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martes, 11 de noviembre de 2014

Todo Corazón es un LINGAM VIAJERO...


"Espero que estas palabras les lleguen al corazón y que sirvan para recordar que ninguna experiencia espiritual es igual a otra ni puede ser comparada. Cada uno de nosotros, como seres creados de la misma Divinidad, es sumamente especial para Swami. Quienes tenemos la dicha de conocer la presencia del Avatar sobre la Tierra sabemos que esto incluye experimentar un sinfín de nacimientos y pruebas."

Mientras se presenta con estas palabras en el Centro Sathya Sai Baba de Uriarte, David juguetea en sus manos con una piedra de forma ovoide y color gris topo. Es un lingam materializado por Sai Baba en Mahashivaratri, esa gran noche en la que Shiva se manifiesta a través del aspecto transformador de Dios. El objeto representa al Dios Sin Forma porque contiene todas las formas.

David coordina en Santo Domingo, Devoción del Consejo Central de Centro América. En octubre del año pasado, visitó Buenos Aires para el Encuentro de Devoción que la Organización Sathya Sai Baba de Latinoamérica realizó. Lo que sigue es la transcripción del amoroso relato que ofreció en él.

oy el menor de nueve hermanos. Cuando tenía siete años, mi mamá se fue de Santo Domingo para separarse de mi papá, y él entró en una etapa muy fuerte de alcoholismo. Que mi madre se ausentara y que mi padre estuviera lejos de comportarse como yo lo necesitaba me creó un gran vacío. Lo único que me salvó fue asistir a una escuela religiosa: en ella aprendí a interesarme por las cosas del espíritu.
Ya en la Universidad, un día asistí a una reunión de cantos de la India. Para mi sorpresa, el encuentro giraba en torno a un particular ser que vivía en India: era Padre y Madre a la vez, y sacaba cosas muy extrañas de sus manos. Yo salí confuso de esa reunión, pero en el corazón sentía con mucha intensidad haber encontrado algo válido y totalmente trascendente en mi vida. Durante tres meses, asistí a reuniones de ese grupo. Luego entré en una crisis muy grande. Me separé y durante un tiempo deambulé por diversos senderos. Más adelante encontré otro grupo Sai que me parecía más consistente.
En esa época papá ya había enfermado de cáncer. Yo retomé los libros de Sai y a través de ellos volví a profundizar Su vida y Sus enseñanzas. Entonces nació en mí un fuerte anhelo por ir a India y conseguir un poco de Su ceniza sagrada para ayudar a curarlo.
Mi relación con papá no era muy buena. De todos modos, y aunque fuese al final de su vida, sentía una irrefrenable necesidad de rescatar algo que, al menos, pudiese guardar como un buen recuerdo con él. La relación con mamá también era muy triste. Cada vez que debía escribirle una carta me deshacía en un mar de lágrimas.
Encontré los recursos y viajé a Inda en medio de mucho sufrimiento: además de la enfermedad de papá, en el primer empleo que había conseguido se había perdido una importante suma de dinero y se sospechaba de mí por ser joven y nuevo.

Llegué a Prashanti entre millares de hindúes que se pasaron la noche cantando. No había alojamiento. Yo creía que uno llegaba, se anotaba en un libro, le daban un ticket o algo, uno lo guardaba y después le preguntaban qué necesitaba. ¡Así de sencillo! Cuando me vi entre esa multitud me largué a llorar de desesperación. No comprendía nada. Luego entendí que celebraban Mahashivaratri. Esa noche ví por primera vez a Sai Baba y a pesar de mi abatimiento me causó mucha gracia: ¡Era tan pequeño y se movía de aquí para allá como un muñequito!
Al día siguiente tuve la gracia de sentarme en primera fila. Mientras oraba profundamente tuve una visión: un elefante blanco, con la cabeza baja, se inclinaba con sus dos patitas estiradas hacia Sai. Pensé que me estaba volviendo loco y contagiando de una histeria colectiva. Pocos minutos después, cuando Swami se detuvo frente a mí, levantó levemente la túnica y me invitó a mirar y tocar Sus pies, recordé la visión del elefantito blanco y, siguiendo su ejemplo, hice por primera vez Padamascar. Allí mismo me levanté y le dije: "Swami, mi padre...". El me interrumpió con un: "Sí, yo sé, yo sé...". Se volteó rápidamente hacia mí y me dijo: "Sabes, tú no tienes realmente amor por tu padre, lo que tienes es apego. Si realmente lo amaras lo dejarías en libertad para que él pudiera seguir su progreso."
Pese a que Esas palabras me habían impactado, yo seguía convencido de que debía lograr lo que había venido a buscar.
El día antes de volver tuve nuevamente la Gracia de que Swami se acercase. Otra vez me brindó la Gracia de tocar Sus pies y me dijo: "Volverás pronto. Yo te voy a ver y no vas a volver solo. Volverás más pronto de lo que piensas."

Le volví a insistir: "¡Swami, mi padre..!". El me sonrió, palmeteó el hombro y extendió la mano. Al hacerlo, llenó la mía con vibhuti. Fue la primera vez que vi brotar la ceniza de su mano; en ese momento me invadió una sensación de profunda esperanza.
Había logrado mi cometido: volver a mi país con vibhuti. Pero cuando llegué, papá se rehusó absolutamente a tomarlo. Ni siquiera quería oir hablar de Sai Baba. Conté a mis hermanos que Swami me había dicho que papá no moriría ya, como pronosticaban los médicos: viviría nueve meses más y empezaría una nueva vida. Esto sólo sirvió para enojar más a mis hermanos, que consideraban que "ese señor de la India era un gran soberbio".
"Sólo Dios sabe cuándo un alma va a dejar su cuerpo", llegó a retrucarme uno de ellos. Exasperado, le respondí: "Te voy a decir algo, yo no sé si será Dios o no, pero por lo menos debe ser Su Asistente o Secretario, porque tiene acceso a los archivos."
Tal como Sai Baba me lo había preanunciado, papá falleció a los nueve meses de nuestra charla. Hoy toda mi familia es muy devota de Swami.
Durante los últimos días mi padre, en coma, decía: "Ayúdame a soltarme, tú puedes ayudarme a soltarme". También repetía: "Estoy en la oscuridad." Yo trataba de encontrar qué le molestaba y le decía: "Papá, si no estás amarrado..." pero me di cuenta de que hablaba de otra cosa.
Yo oraba a Swami para que me guiase mientras papá se debatía en la agonía de la muerte. Mamá también estaba con nosotros en el hospital, pues la habíamos llamado. A ella le pedí que trajese el vibhuti que me había dado Sai Baba y juntos lo pusimos en la boca de papá. Al poco tiempo, reaccionó y nos dijo: "¿Saben quién está aquí? Mamá está aquí (se refería a mi abuela, que había muerto poco antes). Yo estoy en la oscuridad." Entonces se me ocurrió preguntarle: "¿Mamá en que está, en la oscuridad o en la luz?". Y él me respondió: "Mamá está en la luz." Yo le dije: "Pídele a mamá que te tome de la mano y te enseñe dónde está la luz."
Fue la última vez que pude tener a mi papá en brazos. La experiencia me hizo ver con tanta claridad que sólo podemos realizar las cosas que son nuestras y siempre lo han sido (me refiero a la parte espiritual); el resto es prestado, transitorio. Después de su muerte, me integré con mayor fuerza a la Organización Sai y antes del año, como Swami había dicho, ya estaba de regreso en Prashanti con diecisiete personas. Era la primera vez que un grupo dominicano visitaba la India.

Al séptimo día de nuestra llegada fuimos recibidos por Sai: en la fecha exacta que El me había anunciado que volvería a verme. En esta ocasión, luego de que todos compartimos algunas experiencias con El, Sai se me acercó y extendiendo sus manos bien abiertas me preguntó: "¿Qué ves aquí?". Yo me apresté a tener una experiencia mística bien trascendental, como había leído que le ocurrió a Arjuna con Krishna y a tantos otros. Me puse muy nervioso porque sentía la presión del grupo que estaba a la espera de mi respuesta.
Me concentre, respiré hondo, me acerqué aún más a las manos de Swami para apreciar mejor lo que se suponía que debía ver. Yo no veía nada. Swami volvió a insistir: "¿Qué ves aquí?". Y yo sentía que tenía que ver algo.
Quizás porque no había hecho las prácticas espirituales, me habría portado mal, temí que me regañara y dijera frente a todo el mundo mis pecados. Con esos sentimientos agolpándose en mí, casi en lágrimas, susurré: "Nada, Swami. Yo no veo nada". Entonces El irrumpió: "¡No ves nada!". Y como para que todo el mundo se enterara de que yo no veía nada, se quedó mirándome mientras comenzó a mover las manos. De pronto ví algo así como un punto negro emergiendo del centro de su palma. Segundos más tarde, un lingam de piedra negra caía por el aire y era recogido por su otra mano. Entonces Swami dijo: "¿Nada?" y se rió. "De la nada se hizo Todo. Todo por Amor. Al principio Dios estaba solo en la vastedad del Universo, pero El sintió el anhelo de amarse y de experimentarse a Sí mismo, por lo tanto un día creó un huevo, se multiplicó en miles de formas y ahora Dios tiene que aprender a amar a Dios."
Para mí, fue un momento muy lindo. Swami dijo que la raíz de la creación misma fue el Amor, la razón de toda la existencia es el Amor de Dios. Y ¿quién es el Amor de Dios? ¿Quiénes son los que están participando en esta obra? Cada uno de nosotros. Desde esta experiencia del lingam mi mentalidad cambió radicalmente.

Imágen de Shiva,
el aspecto transformador
de Dios, según la
tradición Hindú.
Dejé de pensar negativamente, de autocastigarme por tantas cosas y entré en una nueva etapa en la que trato de ser artífice de este Divino Juego. Trato de perdonar. Me perdono a mí mismo y perdono a todo aquel que necesite mi perdón. Practico todo el tiempo eso. Algo cálido emana de mi corazón e intenta salir afuera. Empiezo a sentirme liviano, ligero...
Desde que Swami puso el lingam en mis manos y me dijo algunas cosas, experimenté una serie de situaciones que considero una medicina a nivel personal.
El lingam --esta piedra que surgió como consecuencia de un juego de Baba-- hace cosas extrañas. Bastante antes de ese viaje, yo había visitado Venezuela. Baba le había dado un lingam negro bastante grande a Venezuela. Como en esa época aún no había visitado la India y no tenía ninguna idea sobre el significado de esa forma, me pareció gracioso ver que la gente de ese grupo Sai se pusiera la piedra en la cabeza y empezara a hablar con Sai Baba. Decían que quien lo tocara y se lo pusiera en la frente se comunicaba directamente con El. Yo no podía evitar pensar: "¡Esta gente está loca!" ¡Qué fanáticos son! ¡Se ponen una piedra negra en la cabeza y dicen que se conectan con El!". Cuando me dieron lo que ellos consideraban el privilegio de tener un rato el lingam, yo me hice a un lado, me puse la piedra sobre la frente y Le dije: "Mira, si de verdad me estás escuchando, Tú me tienes que dar un aparatito de éstos." Lo confieso: aquellas palabras contenían cierta burla y mucha ignorancia. Cuando tuve ese aparatito se borraron mis opiniones sobre la gente del grupo venezolano.
En la última visita a la India, Swami me preguntó por el lingam. Se lo alcancé, lo tomó en sus manos e hizo una serie de movimientos. Mientras lo observaba atentamente, yo me preguntaba si me lo quitaría.
Desde entonces, el lingam se baña solo, es como un bebé; él larga su propia agüita, hace muchos juegos muy lindos. A veces, también emite distintos perfumes. Todo esto es un juego Divino, un instrumento para decirnos que cada corazón es un lingam y todos tenemos el poder de emanar esa energía. Esto que emana del lingam es energía.
Hace un tiempo tuve que ir a Puerto Rico y me debatía entre llevarlo o no. Puesto que lo había compartido con mis hermanos en Santo Domingo, me parecía que debía quedarse allí. Días antes de Shivaratri me enteré de que el lingam había desaparecido de Santo Domingo. Yo le dije a mis hermanos: "No se preocupen. Swami sabe por qué ha sucedido esto. Esperemos una respuesta."
Durante el tiempo que no lo tuve, cada vez que le hacía el Arati al lingam, experimenté fenómenos extraños. Esto me enseñó que aunque no lo tuviese conmigo, él era parte de mí mismo y de cada uno de nosotros.
Así Swami se convirtió para mí en Madre y Padre, en una Madre amorosa que entiende mis defectos y a pesar de ellos es tan Misericordiosa que me envuelve con su Amor a través de esos juegos Divinos y me arrastra a hacer algo, a brindarme más, a dar más.
Quiera Dios que cada uno de ustedes se convierta en un lingam sirviente, en un milagro de Amor para los que están a su alrededor.
Om Sai Ram.



         OMSAIRAMMM...

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A  Sus Divinos Pies
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