así que gánense la gracia de Dios en la juventud y prepárense para hacer frente a los adversarios que los asediarán más tarde. Sobre todo, convénzanse de que la travesía de la vida es larga. Otros viajes, ya sea en camión, tren o avión, duran poco; no requieren de mayores preparativos. En cambio, necesitan estar bien preparados para la larga travesía de la vida, para poder enfrentar los contratiempos del viaje. De otro modo, la pasarán muy mal cuando surjan los verdaderos problemas.

 

Los contenedores con sustancias químicamente activas llevan una etiqueta con una fecha futura que se les adosó al tiempo de su producción. La fecha de caducidad señala que el contenedor usó su periodo útil de vida y deberá de retornar las sustancias al almacén para ser recicladas. Lo mismo ocurre con el contenedor de su cuerpo. En él también hay una fecha, la que Dios mismo les imprimió.

No recuerdan que tiene que retornar. La gente olvida esta verdad fundamental. Si de verdad desean disfrutar los placeres de la vida más tarde, gánense la gracia de Dios a edad temprana. Los periodos de la infancia y la juventud revisten gran importancia en el curso de la vida humana. Al no ponderar el peso de esta etapa, pierden su tiempo en la juventud. Utilizan una taza de oro, remachada con gemas preciosas, en afanes viles o despreciables. Para avivar el fuego de sus sentidos, emplean exquisita madera de sándalo. El recipiente es precioso, el combustible, de primera, pero la comida que guisan en ellos es insípida y pobre. Tan preciado cuerpo y tan sagrado combustible son despilfarrados, a favor de deleites triviales y sin sentido. Cosas sin valor son depositadas en el precioso recipiente para divertimento sórdido. Con un arado de oro aran el terreno de su corazón, y no cosechan sino yerbas inservibles.

La verdadera vida humana implica discriminación y renunciación

El recinto de su corazón es lo más sagrado que hay. El Maestro divino ha declarado que incluso ese rincón le pertenece. El Señor ha aseverado que Él es el corazón y el conocedor de este. Él es el verdadero poseedor de su corazón y de su cuerpo. Con un arado de oro, han estado levantando deleznables cosechas de placeres sensuales. Quien tenga idea del tesoro que es el corazón y los sentimientos de los que es capaz, jamás haría mal uso de ellos. La vida debería de ser empleada en el bien, en beneficio de los demás, en la enseñanza de las metas sagradas, en recorrer el sendero divino, y llenar el pecho y la mente de luz radiante. Deberían de usar esta vida para fundirse en la divinidad. Sólo entonces tendrán autoridad para decir que su vida es santa y genuina.

Se dice que es tan difícil, que es casi imposible nacer como humano. ¿Qué tiene tan especial la vida humana? ¿Por qué es tan difícil de obtener? Los placeres que disfrutan las aves y los animales también son disfrutados por el hombre. ¿Qué caso tiene afirmar que la vida humana es tan preciosa y especial? Se debe a que ustedes son capaces de discriminar entre el bien y el mal. Y poseen la capacidad de soltar sus apegos y su odio. Por lo tanto, deberían de emplear la inteligencia que les fue dada para distinguir entre el modo animal de vivir y el modo humano de vivir. Al no distinguir al 'yo' verdadero del pequeño 'yo', al no desarrollar una inteligencia superior, son presas de la zozobra y el pesar. No encuentran paz interior porque no toman el camino correcto.

Con firme determinación, los jóvenes deberían de asumir los tres tipos de penitencia -física, mental y verbal- y ser ejemplo para todo el mundo. Por eso deben de utilizar su naturaleza activa para someter a su naturaleza lerda. Al final, deberán utilizar su naturaleza armónica para someter a su naturaleza activa. No es posible estar armónicos mientras la naturaleza lerda o la activa estén actuando en ustedes. Si su cabeza está vacía, cabe la esperanza de llenarla con buenas ideas, pero si su cabeza ya está repleta de ideas banales, ¿cómo sería posible introducirle alguna idea elevada o excelsa? Han llenado su cabeza de verdadera basura mundana, así que primero tendrán que vaciarla de nuevo. Sólo entonces podrán llenar su cabeza con sentimientos e ideas elevadas.

Manténganse firmemente enfocados en Dios

Muchos de ustedes siguen caminos sin sentido; llevan vidas insulsas. Lloran cuando nacen y lloran cuando mueren. Y entre las dos, a lo largo de su vida, lloran por cuestiones banales. ¿Acaso lloran cuando declina la rectitud? Es por eso por lo que debían de llorar; es en eso que debían de empeñar su vigor y sus talentos, en corregir el declive de la rectitud y en coadyuvar a sanar las heridas que ello deja a su paso. ¿Qué es vivir rectamente? Es la recordación constante y la contemplación ininterrumpida del Señor. Es cumplir con sus obligaciones pensando en el Señor. El Gita nunca dijo que deberían dejar a su familia, o abandonar su riqueza y propiedades e irse a vivir al bosque. ¡No! Cuiden de su familia. Cumplan con su deber; pero manténganse enfocados en el Señor. Hagan lo que hagan, no se olviden de su meta. Si se rinden, se extraviarán y tomarán el camino equivocado. Su meta suprema debe de estar consolidada en su mente. Realicen las tareas de cada día con la mirada puesta en su meta.

No permitan que nada contamine sus palabras. Adhiéranse siempre a la verdad. Algunos piensan que en tiempos difíciles se puede alterar la verdad. Incluso creen que en ocasiones es necesario mentir. Sin embargo, en situaciones comprometedoras pueden mantenerse ecuánimes y callar, en lugar de decir algo que es verdad o no lo es. Si dicen la verdad, díganla gentil y suavemente. No digan la verdad de una manera ofensiva, o presenten una no-verdad de manera agradable. Siempre que enfrenten una situación constreñidora, tienen que aprender a desembarazarse del compromiso sin tener que mentir. A veces deben de aprender a salir a flote con mucho tacto, aprendiendo a usar las palabras sin lastimar. Se suele decir "Afortunado es el que sabe expresarse sin herir a nadie." No deben de lastimar a nadie ni dejar que ellos los lastimen. He aquí una historia que viene al caso.

Lleven su práctica con firmeza

Una mujer casada asistía a reuniones en las que un maestro espiritual explicaba las escrituras. Estaba muy concentrada escuchando con gran atención al maestro. Un día, el expositor contó la historia de Rama y Sita y, al respecto, puntualizó que para la mujer el esposo tiene que ser la única meta en su vida. "La responsabilidad de una esposa -dijo- es satisfacer al marido y hacerlo feliz. Debe de tratarlo como si fuese Dios." Tras escuchar esto, la mujer se fue a casa. El discurso le hizo tanta mella que de inmediato resolvió ponerlo en práctica. En cuanto llegó su marido a la hora de la comida, ella sacó la tina con agua para lavarle los pies para prestarle reverente servicio. El marido quedó desconcertado. Luego entró a casa y se sentó para secarse los pies, pero su mujer insistió en hacerlo ella misma.


 

Tras ver esto y volver a la oficina, el hombre llamó a un médico para llevar a su mujer. Él no sabía que su esposa estaba asistiendo a unas charlas. Cuando el médico la revisó le recetó unas pastillas para dormir, pues le pareció que la mujer había tenido un ataque de histeria, y que descansando uno o dos días, seguramente se pondría mejor. Después de comer, el marido instó a su mujer a que fuera a descansar en lo que él regresaba a la oficina. En cuanto el marido se retiró, la mujer se fue a escuchar la siguiente charla. Esa tarde, el maestro expuso lo que es la relación ilusoria entre marido y mujer. Preguntó a los asistentes: "¿Quién es el esposo? ¿Quién es la esposa? Nada es permanente. Todo es transitorio. En realidad nada existe." Y agregó "Sólo Dios es verdad. Él es la única verdad." Tras esto, la mujer regresó a casa y se dirigió a su altar.

Esa noche el hombre regresó de la oficina media hora antes para atender a su mujer en caso de que ésta no se sintiera bien. Tocó a la puerta para que su esposa le abriera. Ella respondió desde adentro: "No hay madre, no hay padre, no existe casa; nada existe, ni siquiera el esposo." Ahora sí el hombre se alarmó, pero logró que su mujer le abriera la puerta. En cuanto entró se dirigió al teléfono a llamar al psiquiatra. Éste llegó y examinando detalladamente a la mujer, expidió el diagnóstico. Explicó que tras escuchar aquellos discursos, le habían sobrevenido actitudes disparatadas, pero que si permanecía en casa, pronto se recuperaría. En casa se dispusieron todas las medidas para evitar que ella asistiera a las charlas. Todo mundo quedó informado; se le pidió al chofer así como a la servidumbre que no dejaran que la mujer fuese ahí.

Tras las restricciones impuestas por el médico, la mujer dejó de asistir a las charlas por dos días, y su conducta volvió a la normalidad. El desapego que había desarrollado había sido momentáneo y superficial, y no duró gran cosa. Ahora el marido estaba contento. La vida había vuelto a su rutina normal. Tras una semana, la mujer retomó las charlas. Ese día, el expositor explicó las enseñanzas del Gita. Señaló que las palabras deben de usarse siempre con verdad pero sin poner presión en las personas. La mujer lo escuchó y regresó a casa. Su esposo le informó que había una boda esa noche y quería que fueran juntos. Ella se arregló y asistió a la boda con su marido.

La ceremonia comenzó. Según la tradición del lugar, el lazo auspicioso de la novia debe de llevarse a toda persona mayor, para que ésta lo toque y bendiga. Cuando el padre de la novia se acercó a la mujer, la reconoció y cortésmente le preguntó: "¿Cómo está su madre? ¿Bien? Se trataba de un educado intercambiar de palabras, en lo que él sostenía el lazo para que ella lo tocase y bendijese. Pero la respuesta de la mujer fue: "Mi madre está bastante bien en lo que cabe, pero resulta que hace una semana mi suegra murió repentinamente; llevaron su cuerpo al crematorio al día siguiente."

La persona de al lado la reconvino "¿Por qué dijo algo tan poco auspicioso mientras tocaba y bendecía el lazo que se supone debe de brindar larga y feliz vida a la novia y a su futura familia?" La mujer replicó "¿Y acaso yo debería de mentir en aras del lazo? No, yo jamás diría una mentira. Lo cierto es que mi suegra murió y la cremaron al día siguiente." Una inteligente joven que estaba cerca enmendó: "Madre, claro que debes de ser veraz, pero también debes de considerar las circunstancias y pensar si lo que vas a decir es oportuno."

Sean veraces pero usen palabras discretas

Cada vez que escuchan una enseñanza espiritual, se empeñan ese día en practicarla con gran devoción y convicción, mas sólo ese día. Esa no es la forma correcta de llevar el aprendizaje espiritual. Usen su intelecto para sondear el contexto donde se encuentran, antes de emitir una opinión tocante a la situación. Cuando hagan o digan algo, deben de saber que la verdad es la vía magna para alcanzar su meta ulterior. No manchen su lengua de falsedad. No mancillen su cuerpo infligiendo violencia. La mente no debe de ser empantanada con malos pensamientos ni feos sentimientos. No será hasta que santifiquen y armonicen su mente, lengua y cuerpo, que podrán obtener la visión de Dios.

Los estudiantes deben de poner gran cuidado en decir la verdad. Decirla sí, mas no seguir agregando argumentos hasta que lastimen a otros innecesariamente. Deben de controlar la lengua. Si al sostener un altercado con alguien, le mientan sus defectos dizque porque están diciendo la verdad, las cosas se van a poner mucho peor. No deben de odiar jamás. Si hay amor en su corazón, sus palabras ciertamente saldrán con gentileza. Incluso si hay enojo, éste será pasajero.

Existen cuatro tipos de personas. El enojo de una persona serena es breve; se disipa rápidamente. Esa persona, afirma el Gita, tiene alma grande. El segundo tipo es de los que guardan el enojo unos minutos, mas luego lo olvidan. La tercera categoría es la de quienes permanecen enojados todo el día. Pero la categoría más baja es la de los que están enojados toda la vida.

Los cuatro tipos de enojo

El divino Maestro lo ha puesto en estos términos: "El enojo de una persona buena se compara con escribir sobre el agua; es impermanente. El enojo del segundo tipo de personas es como escribir en la arena; será barrido de un momento a otro. El enojo de la tercera categoría de personas es como grabar sobre piedra. Después de mucho tiempo, también se irá desgastando. Pero el enojo del cuarto tipo de personas es como grabar en acero, nunca se irá a menos que se funda el acero y se forme de nuevo. Sólo poniéndolo al fuego quedará destruido. Y sólo mediante intensa capacitación puede haber posibilidades de cambio."

Las cosas esenciales de la vida diaria están contenidas en el Gita. Es muy difícil tomar todas las enseñanzas y practicarlas al mismo tiempo. Pero al menos se deberían de tomar las que aplican directamente a nuestra vida, y practicarlas. Así se obtendrán frutos de inmediato, y se avanzará rápidamente hacia la más alta meta espiritual.

lunes, 2 de septiembre de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO XII. EL DESAPEGO: UNIFICACIÓN DE PENSAMIENTOS, PALABRAS Y ACCIONES

 

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO XII. EL DESAPEGO: UNIFICACIÓN DE PENSAMIENTOS, PALABRAS Y ACCIONES

La mente en la rueda de la existencia es el núcleo, el eje central donde se genera toda la actividad mundana. Para poder penetrar ese núcleo y obtener la visión del Yo inmortal, deben de cultivar el desapego. Esfuércense al máximo para cultivar esta disciplina fundamental.

Encarnaciones del amor:

La renuncia o desapego puede considerarse también como no apego. No apegarse significa que la mente y los sentidos no son afectados por los objetos del mundo, permaneciendo así indiferentes a la atracción o repulsión hacia ellos. La mente recubre al verdadero yo, por eso puede ser descrita como un velo. Es un velo de ignorancia porque oculta al verdadero yo, privándolo de su magnífica presencia. Sin embargo, la mente está ligada a los sentidos, y los sentidos se ven atraídos a los objetos del mundo fenoménico, a los que se ligan. Por eso, el primer paso para realizar su verdadero yo es adquirir el control sobre sus sentidos. La práctica del no apego es esencial para lograrlo.

El desapego lleva a la auto realización

Cuando se liberan del apego a las cosas, sus sentidos ya no pueden aprisionar su mente. Una mente no empañada por los sentidos se vuelve pura y transparente. Los sentidos dejan de imponer su influjo sobre el atora. Una vez que se disuelve el velo de la mente, su verdadero yo se hace consciente de sí mismo. Entonces se sumergen en la unidad de la existencia, y disfrutan la dicha que es su verdadera naturaleza. El yo verdadero es el mismo ser supremo.

El desapego o el no apego es subrayado en el yoga clásico de Patanjali, quien fuera un gran visionario de la antigua India. Él explicó que el desapego es la cualidad natural de una mente no alterada por los sentidos ni por los objetos que normalmente los atraen. Una mente no esclavizada por los sentidos ni por sus objetos es pura, por lo tanto la ilusión no puede afectarla. Adquieren una mente pura cuando contemplan los objetos del mundo como algo transitorio y cambiante. Las antiguas enseñanzas de la sabiduría afirman que, desde la criatura más humilde hasta la más excelsa del mundo fenoménico, es efímera y susceptible de cambio. Al saberlo, deberían abandonar todo apego a los objetos de los sentidos. Todo apego conduce necesaria y gradualmente a la esclavización.

Así como retirar la leña del fuego extingue la flama de inmediato, retirar los objetos de los sentidos los torna automáticamente impotentes. Las sabias enseñanzas recalcan que sólo quien no desea ninguna otra cosa más que la plena realización del Yo supremo es el verdadero renunciante. Ni los objetos del mundo, ni la celestial morada del Señor podrían desviarlo de su empeño.

Las antiguas enseñanzas relatan la historia de un chiquillo sabio que, debido a un juramento que le había hecho a su padre, se encontró un día en el reino de la muerte. El dios de la muerte intentó ganarse al chico diciéndole: "Te haré amo y señor de todas las riquezas y poderes que hay en el mundo, y te concederé todos los placeres del cielo." A lo que el chico replicó: "Tanto este mundo como todos los demás mundos son cosas transitorias, que no durarán gran cosa. No me interesa tener nada de lo que va y viene. Lo único que deseo es la visión del Yo supremo. Deseo realizar la verdad última, que no sufre cambio alguno. El mundo esclavizante y el pesar que lo acompaña es para quien se deja deslumbrar por los objetos de los sentidos. No me interesan en absoluto."

El apego a los objetos que creen ser de su propiedad

Imaginen que han vivido en la misma casa por mucho tiempo, y un día tienen que mudarse. Empacan sus pertenencias, las meten en su vehículo y las transportan a su nueva casa. No sería raro que envolvieran sus viejas chanclas y sus destartalados palos de escoba para llevárselos consigo, porque ustedes consideran que les pertenecen. ¿Pero por qué lo hacen? La razón es que se apegaron a dichos objetos. Desean cargar con sus vejestorios porque se apegaron a ellos, entonces sienten que les pertenecen y les duele separarse.

Ahora consideren el ejemplo de un rector universitario o director escolar. En toda institución educativa hay cierta cantidad de objetos valiosos. Por ejemplo, en el laboratorio, hay equipos de mucho valor: mesas, sillas, mobiliario diverso, un reloj de pared, etc. Cuando transfieren al director a otro plantel, éste no siente apego hacia dichos objetos. Se retira con la misma cabeza fresca con la que llegó a ocupar su cargo el primer día. No siente empacho alguno en dejar atrás los valiosos objetos, porque sabe que son parte de la infraestructura del plantel, o son del fideicomiso escolar o del gobierno. Por lo tanto, el deja la escuela con total desapego e indiferencia hacia los inmuebles.

Siempre que hay el sentido del "mío", hay sufrimiento. Si no tienen dicho sentido de posesividad, nada los atrapará y no sufrirán. Por lo tanto, sólo el "yo-mi-me" es responsable de las ataduras, el sufrimiento y la frustración. Igual que el director, pueden usar todos los objetos que deseen. No tienen que apartarse de ellos, ni tienen que dejar de participar en los escenarios. Renuncien tan sólo al apego que los vincula a las cosas, al mundo, a sus actividades.

 

Renuncien al fruto de sus acciones

Otra manera de decir lo anterior es: renuncien al fruto de sus acciones. Cumplan su deber con total desapego, percatándose de la falibilidad de las cosas. Una vez que comprenda las leyes que gobiernan al mundo y reconozcan las fallas inherentes a las relaciones y a los objetos mundanos, podrán rápidamente superar el apego que los vincula a ellos.

Antes de que nacieran, ¿quién era el progenitor y quién el hijo? Antes de casarse, ¿quién era el esposo y quién la esposa? Sólo a partir del nacimiento, hubo un progenitor y un hijo. Antes del nacimiento, no había tal vínculo y, tras la muerte, no habrá tal vínculo tampoco. Solamente durante la corta transición entre ambos, surge la relación de posesividad y apego. Y se debe a una visión y abordaje equivocados. La posesividad surge de la visión corta y la actitud pobre. Sólo sus sentimientos y actitudes son responsables de sus pesares. Cuando reconozcan la falibilidad de los objetos y las relaciones humanas, perderán interés en poseerlos.

Traten de entender el principio del desapego. Deben de cultivar un estado en el que no haya apego ni ataduras ni siquiera durante el sueño ni durante el sueño profundo. Si fomentan el apego durante la vigilia, éste se mantiene durante el sueño y el sueño profundo. El estado onírico puede compararse al reflejo del espejo. Sea lo que fuere que experimenten durante la vigilia, ello se adosará al estado onírico y aparecerá en él como reflejo. Por eso, la vigilia y el sueño se equiparan al objeto y su imagen. Si toman el camino correcto durante la vigilia, reconociendo la verdad y comportándose a la altura, hollarás el mismo camino correcto durante el sueño. Para salir avante, deben de reconocer las fallas de los objetos sensoriales y superar su apego hacia ellos.

Todo atraviesa cambio

Todo cambia al paso del tiempo. La comida del día es fresca y sabrosa. Cuando es fresca aporta fuerza y salud. Pero el mismo alimento se vuelve tóxico después de dos días. Sea lo que fuere que consideren sabroso, sano y benéfico, tras cierto lapso se vuelve dañino, inservible e insano. El cambio es inevitable. Hablando de cambio, pueden también contemplar cuatro tipos de devotos: el afligido que busca consuelo, el que busca prosperidad material, el que procura conocimiento espiritual, y el sabio. A lo largo del tiempo, la misma persona puede atravesar las cuatro fases en su progresar.

Piensen ahora en los cambios que ocurren en la vida. Al nacer la criatura, se la considera un bebé; tras unos años, se la considera un niño; veinte años más tarde, el mismo individuo se considera adulto; y después de otros treinta años, se vuelve anciano. No se trata de cuatro personas distintas. El individuo ha sido el mismo a todo lo largo mas, debido al paso del tiempo, se le otorgan distintos nombres de acuerdo con la etapa de vida que esté cursando.

La vida de un ser humano -que es un privilegio difícil de obtener- atraviesa muchos cambios a lo largo del tiempo. Si esto es así en los humanos, ¿cuánto más no lo será en otros seres y objetos mundanos? Si se preguntan cuál es la peor falencia en un ser humano, verán que son los cambios del cuerpo físico. Buenos o malos, dichos cambios son inevitables. Puesto que mudar es inherente al mundo fenoménico, no deben de apegarse ni desarrollar un sentido de lo "mío" por nada ni nadie.

¿Quién es el padre? ¿Quién es la madre? ¿Quiénes son los hijos? ¿Quiénes son los miembros de la familia? ¿Quiénes son los amigos? Todas ellas son formas cambiantes, que no pueden definirse en sí por mucho tiempo. Cuando se percaten de que los cambios son inevitables en todas las relaciones, ¿cómo podrían seguirse apegando a ellas? El Gita enseña que es preciso admitir que el tiempo inflige cambios que aparecen como fallas o defectos. Por eso es preciso cultivar el desapego respecto de las formas falibles y cambiantes, que no tienen permanencia alguna.

La práctica constante

El desapego o el no apego es una de las primeras disciplinas que se deben de adquirir. La segunda es la práctica constante. ¿Qué tipo de práctica puede considerarse constante? Por ejemplo, la austeridad o penitencia. Al momento de escuchar la palabra 'austeridad', la gente se asusta un poco. Inevitablemente la asocian con recluirse en el bosque a comer frutos silvestres y a vivir con penurias, expuestos a los elementos naturales. A decir verdad, eso no es austeridad sino exponer el cuerpo a durezas y castigos.

No es el cuerpo el que tiene que sufrir, sino la mente. La mente tiende a la pereza y al caos, o a la actividad incesante, y es proclive a sentirse la hacedora y dueña de las cosas. La austeridad somete a la mente, cargada de tendencias negativas, a verdadera tortura hasta que abre mano de sus tendencias. Austeridad también significa remover los defectos inherentes a los sentidos. Esa es la verdadera austeridad. Existen tres tipos de austeridad: la física o corporal, la verbal o del habla, y la mental.

Las tres austeridades: física, verbal y mental

La austeridad física significa emplear el cuerpo en acciones buenas, lo que incluye adorar al Señor y expresar gratitud sirviendo a seres elevados. Si se ganan la gracia, el sentido del "yo-mi-me" se reduce paulatinamente. Una vez que se reduzcan las malas cualidades en ustedes, las cualidades y acciones positivas emergerán automáticamente. En ese momento, se sentirán naturalmente atraídos hacia personas espiritualmente afines, y hacia el estudio del Gita y de otros textos sagrados.

Además de lo anterior, querrán levantar fondos para educación, medicinas y hospitales, obtener despensas para los pobres, y otras buenas causas. Así como los actos tradicionales de caridad, como regalar oro, vacas y tierra eran maneras de ocuparse en acciones sagradas, hoy estarán también ocupando su cuerpo de un modo sagrado. Como no harán nada perjudicial ni prohibido, no correrán el riesgo de creerse hacedores, ni desarrollarán posesividad. Antes, se liberarán de las ataduras de ambos apegos. Todo lo anterior puede entenderse como penitencia corporal.Cuadro de texto: 5 

La penitencia del habla radica en el uso de buenas y nobles palabras. Aun cuando hablen la verdad, no deben de hablar con severidad ni mordacidad. Deben cuidar de no lastimar a nadie. En este sentido, el Gita señala que la verdad debe de ser dulce y no agresiva. Usen la sagrada boca que les fue dada para alegría y deleite de los demás, y para ayudarlos. No causen sufrimiento a otras mentes. Usen sus pensamientos en concentrarse en el Señor. Usen su lengua para hablar de los atributos del Señor. Empleen palabras que sean benéficas para otros. Hablen para mostrar el camino correcto a los demás. Platiquen de las maravillosas y buenas experiencias espirituales que han tenido. Corrijan a las personas que van en sentido equivocado, usando palabras gentiles y propicias. Asegúrense de que no haya una pisca de falsedad en su corazón, o en su discurso. Esa es la manera de convertirse en un adepto de la verdad y la no violencia. Es mejor callar que mentir

En su busca de la verdad podrán encontrar una serie de problemas. Hubo un sabio que juró seguir el camino de la verdad y la no violencia, pasara lo que pasara. Un cruel cazador que supo de esto intentó hacer que el sabio rompiera su juramento. El cazador persiguió un venado y lo acorraló de modo que tuviera que pasar frente al sabio, quien estaba inmerso en sus austeridades. El sabio vio que el venado se escondía en el bosque. Entonces el cazador se acercó al sabio y le preguntó "¿Has visto pasar por aquí un venado?" La pregunta puso al sabio en un gran dilema. Si dijese la verdad, pondría al venado en peligro, y si no dijera la verdad, estaría rompiendo su voto. O pecaba dañando a un tercero, o pecaba al mentir.

El sabio atinó a salir del dilema, respondiendo a la pregunta de un modo enigmático: "Los ojos que ven no pueden hablar y la boca que habla no puede ver. No puedo hacer que lo que miró hable, ni lo que puede hablar, mire. Esa es la verdad." La moraleja es que incluso en circunstancias tan comprometedoras, no se debe de mentir, aunque tampoco se pueda decir la verdad. Cuando estén siguiendo el principio de la austeridad del habla, pueden surgir situaciones complicadas, y deberán de esforzarse por salir del paso sin emitir un falso testimonio. Sean cuales fueren las circunstancias, no mientan. Si no puedes decir la verdad, es preferible guardar silencio, en lugar de incurrir en falsedad.

Analicen ahora la austeridad mental. En este tipo de austeridad, deben de cultivar virtudes y buenas cualidades. Les vengan los pensamientos que les vengan, su rostro los va a reflejar. Por eso se dice que el rostro es el espejo de la mente. Todo pensamiento se reflejará en su cara. Si se encuentran afligidos, su rostro reflejará su ánimo. Si hay pensamientos elevados en su mente, su rostro se mostrará sereno. Es fácil observar el efecto que la mente y los pensamientos pueden ejercer en ustedes.

Sólo cuando alberguen pensamientos divinos, sentimientos e ideas divinos, podrán llevar una vida alegre y feliz. Si en un momento dado, los asedian malos pensamientos, y en eso llega alguien y les saca conversación, aunque intenten sonreír, su sonrisa será artificial y su estado mental los traicionará. No deben de caer presas de su estado mental. Manténganse contentos siempre. ¿Cuándo se llegarán a sentir contentos y felices? Cuando sus pensamientos sean buenos y santos. Para que su mente sólo albergue pensamientos buenos y puros, deben de mantener éstos bajo control.

Observen un periodo de silencio todos los días

Permanezcan en silencio al menos unas horas al día. Así su mente descansará un poco de la corriente de palabras y pensamientos que la recorren. También pueden repetir el nombre sagrado y concentrarse en el Señor para alcanzar pureza interior y exterior. De la misma manera que lavan su cuerpo todos los días y lo convierten en un instrumento externo pulcro, la mente también debe de ser regularmente purificada para renovar su frescura y santidad. Ahora les preocupa más la limpieza corporal, mas también deben de limpiar su mente, que es igualmente esencial. Los buenos pensamientos, sentimientos y acciones cuentan mucho para alcanzar la limpieza interior.

Austeridad significa en realidad unificar el cuerpo, el habla y la mente, haciendo que las acciones, las palabras y los pensamientos se vuelvan uno. La verdadera austeridades esa. Un alma grande es la que logra la unión de las tres instancias. Mientras los pensamientos, las palabras y las acciones sean disímbolos, un individuo no podrá considerarse una gran persona.

Las experiencias mundanas están regidas por la combinación de tres atributos. La inercia y el caos, que dan origen a una naturaleza lerda; la acción y la reacción, que dan lugar a la naturaleza apasionada, y el ritmo y la calma, que dan origen a una naturaleza pura y armónica. La austeridad está encaminada a transformar las dos primeras: la naturaleza perezosa y la naturaleza apasionada. Ello puede lograrse controlando la pereza con ayuda del rasgo apasionado, y controlando la pasión mediante el rasgo puro y reposado. De esta manera, pueden disfrutar de las tres naturalezas en una. Al final, cuando sus acciones, palabras y pensamientos estén unificados, habrán superado los atributos mundanos y quedarán libres incluso de las limitaciones de la naturaleza pura y tranquila.

Por ejemplo, imaginen que se encajan una espina en el pie. Si desean sacarse la espina, no hay necesidad de un instrumento especial. Con otra espina pueden extraer la primera. Y luego se deshacen de ambas. Del mismo modo, las dos naturalezas inferiores que tanto trabajo les dan pueden ser removidas con la espina de la naturaleza pura y reposada. Hasta que no remuevan las dos cualidades inferiores, necesitarán de la cualidad reposada. Esta última puede describirse como una cadena de oro, la cualidad apasionada como una cadena de cobre y la cualidad lerda, como una cadena de hierro. Las tres cadenas los atan por igual. El valor del metal puede ser diferente, pero las tres representan una atadura.

Libérense de toda atadura

Un individuo sujeto con una cadena de oro, ¿estará contento en su situación? ¡No! La atadura no deja de ser atadura, sea con una cadena de oro, con una de cobre o una de hierro. Así que incluso una naturaleza pura y reposada genera atadura, y al final tienen que deshacerse también de ella. Es preciso liberarse de toda atadura. Pero hasta que no alcancen la divinidad, necesitarán de la cualidad pura, calma y armónica. Una vez que se unen al Señor, no habrá cualidades distintivas de ningún tipo. En ese estado, la cuestión de las tres cualidades no viene más al caso. Cuando han ofrecido su todo y se vuelven uno con el Señor, se yerguen por encima de los atributos y se liberan por completo de toda cadena. El Gita ha enseñado que, para controlar la mente, la práctica constante y la renunciación resultan esenciales.

La práctica no sólo se refiere a la observancia de los rituales diarios. Significa también emplear el cuerpo, la lengua y la mente de una manera que no genere apego. La práctica significa dirigir su vida hacia la única meta: alcanzar su divinidad. Cada palabra que emiten, cada pensamiento que piensan y cada acción que llevan a cabo deben de ser puros y estar asociados a la verdad. Es la base de toda austeridad. La verdad y la pureza son los instrumentos del éxito en el sendero espiritual. Es mi deseo que desarrollen dichas cualidades y santifiquen así su vida.