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domingo, 8 de septiembre de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO XIII. TIEMPO DESPERDICIADO ES VIDA DESPERDICIADA

 

 

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO XIII. TIEMPO DESPERDICIADO ES VIDA DESPERDICIADA

El Señor declaró en el Gita: "Quien se acuerda de mí me es caro". Por eso, recuerden siempre al Señor. Ofrézcanle su mente y su voluntad. Entréguenle su todo, y pronto lo podrán alcanzar.

Encarnaciones del amor:

En el Gita, el Señor enseñó que la dicha y el pesar, el calor y el frío, la ganancia y la pérdida, la crítica y el elogio, deben de ser encarados con igual actitud. La ecuanimidad es uno de los atributos centrales del verdadero devoto. El devoto tiene otras buenas cualidades, pero todas están contenidas en dos: la disciplina y la renunciación. La disciplina consiste en tres tipos de penitencia: la corporal, la mental y la verbal. La renunciación consiste en comprender los defectos que hay en los objetos y en llevar una vida sin apegarse a ellos; o sea, vivir únicamente como testigo. Si pueden asumir estas dos cualidades -la disciplina y la renunciación- en su vida cotidiana, no tendrán necesidad de ninguna otra práctica.

Comienza tu práctica espiritual siendo joven

Si desean cultivar estas dos cualidades, tienen que comenzar desde pequeños, ocupando este periodo de su vida santa y noblemente. Hoy en día, la gente asume la práctica espiritual ya mayor. Tras disfrutar holgadamente de cosas mundanas y comodidades, de atiborrarse y hartarse de placeres mundanos, la gente emprende el camino espiritual tardíamente. Una vez transcurridas sus vidas totalmente enfocadas en los objetos sensoriales: familia, hijos, dinero, propiedades, posición y fama, llegan a la madurez sintiéndose decepcionados. Descubren que no había nada real en esas cosas y que la paz interior y la dicha duradera no provienen del mundo físico y los emprendimientos mundanos. Al tocar el ocaso de sus vidas y experimentar un vacío, es cuando inician su práctica espiritual.

Cuando en edad avanzada padezcan todo tipo de achaques físicos y mentales, les será muy difícil llevar una vida espiritual rigurosa. Mas ni siquiera entonces deberán desanimarse, pensando que la gente mayor ya no puede progresar en lo espiritual. Por supuesto que tienen acceso a experiencias elevadas. Es mejor pensar en el Señor tardíamente, que nunca haber pensado en Él. Cuando de pensar en el Señor se trata, no existe restricción alguna de tiempo, lugar o edad. Por eso el Maestro divino declaró en el Gita: "En todo momento, en todo lugar, piensen en mí", si bien declaró también que el mejor momento para determinada práctica espiritual es la juventud, o sea cuando están en la flor de su vigor físico, plenitud de sus sentidos y lucidez mental.

El proceso se compara con reservar un boleto de avión antes de emprender el viaje. Al llegar al aeropuerto, cuando tienen un lugar ya reservado, se disponen a su viaje con toda calma. Por el contrario, si se dirigen al aeropuerto en el último momento, sin reservación, puede ser que no logren subirse al avión, ya que ello dependerá de la suerte. Pueden acabar teniendo que viajar en un medio más lento, o postergar su partida. Es lo mismo para aquellos que comienzan a ponerle atención a la espiritualidad cuando son mayores. Pueden tener avances espirituales significativos o no a esa edad. Lo que sí es seguro es que de haber iniciado su práctica espiritual tempranamente, habrían podido obtener grandes logros espirituales a su edad avanzada.

No desperdicien su juventud

Si desperdician su juventud gozando la vida, malgastando su vigor físico y agudeza de sentidos, y aun pretenden fundirse con el Señor en las postrimerías de la vida, quizás no les sea posible. No tiene caso ofrecerles a los demonios los platos más abundantes, y una vez ahítos, ofrecerle las sobras al Señor. ¿Creen que ello pueda complacerle? ¡Claro que no! Cuando despilfarran su vigor y plena capacidad en los demonios del enojo, la avaricia, la lujuria y la soberbia, no pretenden ofrecerle a Dios lo que queda, pues Él no aceptará su ofrecimiento. El Gita subraya que la juventud es un periodo atesorado que debe de emplearse con gran cuidado para poder avanzar espiritualmente.

Cuando han gozado de algo por largo tiempo puede suceder que lo den por garantizado y no lo valoren. Sólo logran apreciarlo realmente cuando lo pierden. Mientras gozan de la vista, no valoran a fondo lo precioso de tener ojos. Sólo aprecian la grandeza de la vista cuando quedan ciegos. Del mismo modo, mientras gozan de buena salud y sus facultades están en su apogeo, no aquilatan su valor. Cuando su salud se quebranta y sus facultades desmejoran, se arrepienten y lamentan haber perdido sus capacidades. Mas entonces es demasiado tarde. En su juventud se entregaron a malos hábitos y conductas banales, y dejaron que enraizaran en ustedes. Despilfarraron y mal usaron las capacidades que les regalaron, por seguir ciegamente sus deseos carnales. Mas, al tiempo, los malos hábitos se transformaron en los peores enemigos de sus años maduros.

La mayoría de las personas no usan bien su capacidad de discriminación. No intentan descubrir quién es su verdadero amigo y quién su adversario. Si viven a merced de los sentidos y los bajos instintos, en lugar de aguzar la inteligencia para desentrañar el sentido profundo de la vida, ¿hay alguna razón para llamarse humanos? ¿No deberían de considerarse tan solo animales? Únicamente cuando extraen el sentido de la vida y abrazan las nobles virtudes humanas, sus sentidos dejan de asolarlos.

Empleen su cuerpo en aras de Dios

Hasta hoy han usado a Dios a favor de su cuerpo. No han empleado su cuerpo a favor de Dios. Cuando enferman, rezan para recuperar la salud, sin embargo no usan sus atributos físicos que poseen para adorar a Dios. Piensan que les sobrará tiempo para eso en el futuro y, así, se dedican a desperdiciar el tiempo actual. Suponen que tras retirarse podrán abrazar la contemplación de Dios y la práctica espiritual. Prefieren gozar la vida y el mundo, mientras dura su juventud. ¿Pero cómo podrían pensar en Dios ya mayores, cuando hayan perdido sus facultades?

Si no están empleando su fuerza y capacidades para adorar al Señor ahora, después será demasiado tarde. Cuando los niños se burlen de ustedes y los llamen "viejitos", ¿podrían entonces iniciar una vida espiritual en serio? Cuando peinen canas y se muevan con dificultad, y estén medio ciegos, y hayan decaído sus sentidos, ¿podrían entonces usarlos para adorar a Dios? No, no les sería posible. Las escrituras han subrayado enfáticamente lo fútil de iniciar una vida espiritual en la vejez. Se dice que cuando el dios de la muerte los encuentra y los llama a voces: "¡Ven, ven!" Y a sus allegados ya les anda por deshacerse del cadáver, y alegan: "¡ya sáquenlo de aquí!, ¡sáquenlo!" Mientras su mujer e hijos los lloran, ¿podrían en ese momento pensar en Dios? ¿Acaso podrían decirle a los suyos que no los lloren, y solicitarle a la muerte aunque sea un ratito más para pensar en el Señor antes de partir?

La juventud es el periodo en el que hay que acumular todo lo que vamos a necesitar, si deseamos un futuro feliz. ¿Creen realmente que es posible pensar en el Señor cuando se retiren? Pues no, no es posible. Es antes de retirarse cuando tienen que entregarse firmemente a su práctica espiritual. En su lugar, se dedican a hacer negocios para continuar en ello aún después de retirarse, o pierden el tiempo en clubes, despilfarrando su preciosa vida de mil maneras. No pueden iniciar su vida espiritual cuando la muerte esté a la puerta.

Érase una esposa que reconvenía a su marido, diciendo: "¿No crees que al menos ya de viejo tendrías que pensar en Dios? No lo hiciste durante tu vida activa. Por favor, ¡hazlo al menos ahora!" El hombre de negocios replicó: "Ni siquiera tengo tiempo para morir, mucho menos para pensar en Dios." ¿Ustedes creen que la muerte no le llega a quien dice no tener tiempo de morir? ¿Se comportará la muerte de acuerdo con sus deseos? No; el tiempo no perdona. Así que mientras les quede tiempo, hagan buen uso de él.

El enemigo llamado muerte, junto con sus fuerzas militares -las enfermedades-, esperan el momento de hacerle la guerra a su cuerpo. La gente muere de maneras horribles e inevitables ante enfermedades fatales. Mas no hay ejército que venza cuando se ha obtenido la gracia de Dios. Así que gánense la gracia de Dios en la juventud y prepárense para hacer frente a los adversarios que los asediarán más tarde. Sobre todo, convénzanse de que la travesía de la vida es larga. Otros viajes, ya sea en camión, tren o avión, duran poco; no requieren de mayores preparativos. En cambio, necesitan estar bien preparados para la larga travesía de la vida, para poder enfrentar los contratiempos del viaje. De otro modo, la pasarán muy mal cuando surjan los verdaderos problemas.

 

Los contenedores con sustancias químicamente activas llevan una etiqueta con una fecha futura que se les adosó al tiempo de su producción. La fecha de caducidad señala que el contenedor usó su periodo útil de vida y deberá de retornar las sustancias al almacén para ser recicladas. Lo mismo ocurre con el contenedor de su cuerpo. En él también hay una fecha, la que Dios mismo les imprimió.

No recuerdan que tiene que retornar. La gente olvida esta verdad fundamental. Si de verdad desean disfrutar los placeres de la vida más tarde, gánense la gracia de Dios a edad temprana. Los periodos de la infancia y la juventud revisten gran importancia en el curso de la vida humana. Al no ponderar el peso de esta etapa, pierden su tiempo en la juventud. Utilizan una taza de oro, remachada con gemas preciosas, en afanes viles o despreciables. Para avivar el fuego de sus sentidos, emplean exquisita madera de sándalo. El recipiente es precioso, el combustible, de primera, pero la comida que guisan en ellos es insípida y pobre. Tan preciado cuerpo y tan sagrado combustible son despilfarrados, a favor de deleites triviales y sin sentido. Cosas sin valor son depositadas en el precioso recipiente para divertimento sórdido. Con un arado de oro aran el terreno de su corazón, y no cosechan sino yerbas inservibles.

La verdadera vida humana implica discriminación y renunciación

El recinto de su corazón es lo más sagrado que hay. El Maestro divino ha declarado que incluso ese rincón le pertenece. El Señor ha aseverado que Él es el corazón y el conocedor de este. Él es el verdadero poseedor de su corazón y de su cuerpo. Con un arado de oro, han estado levantando deleznables cosechas de placeres sensuales. Quien tenga idea del tesoro que es el corazón y los sentimientos de los que es capaz, jamás haría mal uso de ellos. La vida debería de ser empleada en el bien, en beneficio de los demás, en la enseñanza de las metas sagradas, en recorrer el sendero divino, y llenar el pecho y la mente de luz radiante. Deberían de usar esta vida para fundirse en la divinidad. Sólo entonces tendrán autoridad para decir que su vida es santa y genuina.

Se dice que es tan difícil, que es casi imposible nacer como humano. ¿Qué tiene tan especial la vida humana? ¿Por qué es tan difícil de obtener? Los placeres que disfrutan las aves y los animales también son disfrutados por el hombre. ¿Qué caso tiene afirmar que la vida humana es tan preciosa y especial? Se debe a que ustedes son capaces de discriminar entre el bien y el mal. Y poseen la capacidad de soltar sus apegos y su odio. Por lo tanto, deberían de emplear la inteligencia que les fue dada para distinguir entre el modo animal de vivir y el modo humano de vivir. Al no distinguir al 'yo' verdadero del pequeño 'yo', al no desarrollar una inteligencia superior, son presas de la zozobra y el pesar. No encuentran paz interior porque no toman el camino correcto.

Con firme determinación, los jóvenes deberían de asumir los tres tipos de penitencia -física, mental y verbal- y ser ejemplo para todo el mundo. Por eso deben de utilizar su naturaleza activa para someter a su naturaleza lerda. Al final, deberán utilizar su naturaleza armónica para someter a su naturaleza activa. No es posible estar armónicos mientras la naturaleza lerda o la activa estén actuando en ustedes. Si su cabeza está vacía, cabe la esperanza de llenarla con buenas ideas, pero si su cabeza ya está repleta de ideas banales, ¿cómo sería posible introducirle alguna idea elevada o excelsa? Han llenado su cabeza de verdadera basura mundana, así que primero tendrán que vaciarla de nuevo. Sólo entonces podrán llenar su cabeza con sentimientos e ideas elevadas.

Manténganse firmemente enfocados en Dios

Muchos de ustedes siguen caminos sin sentido; llevan vidas insulsas. Lloran cuando nacen y lloran cuando mueren. Y entre las dos, a lo largo de su vida, lloran por cuestiones banales. ¿Acaso lloran cuando declina la rectitud? Es por eso por lo que debían de llorar; es en eso que debían de empeñar su vigor y sus talentos, en corregir el declive de la rectitud y en coadyuvar a sanar las heridas que ello deja a su paso. ¿Qué es vivir rectamente? Es la recordación constante y la contemplación ininterrumpida del Señor. Es cumplir con sus obligaciones pensando en el Señor. El Gita nunca dijo que deberían dejar a su familia, o abandonar su riqueza y propiedades e irse a vivir al bosque. ¡No! Cuiden de su familia. Cumplan con su deber; pero manténganse enfocados en el Señor. Hagan lo que hagan, no se olviden de su meta. Si se rinden, se extraviarán y tomarán el camino equivocado. Su meta suprema debe de estar consolidada en su mente. Realicen las tareas de cada día con la mirada puesta en su meta.

No permitan que nada contamine sus palabras. Adhiéranse siempre a la verdad. Algunos piensan que en tiempos difíciles se puede alterar la verdad. Incluso creen que en ocasiones es necesario mentir. Sin embargo, en situaciones comprometedoras pueden mantenerse ecuánimes y callar, en lugar de decir algo que es verdad o no lo es. Si dicen la verdad, díganla gentil y suavemente. No digan la verdad de una manera ofensiva, o presenten una no-verdad de manera agradable. Siempre que enfrenten una situación constreñidora, tienen que aprender a desembarazarse del compromiso sin tener que mentir. A veces deben de aprender a salir a flote con mucho tacto, aprendiendo a usar las palabras sin lastimar. Se suele decir "Afortunado es el que sabe expresarse sin herir a nadie." No deben de lastimar a nadie ni dejar que ellos los lastimen. He aquí una historia que viene al caso.

Lleven su práctica con firmeza

Una mujer casada asistía a reuniones en las que un maestro espiritual explicaba las escrituras. Estaba muy concentrada escuchando con gran atención al maestro. Un día, el expositor contó la historia de Rama y Sita y, al respecto, puntualizó que para la mujer el esposo tiene que ser la única meta en su vida. "La responsabilidad de una esposa -dijo- es satisfacer al marido y hacerlo feliz. Debe de tratarlo como si fuese Dios." Tras escuchar esto, la mujer se fue a casa. El discurso le hizo tanta mella que de inmediato resolvió ponerlo en práctica. En cuanto llegó su marido a la hora de la comida, ella sacó la tina con agua para lavarle los pies para prestarle reverente servicio. El marido quedó desconcertado. Luego entró a casa y se sentó para secarse los pies, pero su mujer insistió en hacerlo ella misma.


 

Tras ver esto y volver a la oficina, el hombre llamó a un médico para llevar a su mujer. Él no sabía que su esposa estaba asistiendo a unas charlas. Cuando el médico la revisó le recetó unas pastillas para dormir, pues le pareció que la mujer había tenido un ataque de histeria, y que descansando uno o dos días, seguramente se pondría mejor. Después de comer, el marido instó a su mujer a que fuera a descansar en lo que él regresaba a la oficina. En cuanto el marido se retiró, la mujer se fue a escuchar la siguiente charla. Esa tarde, el maestro expuso lo que es la relación ilusoria entre marido y mujer. Preguntó a los asistentes: "¿Quién es el esposo? ¿Quién es la esposa? Nada es permanente. Todo es transitorio. En realidad nada existe." Y agregó "Sólo Dios es verdad. Él es la única verdad." Tras esto, la mujer regresó a casa y se dirigió a su altar.

Esa noche el hombre regresó de la oficina media hora antes para atender a su mujer en caso de que ésta no se sintiera bien. Tocó a la puerta para que su esposa le abriera. Ella respondió desde adentro: "No hay madre, no hay padre, no existe casa; nada existe, ni siquiera el esposo." Ahora sí el hombre se alarmó, pero logró que su mujer le abriera la puerta. En cuanto entró se dirigió al teléfono a llamar al psiquiatra. Éste llegó y examinando detalladamente a la mujer, expidió el diagnóstico. Explicó que tras escuchar aquellos discursos, le habían sobrevenido actitudes disparatadas, pero que si permanecía en casa, pronto se recuperaría. En casa se dispusieron todas las medidas para evitar que ella asistiera a las charlas. Todo mundo quedó informado; se le pidió al chofer así como a la servidumbre que no dejaran que la mujer fuese ahí.

Tras las restricciones impuestas por el médico, la mujer dejó de asistir a las charlas por dos días, y su conducta volvió a la normalidad. El desapego que había desarrollado había sido momentáneo y superficial, y no duró gran cosa. Ahora el marido estaba contento. La vida había vuelto a su rutina normal. Tras una semana, la mujer retomó las charlas. Ese día, el expositor explicó las enseñanzas del Gita. Señaló que las palabras deben de usarse siempre con verdad pero sin poner presión en las personas. La mujer lo escuchó y regresó a casa. Su esposo le informó que había una boda esa noche y quería que fueran juntos. Ella se arregló y asistió a la boda con su marido.

La ceremonia comenzó. Según la tradición del lugar, el lazo auspicioso de la novia debe de llevarse a toda persona mayor, para que ésta lo toque y bendiga. Cuando el padre de la novia se acercó a la mujer, la reconoció y cortésmente le preguntó: "¿Cómo está su madre? ¿Bien? Se trataba de un educado intercambiar de palabras, en lo que él sostenía el lazo para que ella lo tocase y bendijese. Pero la respuesta de la mujer fue: "Mi madre está bastante bien en lo que cabe, pero resulta que hace una semana mi suegra murió repentinamente; llevaron su cuerpo al crematorio al día siguiente."

La persona de al lado la reconvino "¿Por qué dijo algo tan poco auspicioso mientras tocaba y bendecía el lazo que se supone debe de brindar larga y feliz vida a la novia y a su futura familia?" La mujer replicó "¿Y acaso yo debería de mentir en aras del lazo? No, yo jamás diría una mentira. Lo cierto es que mi suegra murió y la cremaron al día siguiente." Una inteligente joven que estaba cerca enmendó: "Madre, claro que debes de ser veraz, pero también debes de considerar las circunstancias y pensar si lo que vas a decir es oportuno."

Sean veraces pero usen palabras discretas

Cada vez que escuchan una enseñanza espiritual, se empeñan ese día en practicarla con gran devoción y convicción, mas sólo ese día. Esa no es la forma correcta de llevar el aprendizaje espiritual. Usen su intelecto para sondear el contexto donde se encuentran, antes de emitir una opinión tocante a la situación. Cuando hagan o digan algo, deben de saber que la verdad es la vía magna para alcanzar su meta ulterior. No manchen su lengua de falsedad. No mancillen su cuerpo infligiendo violencia. La mente no debe de ser empantanada con malos pensamientos ni feos sentimientos. No será hasta que santifiquen y armonicen su mente, lengua y cuerpo, que podrán obtener la visión de Dios.

Los estudiantes deben de poner gran cuidado en decir la verdad. Decirla sí, mas no seguir agregando argumentos hasta que lastimen a otros innecesariamente. Deben de controlar la lengua. Si al sostener un altercado con alguien, le mientan sus defectos dizque porque están diciendo la verdad, las cosas se van a poner mucho peor. No deben de odiar jamás. Si hay amor en su corazón, sus palabras ciertamente saldrán con gentileza. Incluso si hay enojo, éste será pasajero.

Existen cuatro tipos de personas. El enojo de una persona serena es breve; se disipa rápidamente. Esa persona, afirma el Gita, tiene alma grande. El segundo tipo es de los que guardan el enojo unos minutos, mas luego lo olvidan. La tercera categoría es la de quienes permanecen enojados todo el día. Pero la categoría más baja es la de los que están enojados toda la vida.

Los cuatro tipos de enojo

El divino Maestro lo ha puesto en estos términos: "El enojo de una persona buena se compara con escribir sobre el agua; es impermanente. El enojo del segundo tipo de personas es como escribir en la arena; será barrido de un momento a otro. El enojo de la tercera categoría de personas es como grabar sobre piedra. Después de mucho tiempo, también se irá desgastando. Pero el enojo del cuarto tipo de personas es como grabar en acero, nunca se irá a menos que se funda el acero y se forme de nuevo. Sólo poniéndolo al fuego quedará destruido. Y sólo mediante intensa capacitación puede haber posibilidades de cambio."

Las cosas esenciales de la vida diaria están contenidas en el Gita. Es muy difícil tomar todas las enseñanzas y practicarlas al mismo tiempo. Pero al menos se deberían de tomar las que aplican directamente a nuestra vida, y practicarlas. Así se obtendrán frutos de inmediato, y se avanzará rápidamente hacia la más alta meta espiritual.

lunes, 2 de septiembre de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO XII. EL DESAPEGO: UNIFICACIÓN DE PENSAMIENTOS, PALABRAS Y ACCIONES

 

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO XII. EL DESAPEGO: UNIFICACIÓN DE PENSAMIENTOS, PALABRAS Y ACCIONES

La mente en la rueda de la existencia es el núcleo, el eje central donde se genera toda la actividad mundana. Para poder penetrar ese núcleo y obtener la visión del Yo inmortal, deben de cultivar el desapego. Esfuércense al máximo para cultivar esta disciplina fundamental.

Encarnaciones del amor:

La renuncia o desapego puede considerarse también como no apego. No apegarse significa que la mente y los sentidos no son afectados por los objetos del mundo, permaneciendo así indiferentes a la atracción o repulsión hacia ellos. La mente recubre al verdadero yo, por eso puede ser descrita como un velo. Es un velo de ignorancia porque oculta al verdadero yo, privándolo de su magnífica presencia. Sin embargo, la mente está ligada a los sentidos, y los sentidos se ven atraídos a los objetos del mundo fenoménico, a los que se ligan. Por eso, el primer paso para realizar su verdadero yo es adquirir el control sobre sus sentidos. La práctica del no apego es esencial para lograrlo.

El desapego lleva a la auto realización

Cuando se liberan del apego a las cosas, sus sentidos ya no pueden aprisionar su mente. Una mente no empañada por los sentidos se vuelve pura y transparente. Los sentidos dejan de imponer su influjo sobre el atora. Una vez que se disuelve el velo de la mente, su verdadero yo se hace consciente de sí mismo. Entonces se sumergen en la unidad de la existencia, y disfrutan la dicha que es su verdadera naturaleza. El yo verdadero es el mismo ser supremo.

El desapego o el no apego es subrayado en el yoga clásico de Patanjali, quien fuera un gran visionario de la antigua India. Él explicó que el desapego es la cualidad natural de una mente no alterada por los sentidos ni por los objetos que normalmente los atraen. Una mente no esclavizada por los sentidos ni por sus objetos es pura, por lo tanto la ilusión no puede afectarla. Adquieren una mente pura cuando contemplan los objetos del mundo como algo transitorio y cambiante. Las antiguas enseñanzas de la sabiduría afirman que, desde la criatura más humilde hasta la más excelsa del mundo fenoménico, es efímera y susceptible de cambio. Al saberlo, deberían abandonar todo apego a los objetos de los sentidos. Todo apego conduce necesaria y gradualmente a la esclavización.

Así como retirar la leña del fuego extingue la flama de inmediato, retirar los objetos de los sentidos los torna automáticamente impotentes. Las sabias enseñanzas recalcan que sólo quien no desea ninguna otra cosa más que la plena realización del Yo supremo es el verdadero renunciante. Ni los objetos del mundo, ni la celestial morada del Señor podrían desviarlo de su empeño.

Las antiguas enseñanzas relatan la historia de un chiquillo sabio que, debido a un juramento que le había hecho a su padre, se encontró un día en el reino de la muerte. El dios de la muerte intentó ganarse al chico diciéndole: "Te haré amo y señor de todas las riquezas y poderes que hay en el mundo, y te concederé todos los placeres del cielo." A lo que el chico replicó: "Tanto este mundo como todos los demás mundos son cosas transitorias, que no durarán gran cosa. No me interesa tener nada de lo que va y viene. Lo único que deseo es la visión del Yo supremo. Deseo realizar la verdad última, que no sufre cambio alguno. El mundo esclavizante y el pesar que lo acompaña es para quien se deja deslumbrar por los objetos de los sentidos. No me interesan en absoluto."

El apego a los objetos que creen ser de su propiedad

Imaginen que han vivido en la misma casa por mucho tiempo, y un día tienen que mudarse. Empacan sus pertenencias, las meten en su vehículo y las transportan a su nueva casa. No sería raro que envolvieran sus viejas chanclas y sus destartalados palos de escoba para llevárselos consigo, porque ustedes consideran que les pertenecen. ¿Pero por qué lo hacen? La razón es que se apegaron a dichos objetos. Desean cargar con sus vejestorios porque se apegaron a ellos, entonces sienten que les pertenecen y les duele separarse.

Ahora consideren el ejemplo de un rector universitario o director escolar. En toda institución educativa hay cierta cantidad de objetos valiosos. Por ejemplo, en el laboratorio, hay equipos de mucho valor: mesas, sillas, mobiliario diverso, un reloj de pared, etc. Cuando transfieren al director a otro plantel, éste no siente apego hacia dichos objetos. Se retira con la misma cabeza fresca con la que llegó a ocupar su cargo el primer día. No siente empacho alguno en dejar atrás los valiosos objetos, porque sabe que son parte de la infraestructura del plantel, o son del fideicomiso escolar o del gobierno. Por lo tanto, el deja la escuela con total desapego e indiferencia hacia los inmuebles.

Siempre que hay el sentido del "mío", hay sufrimiento. Si no tienen dicho sentido de posesividad, nada los atrapará y no sufrirán. Por lo tanto, sólo el "yo-mi-me" es responsable de las ataduras, el sufrimiento y la frustración. Igual que el director, pueden usar todos los objetos que deseen. No tienen que apartarse de ellos, ni tienen que dejar de participar en los escenarios. Renuncien tan sólo al apego que los vincula a las cosas, al mundo, a sus actividades.

 

Renuncien al fruto de sus acciones

Otra manera de decir lo anterior es: renuncien al fruto de sus acciones. Cumplan su deber con total desapego, percatándose de la falibilidad de las cosas. Una vez que comprenda las leyes que gobiernan al mundo y reconozcan las fallas inherentes a las relaciones y a los objetos mundanos, podrán rápidamente superar el apego que los vincula a ellos.

Antes de que nacieran, ¿quién era el progenitor y quién el hijo? Antes de casarse, ¿quién era el esposo y quién la esposa? Sólo a partir del nacimiento, hubo un progenitor y un hijo. Antes del nacimiento, no había tal vínculo y, tras la muerte, no habrá tal vínculo tampoco. Solamente durante la corta transición entre ambos, surge la relación de posesividad y apego. Y se debe a una visión y abordaje equivocados. La posesividad surge de la visión corta y la actitud pobre. Sólo sus sentimientos y actitudes son responsables de sus pesares. Cuando reconozcan la falibilidad de los objetos y las relaciones humanas, perderán interés en poseerlos.

Traten de entender el principio del desapego. Deben de cultivar un estado en el que no haya apego ni ataduras ni siquiera durante el sueño ni durante el sueño profundo. Si fomentan el apego durante la vigilia, éste se mantiene durante el sueño y el sueño profundo. El estado onírico puede compararse al reflejo del espejo. Sea lo que fuere que experimenten durante la vigilia, ello se adosará al estado onírico y aparecerá en él como reflejo. Por eso, la vigilia y el sueño se equiparan al objeto y su imagen. Si toman el camino correcto durante la vigilia, reconociendo la verdad y comportándose a la altura, hollarás el mismo camino correcto durante el sueño. Para salir avante, deben de reconocer las fallas de los objetos sensoriales y superar su apego hacia ellos.

Todo atraviesa cambio

Todo cambia al paso del tiempo. La comida del día es fresca y sabrosa. Cuando es fresca aporta fuerza y salud. Pero el mismo alimento se vuelve tóxico después de dos días. Sea lo que fuere que consideren sabroso, sano y benéfico, tras cierto lapso se vuelve dañino, inservible e insano. El cambio es inevitable. Hablando de cambio, pueden también contemplar cuatro tipos de devotos: el afligido que busca consuelo, el que busca prosperidad material, el que procura conocimiento espiritual, y el sabio. A lo largo del tiempo, la misma persona puede atravesar las cuatro fases en su progresar.

Piensen ahora en los cambios que ocurren en la vida. Al nacer la criatura, se la considera un bebé; tras unos años, se la considera un niño; veinte años más tarde, el mismo individuo se considera adulto; y después de otros treinta años, se vuelve anciano. No se trata de cuatro personas distintas. El individuo ha sido el mismo a todo lo largo mas, debido al paso del tiempo, se le otorgan distintos nombres de acuerdo con la etapa de vida que esté cursando.

La vida de un ser humano -que es un privilegio difícil de obtener- atraviesa muchos cambios a lo largo del tiempo. Si esto es así en los humanos, ¿cuánto más no lo será en otros seres y objetos mundanos? Si se preguntan cuál es la peor falencia en un ser humano, verán que son los cambios del cuerpo físico. Buenos o malos, dichos cambios son inevitables. Puesto que mudar es inherente al mundo fenoménico, no deben de apegarse ni desarrollar un sentido de lo "mío" por nada ni nadie.

¿Quién es el padre? ¿Quién es la madre? ¿Quiénes son los hijos? ¿Quiénes son los miembros de la familia? ¿Quiénes son los amigos? Todas ellas son formas cambiantes, que no pueden definirse en sí por mucho tiempo. Cuando se percaten de que los cambios son inevitables en todas las relaciones, ¿cómo podrían seguirse apegando a ellas? El Gita enseña que es preciso admitir que el tiempo inflige cambios que aparecen como fallas o defectos. Por eso es preciso cultivar el desapego respecto de las formas falibles y cambiantes, que no tienen permanencia alguna.

La práctica constante

El desapego o el no apego es una de las primeras disciplinas que se deben de adquirir. La segunda es la práctica constante. ¿Qué tipo de práctica puede considerarse constante? Por ejemplo, la austeridad o penitencia. Al momento de escuchar la palabra 'austeridad', la gente se asusta un poco. Inevitablemente la asocian con recluirse en el bosque a comer frutos silvestres y a vivir con penurias, expuestos a los elementos naturales. A decir verdad, eso no es austeridad sino exponer el cuerpo a durezas y castigos.

No es el cuerpo el que tiene que sufrir, sino la mente. La mente tiende a la pereza y al caos, o a la actividad incesante, y es proclive a sentirse la hacedora y dueña de las cosas. La austeridad somete a la mente, cargada de tendencias negativas, a verdadera tortura hasta que abre mano de sus tendencias. Austeridad también significa remover los defectos inherentes a los sentidos. Esa es la verdadera austeridad. Existen tres tipos de austeridad: la física o corporal, la verbal o del habla, y la mental.

Las tres austeridades: física, verbal y mental

La austeridad física significa emplear el cuerpo en acciones buenas, lo que incluye adorar al Señor y expresar gratitud sirviendo a seres elevados. Si se ganan la gracia, el sentido del "yo-mi-me" se reduce paulatinamente. Una vez que se reduzcan las malas cualidades en ustedes, las cualidades y acciones positivas emergerán automáticamente. En ese momento, se sentirán naturalmente atraídos hacia personas espiritualmente afines, y hacia el estudio del Gita y de otros textos sagrados.

Además de lo anterior, querrán levantar fondos para educación, medicinas y hospitales, obtener despensas para los pobres, y otras buenas causas. Así como los actos tradicionales de caridad, como regalar oro, vacas y tierra eran maneras de ocuparse en acciones sagradas, hoy estarán también ocupando su cuerpo de un modo sagrado. Como no harán nada perjudicial ni prohibido, no correrán el riesgo de creerse hacedores, ni desarrollarán posesividad. Antes, se liberarán de las ataduras de ambos apegos. Todo lo anterior puede entenderse como penitencia corporal.Cuadro de texto: 5 

La penitencia del habla radica en el uso de buenas y nobles palabras. Aun cuando hablen la verdad, no deben de hablar con severidad ni mordacidad. Deben cuidar de no lastimar a nadie. En este sentido, el Gita señala que la verdad debe de ser dulce y no agresiva. Usen la sagrada boca que les fue dada para alegría y deleite de los demás, y para ayudarlos. No causen sufrimiento a otras mentes. Usen sus pensamientos en concentrarse en el Señor. Usen su lengua para hablar de los atributos del Señor. Empleen palabras que sean benéficas para otros. Hablen para mostrar el camino correcto a los demás. Platiquen de las maravillosas y buenas experiencias espirituales que han tenido. Corrijan a las personas que van en sentido equivocado, usando palabras gentiles y propicias. Asegúrense de que no haya una pisca de falsedad en su corazón, o en su discurso. Esa es la manera de convertirse en un adepto de la verdad y la no violencia. Es mejor callar que mentir

En su busca de la verdad podrán encontrar una serie de problemas. Hubo un sabio que juró seguir el camino de la verdad y la no violencia, pasara lo que pasara. Un cruel cazador que supo de esto intentó hacer que el sabio rompiera su juramento. El cazador persiguió un venado y lo acorraló de modo que tuviera que pasar frente al sabio, quien estaba inmerso en sus austeridades. El sabio vio que el venado se escondía en el bosque. Entonces el cazador se acercó al sabio y le preguntó "¿Has visto pasar por aquí un venado?" La pregunta puso al sabio en un gran dilema. Si dijese la verdad, pondría al venado en peligro, y si no dijera la verdad, estaría rompiendo su voto. O pecaba dañando a un tercero, o pecaba al mentir.

El sabio atinó a salir del dilema, respondiendo a la pregunta de un modo enigmático: "Los ojos que ven no pueden hablar y la boca que habla no puede ver. No puedo hacer que lo que miró hable, ni lo que puede hablar, mire. Esa es la verdad." La moraleja es que incluso en circunstancias tan comprometedoras, no se debe de mentir, aunque tampoco se pueda decir la verdad. Cuando estén siguiendo el principio de la austeridad del habla, pueden surgir situaciones complicadas, y deberán de esforzarse por salir del paso sin emitir un falso testimonio. Sean cuales fueren las circunstancias, no mientan. Si no puedes decir la verdad, es preferible guardar silencio, en lugar de incurrir en falsedad.

Analicen ahora la austeridad mental. En este tipo de austeridad, deben de cultivar virtudes y buenas cualidades. Les vengan los pensamientos que les vengan, su rostro los va a reflejar. Por eso se dice que el rostro es el espejo de la mente. Todo pensamiento se reflejará en su cara. Si se encuentran afligidos, su rostro reflejará su ánimo. Si hay pensamientos elevados en su mente, su rostro se mostrará sereno. Es fácil observar el efecto que la mente y los pensamientos pueden ejercer en ustedes.

Sólo cuando alberguen pensamientos divinos, sentimientos e ideas divinos, podrán llevar una vida alegre y feliz. Si en un momento dado, los asedian malos pensamientos, y en eso llega alguien y les saca conversación, aunque intenten sonreír, su sonrisa será artificial y su estado mental los traicionará. No deben de caer presas de su estado mental. Manténganse contentos siempre. ¿Cuándo se llegarán a sentir contentos y felices? Cuando sus pensamientos sean buenos y santos. Para que su mente sólo albergue pensamientos buenos y puros, deben de mantener éstos bajo control.

Observen un periodo de silencio todos los días

Permanezcan en silencio al menos unas horas al día. Así su mente descansará un poco de la corriente de palabras y pensamientos que la recorren. También pueden repetir el nombre sagrado y concentrarse en el Señor para alcanzar pureza interior y exterior. De la misma manera que lavan su cuerpo todos los días y lo convierten en un instrumento externo pulcro, la mente también debe de ser regularmente purificada para renovar su frescura y santidad. Ahora les preocupa más la limpieza corporal, mas también deben de limpiar su mente, que es igualmente esencial. Los buenos pensamientos, sentimientos y acciones cuentan mucho para alcanzar la limpieza interior.

Austeridad significa en realidad unificar el cuerpo, el habla y la mente, haciendo que las acciones, las palabras y los pensamientos se vuelvan uno. La verdadera austeridades esa. Un alma grande es la que logra la unión de las tres instancias. Mientras los pensamientos, las palabras y las acciones sean disímbolos, un individuo no podrá considerarse una gran persona.

Las experiencias mundanas están regidas por la combinación de tres atributos. La inercia y el caos, que dan origen a una naturaleza lerda; la acción y la reacción, que dan lugar a la naturaleza apasionada, y el ritmo y la calma, que dan origen a una naturaleza pura y armónica. La austeridad está encaminada a transformar las dos primeras: la naturaleza perezosa y la naturaleza apasionada. Ello puede lograrse controlando la pereza con ayuda del rasgo apasionado, y controlando la pasión mediante el rasgo puro y reposado. De esta manera, pueden disfrutar de las tres naturalezas en una. Al final, cuando sus acciones, palabras y pensamientos estén unificados, habrán superado los atributos mundanos y quedarán libres incluso de las limitaciones de la naturaleza pura y tranquila.

Por ejemplo, imaginen que se encajan una espina en el pie. Si desean sacarse la espina, no hay necesidad de un instrumento especial. Con otra espina pueden extraer la primera. Y luego se deshacen de ambas. Del mismo modo, las dos naturalezas inferiores que tanto trabajo les dan pueden ser removidas con la espina de la naturaleza pura y reposada. Hasta que no remuevan las dos cualidades inferiores, necesitarán de la cualidad reposada. Esta última puede describirse como una cadena de oro, la cualidad apasionada como una cadena de cobre y la cualidad lerda, como una cadena de hierro. Las tres cadenas los atan por igual. El valor del metal puede ser diferente, pero las tres representan una atadura.

Libérense de toda atadura

Un individuo sujeto con una cadena de oro, ¿estará contento en su situación? ¡No! La atadura no deja de ser atadura, sea con una cadena de oro, con una de cobre o una de hierro. Así que incluso una naturaleza pura y reposada genera atadura, y al final tienen que deshacerse también de ella. Es preciso liberarse de toda atadura. Pero hasta que no alcancen la divinidad, necesitarán de la cualidad pura, calma y armónica. Una vez que se unen al Señor, no habrá cualidades distintivas de ningún tipo. En ese estado, la cuestión de las tres cualidades no viene más al caso. Cuando han ofrecido su todo y se vuelven uno con el Señor, se yerguen por encima de los atributos y se liberan por completo de toda cadena. El Gita ha enseñado que, para controlar la mente, la práctica constante y la renunciación resultan esenciales.

La práctica no sólo se refiere a la observancia de los rituales diarios. Significa también emplear el cuerpo, la lengua y la mente de una manera que no genere apego. La práctica significa dirigir su vida hacia la única meta: alcanzar su divinidad. Cada palabra que emiten, cada pensamiento que piensan y cada acción que llevan a cabo deben de ser puros y estar asociados a la verdad. Es la base de toda austeridad. La verdad y la pureza son los instrumentos del éxito en el sendero espiritual. Es mi deseo que desarrollen dichas cualidades y santifiquen así su vida.

viernes, 30 de agosto de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO XI. LA VERDADERA RENUNCIACIÓN SE ENFOCA EN DIOS, NO EN EL MUNDO

 

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO XI. LA VERDADERA RENUNCIACIÓN SE ENFOCA EN DIOS, NO EN EL MUNDO

Si verdaderamente desean ver al Señor, la virtud más importante que tienen que lograr es el desapego. El desapego vuelca la visión hacia adentro; les permite revertir la mente para vivir en la contemplación de la belleza interior.

Encarnaciones del amor:

Una vez que reconozcan la falibilidad y fragilidad de los objetos mundanos, perderán el deseo de poseerlos. La mente es muy fuerte, pero voluble. Es también muy obstinada; siempre se empeña en salirse con la suya. Arjuna le pidió lamentosamente a Krsna que lo ayudara a controlar su mente, diciendo "Oh, Señor, la mente es poderosa y voluntariosa." A lo que Krsna le replicó: "Arjuna, si practicas el desapego podrás sin duda controlar tu mente."

El control de la mente

La mente se puede comparar a un álamo. Las hojas del álamo se agitan con viento y también en ausencia de viento. También la mente es inestable y fluctuante. Además de fluctuar, la mente es fuerte y obstinada. Imagina un elefante, por ejemplo. Es un animal muy fuerte, que también puede ser cruel. Sin embargo, mediante un acicate lo puedes meter en cintura. El caballo raramente está quieto. Constantemente mueve las patas, las orejas, la cabeza o la cola. Siendo inestable, avanza en una dirección, después en otra; pero con el freno lo puedes controlar y hacer que vaya en la dirección que deseen.

Otro ejemplo es el mono, que vaga de un lado a otro y es la imagen misma de la inestabilidad y la volubilidad. Mas, con entrenamiento, hasta un mono puede ser controlado. Por eso, así como el acicate puede meter en cintura al fuerte y cruel elefante, mediante el freno se puede controlar al nervioso y agitado caballo, y con entrenamiento se puede sujetar a un mono, del mismo modo la mente -poderosa y voluble- puede también ser controlada mediante la práctica constante del desapego.

 

El desapego

Desapegarse significa percatarse de la naturaleza temporal de las cosas, no permitiendo que la mente se apegue a ellas. Ello no significa que les tomen disgusto o repudio, necesariamente, sino tan solo que no se aferren a ellas. Renunciar a todas las cosas del mundo fenoménico no es posible, pero sí pueden renunciar a la posesividad y al sentido del "mío". Una vez que renuncien a ello, podrán continuar disfrutando de las cosas del mundo; sin que éstas les hagan daño.

En el mundo fenoménico, cada cosa, persona y objeto están sujetos a cambio. En el mundo existen seis tipos de cambio: nacer, crecer, madurar, desmejorar, declinar y morir. Estos son los cambios a los que están sujetas todas las cosas. Eludirse pensando que este mundo transitorio e imperecedero es perenne, y apegarte a él es una cosa sumamente tonta en verdad.

En el templo de Visnu verán estatuas y pinturas de Garuda, el águila. En el de Siva, encontrarán estatuas y pinturas de Nandi, la vaca. Y en el templo de Rama, percibirán que hay retratos de Hanuman, el mono. En estas imágenes, los seres mencionados: Nandi, Garuda y Hanuman, se posan a los pies del Señor y sólo tienen ojos para Él, ya no para el mundo. Ellos exhiben el único apego prudente: el apego al Señor, que es lo único permanente. Y muestran desapego por el mundo, que es transitorio. El mensaje de tales representaciones simbólicas es que no se ocupen mayormente de lo transitorio, y se enfoquen en lo imperecedero, que es el Señor.

Una vez que reconozcan la falibilidad de las cosas, y su transitoriedad e impermanencia, irán perdiendo el deseo de poseerlas. Existen múltiples historias que nos hablan de la magra gratificación o paz interior que los emperadores - individuos acaudalados que gozaban de todo tipo de lujos- obtenían de éstos. Para gozar de un poco de paz interior, se iban al bosque a hacer penitencia. Sólo así obtenían la satisfacción y solaz que tanto añoraban.

Hagan el mejor uso posible de cada cosa

El desapego significa algo más que sólo reconocer los defectos y fragilidad de las cosas transitorias. Ser desapegado implica también tener la capacidad de extraer lo más positivo de cada cosa. Deben de esforzarse en sacar el máximo provecho de las cosas y apreciarlas tal como son. No tiene caso fijarse nada más en lo limitado de los objetos y el malestar que ello provoca; deben de usarlos adecuadamente para cumplir con su deber en el mundo. Entonces obtendrán satisfacción de ellos. En un sentido amplio, el desapego consiste realmente en dejar atrás las penas mundanas, abrazando la dicha del Yo supremo. Renunciar a su familia, su esposa, sus hijos y propiedades e internarse en el bosque no es el verdadero desapego. Desapego significa reconocer la naturaleza deleznable de los objetos, reconociendo a la vez su potencial y lados positivos.

Cuando se meten en dificultades, sean físicas, mentales, financieras o de otro tipo, es posible que se sientan desapegados de lo que ocasiona el trastorno. Es natural. Imaginen por ejemplo que muere una persona y se llevan su cuerpo a incinerar al crematorio. Cuando vez una cosa tal, se desapegan del cuerpo en cierta forma, abrazando la filosofía de que el cuerpo tiene que disolverse en algún momento. Tal desapego es tan solo un sentimiento temporal, mas no se puede considerar verdadero desapego.

Otro ejemplo es cuando una madre da a luz a su primer bebé. Al no soportar el dolor, grita que querría mejor morir. No se trata de un verdadero desapego. En cuanto nace la criatura -una niña supongamos-, comienza a desear ahora tener al varoncito. Algo similar ocurre cuando a alguien no se le cumplen sus deseos. También aquí se desarrolla cierto tipo de desapego. Pero las anteriores no son más que actitudes temporales. El desapego permanente es muy distinto.

El desapego permanente es contundente en comparación con el desapego leve. Vamos a suponer que una persona haya decidido hacer peregrinaje a un santuario de la India, pero suele postergar cosas. Cuando se trata de algo bueno como ir de peregrinaje, a veces uno pospone. Pero si se trata de hacer algo malo, uno prefiere llevarlo a cabo sin pérdida de tiempo. Por lo general, las personas no ponen mucho empeño en hacer cosas buenas. Ello puede considerase desapego leve, ya que se deja para después la realización de buenas obras. Este tipo de conducta no los llevará a alcanzar su meta espiritual. El desapego cabal es el que se requiere para avanzar en el camino espiritual.

Harischandra y Buda

Si creen que una actividad es sagrada y puede ser benéfica, no la posterguen. Llévenla a la práctica de inmediato y procuren que sea con éxito. Es el camino real que transmite Buda. Una vez que Buda Gautama se percató de que el cuerpo era impermanente y que ninguno de los objetos mundanos era duradero, se dio a la busca de las verdades inmutables. Renunció a su familia y a su reino, y se internó en el bosque para conocer la realidad última.

Hubo otro gran gobernante con un alto sentido de sacrificio y desapego: Harischandra. Fue emperador pero por una serie de eventos desafortunados perdió todas sus posesiones, su reino, su esposa y sus hijos, pasando el resto de sus días como cuidador de un crematorio.

Un día, al comenzar Harischandra su jornada de trabajo en el crematorio, unos hombres trajeron el cadáver de un amigo que había sido rico. Lo tendieron, le prendieron fuego y se retiraron en seguida a sus casas. Cuando se incinera un cuerpo, usualmente se le coloca peso encima, de lo contrario, en cuanto recibe los lengüetazos del fuego se dobla aparentando quererse levantar, para luego quedar tendido de nuevo. Sólo Harischandra permaneció en el sitio aquel día. Ni los amigos ni los parientes del difunto se quedaron a cuidar el asunto. Harischandra se fue a traer más combustible para la pira. De pronto, vio que el cuerpo se erguía. Se llenó de sorpresa y se acercó para ver mejor.

Ya cerca vio que el cuerpo se volvía a quedar tendido. Por un instante, pensó que el sujeto aún estaba vivo, y que se había levantado para otear por sus familiares y amistades. Pero Harischandra se dio cuenta de que el fenómeno en las llamas no era sino ilusión que hacía parecer vivo al cadáver. Entonces pensó: "Así como creí en un momento dado que el cuerpo estaba vivo, he creído que el mundo era real. Mas no lo es; sólo da la impresión de serlo."

Harischandra lamentó que el cadáver de un hombre que había sido tan rico no fuera acompañado por sus familiares ni amigos hasta el último momento. Y reflexionó que sea cual fuere la posición o riqueza de un hombre, ni su mujer ni sus hijos conservan el apego una vez muerto. Como resultado de su experiencia, Harischandra desarrolló gran desapego hacia las cosas y formas mundanas.

Los apegos mundanos son como un veneno

Todos los días y en todo momento, las cosas del mundo están atravesando cambios. Éstos no son artificiales, ni imaginarios; son cambios naturales e inherentes a la naturaleza de las cosas. En cuanto reconocen que el mundo es el escenario para el cambio natural y continuo de las cosas, y que el cambio es parte de la naturaleza de los objetos mundanos, quedan libres de sufrimiento. Quienquiera que sepa que las víboras venenosas tienen colmillos que expelen una toxina letal, permanece a resguardo de ellas. Si ven acercarse a un escorpión con la colita levantada, listo para atacar, ¿no se echarían a correr? Sólo un niño inocente o un ignorante se acercarían a él, so peligro de recibir un aguijonazo y morir.

Ustedes hacen su mayor esfuerzo para evitar al bicho venenoso, porque saben cuán dañino es. Del mismo modo, harían su mayor esfuerzo para evitar los apegos del mundo si conocieran su letal naturaleza. El Señor enseñó en el Gita que, en lugar de sufrir los coletazos de apegarse para después ser desilusionados por el giro de cosas, sería mucho mejor desde el principio no apegarse a las cosas mundanas. Sin embargo, continúan haciendo planes y apegándose a las cosas para experimentar placeres temporales. Se agotan pensando y planeando - "¿debería de hacer esto, o mejor debería de hacer aquello? O bien, "mejor hago esto en lugar de aquello"-, y se involucran en mil proyectos y actividades. Sin embargo, pagarán las consecuencias en el futuro.

Las semillas plantadas que han plantado sus acciones madurarán y ustedes cosecharán el fruto. Si las semillas son de un tipo, no pueden pretender recoger frutos distintos. Sea lo que fuere a lo que se dediquen, recogerán los frutos a manera de guirnalda invisible colgada al cuello. Cuando llegan al mundo, no se les ve ninguna guirnalda. En su cuello no luce collar alguno de perlas ni gemas preciosas, ni una gargantilla de oro. Sin embargo, ahí está ciertamente la guirnalda, hecha de las consecuencias de acciones, realizadas en vidas precedentes. La guirnalda entregada por el Creador adorna su cuello, aunque no sea visible al ojo físico.

Quien reconoce la verdad de que cada acción traerá una consecuencia, emprenderá exclusivamente buenas acciones y pasará su vida realizando sólo actos que le reportarán buenas consecuencias. El Gita lo enseña como una práctica de suma importancia para el devoto. Ello los llevará ulteriormente a desarrollar indiferencia y desapego por las cosas del mundo. Como resultado, obtienen la auténtica sabiduría. He aquí un ejemplo que muestra la naturaleza ilusoria del mundo y el desapego que debería infundirles.

El sueño del rey Janaka

El rey Janaka se había vuelto todo un maestro en asuntos divinos. Lo llamaban "el rey sin cuerpo" pues había logrado trascender la conciencia corporal. Una noche, después de la cena, se hallaba discutiendo asuntos administrativos con sus secretarios, después de lo cual volvió a sus aposentos. Se le había dejado su alimento en el umbral de la puerta pero no lo tocó. Se relajó en un sofá mientras la reina le masajeaba los pies. Pronto se durmió. La reina les pidió a los lacayos que abandonaran el cuarto y no permitieran que nadie perturbase el sueño del rey, pues éste se hallaba muy cansado. Luego le echó una manta encima y bajó la intensidad de la luz, permaneciendo a su lado en silencio.

Un poco más tarde, el rey Janaka abrió los ojos repentinamente, se sentó, miró a su alrededor incrédulamente, y en tono peculiar preguntó: "Es esto real o aquello es lo real? ¿Es esto verdad o es aquello la verdad?" La reina se asustó ante tan rara pregunta. Intentó comprender exactamente lo que el rey preguntaba, pero él no respondía su indagatorio, sino seguía repitiendo "¿Es esta la verdad o la verdad es aquello?" La reina entonces mandó venir a los ministros, consejeros y oficiales del rey. Ya reunidos cuestionaron al rey: "Maharaja, ¿cuál es tu duda? ¿Qué exactamente deseas saber?" Pero el maharajá no les respondió. Al final, los ministros convocaron al sabio Vasistha a la corte. Éste le preguntó al rey "¿Qué es lo que te tiene preocupado?" A lo que el rey replicaba exactamente con la misma cuestión "¿Aquella es la verdad o esta es la verdad? ¿Es esta la realidad o aquella es la realidad?"

En ese momento, apareció un tigre y todos corrieron por sus vidas. El tigre devoró toda la comida. De nuevo, Janaka se encontró en el bosque, arrastrándose y gimiendo "Ay, qué hambre tengo. Me muero de hambre." Cuando despertó descubrió que se hallaba en un palacio, recostado en un sofá real al lado de la reina, con una bandeja de plata llena de suntuosas viandas y ricos bocadillos en la mesita contigua. Y continuó preguntando si él era el hambriento desdichado que mendigaba comida a los ladrones en un amenazante bosque, o si era el rey, dueño del suntuoso palacio rodeado de excelsos lujos. "¿Esto es verdad, o es aquello? ¿Es esto real, o lo otro es lo real?"

Maharishi Vasistha inmediatamente reconoció la confusión del rey y exclamó "Rey Janaka, ni el mendigo ni el emperador son reales. Sólo tú eres real. Tú, tú mismo eres la verdad. El 'tú' que está presente como conciencia pura en el sueño, haciendo el papel de mendigo, y también está presente en el estado de vigilia, en el papel de rey. El 'tú' que contempla ambos estados es tu verdadera realidad.

La vida en el día es un sueño diurno, en la noche es un sueño. Ambos escenarios son ilusiones. Están llenos de fallas y defectos porque cambian constantemente a otra cosa, de modo que no son reales. Sólo tú, que permaneces inmutable a través de cada estado mental, eres lo real, libre de cambio e impermanencia.

Lo anterior también está enfatizado en el Gita, donde Krsna señaló la crucial verdad de que el mundo está en constante cambio y que sólo el atma es real e inmutable.

 

La angustia de estar separados de Dios

El desapego no significa dejar su vida atrás para irse a vivir al bosque como renunciantes. Penitencia no es hacer contorsiones corporales y someterse a privaciones. Representa la intensa angustia de sentirse separados de Dios. Siempre que los aqueje la angustia de separación, donde quiera que estén, ya están haciendo penitencia. Todas las experiencias mundanas son una combinación de tres atributos: inercia o caos, acción o reacción, y ritmo o calma. La penitencia angustiante, con su ardiente deseo de ver a Dios, los lleva a un estado del ser que trasciende estas tres cualidades. Cuando lo alcanzan, experimentan gran serenidad y unidad de pensamiento, palabra y acción.

El pensamiento, la palabra y la acción causan el karma. Son los instrumentos de la acción. Es la unión de estos tres instrumentos de acción lo que se llama penitencia. Cuando se logra la unión, le sigue un estado inefable de dicha, que es la dicha del atma. De modo que la verdadera penitencia es el punto en el que los tres instrumentos de la acción se reúnen, y entonces experimentan la dulzura de su yo inmortal.

Escuchen el siguiente ejemplo. Todos los días disfrutan de los beneficios de la electricidad. Puede ser que en su recámara tengan un ventilador. El ventilador tiene tres aspas. Si rotaran en tres direcciones distintas, no producirían mayor brisa. Pero al rotar al unísono, como si se tratara de una sola aspa giratoria, producen una ráfaga de aire muy razonable. La agradable brisa sólo es posible cuando las tres aspas trabajan juntas, rotando como una sola. Del mismo modo, cuando los tres instrumentos de pensamiento, palabra y acción, se funden y trabajan como uno solo, es cuando disfrutan de la dicha verdadera.

En la analogía, su corazón se puede comparar al cuarto donde está el ventilador. Los tres instrumentos de acción se equiparan a las tres aspas del mismo. Su intelecto es el contacto de la electricidad. El poder espiritual, o energía que emana del ser supremo, puede equipararse a la energía que enciende el ventilador. Su práctica espiritual es lo que despierta su intelecto, por ello se asemeja a encender el interruptor. Cuando los tres instrumentos de acción trabajan en sintonía como las aspas giratorias del ventilador, su angustia se transforma en dicha. Es así como pueden convertir su fuerza de vida y su poder espiritual en dicha.

La verdadera renunciación vuelca su mente hacia Dios

Los humanos han olvidado cómo se hace penitencia. Cuando dejan que su atención divague por el mundo temporal y transitorio, su camino espiritual decae por inercia y estancamiento. Cuando concentran su atención y conciencia en lo permanente, que es Dios, están haciendo penitencia, y su espiritualidad da un gran paso adelante. Si una puerta se cierra y la quieren abrir, tienen que introducir la llave en el cerrojo y girarla a la derecha. Si giran la llave a la izquierda, el cerrojo permanecerá cerrado. Se trata del mismo candado y la misma llave. La diferencia radica en cómo giran la llave. Su corazón es el cerrojo y su mente, la llave. Si dirigen la mente a Dios, obtienen liberación. Si la dirigen hacia el mundo sensorial, permanecen aprisionados. Con la misma mente se liberan o se esclavizan.

La auténtica renunciación encauza su mente hacia Dios. Significa que retira su mente de otros lugares y la hace descansar en el ser permanente. Tal desapego y sacrificio tiene que transformarse en un sentimiento muy intenso. No deben de posponer su práctica para mañana, y al otro día, postergarla para el siguiente.

Imaginen que van a asistir a una boda; seguramente prepararían su ropa desde unos días antes de la ceremonia. O imaginen que van a ir al cine; en ese caso se arreglarían al momento. Hasta para salir a caminar, se alistan un poco, previamente. Y si no pueden ir al cine hoy, lo pueden dejar para mañana. Si no sales a caminar en este momento, pueden hacerlo en otro momento. Pero la agenda del Señor no puede ser pospuesta o cancelada. Siempre tienen que estar preparados para aceptar lo que venga. El tiempo no perdona; no sigue los pasos del hombre. El hombre debe seguir los pasos del tiempo. El tiempo corre constantemente, arrastrando todo a su paso.

El Gita enseña que pueden disfrutar las cosas del mundo, mas no deberán apegarse a ellas, pensando que les pertenecen. El desapego o renuncia es uno de los puntos esenciales de la filosofía espiritual contenida en el Gita.