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lunes, 2 de septiembre de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO XII. EL DESAPEGO: UNIFICACIÓN DE PENSAMIENTOS, PALABRAS Y ACCIONES

 

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO XII. EL DESAPEGO: UNIFICACIÓN DE PENSAMIENTOS, PALABRAS Y ACCIONES

La mente en la rueda de la existencia es el núcleo, el eje central donde se genera toda la actividad mundana. Para poder penetrar ese núcleo y obtener la visión del Yo inmortal, deben de cultivar el desapego. Esfuércense al máximo para cultivar esta disciplina fundamental.

Encarnaciones del amor:

La renuncia o desapego puede considerarse también como no apego. No apegarse significa que la mente y los sentidos no son afectados por los objetos del mundo, permaneciendo así indiferentes a la atracción o repulsión hacia ellos. La mente recubre al verdadero yo, por eso puede ser descrita como un velo. Es un velo de ignorancia porque oculta al verdadero yo, privándolo de su magnífica presencia. Sin embargo, la mente está ligada a los sentidos, y los sentidos se ven atraídos a los objetos del mundo fenoménico, a los que se ligan. Por eso, el primer paso para realizar su verdadero yo es adquirir el control sobre sus sentidos. La práctica del no apego es esencial para lograrlo.

El desapego lleva a la auto realización

Cuando se liberan del apego a las cosas, sus sentidos ya no pueden aprisionar su mente. Una mente no empañada por los sentidos se vuelve pura y transparente. Los sentidos dejan de imponer su influjo sobre el atora. Una vez que se disuelve el velo de la mente, su verdadero yo se hace consciente de sí mismo. Entonces se sumergen en la unidad de la existencia, y disfrutan la dicha que es su verdadera naturaleza. El yo verdadero es el mismo ser supremo.

El desapego o el no apego es subrayado en el yoga clásico de Patanjali, quien fuera un gran visionario de la antigua India. Él explicó que el desapego es la cualidad natural de una mente no alterada por los sentidos ni por los objetos que normalmente los atraen. Una mente no esclavizada por los sentidos ni por sus objetos es pura, por lo tanto la ilusión no puede afectarla. Adquieren una mente pura cuando contemplan los objetos del mundo como algo transitorio y cambiante. Las antiguas enseñanzas de la sabiduría afirman que, desde la criatura más humilde hasta la más excelsa del mundo fenoménico, es efímera y susceptible de cambio. Al saberlo, deberían abandonar todo apego a los objetos de los sentidos. Todo apego conduce necesaria y gradualmente a la esclavización.

Así como retirar la leña del fuego extingue la flama de inmediato, retirar los objetos de los sentidos los torna automáticamente impotentes. Las sabias enseñanzas recalcan que sólo quien no desea ninguna otra cosa más que la plena realización del Yo supremo es el verdadero renunciante. Ni los objetos del mundo, ni la celestial morada del Señor podrían desviarlo de su empeño.

Las antiguas enseñanzas relatan la historia de un chiquillo sabio que, debido a un juramento que le había hecho a su padre, se encontró un día en el reino de la muerte. El dios de la muerte intentó ganarse al chico diciéndole: "Te haré amo y señor de todas las riquezas y poderes que hay en el mundo, y te concederé todos los placeres del cielo." A lo que el chico replicó: "Tanto este mundo como todos los demás mundos son cosas transitorias, que no durarán gran cosa. No me interesa tener nada de lo que va y viene. Lo único que deseo es la visión del Yo supremo. Deseo realizar la verdad última, que no sufre cambio alguno. El mundo esclavizante y el pesar que lo acompaña es para quien se deja deslumbrar por los objetos de los sentidos. No me interesan en absoluto."

El apego a los objetos que creen ser de su propiedad

Imaginen que han vivido en la misma casa por mucho tiempo, y un día tienen que mudarse. Empacan sus pertenencias, las meten en su vehículo y las transportan a su nueva casa. No sería raro que envolvieran sus viejas chanclas y sus destartalados palos de escoba para llevárselos consigo, porque ustedes consideran que les pertenecen. ¿Pero por qué lo hacen? La razón es que se apegaron a dichos objetos. Desean cargar con sus vejestorios porque se apegaron a ellos, entonces sienten que les pertenecen y les duele separarse.

Ahora consideren el ejemplo de un rector universitario o director escolar. En toda institución educativa hay cierta cantidad de objetos valiosos. Por ejemplo, en el laboratorio, hay equipos de mucho valor: mesas, sillas, mobiliario diverso, un reloj de pared, etc. Cuando transfieren al director a otro plantel, éste no siente apego hacia dichos objetos. Se retira con la misma cabeza fresca con la que llegó a ocupar su cargo el primer día. No siente empacho alguno en dejar atrás los valiosos objetos, porque sabe que son parte de la infraestructura del plantel, o son del fideicomiso escolar o del gobierno. Por lo tanto, el deja la escuela con total desapego e indiferencia hacia los inmuebles.

Siempre que hay el sentido del "mío", hay sufrimiento. Si no tienen dicho sentido de posesividad, nada los atrapará y no sufrirán. Por lo tanto, sólo el "yo-mi-me" es responsable de las ataduras, el sufrimiento y la frustración. Igual que el director, pueden usar todos los objetos que deseen. No tienen que apartarse de ellos, ni tienen que dejar de participar en los escenarios. Renuncien tan sólo al apego que los vincula a las cosas, al mundo, a sus actividades.

 

Renuncien al fruto de sus acciones

Otra manera de decir lo anterior es: renuncien al fruto de sus acciones. Cumplan su deber con total desapego, percatándose de la falibilidad de las cosas. Una vez que comprenda las leyes que gobiernan al mundo y reconozcan las fallas inherentes a las relaciones y a los objetos mundanos, podrán rápidamente superar el apego que los vincula a ellos.

Antes de que nacieran, ¿quién era el progenitor y quién el hijo? Antes de casarse, ¿quién era el esposo y quién la esposa? Sólo a partir del nacimiento, hubo un progenitor y un hijo. Antes del nacimiento, no había tal vínculo y, tras la muerte, no habrá tal vínculo tampoco. Solamente durante la corta transición entre ambos, surge la relación de posesividad y apego. Y se debe a una visión y abordaje equivocados. La posesividad surge de la visión corta y la actitud pobre. Sólo sus sentimientos y actitudes son responsables de sus pesares. Cuando reconozcan la falibilidad de los objetos y las relaciones humanas, perderán interés en poseerlos.

Traten de entender el principio del desapego. Deben de cultivar un estado en el que no haya apego ni ataduras ni siquiera durante el sueño ni durante el sueño profundo. Si fomentan el apego durante la vigilia, éste se mantiene durante el sueño y el sueño profundo. El estado onírico puede compararse al reflejo del espejo. Sea lo que fuere que experimenten durante la vigilia, ello se adosará al estado onírico y aparecerá en él como reflejo. Por eso, la vigilia y el sueño se equiparan al objeto y su imagen. Si toman el camino correcto durante la vigilia, reconociendo la verdad y comportándose a la altura, hollarás el mismo camino correcto durante el sueño. Para salir avante, deben de reconocer las fallas de los objetos sensoriales y superar su apego hacia ellos.

Todo atraviesa cambio

Todo cambia al paso del tiempo. La comida del día es fresca y sabrosa. Cuando es fresca aporta fuerza y salud. Pero el mismo alimento se vuelve tóxico después de dos días. Sea lo que fuere que consideren sabroso, sano y benéfico, tras cierto lapso se vuelve dañino, inservible e insano. El cambio es inevitable. Hablando de cambio, pueden también contemplar cuatro tipos de devotos: el afligido que busca consuelo, el que busca prosperidad material, el que procura conocimiento espiritual, y el sabio. A lo largo del tiempo, la misma persona puede atravesar las cuatro fases en su progresar.

Piensen ahora en los cambios que ocurren en la vida. Al nacer la criatura, se la considera un bebé; tras unos años, se la considera un niño; veinte años más tarde, el mismo individuo se considera adulto; y después de otros treinta años, se vuelve anciano. No se trata de cuatro personas distintas. El individuo ha sido el mismo a todo lo largo mas, debido al paso del tiempo, se le otorgan distintos nombres de acuerdo con la etapa de vida que esté cursando.

La vida de un ser humano -que es un privilegio difícil de obtener- atraviesa muchos cambios a lo largo del tiempo. Si esto es así en los humanos, ¿cuánto más no lo será en otros seres y objetos mundanos? Si se preguntan cuál es la peor falencia en un ser humano, verán que son los cambios del cuerpo físico. Buenos o malos, dichos cambios son inevitables. Puesto que mudar es inherente al mundo fenoménico, no deben de apegarse ni desarrollar un sentido de lo "mío" por nada ni nadie.

¿Quién es el padre? ¿Quién es la madre? ¿Quiénes son los hijos? ¿Quiénes son los miembros de la familia? ¿Quiénes son los amigos? Todas ellas son formas cambiantes, que no pueden definirse en sí por mucho tiempo. Cuando se percaten de que los cambios son inevitables en todas las relaciones, ¿cómo podrían seguirse apegando a ellas? El Gita enseña que es preciso admitir que el tiempo inflige cambios que aparecen como fallas o defectos. Por eso es preciso cultivar el desapego respecto de las formas falibles y cambiantes, que no tienen permanencia alguna.

La práctica constante

El desapego o el no apego es una de las primeras disciplinas que se deben de adquirir. La segunda es la práctica constante. ¿Qué tipo de práctica puede considerarse constante? Por ejemplo, la austeridad o penitencia. Al momento de escuchar la palabra 'austeridad', la gente se asusta un poco. Inevitablemente la asocian con recluirse en el bosque a comer frutos silvestres y a vivir con penurias, expuestos a los elementos naturales. A decir verdad, eso no es austeridad sino exponer el cuerpo a durezas y castigos.

No es el cuerpo el que tiene que sufrir, sino la mente. La mente tiende a la pereza y al caos, o a la actividad incesante, y es proclive a sentirse la hacedora y dueña de las cosas. La austeridad somete a la mente, cargada de tendencias negativas, a verdadera tortura hasta que abre mano de sus tendencias. Austeridad también significa remover los defectos inherentes a los sentidos. Esa es la verdadera austeridad. Existen tres tipos de austeridad: la física o corporal, la verbal o del habla, y la mental.

Las tres austeridades: física, verbal y mental

La austeridad física significa emplear el cuerpo en acciones buenas, lo que incluye adorar al Señor y expresar gratitud sirviendo a seres elevados. Si se ganan la gracia, el sentido del "yo-mi-me" se reduce paulatinamente. Una vez que se reduzcan las malas cualidades en ustedes, las cualidades y acciones positivas emergerán automáticamente. En ese momento, se sentirán naturalmente atraídos hacia personas espiritualmente afines, y hacia el estudio del Gita y de otros textos sagrados.

Además de lo anterior, querrán levantar fondos para educación, medicinas y hospitales, obtener despensas para los pobres, y otras buenas causas. Así como los actos tradicionales de caridad, como regalar oro, vacas y tierra eran maneras de ocuparse en acciones sagradas, hoy estarán también ocupando su cuerpo de un modo sagrado. Como no harán nada perjudicial ni prohibido, no correrán el riesgo de creerse hacedores, ni desarrollarán posesividad. Antes, se liberarán de las ataduras de ambos apegos. Todo lo anterior puede entenderse como penitencia corporal.Cuadro de texto: 5 

La penitencia del habla radica en el uso de buenas y nobles palabras. Aun cuando hablen la verdad, no deben de hablar con severidad ni mordacidad. Deben cuidar de no lastimar a nadie. En este sentido, el Gita señala que la verdad debe de ser dulce y no agresiva. Usen la sagrada boca que les fue dada para alegría y deleite de los demás, y para ayudarlos. No causen sufrimiento a otras mentes. Usen sus pensamientos en concentrarse en el Señor. Usen su lengua para hablar de los atributos del Señor. Empleen palabras que sean benéficas para otros. Hablen para mostrar el camino correcto a los demás. Platiquen de las maravillosas y buenas experiencias espirituales que han tenido. Corrijan a las personas que van en sentido equivocado, usando palabras gentiles y propicias. Asegúrense de que no haya una pisca de falsedad en su corazón, o en su discurso. Esa es la manera de convertirse en un adepto de la verdad y la no violencia. Es mejor callar que mentir

En su busca de la verdad podrán encontrar una serie de problemas. Hubo un sabio que juró seguir el camino de la verdad y la no violencia, pasara lo que pasara. Un cruel cazador que supo de esto intentó hacer que el sabio rompiera su juramento. El cazador persiguió un venado y lo acorraló de modo que tuviera que pasar frente al sabio, quien estaba inmerso en sus austeridades. El sabio vio que el venado se escondía en el bosque. Entonces el cazador se acercó al sabio y le preguntó "¿Has visto pasar por aquí un venado?" La pregunta puso al sabio en un gran dilema. Si dijese la verdad, pondría al venado en peligro, y si no dijera la verdad, estaría rompiendo su voto. O pecaba dañando a un tercero, o pecaba al mentir.

El sabio atinó a salir del dilema, respondiendo a la pregunta de un modo enigmático: "Los ojos que ven no pueden hablar y la boca que habla no puede ver. No puedo hacer que lo que miró hable, ni lo que puede hablar, mire. Esa es la verdad." La moraleja es que incluso en circunstancias tan comprometedoras, no se debe de mentir, aunque tampoco se pueda decir la verdad. Cuando estén siguiendo el principio de la austeridad del habla, pueden surgir situaciones complicadas, y deberán de esforzarse por salir del paso sin emitir un falso testimonio. Sean cuales fueren las circunstancias, no mientan. Si no puedes decir la verdad, es preferible guardar silencio, en lugar de incurrir en falsedad.

Analicen ahora la austeridad mental. En este tipo de austeridad, deben de cultivar virtudes y buenas cualidades. Les vengan los pensamientos que les vengan, su rostro los va a reflejar. Por eso se dice que el rostro es el espejo de la mente. Todo pensamiento se reflejará en su cara. Si se encuentran afligidos, su rostro reflejará su ánimo. Si hay pensamientos elevados en su mente, su rostro se mostrará sereno. Es fácil observar el efecto que la mente y los pensamientos pueden ejercer en ustedes.

Sólo cuando alberguen pensamientos divinos, sentimientos e ideas divinos, podrán llevar una vida alegre y feliz. Si en un momento dado, los asedian malos pensamientos, y en eso llega alguien y les saca conversación, aunque intenten sonreír, su sonrisa será artificial y su estado mental los traicionará. No deben de caer presas de su estado mental. Manténganse contentos siempre. ¿Cuándo se llegarán a sentir contentos y felices? Cuando sus pensamientos sean buenos y santos. Para que su mente sólo albergue pensamientos buenos y puros, deben de mantener éstos bajo control.

Observen un periodo de silencio todos los días

Permanezcan en silencio al menos unas horas al día. Así su mente descansará un poco de la corriente de palabras y pensamientos que la recorren. También pueden repetir el nombre sagrado y concentrarse en el Señor para alcanzar pureza interior y exterior. De la misma manera que lavan su cuerpo todos los días y lo convierten en un instrumento externo pulcro, la mente también debe de ser regularmente purificada para renovar su frescura y santidad. Ahora les preocupa más la limpieza corporal, mas también deben de limpiar su mente, que es igualmente esencial. Los buenos pensamientos, sentimientos y acciones cuentan mucho para alcanzar la limpieza interior.

Austeridad significa en realidad unificar el cuerpo, el habla y la mente, haciendo que las acciones, las palabras y los pensamientos se vuelvan uno. La verdadera austeridades esa. Un alma grande es la que logra la unión de las tres instancias. Mientras los pensamientos, las palabras y las acciones sean disímbolos, un individuo no podrá considerarse una gran persona.

Las experiencias mundanas están regidas por la combinación de tres atributos. La inercia y el caos, que dan origen a una naturaleza lerda; la acción y la reacción, que dan lugar a la naturaleza apasionada, y el ritmo y la calma, que dan origen a una naturaleza pura y armónica. La austeridad está encaminada a transformar las dos primeras: la naturaleza perezosa y la naturaleza apasionada. Ello puede lograrse controlando la pereza con ayuda del rasgo apasionado, y controlando la pasión mediante el rasgo puro y reposado. De esta manera, pueden disfrutar de las tres naturalezas en una. Al final, cuando sus acciones, palabras y pensamientos estén unificados, habrán superado los atributos mundanos y quedarán libres incluso de las limitaciones de la naturaleza pura y tranquila.

Por ejemplo, imaginen que se encajan una espina en el pie. Si desean sacarse la espina, no hay necesidad de un instrumento especial. Con otra espina pueden extraer la primera. Y luego se deshacen de ambas. Del mismo modo, las dos naturalezas inferiores que tanto trabajo les dan pueden ser removidas con la espina de la naturaleza pura y reposada. Hasta que no remuevan las dos cualidades inferiores, necesitarán de la cualidad reposada. Esta última puede describirse como una cadena de oro, la cualidad apasionada como una cadena de cobre y la cualidad lerda, como una cadena de hierro. Las tres cadenas los atan por igual. El valor del metal puede ser diferente, pero las tres representan una atadura.

Libérense de toda atadura

Un individuo sujeto con una cadena de oro, ¿estará contento en su situación? ¡No! La atadura no deja de ser atadura, sea con una cadena de oro, con una de cobre o una de hierro. Así que incluso una naturaleza pura y reposada genera atadura, y al final tienen que deshacerse también de ella. Es preciso liberarse de toda atadura. Pero hasta que no alcancen la divinidad, necesitarán de la cualidad pura, calma y armónica. Una vez que se unen al Señor, no habrá cualidades distintivas de ningún tipo. En ese estado, la cuestión de las tres cualidades no viene más al caso. Cuando han ofrecido su todo y se vuelven uno con el Señor, se yerguen por encima de los atributos y se liberan por completo de toda cadena. El Gita ha enseñado que, para controlar la mente, la práctica constante y la renunciación resultan esenciales.

La práctica no sólo se refiere a la observancia de los rituales diarios. Significa también emplear el cuerpo, la lengua y la mente de una manera que no genere apego. La práctica significa dirigir su vida hacia la única meta: alcanzar su divinidad. Cada palabra que emiten, cada pensamiento que piensan y cada acción que llevan a cabo deben de ser puros y estar asociados a la verdad. Es la base de toda austeridad. La verdad y la pureza son los instrumentos del éxito en el sendero espiritual. Es mi deseo que desarrollen dichas cualidades y santifiquen así su vida.

viernes, 30 de agosto de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO XI. LA VERDADERA RENUNCIACIÓN SE ENFOCA EN DIOS, NO EN EL MUNDO

 

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO XI. LA VERDADERA RENUNCIACIÓN SE ENFOCA EN DIOS, NO EN EL MUNDO

Si verdaderamente desean ver al Señor, la virtud más importante que tienen que lograr es el desapego. El desapego vuelca la visión hacia adentro; les permite revertir la mente para vivir en la contemplación de la belleza interior.

Encarnaciones del amor:

Una vez que reconozcan la falibilidad y fragilidad de los objetos mundanos, perderán el deseo de poseerlos. La mente es muy fuerte, pero voluble. Es también muy obstinada; siempre se empeña en salirse con la suya. Arjuna le pidió lamentosamente a Krsna que lo ayudara a controlar su mente, diciendo "Oh, Señor, la mente es poderosa y voluntariosa." A lo que Krsna le replicó: "Arjuna, si practicas el desapego podrás sin duda controlar tu mente."

El control de la mente

La mente se puede comparar a un álamo. Las hojas del álamo se agitan con viento y también en ausencia de viento. También la mente es inestable y fluctuante. Además de fluctuar, la mente es fuerte y obstinada. Imagina un elefante, por ejemplo. Es un animal muy fuerte, que también puede ser cruel. Sin embargo, mediante un acicate lo puedes meter en cintura. El caballo raramente está quieto. Constantemente mueve las patas, las orejas, la cabeza o la cola. Siendo inestable, avanza en una dirección, después en otra; pero con el freno lo puedes controlar y hacer que vaya en la dirección que deseen.

Otro ejemplo es el mono, que vaga de un lado a otro y es la imagen misma de la inestabilidad y la volubilidad. Mas, con entrenamiento, hasta un mono puede ser controlado. Por eso, así como el acicate puede meter en cintura al fuerte y cruel elefante, mediante el freno se puede controlar al nervioso y agitado caballo, y con entrenamiento se puede sujetar a un mono, del mismo modo la mente -poderosa y voluble- puede también ser controlada mediante la práctica constante del desapego.

 

El desapego

Desapegarse significa percatarse de la naturaleza temporal de las cosas, no permitiendo que la mente se apegue a ellas. Ello no significa que les tomen disgusto o repudio, necesariamente, sino tan solo que no se aferren a ellas. Renunciar a todas las cosas del mundo fenoménico no es posible, pero sí pueden renunciar a la posesividad y al sentido del "mío". Una vez que renuncien a ello, podrán continuar disfrutando de las cosas del mundo; sin que éstas les hagan daño.

En el mundo fenoménico, cada cosa, persona y objeto están sujetos a cambio. En el mundo existen seis tipos de cambio: nacer, crecer, madurar, desmejorar, declinar y morir. Estos son los cambios a los que están sujetas todas las cosas. Eludirse pensando que este mundo transitorio e imperecedero es perenne, y apegarte a él es una cosa sumamente tonta en verdad.

En el templo de Visnu verán estatuas y pinturas de Garuda, el águila. En el de Siva, encontrarán estatuas y pinturas de Nandi, la vaca. Y en el templo de Rama, percibirán que hay retratos de Hanuman, el mono. En estas imágenes, los seres mencionados: Nandi, Garuda y Hanuman, se posan a los pies del Señor y sólo tienen ojos para Él, ya no para el mundo. Ellos exhiben el único apego prudente: el apego al Señor, que es lo único permanente. Y muestran desapego por el mundo, que es transitorio. El mensaje de tales representaciones simbólicas es que no se ocupen mayormente de lo transitorio, y se enfoquen en lo imperecedero, que es el Señor.

Una vez que reconozcan la falibilidad de las cosas, y su transitoriedad e impermanencia, irán perdiendo el deseo de poseerlas. Existen múltiples historias que nos hablan de la magra gratificación o paz interior que los emperadores - individuos acaudalados que gozaban de todo tipo de lujos- obtenían de éstos. Para gozar de un poco de paz interior, se iban al bosque a hacer penitencia. Sólo así obtenían la satisfacción y solaz que tanto añoraban.

Hagan el mejor uso posible de cada cosa

El desapego significa algo más que sólo reconocer los defectos y fragilidad de las cosas transitorias. Ser desapegado implica también tener la capacidad de extraer lo más positivo de cada cosa. Deben de esforzarse en sacar el máximo provecho de las cosas y apreciarlas tal como son. No tiene caso fijarse nada más en lo limitado de los objetos y el malestar que ello provoca; deben de usarlos adecuadamente para cumplir con su deber en el mundo. Entonces obtendrán satisfacción de ellos. En un sentido amplio, el desapego consiste realmente en dejar atrás las penas mundanas, abrazando la dicha del Yo supremo. Renunciar a su familia, su esposa, sus hijos y propiedades e internarse en el bosque no es el verdadero desapego. Desapego significa reconocer la naturaleza deleznable de los objetos, reconociendo a la vez su potencial y lados positivos.

Cuando se meten en dificultades, sean físicas, mentales, financieras o de otro tipo, es posible que se sientan desapegados de lo que ocasiona el trastorno. Es natural. Imaginen por ejemplo que muere una persona y se llevan su cuerpo a incinerar al crematorio. Cuando vez una cosa tal, se desapegan del cuerpo en cierta forma, abrazando la filosofía de que el cuerpo tiene que disolverse en algún momento. Tal desapego es tan solo un sentimiento temporal, mas no se puede considerar verdadero desapego.

Otro ejemplo es cuando una madre da a luz a su primer bebé. Al no soportar el dolor, grita que querría mejor morir. No se trata de un verdadero desapego. En cuanto nace la criatura -una niña supongamos-, comienza a desear ahora tener al varoncito. Algo similar ocurre cuando a alguien no se le cumplen sus deseos. También aquí se desarrolla cierto tipo de desapego. Pero las anteriores no son más que actitudes temporales. El desapego permanente es muy distinto.

El desapego permanente es contundente en comparación con el desapego leve. Vamos a suponer que una persona haya decidido hacer peregrinaje a un santuario de la India, pero suele postergar cosas. Cuando se trata de algo bueno como ir de peregrinaje, a veces uno pospone. Pero si se trata de hacer algo malo, uno prefiere llevarlo a cabo sin pérdida de tiempo. Por lo general, las personas no ponen mucho empeño en hacer cosas buenas. Ello puede considerase desapego leve, ya que se deja para después la realización de buenas obras. Este tipo de conducta no los llevará a alcanzar su meta espiritual. El desapego cabal es el que se requiere para avanzar en el camino espiritual.

Harischandra y Buda

Si creen que una actividad es sagrada y puede ser benéfica, no la posterguen. Llévenla a la práctica de inmediato y procuren que sea con éxito. Es el camino real que transmite Buda. Una vez que Buda Gautama se percató de que el cuerpo era impermanente y que ninguno de los objetos mundanos era duradero, se dio a la busca de las verdades inmutables. Renunció a su familia y a su reino, y se internó en el bosque para conocer la realidad última.

Hubo otro gran gobernante con un alto sentido de sacrificio y desapego: Harischandra. Fue emperador pero por una serie de eventos desafortunados perdió todas sus posesiones, su reino, su esposa y sus hijos, pasando el resto de sus días como cuidador de un crematorio.

Un día, al comenzar Harischandra su jornada de trabajo en el crematorio, unos hombres trajeron el cadáver de un amigo que había sido rico. Lo tendieron, le prendieron fuego y se retiraron en seguida a sus casas. Cuando se incinera un cuerpo, usualmente se le coloca peso encima, de lo contrario, en cuanto recibe los lengüetazos del fuego se dobla aparentando quererse levantar, para luego quedar tendido de nuevo. Sólo Harischandra permaneció en el sitio aquel día. Ni los amigos ni los parientes del difunto se quedaron a cuidar el asunto. Harischandra se fue a traer más combustible para la pira. De pronto, vio que el cuerpo se erguía. Se llenó de sorpresa y se acercó para ver mejor.

Ya cerca vio que el cuerpo se volvía a quedar tendido. Por un instante, pensó que el sujeto aún estaba vivo, y que se había levantado para otear por sus familiares y amistades. Pero Harischandra se dio cuenta de que el fenómeno en las llamas no era sino ilusión que hacía parecer vivo al cadáver. Entonces pensó: "Así como creí en un momento dado que el cuerpo estaba vivo, he creído que el mundo era real. Mas no lo es; sólo da la impresión de serlo."

Harischandra lamentó que el cadáver de un hombre que había sido tan rico no fuera acompañado por sus familiares ni amigos hasta el último momento. Y reflexionó que sea cual fuere la posición o riqueza de un hombre, ni su mujer ni sus hijos conservan el apego una vez muerto. Como resultado de su experiencia, Harischandra desarrolló gran desapego hacia las cosas y formas mundanas.

Los apegos mundanos son como un veneno

Todos los días y en todo momento, las cosas del mundo están atravesando cambios. Éstos no son artificiales, ni imaginarios; son cambios naturales e inherentes a la naturaleza de las cosas. En cuanto reconocen que el mundo es el escenario para el cambio natural y continuo de las cosas, y que el cambio es parte de la naturaleza de los objetos mundanos, quedan libres de sufrimiento. Quienquiera que sepa que las víboras venenosas tienen colmillos que expelen una toxina letal, permanece a resguardo de ellas. Si ven acercarse a un escorpión con la colita levantada, listo para atacar, ¿no se echarían a correr? Sólo un niño inocente o un ignorante se acercarían a él, so peligro de recibir un aguijonazo y morir.

Ustedes hacen su mayor esfuerzo para evitar al bicho venenoso, porque saben cuán dañino es. Del mismo modo, harían su mayor esfuerzo para evitar los apegos del mundo si conocieran su letal naturaleza. El Señor enseñó en el Gita que, en lugar de sufrir los coletazos de apegarse para después ser desilusionados por el giro de cosas, sería mucho mejor desde el principio no apegarse a las cosas mundanas. Sin embargo, continúan haciendo planes y apegándose a las cosas para experimentar placeres temporales. Se agotan pensando y planeando - "¿debería de hacer esto, o mejor debería de hacer aquello? O bien, "mejor hago esto en lugar de aquello"-, y se involucran en mil proyectos y actividades. Sin embargo, pagarán las consecuencias en el futuro.

Las semillas plantadas que han plantado sus acciones madurarán y ustedes cosecharán el fruto. Si las semillas son de un tipo, no pueden pretender recoger frutos distintos. Sea lo que fuere a lo que se dediquen, recogerán los frutos a manera de guirnalda invisible colgada al cuello. Cuando llegan al mundo, no se les ve ninguna guirnalda. En su cuello no luce collar alguno de perlas ni gemas preciosas, ni una gargantilla de oro. Sin embargo, ahí está ciertamente la guirnalda, hecha de las consecuencias de acciones, realizadas en vidas precedentes. La guirnalda entregada por el Creador adorna su cuello, aunque no sea visible al ojo físico.

Quien reconoce la verdad de que cada acción traerá una consecuencia, emprenderá exclusivamente buenas acciones y pasará su vida realizando sólo actos que le reportarán buenas consecuencias. El Gita lo enseña como una práctica de suma importancia para el devoto. Ello los llevará ulteriormente a desarrollar indiferencia y desapego por las cosas del mundo. Como resultado, obtienen la auténtica sabiduría. He aquí un ejemplo que muestra la naturaleza ilusoria del mundo y el desapego que debería infundirles.

El sueño del rey Janaka

El rey Janaka se había vuelto todo un maestro en asuntos divinos. Lo llamaban "el rey sin cuerpo" pues había logrado trascender la conciencia corporal. Una noche, después de la cena, se hallaba discutiendo asuntos administrativos con sus secretarios, después de lo cual volvió a sus aposentos. Se le había dejado su alimento en el umbral de la puerta pero no lo tocó. Se relajó en un sofá mientras la reina le masajeaba los pies. Pronto se durmió. La reina les pidió a los lacayos que abandonaran el cuarto y no permitieran que nadie perturbase el sueño del rey, pues éste se hallaba muy cansado. Luego le echó una manta encima y bajó la intensidad de la luz, permaneciendo a su lado en silencio.

Un poco más tarde, el rey Janaka abrió los ojos repentinamente, se sentó, miró a su alrededor incrédulamente, y en tono peculiar preguntó: "Es esto real o aquello es lo real? ¿Es esto verdad o es aquello la verdad?" La reina se asustó ante tan rara pregunta. Intentó comprender exactamente lo que el rey preguntaba, pero él no respondía su indagatorio, sino seguía repitiendo "¿Es esta la verdad o la verdad es aquello?" La reina entonces mandó venir a los ministros, consejeros y oficiales del rey. Ya reunidos cuestionaron al rey: "Maharaja, ¿cuál es tu duda? ¿Qué exactamente deseas saber?" Pero el maharajá no les respondió. Al final, los ministros convocaron al sabio Vasistha a la corte. Éste le preguntó al rey "¿Qué es lo que te tiene preocupado?" A lo que el rey replicaba exactamente con la misma cuestión "¿Aquella es la verdad o esta es la verdad? ¿Es esta la realidad o aquella es la realidad?"

En ese momento, apareció un tigre y todos corrieron por sus vidas. El tigre devoró toda la comida. De nuevo, Janaka se encontró en el bosque, arrastrándose y gimiendo "Ay, qué hambre tengo. Me muero de hambre." Cuando despertó descubrió que se hallaba en un palacio, recostado en un sofá real al lado de la reina, con una bandeja de plata llena de suntuosas viandas y ricos bocadillos en la mesita contigua. Y continuó preguntando si él era el hambriento desdichado que mendigaba comida a los ladrones en un amenazante bosque, o si era el rey, dueño del suntuoso palacio rodeado de excelsos lujos. "¿Esto es verdad, o es aquello? ¿Es esto real, o lo otro es lo real?"

Maharishi Vasistha inmediatamente reconoció la confusión del rey y exclamó "Rey Janaka, ni el mendigo ni el emperador son reales. Sólo tú eres real. Tú, tú mismo eres la verdad. El 'tú' que está presente como conciencia pura en el sueño, haciendo el papel de mendigo, y también está presente en el estado de vigilia, en el papel de rey. El 'tú' que contempla ambos estados es tu verdadera realidad.

La vida en el día es un sueño diurno, en la noche es un sueño. Ambos escenarios son ilusiones. Están llenos de fallas y defectos porque cambian constantemente a otra cosa, de modo que no son reales. Sólo tú, que permaneces inmutable a través de cada estado mental, eres lo real, libre de cambio e impermanencia.

Lo anterior también está enfatizado en el Gita, donde Krsna señaló la crucial verdad de que el mundo está en constante cambio y que sólo el atma es real e inmutable.

 

La angustia de estar separados de Dios

El desapego no significa dejar su vida atrás para irse a vivir al bosque como renunciantes. Penitencia no es hacer contorsiones corporales y someterse a privaciones. Representa la intensa angustia de sentirse separados de Dios. Siempre que los aqueje la angustia de separación, donde quiera que estén, ya están haciendo penitencia. Todas las experiencias mundanas son una combinación de tres atributos: inercia o caos, acción o reacción, y ritmo o calma. La penitencia angustiante, con su ardiente deseo de ver a Dios, los lleva a un estado del ser que trasciende estas tres cualidades. Cuando lo alcanzan, experimentan gran serenidad y unidad de pensamiento, palabra y acción.

El pensamiento, la palabra y la acción causan el karma. Son los instrumentos de la acción. Es la unión de estos tres instrumentos de acción lo que se llama penitencia. Cuando se logra la unión, le sigue un estado inefable de dicha, que es la dicha del atma. De modo que la verdadera penitencia es el punto en el que los tres instrumentos de la acción se reúnen, y entonces experimentan la dulzura de su yo inmortal.

Escuchen el siguiente ejemplo. Todos los días disfrutan de los beneficios de la electricidad. Puede ser que en su recámara tengan un ventilador. El ventilador tiene tres aspas. Si rotaran en tres direcciones distintas, no producirían mayor brisa. Pero al rotar al unísono, como si se tratara de una sola aspa giratoria, producen una ráfaga de aire muy razonable. La agradable brisa sólo es posible cuando las tres aspas trabajan juntas, rotando como una sola. Del mismo modo, cuando los tres instrumentos de pensamiento, palabra y acción, se funden y trabajan como uno solo, es cuando disfrutan de la dicha verdadera.

En la analogía, su corazón se puede comparar al cuarto donde está el ventilador. Los tres instrumentos de acción se equiparan a las tres aspas del mismo. Su intelecto es el contacto de la electricidad. El poder espiritual, o energía que emana del ser supremo, puede equipararse a la energía que enciende el ventilador. Su práctica espiritual es lo que despierta su intelecto, por ello se asemeja a encender el interruptor. Cuando los tres instrumentos de acción trabajan en sintonía como las aspas giratorias del ventilador, su angustia se transforma en dicha. Es así como pueden convertir su fuerza de vida y su poder espiritual en dicha.

La verdadera renunciación vuelca su mente hacia Dios

Los humanos han olvidado cómo se hace penitencia. Cuando dejan que su atención divague por el mundo temporal y transitorio, su camino espiritual decae por inercia y estancamiento. Cuando concentran su atención y conciencia en lo permanente, que es Dios, están haciendo penitencia, y su espiritualidad da un gran paso adelante. Si una puerta se cierra y la quieren abrir, tienen que introducir la llave en el cerrojo y girarla a la derecha. Si giran la llave a la izquierda, el cerrojo permanecerá cerrado. Se trata del mismo candado y la misma llave. La diferencia radica en cómo giran la llave. Su corazón es el cerrojo y su mente, la llave. Si dirigen la mente a Dios, obtienen liberación. Si la dirigen hacia el mundo sensorial, permanecen aprisionados. Con la misma mente se liberan o se esclavizan.

La auténtica renunciación encauza su mente hacia Dios. Significa que retira su mente de otros lugares y la hace descansar en el ser permanente. Tal desapego y sacrificio tiene que transformarse en un sentimiento muy intenso. No deben de posponer su práctica para mañana, y al otro día, postergarla para el siguiente.

Imaginen que van a asistir a una boda; seguramente prepararían su ropa desde unos días antes de la ceremonia. O imaginen que van a ir al cine; en ese caso se arreglarían al momento. Hasta para salir a caminar, se alistan un poco, previamente. Y si no pueden ir al cine hoy, lo pueden dejar para mañana. Si no sales a caminar en este momento, pueden hacerlo en otro momento. Pero la agenda del Señor no puede ser pospuesta o cancelada. Siempre tienen que estar preparados para aceptar lo que venga. El tiempo no perdona; no sigue los pasos del hombre. El hombre debe seguir los pasos del tiempo. El tiempo corre constantemente, arrastrando todo a su paso.

El Gita enseña que pueden disfrutar las cosas del mundo, mas no deberán apegarse a ellas, pensando que les pertenecen. El desapego o renuncia es uno de los puntos esenciales de la filosofía espiritual contenida en el Gita.

domingo, 25 de agosto de 2024

EL GITA DE SAI BABA - CAPÍTULO X. AMOR Y SACRIFICIO: LA CURA PARA EL DESEO Y EL ENOJO

EL GITA DE SAI BABA

EL CAMINO DE LA AUTOREALIZACIÓN Y

LA LIBERACIÓN EN NUESTRA ERA

DIVINOS DISCURSOS

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Prashanti Nilayan

Compilado y editado por Al Drucker

CAPÍTULO X. AMOR Y SACRIFICIO: LA CURA PARA EL DESEO Y EL ENOJO

El enojo nace del deseo, y el deseo, de los pensamientos. Por lo tanto, los pensamientos dan lugar tanto al deseo como al enojo. Así como no puedes obtener tela sin hilo, ni hilo sin algodón, no puede haber enojo sin deseo, ni deseo sin pensamientos.

Encarnaciones del amor:

En el Gita, el Maestro tipifica el deseo y el enojo como fuego. Si esto es así de intenso cuando el fuego está allá afuera, tanto más peligroso resulta cuando flamea dentro de nosotros mismos. El fuego del deseo y el enojo tiene el poder de destruir todas las cualidades humanas y de aniquilar la naturaleza divina del hombre, dejando sólo las pasiones demoníacas bullendo en su interior.

El fuego del deseo

La mayoría de las cosas mundanas son finitas, pero el fuego del deseo y el enojo es ilimitado. Le den lo que le den al fuego -sea madera, aceite u otro- jamás se saciará. Si hasta el fuego más intenso se acaba extinguiendo a la larga, el fuego del deseo y el enojo no conoce límite. Tiene un apetito voraz que nunca se agota; no puede ser saciado. Jamás está satisfecho. El fuego del deseo y el enojo no se contenta con nada.

Siendo esa su naturaleza, ¿existe alguna forma de controlarlo? El Señor declaró en el Gita "Puedes conquistar el enojo con amor, y puedes conquistar el deseo mediante la renunciación y el sacrificio." Donde hay amor, no puede haber enojo. Si cultivan el amor, no habrá espacio en su corazón para que germinen el odio ni el enojo. El corazón es como una silla, sólo hay lugar para un ocupante. Por lo tanto, una sola cualidad puede asentarse ahí, y no deja espacio para que otra ocupe el lugar. Deben de hacer su máximo esfuerzo para establecer sólo el amor en su corazón y nada más. Jamás permitan que su corazón se comporte como en el juego de las sillas, ya dando lugar al amor, ya dando lugar al enojo y al odio.

Si quieren conquistar el enojo con amor, tienen que cultivar un tipo de amor elevado. El amor siempre está dispuesto a regalarse y a pasar por alto los defectos y las debilidades de los demás. El amor tiene esa extraordinaria cualidad; vive dando y perdonando, mientras que el ego vive tomando y olvidando. Donde hay amor, no hay cabida para el egoísmo, y donde hay egoísmo, no puede haber amor.

Hagan del amor la fuerza predominante en su vida

No hay absolutamente nada en el mundo que no puedan obtener cuando hay amor en ustedes. El amor puede vencer todos los obstáculos. Por lo tanto, para alcanzar la victoria sobre el enojo, sólo tienen que llenarse de amor y hacer que se vuelva la fuerza predominante en su vida. En cuanto reconozcan que el morador de su corazón es el morador de los demás corazones, que el amado Señor a quien adoran mora en su corazón, y está alojado en los demás corazones, no habrá ninguna posibilidad de que odien o se enojen con nadie. Si el Señor mora en cada corazón, ¿cómo podrían ver a otra persona con desprecio? Por lo que deben de sumergirse en el amor y acogerlo cual prenda indeleble dentro de ustedes.

Como ha dicho Baba, cuando el amor está asociado a los pensamientos, se torna en verdad; cuando el amor entra en sus actividades, sus acciones se vuelven rectas; cuando sus sentimientos están saturados de amor, su corazón reboza paz interior; y cuando dejan que el amor guíe su entendimiento y razón, su inteligencia se llena de respeto y preocupación por la vida, y en ustedes se manifiesta la no violencia.

Así pues, el amor es verdad, es acción correcta, es paz interior, es no violencia. El amor es la corriente que subyace a todas las nobles cualidades. Si sus pensamientos no están llenos de amor, no hay verdad. Si el amor no inspira sus acciones, éstas carecen de rectitud. Si no experimentan amor, no pueden tener paz interior. Y si su entendimiento no está fincado en el amor, en su intelecto no podrá fijarse la no violencia.

Por ello, así como el azúcar es la base de diversos postres, el amor es el ingrediente básico para que haya verdad, rectitud, paz interior y no violencia. El amor es la Divinidad misma. El amor es Dios y Dios es amor. El amor es el poder divino que todo lo mueve. A través del amor pueden fácilmente conquistar el odio y el enojo. Por eso, vivan siempre en amor.

Naturaleza del enojo

El enojo es el causante de muchas dificultades y puede acarrear un sin número de problemas. Puede destruir su dignidad y minar su humanidad. El enojo entra primero de una manera sutil, y paulatinamente va invadiendo todo su ser. Al principio, sólo pide un poco de espacio; parece decir: "hazme aunque sea un lugarcito para sentarme". Pero una vez establecido, sentencia: "Ahora me haré de holgado espacio para quedarme". No le otorgues el más mínimo lugar a tal sentimiento. Una vez que el enojo entre en ustedes, les será imposible desalojarlo. Aunque se amisten con él y le entreguen toda su riqueza, no los dejará en paz. Es un veneno letal; no dejen que ponga ni un pie en ustedes.

Las luces traseras de un carro se encienden para avisar que el carro se va a detener. De igual modo, antes que el enojo explote, los ojos se ponen rojos, los labios tiemblan, y el cuerpo eleva su temperatura. Al experimentar cualquiera de estos síntomas, mejor abandonen inmediatamente el sitio donde se encuentran y permanezcan un rato alejados hasta que se disipe el enojo. Como ya se mencionó, también pueden tomar una ducha de agua fría.

Cuando el enojo llega a las palabras, generalmente lleva a complicaciones mayores. Incluso si su enojo es justificable y están protegiendo la verdad, de todas formas deben de hacerlo con dulzura y cariño para que la persona pueda aceptarla sin sentirse ofendida. Por lo tanto, los devotos deben de controlar el enojo cultivando el amor en su corazón.

El sacrificio conquista al deseo

Veamos ahora cómo manejar el deseo. Para conquistarlo tienen que cultivar el sacrificio, estar dispuesto a renunciar a cosas. Esto no significa que deban alejarse de su familia para irse al bosque; tampoco implica ceder sus propiedades. Cuando toman conciencia de que todas las cosas son defectibles, transitorias y de ayuda ineficaz para que alcancen su meta, dejarán de desearlas.

Aun viviendo como padres de familia inmersos en el mundo, pueden ver la falibilidad de las cosas. Digamos que les encanta el curry y le piden al cocinero que les prepare un guiso aderezado con él. Se sientan a la mesa, traen la comida y cuando están por comenzar a comer con gran deleite, llega corriendo el cocinero y advierte: "¡Cuidado!, no coma, señor, acabo de descubrir que una cuija venenosa cayó en la cazuela y yace muerta en el fondo." Al escucharlo, y conociendo el peligro de comer, cancelan la idea de probar el alimento, por muchas ganas que tuvieran de disfrutarlo.

Del mismo modo, deben de reconocer la naturaleza de las cosas de este mundo, percatarse de que siempre están cambiando y un día dejarán de existir. Si ya lo saben, ¿por qué se hacen la ilusión de adquirirlas para disfrutarlas largo tiempo? La comida no es sino la medicina para la enfermedad del hambre. ¿Por qué habría de convertirse en artículo suntuoso de consumo? Cuando les recetan medicinas por estar enfermos ¿acaso se rehúsan a tomarlas porque sepan mal? No; entonces deben de admitir que lo que consumen en el mundo no son sino "medicinas" para las "enfermedades" que padecen.

Cuando la enfermedad remite, disminuye la necesidad de la medicina. Cuando se sienten bien, no hay necesidad de medicinas; pero cuando están enfermos se ven forzados a tomar el medicamento apropiado que curará su malestar. No se pueden rehusar a tomarlo sólo porque tenga mal sabor, y sin embargo pretender curarse. Hoy por hoy van tras comestibles sabrosos que en lugar de curar su mal, les hacen más daño. Celebran haber descubierto cantidad de delicias en el mundo y estar llevando una vida feliz, consumiendo cosas que aparentemente les brindan comodidad y dicha.

 

Mas no representan el goce verdadero, ya que en un futuro pagarán las consecuencias de haber consentido su paladar.

La plaga del deseo y el odio

Imagínense un árbol gigante, frondoso, cargado de flores y frutos. El árbol es imponente y bello. Pero un día el árbol comienza a secarse y sus flores comienzan a caer. ¿Le habrá faltado agua o abono? ¿Lo cuidaron bien? No; se trata de una plaga que atacó la raíz y está destruyendo su belleza. Primero se come la raíz, y después sigue con el árbol. Del mismo modo, si permiten que el deseo y el odio entren en ustedes, un inesperado día se sentirán devastados. Esto es absolutamente cierto.

En el mundo material se toma al hombre rico como alguien importante, pero en el mundo espiritual, la riqueza material no tiene ninguna importancia. La caridad tiene mayor grandeza que todas las posesiones y riquezas del mundo. Sin caridad, la riqueza material no posee ningún valor intrínseco. Hagan de cuenta que tienen cuatro herederos y cada uno reclama parte de la riqueza del padre. El primero es la beneficencia, el segundo es el gobierno, el tercero es un ladrón, y el cuarto es el fuego. Cada uno espera su patrimonio. Si le dejaran toda su fortuna al primer heredero -la beneficencia- no les tocaría nada a los demás. Con todo, al favorecer a la beneficencia, notarán que los demás demandantes respetarán su decisión y no reclamarán nada para sí.

Sabemos, por ejemplo, que el gobierno exenta de impuestos a quienes donan dinero a la beneficencia. Hasta el fuego tendrá miedo ante ustedes, y los ladrones los dejarán en paz. Así que si donan dinero a la beneficencia -que en cierta forma es la hija mayor y natural heredera- los demás, que en otra circunstancia reclamarían lo suyo, respetarán su decisión y no se opondrán a ella. Con todo, si poseen riquezas y no las donan a la beneficencia, el ladrón los tendrá bajo la mira, y el gobierno tratará de sacarles alguna parte. Y si, por alguna razón, éstos los dejan en paz, vendrá el fuego y destruirá sus posesiones cualquier día.

Hagan que las nobles virtudes brillen en ustedes

El Gita ha declarado que la caridad es lo que realmente importa y no la riqueza. De igual modo, lo que cuenta en los seres humanos no es la habilidad para hablar con elocuencia, sino la verdad que se defiende. Si no hay verdad en su discurso, digan lo que digan carecerá de valor. El Gita también asevera que lo importante no es la vida en sí sino el buen carácter. Una vida si no se tiene buen carácter es fútil. Deben de cultivar el buen carácter y ganarse el respeto haciendo que las nobles virtudes brillen en ustedes.

Su deber principal es albergar buenos pensamientos, mostrar una buena conducta, hablar de cosas sanas y llevar una vida edificante. Deben de tener mucho cuidado con las palabras y acciones para no crearse mala fama. Vale más vivir corto tiempo como el cisne, de fama elevada y carácter impecable, que vivir cien años como el mal afamado cuervo, rapiñando a los demás. El Gita ensalza a las almas intachables cuyas vidas rebozan sencillez, bondad.

Las buenas acciones son mucho más importantes que la fuerza física. Un cuerpo no utilizado al servicio a los demás es cuerpo muerto. Usen el cuerpo para servir a la humanidad y no sólo en su propio beneficio, egoístamente. Para superar dicha tendencia, deben desarrollar la vocación de servicio y procurar siempre la oportunidad de servir a los demás. Al hacerlo, sus mismas buenas acciones elevarán el nivel del resto de la humanidad. Es muy difícil llegar a nacer humano. Dediquen pues, tiempo en pensar cómo aprovechar la rara oportunidad que se les dio, y cultiven los buenos hábitos para superar fallas de carácter como el deseo y el enojo, que sólo los hacen desperdiciar la oportunidad de oro que tienen ahora en sus manos.

Hay que reemplazar malos hábitos con buenos hábitos

¿Cuál es la mejor manera de erradicar los malos hábitos ya enraizados y reemplazarlos por otros buenos? He aquí un ejemplo.

Imaginen que un día llega un hermoso perro a su casa, y no saben de quién es. Para que se quede más tiempo el lindo can le dan algo de comer. Al día siguiente, el perro vuelve más o menos a la misma hora; de nuevo le dan de comer, contento de que los visite. De esta suerte, el can regresa todos los días para que lo alimenten. Gradualmente aumenta el apego; ahora el perro entra en su casa, y pasa en ella cada vez más tiempo. Un buen día se dan cuenta de que el animal ya no se va, y a partir de ese momento se queda a vivir con ustedes.

La alegría que experimentaban ante su belleza física no les dura mucho. Cuando la belleza deja de ejercer fascinación, se vuelve una monserga. Pronto se sienten incómodos de que el perro esté ahí todo el tiempo y buscas la forma de deshacerse de él.

Lo primero que deberían de hacer sería preguntarse qué fue lo que hicieron para que el perro se quedara. La razón es que desde el principio lo alimentaron regularmente; lo acariciaron, jugaron con él, y le prestaron atención. La práctica cotidiana se convirtió así en apego entre ustedes y el can. Ahora deberán de idear una estrategia que disuelva el apego y los ayude a deshacerse del animal. Será lo mejor para revertir el proceso que dio lugar al apego y transformó al objeto en algo tan caro.

La práctica regular es el secreto del logro

Si dejan de alimentar al perro unos días y se muestran indiferente a él, sin prestarle atención, pronto el animalito agarrará su camino. Por lo tanto, la práctica es lo más importante. Es a través de la práctica que desarrollaron los apegos y cualidades indeseables, y sólo a través de ella podrán cambiarlos de nuevo. El Gita afirma que la práctica es la base de todo. En el duodécimo verso del capítulo sobre devoción, señala: "Por medio de la práctica podrán adquirir conocimiento, con el conocimiento podrán cultivar la meditación, a través de la meditación desarrollarán la auto renuncia, y cuando alcances la auto renuncia, conquistarán la paz mental." Así pues, todo comienza con la práctica.

Durante muchos nacimientos, la belleza los ha cautivado; se entregaron al deseo y al enojo hasta que dichas pasiones enraizaron en ustedes. Hoy son ustedes esclavos de sus deseos. Las solas palabras no podrían liberarlos de ellos. Tras practicar el apego largo tiempo, dichos rasgos ya echaron raíces tan poderosas, que aun si las cortasen a ras, retoñarían una y otra vez. Cuando el deseo se vuelve parte suya, sólo revirtiendo el proceso, practicando el desapego y la auto renuncia, es posible deshacerse de tales lacras.

Al comienzo, los deseos resultan atractivos y dulces. Tras cierto periodo, les parecen disgustosos, pero para entonces es muy difícil o hasta imposible deshacerse de ellos. Por eso, es mejor cultivar desde el principio la auto-renuncia y el desapego como parte de su naturaleza, sin dar lugar ni importancia a los deseos. A menos que practiquen la renuncia y puedan resistir a los deseos, no estarán listos para recibir la gracia de Dios.

Un buey o un caballo desbocados, un carro sin frenos o una vida sin control de los sentidos, son todos muy peligrosos. El control de los sentidos es muy importante. Deben de tener bajo estricto control la tendencia de la mente a dispersarse en todas direcciones, persiguiendo deseos. Mente y sentidos deben de estar bajo vigilancia dentro de ciertos límites. Incluso la alegría que se desborda allende ciertos límites puede resultar perjudicial. Para cada cosa existe un límite y un rango de funcionalidad saludable.

Hay que mantener los sentidos dentro de límites normales

La temperatura normal del cuerpo es de 36.5° centígrados, si aumenta incluso un grado es indicativo de posible infección. Sólo estando en el nivel normal, sabemos que el cuerpo está sano. Del mismo modo, la presión normal es 80 -120. Si ésta sube a 90 -150 hay anomalía y es probable que haya enfermedad. De igual manera, el ritmo cardíaco normal es de 75 latidos por minuto; si éstos aumentan, se considera una condición irregular.

Lo mismo rige para los sentidos. Existe un rango de luz adecuado para el funcionamiento de los ojos. Si la luz es demasiado intensa, los ojos no pueden ver y salen lastimados. En cuanto a los oídos; existe también un rango saludable para la audición. Si el nivel del sonido excede dicho rango -por ejemplo, estando cerca de un avión, un tren o un amplificador- la audición se distorsiona. Es decir que los sentidos sólo pueden funcionar dentro de un rango normal de percepción.

Vemos que la vida funciona de modo equiparable a un negocio. Si desean que su negocio crezca ilimitadamente dentro de una compañía limitada, van a enfrentar mucha ansiedad. Por lo mismo deben de restringir su conducta, vivir dentro de ciertos límites. Podemos referirnos a esto como disciplina. La disciplina es indispensable para el progreso espiritual de un individuo. Sin disciplina es probable que la persona caiga al nivel animal. Pero su práctica también debe realizarse con límites. Incluso para poder disfrutar de la vida se necesita de disciplina. Como pueden ver, para todo existe un límite, un tope. Si respetan los límites, no tendrán problema.


El Gita enseña que el deseo y la rabia son los principales obstáculos para la liberación, de manera que templarlos es de vital importancia. Tienen que estar muy al tanto de estos dos enemigos y llegar a controlarlos. Ellos no provienen del exterior; son sus enemigos internos. Si sus enemigos internos les presentan desafío, ¿cómo podrían aspirar a controlar los externos? Si logran mantener su deseo y su enojo bajo control, serán capaces de vencer a sus enemigos externos fácilmente. El Gita enseña que la manera de conquistar el deseo y el enojo es abonando su vida con renuncia, sacrificio y amor.